La no existencia

La no existencia

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La no existencia

Cuando el halcón no contesta a la llamada ni acude al cebo de la carne, el mal tiempo se avecina.

Algo ocurrirá y será de gran magnitud. Este hecho alterará los esquemas establecidos y dará paso a un nuevo orden ,regido de manera transitoria, opaco en los planteamientos y parco en palabras.

La sorpresa inicial dejará paso a la más profunda indignación, ello dejará un rastro de sangre, odio y venganza. Las nuevas generaciones se rebelarán contra los principios establecidos.

Nadie vencerá.

Las especies serán aniquiladas. La raza humana desaparece.

El planeta ensangrentado, teñidos de rojo sus océanos se fundirá en el sol, traspasándole siglos de luchas, masacres, infamias, terror…

Se expande al sol la sangre de los asesinados que gritan con ella su injusticia.

La gran estrella, engullidos sus planetas, siente frío en el núcleo. El frío de millones de voces gritando, plegarias no escuchadas, almas en purgatorios, rota la virginidad de la galaxia.

Se pierde en el infinito del agujero negro. ¡Triste estrella de hielo!. Descansará el fuego de tanto desatino hecho.

Ya no es lo que antes era, ya no existe la existencia misma. Ya no hay tiempo que comparar pueda.

Ni la misma negación queda, el universo entero desaparece.

Ni negro ni blanco, sin tiempo ni espacio.

Si no existo, si no soy ¿quién configura este trazo?.

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Esencia

Esencia

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Soy.
Ser para estar,
estar para ser.

Soy, estoy.
Causa o consecuencia.
Conformidad.
Las dudas no suman.
Tampoco restan.

Producto de emociones.
Me forman,
me recrean.
Ser emocional.

Existo. Me existes.
Pienso.
Te pienso.
Nos imaginamos,
nos sabemos.
Me tienes, te tengo.
Estamos.

Soy para que estés.
Estás para que sea.
Existencia del ser.
Y del estar.
Somos vida.

 

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De diciembres (Deconstruyendo a César Vallejo)

De diciembres (Deconstruyendo a César Vallejo)

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“Yo nací un día
que Dios estuvo enfermo.
Todos saben que vivo,
que soy malo;
y no saben
del diciembre de ese enero.”

(Fragmento de “Espergesia”, de C. Vallejo)

DE DICIEMBRES

Yo también nací un día
que Dios estaba enfermo.
Como todos.
El germen de la locura
empieza en el principio,
en la luz del primer día
y en la versión recreada en el espejo.

¡Qué más da el mes,
si diciembre o enero,
si somos productos ajenos
de la última enajenación,
la postrera!
Nací como vosotros,
con las sombras en el parto,
con las penas en los ojos,
y una visión del horror
repartida entre el orgasmo
de mis padres
y la luz triste
de las arrugas en mis manos.

El suicidio en nuestro rostro,
marcado a fuego lento,
consumiendo las etapas
sin la suerte bravía
del que lucha mirando a la cara
a su enemigo,
frente a frente.

Y me parece verle,
escondido en la penumbra
de un asilo solitario,
único miembro del tribunal inquisitorio,
mientras va tachando,
sarcasmo en la escritura,
los nombres de quienes desafían
entre gritos de latente realidad
la crueldad que yace
en su oscura biografía.

Nacimos enfermos,
a su semejanza,
en el estado febril
que amenaza nuestros sueños,
que nos impone
la rebeldía del silencio,
la muerte parcelada
en un distrito donde la vida
es un juego de azares revoltosos
bajo la continua asechanza
de un croupier amenazante.

Y nos comparte en su venganza
todas las suertes del enfermo,
desde la ignorancia de los males
hasta la inoperancia de las vacunas,
porque no hay cura
para las tristezas de la vida,
para los avatares ya marcados,
para la disidencia ignorada.

A lamentos le buscamos,
y a gritos lapidamos su memoria,
triste nombre que acompaña
nuestros llantos más humanos,
la irremediable soledad
de quien no tiene cura,
de quien ya no espera
abrazos del progenitor
que le reservó una tumba
aquel diciembre de aquel enero.

Nacimos presos de la muerte
de un ser enfermo,
todos,
y en la gravedad de ese estado
contemplamos
la locura del silencio muerto.
Grave
porque nacimos a Dios
cuando estábamos muy enfermos.
La muerte espera.

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Esa manía de vivir

Esa manía de vivir

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Vivir, vivir, vivir… ¡Qué manía con vivir! ¡Como si no hubiera nada mejor que hacer! ¡Piensa en alguna  otra cosa, en vez de pasar todo el rato viviendo! ¡Sin parar de existir a toda costa! ¡Pero qué empeño es ese!

Vivimos tanto que nos tenemos que ver continuamente repitiendo errores. ¿Para qué? Necesitamos un sistema de obsolescencia planificada, como cualquier producto de hoy en día. La vida es larga. Yo sé que todo el mundo se empeña en decir lo contrario e interpretarán que trato de incordiar con estas sentencias que nadie comparte, pero insisto: la vida es larga, es demasiado larga. No estamos pensados para resistir tanto. No lo digo por las prótesis dentales, o los problemas en cervicales y las artrosis, sino por cosas más importantes, más aún que el alzheimer. Por ejemplo, la alopecia de los hijos. ¿A algún padre le gusta ver cómo su hijo se queda calvo? No. A los hijos se les quiere ver crecer, pero no envejecer y menos empochecer. No tiene ninguna gracia. Sobran años a nuestra vida. Por eso interesa casarse tarde; que no sea fácil ver ajarse a los niños. Y hay que suprimir la cotización obligatoria a la seguridad social. A mí que me dejen morir cuando diga la naturaleza, porque al natural todo da mucho más gustito, como decía siempre una amiga del colegio. 

Tengo un hijo todavía pequeño. No quiero saber de sus divorcios, sus paros, ni sus declives. Quiero fallecer cuando él esté en pleno apogeo, y me traiga un nieto, como espero que habrá hecho para entonces el resto de mi descendencia.Y entonces ya, dejar de respirar, hombre, que ya llevo mucho con eso. Siempre aire para fuera, aire para adentro; aire para afuera, aire para adentro… ¡Ya está bien!  Dejar de palpitar por fin, no durar más y poder dedicarme de una vez por todas a otras cosas. Porque si te paras a pensar, descubres que vivir no te deja tiempo para nada más.

Photo by volante

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Sincronías

Sincronías

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No me hables de diciembres,
tampoco de eneros,
haz de la continuidad una ruptura constante,
deja que las aristas se esparzan por mi cuerpo
y hagan de mí una fortaleza de grietas,
surcos sin presente
que lloran hacia dentro,
heridas del pasado
que exhalan con suspiros
la identidad de mi ser.
No me enseñes el calendario,
ni juegos con las horas de un reloj imaginario.
Dime que estoy, que estuve.
Todo lo demás me pertenece,
y lo guardo en las cunetas
de carreteras que no he hollado,
pero que me esperan
en el enero
de cualquier diciembre.

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