Antes de ti.

Antes de ti.

[Total:0    Promedio:0/5]

Antes de ti, ya habitaba tus sueños,
antes de ti, tu presencia poblaba mi suelo,
antes de de ti, tus alas ya volaban mi cielo,
antes de ti todo era pequeño.

Después de ti se alivió la herida,
después de ti se sublevó el silencio,
después de ti se derramó la vida,
después de ti se desbordó lo inmenso.

Entre el antes y el después; te quiero,
derramando en estiaje mis veneros,
colmando sabia de besos mis huesos.

Poblando infalible con tu luz estos versos,
habitando con tu piel mis palmos desiertos
y volviendo a la vida los vocablos muertos.

Corazón a la intemperie urdiendo versos

Corazón a la intemperie urdiendo versos

[Total:0    Promedio:0/5]

Corazón a la intemperie urdiendo versos
ante la urgente luz de las palabras.
Las sombras son abrojos y voces secas.
Relámpago que necesito imprescindible
sin promesa póstuma al latido que nace,
sólo el verso que se amarra a tu imagen.
Y la intención respira para que fluya vida.

Me acostumbré a la soledad sin quebrantos,
a la plenitud del viaje íntimo y urgente,
al dulce equilibrio de lo elemental,
lejos de las perspectivas y las formas,
sólo la envoltura del instinto natural
que acicatea al alma para que cuaje tibia,
entre utopías que arden sin alboroto.
Sosiego del numen que fertiliza la creación
y el semblante anuncia el nacimiento del poema.

Amanece la vida inundando mis vallados.
El universo despierta cuando siento tus brazos
que se aferran a mis sueños.
Se aviva la posibilidad de la marea.
Y sus influjos recobran el vaivén de la brisa
que se instala en el aliento que se agita,
y celebra la unión de alas en íntimo vuelo,
que reducen el cosmos a un orgasmo.
Y reconquistan la ternura.

Hay urdimbres que tejen luces y utopías.
La esperanza agazapada busca resquicio en la desolación.
Se empeñan los sueños en renacer entre despojos,
los agravios se inflaman como fuego al viento,
torpes y ególatras se afincaron en la senda de la razón,
intrusos profanaron la claridad de los principios
y salvajemente invadieron la llanura de la luz.
Las palabras dolidas se lamen las heridas,
plantan árboles en los llanos yermos,
señalan sendas con rumbo claro
y exhalan suspiros que limpian el aire
de nubes turbias y asideros amargos,
para que resurja la verdad con un dejo de poesía
y un ineludible destello que irradia tu ser
con el que pueblas la vida de luz.

Germina la memoria cuando te nombro.
Y se puebla de hojas el verso que recreo,
las ramas del árbol de mi sangre se agitan
mientras las raíces se aferran al tacto de tu suelo,
cultivo la letra que te intuye cercana
y reclama tu savia.
Novia del beso, esposa de mi piel, lluvia del deseo,
tabla del diluvio, cuenco donde abrevo.
Brota la vida que propaga sueños,
cuando renaces en la marea y en el viento
de mis mares sin sosiego ni reguardo,
la lluvia viene con aliento sediento,
la tempestad se templa y se nubla el habla
cuando no estás, cuando me faltas.

Si la Esperanza fuera un rayo.

Si la Esperanza fuera un rayo.

[Total:0    Promedio:0/5]

Si la esperanza fuera un rayo…
Un latido que se desliza por el silencio,
apostaríamos por los misterios del trueno,
amaríamos al azote de su luz,
rezaríamos porque nos tocara en gracia.
Y no se desperdiciara como lámpara en el asfalto.
Si el Dios que no sabemos regurgita estrellas,
y permite que la luna escurra su cuenco de leche
para que no nos acostemos sin cenar,
solitarios y despojados de besos y caricias,
encandilados por el faro de las marquesinas.
Y si la cauda de su aliento ilumina
para que no perdamos de vista la vía láctea,
evitando el riesgo de derrumbarnos en el cielo.
Si tuviéramos la osadía de navegar islas espaciales
entre el sueño que corre por los agujeros negros,
avistaríamos los umbrales donde cantan los poetas,
al prodigio de las estrellas anidadas en tus ojos.

La luz más cierta

La luz más cierta

[Total:0    Promedio:0/5]

La flaca coraza del verbo me hace susceptible ante simulaciones aviesas y sus embates, no hay metamorfosis que me oculte de sus derrumbes.
Trastoca el sosiego la débil trascendencia del verbo amar y sus implicaciones. Sus sinónimos son gestos virtuales propagados como gérmenes a la sombra de una cultura zombie.
No hay combustión posible en el peligroso territorio de la poesía.
Ni revelaciones en los latidos que un día provocaban vértigo.
El alma desnuda y en silencio se crece ante los escombros y la oscuridad, se bate en duelo para derrotar al mutismo que amordaza en las soledades.
El corazón insurrecto transgrede orgulloso con voluntad titánica la sequía que desgarra las páginas.
Y asume la asunción de tu desnudez como la luz más cierta y hermosa, absoluta entre los yermos de la palabra, para que florezca en la resequedad más inhóspita. Y al fin los versos bailen y llueva.

REBECA

REBECA

[Total:0    Promedio:0/5]

REBECA 6

Lejos están los años estudiantiles de la facultad, a la que llegué por mis propios méritos desde Celendín. Cobijada por un familiar en su casa del Rímac, me costó disfrazar mi hablar motoso, vestir diferente, aprender los modales de la gran capital y a no asustarme en los microbuses para llegar a mis destinos. Soporté mis lentes de carey y me habitué a las zapatillas compradas en el Mercado Central. Al comienzo fue difícil. Serrney, tú lo sabes de memoria. Muchos años después de graduarme la vida me sonrió y gracias a la iniciativa de un compañero izquierdista una ONG me contrató.

Nuevamente en Lima y, recién llegada de New York donde laboro en la OMS como epidemióloga, estoy en el bar del Crillón degustando con Serrney un pisco sour. Lo observo con cuidado, sin perder detalles. Siempre me cautivó su andar despreocupado, modales elegantes y facilidad para la conversación entretenida. Sus ojos azules siguen desconcertándome cuando me mira fijamente. Viste jean desteñido y en el bolsillo de la camisa de lino lucha por no caer la infaltable cajetilla de cigarrillos. En cambio, yo llevo puesta una blusa de Armani que combina con el pantalón Dolce Gabanna y mis pies calzan zapatos Prada. En la silla cuelga una cartera Louis Vuiton. A pesar de la simpleza de su vestimenta no deja de atraerme su prestancia innata. Le tengo una especie de amor platónico y sus ojos azules no dejan de observarme.
─Rebeca, ¿qué te trae por acá?
─Solo quería reunirme contigo un rato, darling. Después ya veré lo que hago. Mañana viajo a Celendín a visitar a la familia, a darme un baño de recuerdos. Luego asistiré a un symposium de Enfermedades Emergentes en un hotel de San Isidro. Expondré un tema aburrido y rutinario por el que me pagarán bien.
─Por lo escuchado, estarás muy ocupada. ¿Visitarás a tus amigos zurdos?
─No, con ellos marqué distancia hace buen tiempo. No les perdoné la traición que cometieron. ¿Sabes, sweetie? Olvidaron mi rol protagónico de dirigente y no les importó que hubiera estado en la cárcel. Tú sabes, dear Serrney, cómo se porta la gente cuando las papas queman. Creo que nunca supiste que el flaco Benítez fue el único que me visitaba cuando estuve tras las rejas. Los demás no asomaron las narices. El pobre se fajó conmigo y por suerte no terminó encerrado. Escapó con las justas y pasó desapercibido. Así lo creí durante años. Lamentablemente la historia fue otra y acabó desaparecido. No entiendo qué pasó y hasta hoy entristezco al recordarlo.
─Ustedes fueron muy inocentes. Creyeron que organizando marchas, enfrentando a la policía, pintando calles, volanteando, haciendo ollas comunes con los mineros y cambiando de domicilio era suficiente para hacer la revolución y que Seguridad del Estado no se daba cuenta. Siempre estuvieron chequeados, Rebequita. Pude ver tu expediente y, gracias a un fiscal amigo, te clavaron unos cuantos meses…
─Lo sé, Serrney. Lo tengo muy claro, pero quedé curada de espanto y me vi obligada a salir del país. Nadie me quiso adoptar, ni siquiera Cuba. Por aquel entonces fui la amante de uno de los funcionarios de la embajada cubana. No logré que ese hijo de puta me ayudara. Al enterarse me ignoró y el muy marica se hizo trasladar a un país africano. Me quedé sola, sin dinero y a punto de empezar el SERUMS, ¿sabes de lo que hablo? ¿No? Es el programa mediante el cual devuelves con servicios profesionales lo que el estado invirtió en tu formación. Pues bien, mi pasado rojo me mandó a un pueblo perdido de la puna. A más de cuatro mil metros de altura, además de hacer muy poco, me tuberculicé. No morí porque nadie muere la víspera, pero mis trompas de Falopio se pudrieron y quedé estéril. ¿Lo sabías, honey? Me salvé porque un amigo piadoso me ayudó con el tratamiento. Aprendí, querido Serrney, que la vida no es como te la pintan en el adoctrinamiento proselitista…
─En cambio hoy, basta con mirar tu página de Facebook para darse cuenta lo bien que te va en el país que tanto criticaste. Eres una linda burguesa con aires de diva. Creo que te lo mereces, cariño. Rebequita, debiste entender en su momento que eras un Quijote peleando contra los molinos de viento del sistema yanqui y que la cortina de hierro se derrumbaría, tal como ocurrió…
─No digas eso, Serrney. Así no fue exactamente. Tuve oportunidad de analizar los hechos, autocriticarme, curarme en salud y cuando Sendero Luminoso arreció, terminé de comprobar algunas cosas, desilusionarme y retirarme a tiempo.

─Viste la luz ─apunta Serrney─ ¿Cuántos liftings faciales te has hecho?
─Uno, hace dos años y me pongo Botox cada seis meses. Me operé la miopía y uso lentes cosméticos de color verde. Lo demás está tal como vine al mundo…
─ ¿Incluyendo el trasero?
─ ¡Por supuesto, Serrney! Natural y no profanado ─esbozo una sonrisa pícara─. Lo guardo para alguien especial…
Recibo la mirada inquisitiva de Serrney. Está inquieto en la silla y sus piernas cruzadas intentan disimular la erección incipiente. Pretende comprender mi rostro sonrojado. Ordeno una nueva ronda de pisco sour. El primero estuvo maravilloso y ya siento el cosquilleo en mi entrepierna. Serrney sugiere ir a un sillón más cómodo. Acepto y levanto el prodigio que Dios me ha dado. Sé que sus ojos azules están clavados en mi anatomía.
La tarde avanza y, entre recuerdos universitarios y alguna discusión de principios acallada cuando me toma las manos, haciéndome sentir pajaritos en la cabeza, decido dar por terminada la reunión. El cuarto pisco sour le dice al oído que he reservado una habitación antes de irme mañana a Cajamarca.
─Será lo que Dios quiera o lo que tú quieras, Rebequita ─dice mi amigo de tantos años, irreconciliables en una época de nuestras vidas, unidos por el destino y los giros extraños que ofrece el mundo.
Media tambaleante por los tragos, el buen Serrney me ayuda a recuperar la compostura, me abraza fuertemente y le entrego la llave de la habitación, diciéndole:
─Will be whatever you want, George…

A %d blogueros les gusta esto: