Entre certezas y soledades

Entre certezas y soledades

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Tengo una alma constante
aderezada con salsita de hambre
que busca las certezas de la humildad
y el manso sosiego de las soledades.
Habitante de la luz que emanas,
huésped de un cuerpo magro
al que le reconoce sus fatigas;
se reinventa con el sol,
colecciona atardeceres, lluvias,
lo mismo que aromas de azahares
y cúmulos del cielo azul,
en el cuenco de mis manos
para los días de pena,
menores desde que tengo un perro,
que también reconoce mis fatigas,
y homenajea con el difícil arte de la espera.
Y nunca ve más verde el jardín del vecino
porque sabe que la ventana es nuestra.
Compañero de nubes, apegos y tardes solitarias,
presiento que tiene un corazón lunar
donde una estrella titila
sobre su borde más cercano.
Se acerca al alma mucho a mucho…
Y a mi poco a poco,
para no sobresaltar un corazón
que construye sobre escombros y soledades.
Soledades
disueltas en el profundo silencio
de la tarde desvaída.
Ahí encuentra calor y se reencuentra
como quien se mira atento en el espejo.
En el inmenso abrazo de un cielo rojo
donde se refleja la grandeza de los sueños.
Y la voz de un Dios piadoso que reclama:
Dejad que se acerquen más los perros.

Sempiterna esperanza

Sempiterna esperanza

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Un anhelo que no duerme
vuelve periódicamente
a jugar conmigo a la melancolía.
Como un deseo profundo e inminente
se instala cálido, me acicatea,
se arrebuja en mi mente, me empuja a diario
sobre la hoja desierta que convoca…
Con su sempiterna esperanza de parir claridades,
certezas de alba diáfana,
ventanas al porvenir de tu mañana,
imágenes de musa enamorada
con sus tiernas ganas de tirar su falda
Y dejar de ser blanca.
Sin tema posible, sin orden preciso
sólo el sueño de escribir lo impensable…
Y que comulgue contigo, sin vértigos,
de plantar semilla en parajes desiertos,
atrapar una frase fresca al vuelo,
intentos inéditos proscritos del tiempo,
gritar rebeldías en el camino cercenado,
borrar las huellas de la estupidez y el miedo.
Aludir alguna convocatoria otoñal
que pervive y resiste entre sombras
de experiencias, y luces de nostalgia
del poeta exiliado de los sueños.
Replicar la imagen de un soneto olvidado
porque las palabras no suelen ser oídas.
Y menos recordadas si no hay provecho.
¿Qué hacer con este anhelo?
¿Quién volverá con un puñado de fuego?
¿Dónde desemboca el vaivén del recuerdo?
¿Cómo mitigar la ausencia, sin duelo?
¿Cuánto durará el sostén del intento?
Y vos, ¿Cuándo volverás por mi sendero?
Tengo el impulso de escribir en tu cuerpo
los más duros vocablos y, que se hagan verso.
Plan Maestro

Plan Maestro

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¿Cómo hacer para que el olvido
no se instale en la memoria?
Si ésta ha madurado a fuerza de pervivir
combatiendo fantasmas feroces,
desprovista de rabias y ausencias
entre luces y vivencias reveladoras,
sin desgarros ni temores oscuros
a pesar de la persistente soledad
que no es hereje ni virtual…A veces duele.
Y es máster en descuidos y desamparos
que reclaman ufanos su potestad.
Si es tan hermoso el recuerdo rescatado
al desandar los pasos imperecederos
que permanecieron con llanto y huellas,
en el barro que los resguardó en silencio
a pesar de tantas pisadas invasoras;
cómplice de las lluvias que nutren al alma
como si supiera que un día cualquiera
volvería con mis hijas, a petición de parte,
a recorrer el patrimonio-paisaje, que hizo feliz mi niñez.
Y que ahora reencuentro bajo el árbol que aún permanece
a pesar de las furias naturales y los afanes inconscientes,
sólo para sembrar sin vértigo, en memorias más tiernas
pedacitos de un tiempo que se guardó sin dolencias.
El agua cristalina y fresca mudó de fuente y sombra
pero sigue brotando no sé por cuánto tiempo más,
dando vida a los versos, a los sueños y a la tierra.
Los pájaros andaban de paseo con sus pájaras,
bajo un sol amable en un valle sabio de frutos
que relaja mi respirar y el verso cae sin prisa.
El horizonte nos miró, y me hizo un guiño a lo lejos,
aboliendo la indiferencia con que transitamos en la rutina
coludiéndose con mi desvarío sabe bien que lo buscaré
para avistar juntos el poema que convoca futuro.
Y asirlo en pleno vuelo, a la vera del camino
o en el insomnio de la página enamorada
que desvela sin remedio los demonios.
No hay olvido, nacen años-niños.
¿Cuántos tendrán que pasar para volver?
Renacer de manera reiterada es una vocación latente
que Madre me enseñó cuando parió estos huesos necios,
alérgicos de nacimiento a la resignación,
salvoconducto postrero, seguro de vida genético,
herencia imperecedera refrendada por su saliva-cura
para las heridas futuras en el alma de un crío terco.
Soy parte del Plan Maestro, canción irrepetible…
Que el más grande alfarero moldeo para mi suela inquieta,
sé entre otras certezas que llegará cuajado y a tiempo
con su fruto maduro, oportuno y preciso,
acompañado de la luz que prodiga un norte infalible
de la estrella que un día se posó en mi camino,
con el milagro del barro renacido por sus huellas
Y la cadencia de unos pasos por los que siempre me desvivo.

(Increscendo) Contra el olvido

(Increscendo) Contra el olvido

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Viene el porvenir en su caballo de letargos
el tiempo trae sus alforjas llenas de demora
los sueños tardan como si nadie los esperara
nada es urgente cuando ha vencido el desdén.
Son quimeras que tornan arrastrando sus pasos
su bandera es el desconsuelo y la desesperanza.
Cuando haya resistencia impondrá nuevas treguas
con mala fe y perturbaciones a los sueños libertarios
de manera incesante, entre naufragios y desamparos
hasta que un infatigable le venza de manera impensable
reduciendo la parálisis que trae con máscara de sosiego.
Hay que tener presente ya, que el corazón es el convocado
que no se rinde ni reduce ante las amenazas ni el cansancio.
Y encontró la inesperada manera de vencer lo falso del futuro
sabiendo que el día presente es incierto y lo pasado nostalgias.
Porque todo es anómalo sabe también que nos asedia el peligro
poblando con sus pasos; los nuestro sin fe ni rumbo, y descalzos.
Ahora que ya no hay desierto cuando de cierto reconoces al olvido
solitario entre las multitudes pertrechado de despojos y escombros
su huella ínfima, doliente y honda es una estela cargada de sombras
que insufrible y amarga enrarece el ambiente otrora despejado y dulce.
Y entonces; vos sabés quién es el turbio enemigo que viene a seducirte.
Enhebrando recuerdos el corazón estará siempre dispuesto a combatirle
decidido, inquebrantable, pertrechado de certezas que lo hacen invencible
Sembrando en la página la benevolencia de la palabra fértil e irremplazable.

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