– No. Estás en trance de ello, respondió la pastelera, pero te puedes salvar si haces lo que te digo.
– Lo haré, lo haré, aún quiero terminar mis días organizando mi colección de sellos, es la ilusión de mi vida.
– Pues vivirás, tienes una razón importante para seguir en este mundo. – – Sólo debes purgar tu falta ayudando a prosperar a los muchachos dependientes de tí y procurarles un trabajo fijo.
– Schssssss, se escuchó bajito, acuérdate de lo del sueldo.
– Y subirles el sueldo, claro, apuntó Elenita.
– Lo haré sin duda, hablaré con el mismísimo Ministro si es preciso, pero quiero vivir.
– Pues que quedes en paz y cumplas tu promesa. Vivirás muchos años.
– Gracias, gracias, pero no te vayas sin aclararme el misterio de que hayas venido en espíritu tú precisamente que eres el motivo de mis sueños.
– ¿Yo, Don Fernando? Bueno ¿mi cuerpo humano, o como se diga?
– Sí, tú, la mujer que ha provocado esta catástrofe por tenerme loco de amor. Pienso que han enviado un espíritu con tu rostro para hacerme comprender mis debilidades y mi soberbia. Amo a mi pastelera con su carne prieta.
– Don Fernando, no puedo hacer nada por usted, soy etérea . Mi misión ha terminado pero si se lo dice a ella, tal vez….
– Lo haré hoy mismo y no le diré que el cielo me mandó su rostro para iluminarme y hacerme ver como realmente soy.
– Maldita suerte la mía, murmuró Leo, me levantó a la chica.
– ¿Y lo bien que hemos quedado, eso no vale? Respondió el asistente. Tío, fijos y sin oposición.
– Pero…¿eso se puede hacer?
– Pues claro, así se obtienen los mejores puestos.
– Laurita ya se había marchado con su minifalda puesta más contenta que un cascabel. Por otra parte Don Fernando recobró la compostura y volvió a hablar con la dignidad que requería su estatus.
– Por favor, diganle al cura que no venga y llamen al electricista. Quiero mi lámpara cuando vuelva de resolver unos asuntos.
Mientras tanto, escriban sus nombres y apellidos en un papel. Los necesito para mañana a primera hora.

Y así, sin más incidentes, terminó este pequeño sainete que esperamos haya distraído a nuestro querido e incondicional público.
Gracias por su entusiasmo (aplausos).

P.S. Los tres capítulos primeros contaban con la colaboración de Goya y sus Caprichos. El cuarto fue decorado por Edward Munch y este quinto y último por Alphonse Mucha.

Gemma Olmos Jerez
Mayormente soy yo. No me gusta ser otro pero sí ponerme en lugar del otro. Intento aprender y a veces lo consigo. Amo a mis amigos y me siento correspondida. ¿Para qué más??
Gemma Olmos Jerez

Últimos post porGemma Olmos Jerez (Ver todos)

0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos

Deja un comentario