Noches de ensueño

Noches de ensueño

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Solo recuerdo que era una tarde casi como cualquier otra.-Casi- El ambiente estaba impregnado de un delicioso aroma a gardenias, azahares y rosas. Las mesas que eran pocas, estaban revestidas de un color marfil que a la luz del atardecer, parecían bañadas de oro. Sobre ellas lindos arreglos de flores-Claveles blancos y con una rosa en el centro-.

Cada detalle estaba cuidadosamente planeado, sentía en el pecho ese calor característico de algo parecido a la alegría, algo perdido hacia tantos años.

¡Era todo perfecto! Como una historia de ensueño, digna de un cuento de hadas. El ocaso daba paso a la oscuridad y en el horizonte un lucero asomaba su brillo… Caía la noche.

De pronto se encendieron las farolas, comenzó la música suave y me vi frente a una mesa ricamente adornada con flores y velas.

Las estrellas estaba en lo alto y al fondo con su brillo y esplendor la protagonista de mil noches inundaba todo con su luz de plata. La luna cómplice pareciera que me daba la aprobación para lo que seguía.

En el fondo comenzó a escucharse una de las melodías más hermosas del mundo: “Hasta el final”, con el corazón lleno de júbilo voltee hacia donde estaban ellos, gallardos, guapos y con una sonrisa hermosa. Mis hijos me abrazaron y con ellos los otros tres chicos sonreían de forma que iluminaban el entorno.

-De pronto- me acerque a la mesa y el hombre que estaba al frente dirigió unas palabras hermosas a quienes estábamos reunidos ahí, entrego un bolígrafo a la persona que estaba a mi lado izquierdo y firmo un papel, no vi su cara. Quizás estaba distraída con la forma en que tomaba el bolígrafo, sus manos eran hermosas o con su aroma a cítricos y maderas.

Me entregaron el bolígrafo y al intentar colocar la rúbrica sentí un pánico enorme. ¡Era un acta de matrimonio!

¡No!-Murmure- ¡No puedo casarme contigo! ¡No sé quién eres! ¡Jamás te he visto!

Voltee a mi alrededor todos me miraban con mirada de preocupación, ellos preguntaron ¿porque no? ¡Si tú lo adoras!

Gire sobre mí y al quedar de frente a él, la oscuridad total se había hecho, en medio de la tribulación solo atine a preguntar con la cabeza hacia abajo y lágrimas en los ojos.- ¿Porque? ¿Quién eres tú?

Fue entonces que me envolvió esa fragancia característica que tanto conocía y que hacía que el corazón se acelerara: ¡Soy yo! Y te vas a ir conmigo…. Juro, que jamás había escuchado una voz tan hermosa, envolvente, recia y cálida a la vez. Solo pude responder en el pensamiento: ¡Hasta el fin del mundo!

Levante la vista para visualizar la cara de quien me tenía en sus brazos cuando de pronto sentí un frío que recorría mi espalda…Desperté…

Han pasado más de ocho años desde que me acompaña en el sueño, ocho años que deseo dormir y poder descubrir la faz de mi compañero – Es tan hermoso soñar- juro que hoy solo quiero llegar a dormir y que la mente me juegue otra vez esa partida donde soy por momentos tan feliz.

Hace un año que deje atrás la antigua vida, me he dedicado a reconstruir un poco el maltrecho pasado, alinear las cosas y enderezar un poco, tan solo un poco el destino que deseo construir.

Han sido largos los años dentro de un matrimonio cada vez más pesado que un lastre, que no deja caminar e interrumpe los pasos de quienes me rodean a veces es difícil caminar en medio de una soledad que no se ha elegido.

La noche se antoja cálida, es verano, final de agosto para ser exactos. Sí, estoy cansada y el retorno a casa será largo y tedioso, mi jefe me ha preguntado que como me iré-¡Vaya con el hombre!- como si tuviera mil opciones en un lugar que no conozco.

Se lo digo y se queda observando estupefacto, me hace una seña y me pide que espere. Lo hago mientras, observo las estrellas, en el horizonte se visualiza un hermoso lucero junto a la luna, ¡es tan hermosa!

Al regresar el hombre me dice- Anda al estacionamiento allá pregunta con quien te iras, te ha de llevar un amigo.

Eleve las manos al cielo ¡Hombres! ¡No hacen nada completo!
Después de caminar en la oscuridad sintiendo el viento tibio en la cara y disfrutando del camino lleno de claveles, rosas y limoneros en flor…Un delicioso aroma a azahares llena de armonía la noche: Llego y veo un grupo de hombres en media luna, no distingo a ninguno sus rostros, la oscuridad abraza su figura…

Doy la vuelta cual colegiala indecisa y lanzo la pregunta: perdón que interrumpa, me ha dicho Carlos que uno de ustedes me acercar a mi destino, al hacer la pregunta doy casi la media vuelta y de pronto; como si de un sueño se tratara escucho a mis espaldas una voz conocida por mí, una voz melodiosa, fuerte, que envuelve y pone en alerta todos los sentidos: “Soy yo, Y te vas a ir conmigo”…

El cuerpo se transforma en un volcán a punto de hacer erupción y en el pensamiento solo atino a contestar: “Hasta el fin del mundo”… Al colocarse a mi lado me invade esa sensación de calidez y confianza mientras aspiro ese aroma a cítricos y maderas…

Levanto la mirada con el temor de despertar con el frío en la espalda y por vez primera observo bajo la luz de la luna los ojos más hermosos y complejos que jamás imagine mirar…Y me sumerjo en un océano de verdes tonalidades que despiertan el deseo repentino y esos labios, de apariencia sedosa que dibujan una sonrisa, provocando por vez primera el deseo de besar otros labios después de muchos años…

Sentí por un momento que estaba en una de esas noches que tanto anhelaba, mas no era más un sueño, era algo muy parecido a la realidad, una realidad alterna que me invito a aprender a soñar…Hace tantas noches que las almas se acompañan, que ahora se me antoja casi irreal escuchar esa voz y respirar su aroma.

Casualidad de ensueño o destino,…El tiempo, solo el tiempo lo dirá, ahora que dejamos de ser dos completos extraños en medio de la oscuridad.

Posdata: Sus labios saben a chocolate y canela.

Claudia Santillán Velázquez.

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Cuando todo sea nada

Cuando todo sea nada

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Siempre he sabido que un día acabaría suicidándome. No tiene mérito. No hay destellos ni rastros de sorpresa en tal acontecimiento. No he preparado nada. Ya decidiré el modo y el escenario. Será algo sencillo e improvisado.

No os apuréis, no me siento mal por ello. Al contrario, es una elección de vida muy meditada, bueno, de terminar con ella. Es una opción que debe ser respetada. Soy una persona adulta, no depresiva. Carente de traumas ni dolores ocultos. Soy un humano sensato, responsable de mis actos y de mi no-cobardia. Tenéis que entenderlo, vivir cansa. Cansa demasiado, es agotador. Nunca puedes vivir la vida que quieres, la que te gustaría. Es algo así como el pelo, tengas el pelo que tengas, siempre te habría gustado tenerlo de otra forma.

Pues eso, que la vida es como el pelo. Puedes teñirla, enmascararla y darle color. Alisarla para que sea más suave al roce y al tacto, o rizarla y darle forma con interminables bucles, hasta hacerla más y más complicada.

Pero si algo me alivia, es que siempre puedes recortarla, cortarla hasta extinguirla. Yo he decidido hacerlo al cero. Uno de esos cortes pulcro, saneado y estético. La diferencia entre la vida y la cabellera, es que la vida no brota de nuevo. Acaba ahí mismo, en el mismo momento en que ejecutas tu decisión.

¿Y qué más da? Cuando lo haga no recordaré si me causó dolor, no voy a quedarme allí para verlo. La muerte no tiene memoria, y los recuerdos construidos en vida se diluirán con mi último suspiro. No te creas nada de lo que te han contado. Ese día acaba todo, es la verdadera recompensa.

Quiero que mi cuerpo sea reducido a cenizas. Que no me planten bajo un árbol. Ni me lancen al mar azul, ni al monte para eternizarme camuflado entre los árboles. Si queréis hacer algo por mi, algo realmente importante, podéis subirlas a un tren. Sí, por favor, a un tren. Sin destino, no importa el lugar. Podéis imprimir esta nota y pegarla al recipiente. Así, cuando alguien las encuentre sabrá que hacer con ellas…

Los momentos más felices de mi vana y estéril vida, han comenzado con un trayecto de tren. No quiero que lleven mis cenizas hasta tu altar. En vida ya nos dimos todo cuánto nos podíamos dar. Estuvo realmente bien, y créeme que siempre quise compartir todo contigo, excepto el final. Comprende que la muerte es otra cosa. La muerte es personal e intransferible. Y es cierto que tiene un precio, una deuda que nadie más debe pagar. Siempre he costeado mis vicios y este será uno más.

No te asustes, no os asustéis. Hace tiempo que no pertenezco a este mundo y ya es hora de regresar. No será hoy, ni mañana. Ni un día gris, ni de cielos anaranjados con matices tornasolados. Será un día que esté saltando de alegría. Exultante. Quiero irme en paz, recordando aquellos días pasados, junto a ti, a tu lado. Nuestros paseos. Tus labios. Tus manos. Lo demás es otro cantar. Cuando todo sea nada, volverá la calma. Crecerán la hierba y los juncos junto al río, el viento arrastrará las nubes con mi recuerdo. Y yo te estaré observando, como siempre, velando tu sueño. Y lloverá, y algunas personas me llorarán aprovechando una repentina tormenta. Y brotará la vida en tu vida, y te estaré observando, serena y feliz de haberte amado hasta el mismo día de mi muerte. No estés triste corazón, al final siempre sale el sol.

Esta nota fue hallada en un vagón del West Highlan Line tren, entre los puertos de Mallaig y Oban en las tierras altas de Escocia. La última información a la que este diario ha podido tener acceso, apunta a que la nota y su recipiente viajan a sus anchas en un Cadillac blanco, encontrándose en este momento en algún punto de la ruta 66. Son ya diferentes estados los que se han hecho eco de la noticia. La población enardecida y subyugada por semejante historia, permanecen atentos, a la espera de encontrar la nota viajera, y seguir ofreciendo curso a su petición para que pueda dar la vuelta completa al mundo y volver a empezar.

©evamalasaña 2015

 

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MI SUEÑO ERÓTICO

MI SUEÑO ERÓTICO

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Desde hacía mucho tiempo, tanto ya que estaba perdiendo las esperanzas de que ocurriese, mi sueño era subir a un autobús y dependiendo si el trayecto era corto o largo, tener una relación amorosa con el conductor.

Aquel día me despertó la llamada de mi jefe, que me pedía encontrarme con él para solucionar antes de las vacaciones de Navidad unas cositas pendientes sobre precios y ofertas para primeros de año.

Estaba claro me dije, mientras entraba en la ducha, tengo que coger el trasporte más rápido si quiero volver en la noche. Busqué en Internet y todos los vuelos estaban llenos ¿Tren? No terminaba de gustarme, podía coger un coche de alquiler y como todo lo demás cargarlo a nombre de la empresa que para eso Jaime tenía un poderoso imperio y no me pedía nunca cuentas de nada. Estaba colado por mí, era obvio que lo había enamorado, pero yo no quería liarme con él, era como mi hermano, teníamos demasiada confianza. Hasta en alguna ocasión habíamos dormido juntos y nos habíamos bañado en su piscina en pelota picada.

La verdad que no tenía ningún desperdicio Jaimito, siempre que lo llamaba así se enojaba, pero no había duda de que estaba estupendo, Su hermosa tableta de chocolate, todo él depilado, su enorme…
Lo dejamos ahí mejor… Tengo que centrarme en que autobús me lleva al lugar donde me dio cita el jefe, otra de las cosas que no le gustaba, que lo llamase por lo que era, mi jefe y nada más. Sería por eso, era mi mejor amigo y la relación perfecta para el trabajo, no quería nada más, a pesar de que a veces lo miraba y gozaba haciéndolo.

Las ocasiones las pintan calvas, fui directa a la estación del bus, seguro que alguno va directo me dije, y si tiene que dar un gran rodeo mejor también me dije, me dará lugar a dar una cabezada y tener por seguro que soñaré algo erótico con el conductor, siempre era así. Llegaba siempre a mi destino, húmeda por completo.

-¿Algo de equipaje señorita?
Me di la vuelta imaginando ya al dueño de aquel vehículo que me hablaba.
-¡No, no, lo llevo conmigo!
No podía creerlo, era muy mayor, era como mi padre. Además, sin uniforme, pedazo de sueño erótico me iba a echar, pero en fin, ya habría otra ocasión.
Tenía ganas de llegar, arreglar los dichosos papeles y terminar. Los ojos se me empezaban a cerrar, me estaba durmiendo…

-Señorita ya ha llegado, se ha quedado dormida.
Bajé dando traspiés medio adormilada, al final había soñado y todo. Cuando digo todo es todo, pero encima había sido con Jaime, vestido de conductor de autobús, paraba y me seducía de la forma más bonita que puede una mujer esperar.

Hizo que guardase mis manos debajo de mí. Echando el asiento a su última posición, comenzó a despasar los botones de mi blusa con su boca. Mientras su aliento caliente iba haciendo que mi piel se erizase completamente.
Caminaba despacio mientras recordaba el sueño, notaba como mis muslos rozaban entre ellos suavemente. Estaban lubricados por el flujo que venía de mi interior.

Necesitaba una pareja, no podía estar siempre con esos sueños y tener que aliviarme yo. Y pensé que tener a mi jefe cerca no resultaría beneficioso. Esas reuniones a veces terminaban en fiesta y Jaime me espantaba siempre a mis posibles folla amigos.

Miré la nota que escribí en casa y crucé la estación de servicio, buscando con la mirada el número de la habitación del motel en el que habíamos quedado.
Fui a llamar y la puerta se abrió sola, escuche la voz de Jaime que me llamaba, diciéndome que entrase y cerrase, y así lo hice.

Aquel salón estaba a media luz, como en las citas de enamorados las velas presidían la mesa al lado del sofá. La música sonaba suave y melódica…

Cuando me di la vuelta y allí estaba… Jaime vestido con uniforme de conductor de autobús.

-Hola, mi bella pasajera… ¿Dónde quiere que te lleve o quieres irte sola?
No sería lo mejor después de que preparé todo para que ya nunca más te tengas que ir sola.

-¿No era este siempre tu sueño erótico?
-Venga ¿montas o te monto?

Deli

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Obsesión, jabón caliente

Obsesión, jabón caliente

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Aquel domingo Penny se propuso entregarse a su salvador… Y preparó una cita, en la que él no tendría más remedio que concederle todos sus deseos, y amarla suciamente, como se ama solamente a una cándida aprendiz… (sigue)

Pero no siempre el maestro resulta ser un experimentado guía, ni el aprendiz tan cándido, como se presupone…Y es que nunca hay que infravalorar a unas manos inexpertas, ni a una torpe boca, hambrienta…

La mañana de aquel domingo de noviembre se propuso muy fría. Los últimos pronósticos del hombre del tiempo no habían sido nada alentadores. La gente se aprovisionó de leña y víveres para esperar sin miedo, a lo que se prometía la peor nevada en 50 años… La naturaleza salvaje tan solo se hacía eco de la fuerza interior de aquella criatura, desecha en deseos de probar la carne erecta de su adonis panificable, y encontrar así, sentido a la vida misma, y a la torcida voluntad de Dios.

Monny se levantó urgida en dirección al baño, a la búsqueda de su pastilla de jabón de aceite de magnolia. Al tenerla entre las manos comprendió que ya iba siendo hora de reponerla, desgastada de tanto uso…

Y es que la lozana y novicia andaluza, a falta de otros instrumentos con los que jugar, encontró un amable consuelo en la magnolia jabonosa. La delicada y aterciopelada pastilla de jabón que hundía sin compasión en el agua hasta humedecerla, para acto seguido deslizarla sinuosa y rítmicamente, y dejarla atrapada  durante unos segundos entre la curvatura ondulante de sus muslos. De atrás hacía delante… como una ancha lengua lamiendo un incitante helado. Así, tal y como le habían recomendado las hermanas mayores de la comunidad, con el fin de asegurarse una correcta higiene, nada más.

Los impetuosos labios vaginales de Penny afloraban como molletes recién horneados… gruesos, de borde redondeando. Luciendo como impacientes mofletes que desean ser pellizcados. Penny disfrutaba jubilosa de su pequeño descaro volcánico, ese con el que la madre naturaleza le había obsequiado por ser mujer. Su anatomía perfecta le proveía de un sinfín de terminaciones nerviosas, receptivamente dispuestas para deleitarse con el menor roce… El pequeño botón al que ella misma no sabía ponerle nombre, sobresalía como un caramelo que se sostiene derretido entre los labios. Empapando de azúcar todo el borde algodonado de su piel.

Desde que Penny conoció a Salvador, cada una de sus caricias correspondían a un pensamiento fijo, una imagen, la del hijo del panadero. Frente al espejo engarzaba sus dedos con su cabello ondulado. Desnuda, dejando ocultos sus pezones tras una briosa cabellera rojiza y ensortijada. Suspiraba, imaginando como sería mostrarse desnuda frente a un hombre. Volvía a suspirar y clavaba sus hechizantes ojos verdes en el espejo, absorta, redescubriendo su limpio y caliente cuerpo reflejado, tras la caricia de sus párvulas manos, mientras se soñaba cabalgando sobre el apetecible pan caliente, del panadero.

Continuará….

1ª Parte: https://desafiosliterarios.com/columnas/el-alma-de-marley/obsesion/

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QUÉ PASA  CUANDO ESCRIBO. LA OBSESIÓN POR ESCRIBIR

QUÉ PASA CUANDO ESCRIBO. LA OBSESIÓN POR ESCRIBIR

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En estos momentos me encuentro parado en un embotellamiento en la carretera de La Coruña tratando de volver a entrar en Madrid. Llevo desde antes del amanecer haciendo algunos trayectos en coche porque hoy es un día especial en el que he tenido que asistir a mis hijos en algunos problemas. Estoy conduciendo y dictando y es una maravilla darse cuenta de cómo, sin peligro alguno, puedo aprovechar para escribir dentro del coche con o sin atasco.
Estoy últimamente muy interesado en lograr una escena realmente complicada para una novela muy fundamentada en dramas concretos y hay que reconocer que esas obras que llamamos despectivamente bestsellers, novelas que suelen estar basadas ante todo en su trama, tienen su dificultad.
Cada mañana empieza una aventura. Hay mañanas que comienzan tristes y otras llenas de estímulo y expectativas. Esta es así de prometedora. De este día espero una vivencia importante. Pero lo voy a experimentar en la ficción, en la escena que he comentado. Me acosté pensando en ella y me he levantado pensando en ella. No es una mujer, sino esa escena, ya me entendéis. He desayunado con ella y me he duchado con ella. Con la escena.
Siempre pienso que para escribir algo que valga la pena hay entre otras, dos posibilidades importantes. O bien, lo sentimos, lo cual es eficaz cuando la duración de lo que queremos escribir es relativamente corta o bien lo soñamos y nos obsesionamos con ello. Una tercera posibilidad es vivirlo primero en la realidad. Todos hemos visto una película o hemos leído una novela que por algún motivo no nos ha acabado de convencer. Sin embargo, nos hemos dado cuenta, hemos tenido que admitirlo, que al cabo del tiempo seguíamos recordando y pensando en las situaciones que habíamos visto o leído. Eso quiere decir que tampoco era tan mala esa novela o esa película porque realmente creó un mundo que logró atraparnos después de cerrar el libro o encender las luces del patio de butacas. Si es así, quiero decir que seguramente estamos ante una obra digna de consideración. Análogamente, si yo mantengo sin querer lo que escribo en mi mente, la cosa seguramente puede ir bien. Si estoy escribiendo algo y realmente no me acompaña cuándo dejó de escribir, si mis pensamientos no vuelven recurrentemente a los personajes y a las circunstancias que estoy describiendo, quiere decir que ni yo estoy gozando con la escritura ni lo que estoy escribiendo por el momento me parece importante, no pienso que valga demasiado. No estoy excitado por mi propia escritura. Si al autor no le atrapa su historia ¿cómo podría atrapar a otros? Por tanto, es importantísimo para mí incurrir en esta doble vida, en esta existencia secreta qué significa escribir un libro.
Esto me hace pensar hasta qué punto todo lo que se relaciona con el oficio de escritor es anti rentable y difiere de lo que dictan esas teorías de la productividad personal. Existe un montón de literatura barata de autoayuda qué recomienda huir de lo que llaman multitarea, es decir, hacer varias cosas a la vez. La idea es hacer las cosas con la mayor concentración, y también sin estrés. Es posible que sea un gran consejo para poner en marcha un negocio, y para sacar adelante la declaración fiscal. Sin embargo, para escribir un libro no lo es. Al menos en mi caso. Cuando estoy escribiendo algo de corta duración sí que reconozco que me concentro mucho en mí mismo y de ahí me sale algo rápido porque normalmente son cosas que hablan de mi interior y que tienen mucha relación con un estado de ánimo momentáneo. Pero cuando lo que pretendo es hacer algo más largo ya no es solamente una cuestión de sensibilidad y de ánimo sino que por el contrario tengo que disfrutar de la complejidad asociada a una determinada situación. Una complejidad que explote salpicando gran cantidad de posibilidades, que a su vez pueden dar lugar a nuevas emociones y circunstancias. Eso normalmente cuando mejor me sale es cuando estoy haciendo otras cosas, cuando no estoy interfiriendo en el discurrir de mis pensamientos de modo totalmente consciente porque se supone que no estoy literalmente escribiendo, con letras y signos de puntuación.
Una situación ilustrativa de lo que estoy contando sucede cuando me voy a la cama. Algunas veces caigo rendido nada más apoyarme en la almohada, pero otras tardo un poco más y comienzo a soñar despierto con algo que estoy escribiendo. De ahí salen grandes historias e incluso frases concretas que me satisfacen y que al día siguiente puedo transcribir con puntos y comas. Sí estas oraciones son muy redondas no puedo evitar repetírmelas a mí mismo en la cama tratando de mejorarlas todavía más o simplemente de memorizarlas para escribirlas al día siguiente. Esto es un gran placer para mí. Mi cabeza empezó sacando de sí misma algo para el papel, pero ahora estas historias inundan mi cerebro como si vinieran de algún otro sitio exterior con el objetivo de colonizarlo.
Añoro aquellos despertares de estudiante, en los que me quedaba en la cama mirando el techo, acompañado por mis pensamientos y ensoñaciones. Ahora no puedo hacerlo, tengo una familia en casa y me sentiría culpable, porque no es muy edificante que los hijos vean a su padre, que se supone que es un señor, levantándose cuando ya han acabado las noticias del telediario de las 3 de la tarde. Por supuesto que mi manera de pensar real no es así de espartana y respeto el derecho de cualquiera a levantarse cuando le parece, pero si quieren que les diga la verdad, me parece importante que mis hijos se levanten con ímpetus mayores que los míos y salgan de la cama como tigres dispuestos a completar sus obligaciones. Pero, es mi contradicción, yo sacaba en ese estado rezongón frases que me han acompañado toda mi vida y con las que yo mismo me he marcado mi modo de ser, para bien, para mal, o para nada. Pero han sido importantes para mí, y han tenido mucho que ver con mis escritos. Y es que hay algo importante para escribir: pensar. Darse tiempo para pensar. En libertad.
Pues todo esto está escrito o, mejor dicho, dictado mientras conduzco, hablando conmigo mismo, y no habría sido mejor si lo hubiera hecho sentado en mi escritorio. Y peor tampoco. No lo habría hecho. No estaba previsto hacerlo y no figuraba mi lista de cosas por hacer. La idea de toda esta parrafada es: hay que obsesionarse con lo que se está escribiendo, aunque esto puede no depender de ti. Y debes estar activamente “escribiendo” al despertar, al ducharte, al desayunar, al pasear, al ir en metro o conduciendo tu coche. Tienes que vivir la historia que quieres reflejar. Transformarte en tus personajes. Vivir sus escenas y sufrir o disfrutar sus vicisitudes. Esto es al menos lo que a mí me pasa cuando escribo. Y doy gracias por tener este don, tan justamente ridiculizado por la sociedad. El de ser un soñador.

¿QUÉ PASA CUANDO ESCRIBO?
A partir de ahora voy a empezar a hacer textos sobre esto. Textos, videos, audios… Y un libro. Lo que vaya saliendo será publicado. Una parte quedará a disposición del público y otra como contenidos cerrados, solo para suscriptores. Si te interesa y eres capaz de tomarte esto en serio manda un email a actividades@desafiosliterarios.com y en el asunto escribe ¿Qué pasa cuando escribo? Por un módico precio disfrutarás de todos mis contenidos, solo para suscriptores, o como se suele decir en internet, contenidos premium. Y por supuesto, mi libro ¿Qué pasa cuando escribo?
Y ahora, voy a seguir con esa escena que os he dicho antes que me ronda en la cabeza.

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