Retrato de un escritor

Retrato de un escritor

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Te miro con la ceniza entre mis dedos mientras mis ojos se llenan de ti. Aún te recuerdo como si fuera ayer, nuestra primera vez mirándonos de frente, escrutando ambos a quién tenía enfrente. Tu timidez te delataba, tu mirada hacía aguas en un mar de sensibilidad y a tu piel me acerqué.

Antes, mucho antes, había devorado tus entrañas de escritor, el sable con el que tejes tus historias, la tinta con la que te acercas con tu no decir diciendo todo, tu amalgama de colores con los que observas la vida en distancias cortas.

Me empeciné en seguirte, olfatear tus huellas en un Mediterráneo en calma como la lasitud de tus renglones cuando coses sentimientos controlando que tu yo más íntimo no se note, que apenas se sienta, pero no sabías que tu menuda figura, tu gran pluma te delataba.

Y llegó aquel marzo madrileño, de soles tibios donde nada parece lo que es, te encontré al final del puente, de negro chocante como chocante tu mirada expectante. Esperé a escuchar tu nombre en bocas ajenas y cuando lo oí, me abalancé a tus brazos a estrechar al hombre mago de palabras suaves bajo la caricia de la mirada tierna de una mujer con cabellos de plata que atisbaba una incipiente complicidad entre su amigo y aquella espontánea que se lanzaba sin más preámbulos que el grito de tu nombre mientras en su boca se emplazaba la sonrisa de siempre.

Después, me dispuse a descubrir cómo era ese hombre de hogaza y pan blanco desde el amanecer en carne y hueso y, al final, certifiqué mi presentimiento.

Cuando un hombre es auténtico, dentro y fuera son lo mismo y ese hombre, de gestos menudos, mirada apocada y voz templada, era el mismo que mis ojos descubrieron cuando lo leí por primera vez.

Una vez me dieron un gran consejo “Trabajo, mucho trabajo, ilusión y humildad” y tú, mi caro amigo, cuando el alba despega y el horno dora sus primeros panes, tú, mi querido Jordi Hortelano, ya llevas tu traje de escritor cosido a tu piel.

Desafío Espeluznante (El gato negro)

Tardaste demasiado, Edith Zepeda

Tardaste demasiado, Edith Zepeda

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Pasaban los días, las semanas y los meses sin que tuviera noticias de él. Ansiosa, iba a los lugares donde sabía que podría andar o le hablaba a sus amistades, con la finalidad de saber de él.

La espera, era un agotador lastre y la zozobra le carcomió la mente y el sueño, ¿qué había pasado para que las promesas de amor sincero se transformaran tan solo en palabras dichas al viento? Se negaba a aceptar que el cuento de hadas había llegado a su fin.

Corrían los últimos atardeceres de marzo, la realidad la confrontó con su atroz crudeza, con pesar la aceptó; decidió salir nuevamente a la vida, recogió los pedazos de su entristecido corazón y se pintó de nuevos colores.

Sin buscar, nacieron nuevos anhelos, en su vida apareció otro él que se enamoró de su mirada y de su sonrisa; aceptaba su personalidad contrastante entre locura y sensatez.

Era un amor cálido, apacible que la fortalecía para entregarse plenamente. Aprendió qué es amar y ser amada con libertad, sin dudas ni tormentos.

Así las cosas, una tarde, de esas en que no espera nada extraordinario, apareció en su puerta, aquel que pidió un tiempo para reflexionar sobre sus sentimientos, con excusas tontas y palabras huecas de un amor comprendido pedía una nueva oportunidad.

Con un nudo en la garganta y un sentimiento de profunda pena, escuchaba en silencio, mientras con lucidez y objetividad su mente revivía sus palabras y su conducta contradictoria.

Le dejó terminar su patético discurso, para finalmente romper su silencio.

– Tardaste demasiado para volver, puedes regresar por el mismo camino por el que te alejaste.

Sin más ni mejores argumentos, el confundido enamorado, se alejó rumbo al olvido. Mientras ella, disfruta de su amor a cada instante sin agobiarse del mañana.

Después de…

Después de…

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Pudiera parecer que cuando vives cerca del mar (de la mar) atardeceres y amaneceres son igual de impresionantes. En cierta medida es así, colores casi idénticos, horizonte brillante y luz que se expande por la superficie marina. Pero prometedores de verdad son los atardeceres porque al espectáculo de colores y matices se une el “después de…”. Los “después de…” del amanecer no se suelen disfrutar demasiado. Todo se ilumina, la vida despierta y hay que ponerse en marcha. Un amanecer es como una promesa de un disfrute mayor que se queda en promesa pero un atardecer de isla.. ¡ayy!, eso es otra cosa. La fiesta de naranjas, amarillos y rojos sólo es un anticipo de lo que viene después. Cuando el Sol cede su lugar a las estrellas, una puede seguir ahí, mirando el mar, respirando por los ojos toda la belleza que acaba de tener lugar, preparándose para el brillo de plata que invita a sumergirse.
No hay por qué salir corriendo a trabajar, a comprar, a estudiar… No es momento para eso. Sería casi un insulto hacer otra cosa que no fuera escuchar el silencio de la luz. A pesar de que eran los últimos atardeceres de marzo era conveniente no entristecerse porque los de abril no tenían nada que envidiarles excepto quizá, que el calendario le regaló uno más.

CONVOCATORIA DESAFÍO RELÁMPAGO:

CONVOCATORIA DESAFÍO RELÁMPAGO:

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Su nariz respingona y sus labios nos estaban volviendo locos a todos. No pensar en besarla era radicalmente imposible. Yo andaba cambiando mi estado de ánimo. Pasaba de pasmado a rabioso. Algo había que pensar, porque hacía muy mal tiempo y estaba terminando marzo. ¿Qué pasaría cuando realmente comenzase la primavera? Eso me preguntaba un amigo seriamente preocupado y con cara de mucha gravedad.

-No tienes nada que hacer, créeme. No creo que yo tenga posibilidades y tú menos, para que te voy a engañar.

-No es justo que la naturaleza…

-Vale, vale, ya sé lo que vas a decir. Pero mira, más allá de los lamentos, debemos aceptar que el mundo es como es y ella también. Pensemos algo práctico.

-¿Como qué?

-Tratemos de distraer nuestro cerebro de pensar de modo recurrente en su nariz respingona y en sus labios en forma de piquito.

-¿Y en ese mechón sobre su ceja?

-Igual.

-¿Qué hacemos pues?

-¡Ahora verás!

Se convoca Desafío Relámpago siguiente.

DESAFÍO  RELÁMPAGO.

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«Eran los últimos atardeceres de marzo»

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(SIN FOTO, se le asignará una sin derechos de autor) y añade la categoría «Desafio Relámpago: Atardeceres de marzo»
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Máximo 300 palabras. Tienes unas 24 horas. Se cierra la admisión de textos el 5/4/2016 a las 23:00 horas de España.

¡Preparados, listos, ya!

Photo by Iker Merodio | Photography

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