Tiempo

Tiempo

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Abstinencia es algo que no soporto

Desearía ver nuevamente tu rostro

Para no seguir con este maltrato

Tus besos y abrazos es algo que extraño

Ver tu sonrisa fluir bajo tu naturaleza

De la persona que eres

No aguanto el tiempo

Ni el dolor

Retroceder es poco

Volver a vivirlo es más intenso

Pero sé que me quieres muerto

Aposento en el pecho.

Aposento en el pecho.

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Hoy abracé cálidamente al niño que vive en mí.
Y le dije: No temas seremos felices juntos.
No, no es insomnio lo que me acongoja,
es una llama, eterna e incomprensible,
con destinatario permanente.
Te confieso que a pesar de los años,
vuelo como los pájaros…
Y ardo como el rayo.
Saberte calladamente en el recuerdo, me crece,
saber que te llevo dentro, me mueve,
llegaremos a donde soñamos.
Y no te extrañe que te pida confiar en mí,
yo sabré llevarte de la mano, porque aprendí de ti.
Y cuando lleguemos…Los dos lloraremos en silencio, sin dolencias ni resabios…
Aunque siempre sea tiempo de cambios,
guardaré momentos para ambos,
por la sabia compañía que siempre disfrutamos.
Y porque la felicidad no la buscamos al final del camino,
sino en cada paso, estación de gracia con que fuimos bendecidos.
Tú y Yo, mi niño.
Porque construir fue nuestro sino,
hicimos una casa con sueños para mis hijos,
nido para la mujer que voló conmigo,
y un rincón entrañable, pedazo de paraíso para ti.
Te cumplí el sueño de vivir en un hogar con chimenea,
acrecentar las navidades con la sencillez del pan,
y la frugalidad de los arcones,
escribir un libro,
hacer incontables e insustituibles amigos,
encontrar abrigo en la soledad,
motivos en la distancia…
Y razones en el amor.
No sé si me faltó guardar canicas,
pero recordar que éramos los mejores en esas lides,
me lanza otra vez a rodar el suelo que descalzos pisamos.
Y en el que echamos entrañables raíces.
Cabalga y sueña conmigo, que hay mucho por recorrer…
Y un lugar en el lado izquierdo del pecho, que es tu aposento.

Retal III

Retal III

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A merced del viento, a bordo de alguna hoja de otoño que se ha separado de la primavera para dejarla partir, para dejarla libre y despedirse con colores de la última puesta de sol. Hoy anochece más tarde.

Primavera baila desnuda bajo la mirada inquieta de un otoño furtivo que no se atreve a acercarse, que debe irse pero es incapaz de no mirar. Entonces el olor a tierra mojada, el cantar de los grillos y las bicicletas que pasean con el buen tiempo son la prueba evidente. Debe irse y quizás jamás volver.

Es extraño no mirar atrás, pues en sueños te veo e inundas mis días como si se tratara de un eterno argumento al que recurro para no olvidar; como el mes de abril que llora siempre mirando al ayer; el mes de los poetas, de lo que fue y no será. Hoy ya no me lamo las heridas, rastreo tu olor y solo me lleva a la tierra más honda y al barro, a un lamento de cinco minutos que tiñe el cielo de negro, aunque ya no le temo.

A merced del viento me siento aquí en medio, del verde de mayo, del contar largo de las horas aunque con el recuerdo del otoño en las pestañas, como el rocío en las flores de madrugada que juega a caer o no caer, a irse, a volver…

Se me borró la sonrisa

Se me borró la sonrisa

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Se me borró la sonrisa cuando aún era una niña, entre osos de peluche y muñecas por vestir, entre cazuelas pequeñas dentro de una cocinita, entre bicis y patines, entre leotardos calados y lazos en las coletas.

Se me borró la sonrisa cuando perdí la inocencia, cuando a marchas forzadas me llegó la madurez. Se me borró trabajando en la escuela, en la casa y en algún que otro sitio donde no debía estar, se me curtieron las manos y mi tez se ensombreció.

Se me borró justo el día en que padre fue a la guerra, en un Oriente cercano que yo dentro de mi ignorancia no sabía ni siquiera situar. Nos lo quitaron de golpe, sin darnos alternativas, se lo llevaron al frente, en misión humanitaria, unas bonitas palabras que para mí tenían el mismo significado que si me hubieran dicho te lo vamos a matar.

Ya no tenía sonrisa cuando llegó la llamada que tanto habíamos temido los que quedamos en el hogar. Solo quedaron las lágrimas dispuestas a ser derramadas sobre el rostro de una niña a la que demasiado pronto le robaron la felicidad.
Tantos años he vivido con esta extraña mueca en la cara, que a veces finjo que es risa que ya llevo tatuada. Nadie ha podido cambiarla, se ha quedado para siempre, y se viste con más arrugas que las que muestra mi frente.

Algunas veces sueño que me devuelve el espejo una sonrisa tan limpia como la que solía tener. Y despierto cubierta de lágrimas que resbalan por la almohada, ni rastro de esa sonrisa que desearía tener. La conozco, solamente, por las antiguas fotografías de mi niñez, cuando no solo enmarcaba mi rostro sino que me aportaba una luz que hacía que hasta mis ojos brillasen. De mi mente, hace tiempo que se olvidó.

Se me borró la sonrisa y sueño, sueño con que llegue el día en que la vuelva a recuperar.

Retal II

Retal II

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La perpetuidad de la memoria.

Ecos en la distancia,
Reflejo del paso de los años a su antojo…
Bocas de muerto que hablan por sí solas,
Peones de la nostalgia,
Océanos que lloran en dirección al cielo,
Cansados de no encontrar orilla donde echar el ancla,
De ser simples imágenes, vanas palabras…
De molestar a quien ya no mirar atrás.

Les llamo recuerdos, aquellos que carcomen el alma
Que no te dejan cerrar capítulo,
Que han hecho demasiados agujeros en el pecho,
Segura estoy que por ellos me observan,
Lamentan lo ocurrido,
Pero jamás se rinden,
No quieren caer en el olvido,
No quieren ser ríos perdidos,
Quieren un principio y un final,
Que si hay muerte en la historia que sea digna de recordar.

Brindo con ellos por cada pérdida,
Por cada beso contra él mármol,
Por amar al fin y al cabo,
Por ser al fin tan culpable como ellos,
Por no querer cambiar de infierno,
Por haberme quedado abrazada a la simple nada,
Al eco del silencio,
Al susurro de los desterrados.

Tapando los agujeros de nuestro bote,
Ahogándonos en un vaso de agua,
Luchando a capa y espada con lo invisible,
Regocijándonos en nuestro dolor,
Indispuestos,
Endebles,
Cobardes a buen grito de pulmón…

Porque ya somos la herida misma,
Porque no hacemos mudanza en lo de siempre,
Porque tememos a la desdicha de lo desconocido,
Del fracaso inminente,
De los nuevos arrebatos,
De una puesta de sol que nos permita quedarnos,
Que nos invite a pasar el rato,
Un rato o toda una vida,
Un siempre sin disfraz,
Un antifaz de pon y también de quita.

Supongo que llegará un día,
Cuando pueda cerrar los botones de mi camisa,
Y ya no sienta vergüenza por enseñar mis guerras,
Cuando ya me cure,
Al menos a medias,
Cuando esté orgullosa de mis cicatrices,
Y brinde junto a ellas.

Yo que ya firmé trato con las despedidas,
Que ya no creo en contratos y su mal pagar,
Yo que aun busco mi lugar,
Que ya no echo de menos ni de más,
Yo que cumplo cadena perpetua junto a ella…

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