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Hasta ayer se llamo me llame Federico

A los pies de Granada muere un chiquillo mas poeta que hombre,

piedra y martillo,

más hombre que poeta, como un chiquillo.

Granada se desluce sin su sonrisa,

la luz de su horizonte huele a jazmines,

y su alma pasea por los jardines.

Con libertad de Rey, bolsillo bien repleto y la mente de un ángel con las alas abiertas para volar bien alto al patio de Machuca o por la Acequia,

acariciando apenas los de Cipreses,

se va por la Sultana, duerme la siesta por esos Cármenes donde vuelan sus sueños entre Loja y el parque de Majuelo,

Carmen de las Angustias, San Agustín,

donde mejor se haya en esos patios suyos como el de Falla,

como la Catedral,

como la Alhambra.

Sus manos como orquídeas llevan resueltas sus palabras de amor y sus retratos,

águilas imperiales ,

mariposas sus versos se le encaraman

entre las rosas que dibujan aromas

sobre su tierra.

¡Ay ¡ quien pudiera poder tus versos últimos besarlos en la boca y recitar con ellos hasta la muerte misma.

Muerte , envidia y muerte, por la ley de los hombres, por egoísmos que nos hacen pagar sin que se sepan los porqués ni los donde,

ni las retretas donde hay que acabarse bajo la tierra.

Hasta ayer se llamó, me llamé Federico

hoy el polvo me cubre como la luz del día, polvo me llaman escondido en la tierra con el hoyo en que vivo bajo la grama.

Ya no mueven las hojas los vientos ni las lluvias, ni el brillo de mi triste crespón de calavera luce ni lucirá jamás en superficie,

me escondieron en grupo para borrar la espera de amanecer un día al lado de los Dioses.

Mas los Dioses leyeron sin que yo lo supiera La casa de Bernarda, la Zapatera, esas Bodas de sangre,

mi Mariana Pineda.

Entre tanto me pudro con mi cuerpo en el monte,

quien sabe Dios por cuanto,

quien sabe Dios por donde.

Huele a ciprés mi alma y me suenan a veces canciones de Granada,

mi Andalucía llora,

está toda apenada

¡Federico se fue en una madrugada

quien sabe hacia donde!

está toda apenada mi Andalucía y mi Granada.

Mas si queréis verme, no me esperéis jamás, no volveré al alba,

abrid de madrugada sin que nadie lo sepa la palabra que escondo detrás de la Barraca.

(Chema Muñoz) ©

Photo by Greenwich Photography

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