Mi ángel del carnaval

Mi ángel del carnaval

Clica para calificar esta entrada!
[Total: 0 Promedio: 0]

El Carnaval no es una de mis fiestas predilectas, pero es una fuente de ingresos para mi bolsillo. Cada vez tengo más clientela interesada en mi trabajo para estas fechas, deseando que les cosa un bonito disfraz.
Sin saber porque, hace ya unos años que recibo una misteriosa caja, en la cual hay instrucciones para confeccionar un traje, unas maravillosas telas que se mueven entre mis dedos como si estuvieran vivas y una nota que me indica donde entregarla una vez acabado; o en mi portal un día que yo no este o en una dirección en particular. Todos los encargos son diferentes pero a la vez tienen una cosa en común, son trajes de época.
Nunca elegí entregarlo en persona porque no sabía qué me podía encontrar, y tampoco me importaba mientras me dejaran el sobre con el dinero pactado. Pero ese Carnaval era diferente, estaba cansada de tener una vida tan aburrida, solo centrada en mi trabajo. Necesitaba vivir una aventura, algo que me devolviera los años de juventud que había malgastado detrás de esos hilos y esas telas que me tenían tan absorta casi los 365 días del año…así que me quité la barrera del miedo e inseguridad y salí precipitada de casa una vez tuve claro a dónde dirigirme.
Después de una hora larga conduciendo, encontré el camino de tierra situado a las afueras de la ciudad; al final, una casa que parecía abandonada. Me dispuse a golpear la puerta cuando se abrió emitiendo un gran chirrido. Al otro lado había un chico joven que llevaba una máscara acorde con el traje; curiosamente, esa vestimenta era la pareja del vestido que había cosido.
El joven hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera. Nos adentramos en la gran mansión por un pasillo que conducía a un gran portón que abrió con una llave dorada. No entendía nada ¿quién era aquel muchacho tan bien plantado que al parecer estaba interesado en mi labor? Me miró fijamente a los ojos diciéndome que me pusiera el atuendo que llevaba en la caja y me entregó una máscara. Después tenía que dirigirme a la puerta que estaba a mi derecha, por la que él salió; hice lo que me pidió.
Cuando abrí la puerta mis ojos no daban crédito a lo que tenía frente a mis ojos; una enorme sala llena de personas que llevaban puesto todos mis disfraces de encargo especial y máscaras de diversas modalidades. Ojee la estancia y allí estaba él, tendiéndome la mano para iniciar el baile, ¡fue una noche de ensueño!.
A partir de ese día, el Carnaval es uno de mis días preferidos y deseado gracias a “mi Ángel del Carnaval”.

Amor Carnaval

Amor Carnaval

Clica para calificar esta entrada!
[Total: 0 Promedio: 0]

Él iba caminando solo por la calle con sus ojos repletos de felicidad, recordando el último carnaval que vivió junto a ella, y pensó si la volvería a ver en aquella cabalgata carnavalesca. Se preguntó a si mismo si ella habría cumplido la promesa que se hicieron en la playa del Carmen bajo la luz de la luna. Él si la había cumplido, y no solo eso, no hubo un solo día en que su corazón no latiera con su nombre, no hubo un solo día en su mente que no floreciera el beso con el que sellaron aquella promesa. Llegó a la calle principal y se colocó en el mismo lugar donde la conoció y con el mismo disfraz; el de Einstein. Sacó un cartón blanco de la mochila y lo agarró ilusionado, aquel letrero improvisado decía en letras rojas: Yo he cumplido y ¿tú? Pasaron las horas y no aparecía en ninguna cabalgata, pero él no perdía la fe. Se juró que de allí no se movería, y así fue. Las estrellas comenzaron a resaltar el misterio de la noche, y la última cabalgata pasó delante de él llevándose su esperanza de volver a verla. Sintiéndose traicionado por el amor se fue abatido a la playa del Carmen y se sentó en el muro. Dejó que sus ojos entristecidos se perdieran en la inmensidad del mar. Una mujer con una máscara se sentó a su lado y le dijo.

— Hoy es un día para estar feliz y acompañado, ¿qué haces aquí solo?

Se quedó callado unos segundos. Tragó saliva y le respondió con una voz apenada.

—Había quedado con una chica, pero no ha aparecido… que tonto soy.

Ella posó su mano en su hombro.

—Desahógate conmigo.

Dudó un instante, pero necesitaba liberar aquella pena que le oprimía el pecho.

—El año pasado por estas fechas conocí a una chica accidentalmente. Se cayó de la cabalgata y la sostuve en mis brazos. Estuvimos todo el día juntos, parecía que nos conocíamos de toda la vida, era divertida y muy cariñosa, le encantaba darme abrazos. Nos enamoramos. Nunca he sentido un amor tan sincero por nadie. Ella vivía en Londres y su vuelo salía al día siguiente. Me dijo que si lo que sentíamos era verdadero nos esperaríamos hasta el próximo carnaval, y lo sellamos con un beso. Ella no ha aparecido… Nunca he dejado de pensar en ella.

Ella se levantó. El seguía absorto. Se puso detrás de él y lo abrazó.

—Yo tampoco he dejado de pensar en ti.

Ella estuvo todo el día en la valla de enfrente observándole sin que él fuera consciente. Necesitaba estar segura de que él la quería como ella lo amaba.

A %d blogueros les gusta esto: