Robin 3. En la caja

Robin 3. En la caja

0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos

Ayer no fue un buen día, uno de esos en los que te das cuenta de lo poco que cuentas, de lo insignificante que eres. Por primera vez desde que abandoné mi casa me sentí más babosa que caracol.
Quizás os preguntéis si los caracoles nos podemos deprimir, pero es que vosotros los seres humanos os otorgáis la capacidad de tener sentimientos como algo exclusivo. Vosotros lo sabéis todo y siempre lleváis razón… y no es así. Como decía Amélie, hasta las alcachofas tienen corazón.
Y no es para menos que ande de bajón. No sé el tiempo que llevo encerrada en ésta caja, pero calculo que serán tres o nueve días. Aquí no veo la luz del sol y como no sé contar nada más que hasta tres, me pierdo. Además, la niña ésta no hace nada más que encender la luz por la noche con lo que me dificulta el cálculo del tiempo que pasa. Esa claridad, pasa por los agujeros que le hizo a la tapa y ya no sé si es un nuevo día o no.
Que me hago pis, luz encendida, que me hago caca, lo mismo. Que tengo miedo mamá, pues otra vez la luz en danza que así es muy difícil conciliar el sueño y saber en el día que vives. Además, cada vez que va y viene, me levanta la tapa y me dedica un monólogo.- ¿Qué tal estás Babosina? ¿Has comido mucha lechuga? ¿Te traigo agua? ¿Te estás portando bien?
Que os cuento que es un monólogo porque como sospechaba los humanos no oyen una mierda de lo que decimos porque, aunque yo la contestaba, ella como el que ve llover.
– Pues no, bonita, no estoy bien. Me tienes encerrada (te lo recuerdo). Y me has encerrado sin un juicio previo, simplemente porque quieres tener una mascota. Ese es mi delito: nacer caracol. Y sí, he comido lechuga porque si no, me muero de hambre. Me gustaría a mí, verte a base de acelgas siete días a ver si tenías esa sonrisa. Y sí, tráeme un poco de agua si no es mucha molestia “milady”. Y sí, me “estoy portando bien” ¿Qué crees que se puede hacer aquí si no? ¿fabricar una bomba nuclear?
Por cierto, os conté que la niña me dejó un catálogo del dinosol para que hiciera las veces de “camita”. Pues bien, ayer me pasé el día encima de una foto de plátanos de aquí, de Canarias y se ve, que mi baba natural que me sirve de lubricante para desplazarme, hizo reacción sobre la foto y destiñó la tinta. Total, que me quedé dormida y cuando desperté estaba toda amarilla. Que parecía que tuviera hepatitis o algo peor.
– Prrrr…perdón. Y encima estos gases que me van a matar.
-Grrrr, estoy furiosa por momentos.
Como veis, tengo alguna que otra razón para no estar muy contenta.
– Vaya, ahí viene otra vez la mocosa y dice muy contenta que me trae unos amigos para que no esté tan solita.
– Auuuhh, ten cuidado que me has dado en la cabeza.
A ver, no veo nada porque escondí mis ojos. La oigo preguntarme que si me gustan ¿gustarme qué?
– ¡Pero bueno Robin, qué pequeño es el mundo!
– Hola Matías.
Resulta que la nena me ha traído un escarabajo y un par de caracoles y a uno de ellos, lo conozco. Es Matías, un caracol con el que no me llevo muy bien.
– Y tú ¿quién eres?- dijimos los dos a coro interrogando al escarabajo.
– Soy Piku, el escarabajo de tierra.
Matías y yo nos miramos desconfiados.
– Perdona que te pregunte, pero es que no nos conocemos. ¿Tú qué comes? – le pregunté al escarabajo.
– Gusanos, orugas, pequeños insectos.
-Glup….
Continuará….

0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos
Robin “chu”

Robin “chu”

0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos

¡Ufff!…Por poco no lo cuento. Hola talleristas, soy Robin, y la verdad, estoy vivo de milagro.
Resulta que me salvé porque cuando Juan, el pelirrojo del palito y las malas ideas, me iba a tirar a la barbacoa como si fuera San Lorenzo, la niña de los rizitos rubios vino en mi ayuda.
– No le mates que es muy mono – dijo
Que digo yo, que no sé en qué me parezco a un chimpancé, pero no me quejo, ya que gracias a la intervención de “rizitos de oro”, me salvé. El pelirrojo, que va de malote pero debe ser más tierno que el día de la madre, se vino abajo en cuanto ella le hizo ojitos. Eso sí, no quiso perder la ocasión para sacar tajada y le dijo que me perdonaba la vida si ella le daba un beso. Y allá que se fue la niña resuelta a plantarle un beso en los mofletes que, de repente, se le pusieron como la túnica de un cardenal.
El pelirrojo del palito rindió el fuerte y me entregó a la nena, que muy contenta, decía que yo era una babosa muy bonita.
– Oye tú “milady”, te agradezco que me hayas salvado la vida y todo eso pero soy un caracol.
Y la niña emperrada en que soy una babosa muy linda y que me llamará Babosina. Y yo venga insistir en que me llamo Robin, y la niña ni caso, que su Babosina es muy rica. Que digo yo que debe ser que los humanos no oyen lo que decimos los caracoles, porque no es que yo tenga la voz de Pavarotti, pero gritaba mi nombre como el vigía de Cristóbal Colón cuando avistó tierra y ninguno me oía. Y acto seguido, rizitos de oro, me dio un beso.
– ¡Puajjj, qué asco! – dijeron los niños a coro.
Por primera vez estuve de acuerdo en algo con aquel grupo de terroristas en miniatura porque me puso de los nervios. Por un momento, creí que me daba un bocado. Imaginar que os va a dar un beso una ballena azul y sabréis de qué os hablo. El caso es que, como los adultos ya habían vuelto al jardín, la niña le dijo a la madre que tenía que ir al baño. Y ahí que fui yo, escondida en uno de sus bolsillos, acompañada de unas gominolas, un muñeco de Dora la exploradora y un minion sin ojos.
Todo esto me pasa por salir de mi guarida a pleno sol. Que sabido es, que nosotros los caracoles, somos más de salir cuando llueve. Pero yo más chula que nadie, deje la concha en la guarida y me fui. Por cierto, si algún argentino me lee, que no piense mal. Aquí la concha es la cáscara del caracol, (mi casa), que una no habrá ido a Cambridge pero esta educadita y no va dejando perlas soeces por ahí. Por cierto, me acabo de dar cuenta que lo amarillo no era un minion sin ojos sino la carcasa de un huevo kínder.

Bueno, al parecer no iba al baño, era una estratagema para ir a su habitación.
A ver….veo que ha cogido una caja de zapatos y le está haciendo agujeros a la tapa. ¿No me irá a meter ahí? Pero qué se ha creído, ¿que soy un gusano de seda?
Pues nada, que me ha metido dentro. Me ha hecho “una camita” con publicidad del dinosol y me ha dejado hojas de lechuga. Pero ¿quién le habrá contado a la nena que dormimos en cama y que nos gusta la lechuga?
– ¡Odio la lechuga!
Ésta se cree que nos comemos cualquier cosa verde. A mí se me indigesta (me da gases).
– ¿Te pongo yo a ti un plato de lombrices y te digo que son espaguetis?¿A qué no?
– Grrrrr….y ahora cierra la tapa. Aquí no se ve nada. Si por lo menos tuviera mi casita me dormiría un poco. Allí me enrosco dentro y ya tengo la postura cogida pero aquí… ¡y apestando a lechuga!
Lo peor de todo es que tengo hambre y tendré que comer esto…en fin…
Ñam, ñam,ñam….ñam…..ñam…..
Prrrrrrrr……- upsss, perdón….ya os lo advertí.

0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos
A %d blogueros les gusta esto: