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Eusebio rojo, habia siempre vivido como cualquier ciudadano honrado, siempre cumplía con sus obligaciones cívicas, pagaba puntual las contribuciones fiscales, en las elecciones depositaba su voto por el partido oficial; el único que defendía los intereses más sagrados de la patria.
Eusebio Rojo, buen esposo, buen padre, buen vecino, buen ciudadano, lo era todo en corazón noble.
En su ninez, los padres procuraron que nada le faltara, si unos zapatos necesitaba, al momento los tenía, que ropa para el colegio, que para el paseo, los progenitors ni tardos ni perezosos se la compraban. Ellos eran unos dechados de ternura aunque el jefe de familia trabajara horas extras y la dulce mamá trajera zurcidos los vestidos; todo para el único hijo bien amado, nada para ellos..
Eusebio jamás conocio el trabajo hasta cumplir los veinte años y a los veintidós contrajo nupcias y al llegar a los veintiocho, su situación económica si no era la de todo un burgués, tampoco era la de un pobre proletario; desahogada pero no en la pobreza ni en la riqueza. NInguna sombra se perfilaba en el horizonte.

Eusebio no toleraba que nadie se pusiera a decir que la Iglesia había que adaptarla a los nuevos tiempos, como buen cristiano, rechazaba cualquier herejía y cuando oía mencionar de socialismo, de Marx o de Lenin o de la lucha de clases enrojecía por la ira, decía que había malos mexicanos con ideas anarquizantes quienes provocaban el caos con el secuestro de prominentes funcionarios públicos, atentados terroristas, asaltos bancarios, asesinatos de policías, con la infiltración en los sindicatos por agentes subversivos instigadores de huelgas “locas”, que soliviantaban a los estudiantes con marchas, mitines contra el gobierno. Sostenía que el Partido Comunista era el enemigo del progreso de la patria. Defendía la politica del gobierno con su “economía mixta” y repetía que el infierno esperaba a los que sustentaban doctrinas “exóticas”. En fin, Eusebio era el patriota ejemplar, era de esas preclaras personalidades en el incógnito y la vida normal de Eusebio Rojo siguió su curso hasta que algo vino a cambiar su existencia.
Una mañana, se levantó con el optimismo habitual, una mañana más, un día más de trabajo normal en la gran fábrica como supervisor, no tenía que escuchar los gritos destemplados de algún otro supervisor que  estuviera a sus órdenes. Ese día, en un momento dado, revisando la literatura confiscada a varios obreros despedidos por agitadores, hojeó un folleto que hablaba de la situación de los trabajadores en las fábricas, la creación y organización de sindicatos independientes no charros y la lucha contra el patrón explotador. Eusebio Rojo, lo dejó sobre el escritorio olvidándose de él, pero al término de la jornada laboral por inercia, se llevó el folleto a casa y allá, cómodamente en el sillón favorito saboreando un ron con refresco de cola, dispúsose a principiar la lectura, lo hacía no porque de la noche a la manana fuera un demócrata, un revolucionario, sino lo hacía para saber cómo atacar al enemigo con mejores argumentos.
Solo que, al terminar de leer, algo le quedó bullendo en la cabeza, llegó a la conclusión de que algo andaba mal, que había una desigualdad social.

A otro día, despertó pensando en lo que leyó la noche anterior, y pasaron los días, semanas, pasaron los meses y la conclusión final fue que el estado actual de cosas no era tan perfecto, el gobierno con su política solo beneficiaba a una clase social, la llamada burguesía y que había una explotación despiadada.
Era pues, que el ciudadano ejemplar, reconocido por los actos beneficos dados a la comunidad, empezaba a dejar de serlo; nuevos conceptos, nuevas ideas dieron vida a un nuevo Eusebio Rojo, ahora participaba en las luchas populares, apoyaba a los campesinos, a los estudiantes, a los trabajadores, pugnaba ya por un nuevo orden económico, por un gobierno democrático: defensor de la soberanía nacional, significaba pues,  que Eusebio no era el mismo, no tenía la misma conciencia anterior, significaba, que era un demócrata a secas, sin ningún “ismo”, hablaba de libertad política, de la libertad sindical, de los derechos políticos, estaba en contra de la represión de los órganos judiciales y del ejército, la corrupción administrativa, sin embargo, rechazaba la etiqueta de Comunista y se asustaba con la palabra Socialismo, Decía: “la Constitucion es magnífica, solo hay que respetarla”. Volvía a decir: “no queremos explotación irracional por parte del imperialismo, pero tampoco queremos el socialismo esclavizante, queremos un socialismo nacional con plena libertad”.

Era el nuevo Eusebio Rojo, el ahora defensor de los intereses populares, se oponía al mal gobierno, no al Sistema, era el nuevo Eusebio Rojo, tachado de agitador, los patrones con los cuales antes trabajaba lo acusaron de agente comunista (Uff! Que palabrota para Eusebio) y perdió su empleo y tuvo que buscar uno nuevo , el gobierno lo ccombatía y cada vez que se ofrecía la ocasión, lo atacaba con virulencia ya que Eusebio era todo un líder, pero el gobierno sabía no existía un eminente peligro a las palabras y acciones de este reciente disoluto social.
Entraba y salía de la cárcel, a veces con fianza, otras por la presión popular, la esposa privada de la comodidad pequeno-burguesa de su vida anterior le pidió la separación, el divorcio no, porque era “pecado”. Bueno, había muerto el antiguo Eusebio rojo, el nuevo lucía otra cara, otra personalidad: un Eusebio retocado y transformado.

Mexicali, B.C. Mexico, septiembre 1 de 1976