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Caminaba, bajo la atenta mirada
del manto de estrellas.
Ellas me avisaban de que todo volvería a ocurrir,
yo tenía ese presentimiento.
Todo comenzaba a darme vueltas,
a ser aterrador,
y mi vista se nublaba.
La presencia de esos dos hombres,
que salieron de la nada
y comenzaron a seguirme,
desencadenó en mí
un intenso pánico y terror.
Porque sentí cómo deseaban
la sangre que por mi cuerpo circulaba.