¿Qué tal esta idea?

¿Qué tal esta idea?

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Me lo estoy imaginando. Los invasores están bombardeando la ciudad y entonces a Rosalía Palomares le cae un trozo de ladrillo en la cabeza a consecuencia de un bombazo. Romualdo Jesús, que la ve a lo lejos y estaba enamorado de ella, se cree que está muerta y dice que se suicida, pero entonces pasaba por allí Layla, que siempre ha deseado a Romualdo Jesús, y le dice: No, no lo hagas, Romualdo Jesús. ¡¡Está embarazada!! Y entonces él le contesta: ¿¿Pero cómo que embarazada?? Pues con mayor motivo me suicido, hala. Y ella, que no, pesado, que me he confundido. Lo que quería decir es… que tú no eres hijo de tu padre. ¡Toma!, dice Romualdo Jesús. ¿Y eso? Mira, dice ella, cosas de la vida, esto es de lo más corriente. Tu padre es… ¡Y pumba! Bombazo. ¡¡Dime quién es mi padre!! ¡¡No te mueras ahora, maldita Layla!! En estas que llega un guardia y le pregunta. Oiga, ¿Por casualidad es suyo un Ford Escort de color verde que hay aparcado en doble fila? Y aquí acabaría el capítulo, lleno de tensión e intriga. ¿Qué tal? ¿Qué os ha parecido?

Me lo temía. Bueno, pues entonces mejor me apuntaré a las sesiones especiales de Enrique Brossa. Ahora mismo voy a mandar un email solicitando información a info@desafiosliterarios.com

MALDITO VIAJE MALDITO

MALDITO VIAJE MALDITO

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ESTE RELATO ESTÁ FUERA DE CONCURSO. SOLAMENTE ABRE EL DESAFÍO E INCLUYE EL PRIMER ENLACE A LA CONVOCATORIA Y CLASIFICACIÓN

 

Hace falta mucho valor para ser viajero. No digo turista. Yo hablo de ser viajero, pero viajero, viajero, viajero. O sea, viajero de verdad. No es lo mismo ser un lobo de mar que tener un flotador. ¿Me entiendes? Pues esto es igual. Por mencionar a alguien que conozco bastante, diré que yo, por ejemplo, soy un viajero y un valiente. ¡Es así, qué le voy a hacer! Y espero que no se me tome a mal, que no es por presumir ni nada de eso, pero es que yo estoy muy “viajao”. Y es que para mí solo hay algo que me guste más que estar en casa, y eso es estar fuera de casa.

Perdón, no me he presentado todavía. Hola, mi nombre es Ricardo. Pero me gustaría que me llamaseis, Riky, el explorador.

He hecho el trotamundos, primero por aquí mismo, por los alrededores de la ciudad. He ido a casa de mis suegros en cantidad, a un pueblo que hay aquí cerca a comprar magdalenas muy ricas… Porque no veo yo bien la manía esa de irse a ver la China si no conoces ni tu pueblo, ¿verdad? ¡Qué Pekín ni qué Pekín! ¿Conoces tu ciudad? Con la de cosas que quedan por descubrir aquí. Primero España. ¿Has estado ya en Tomelloso? ¿O en Mollerusa?

Luego, el esnobismo de los amigos nos presionaba para llegar más lejos, pero yo me mantuve incorruptible y no salía de mi provincia. Pero bueno, al final ya, lo de ir a comer los domingos a casa de mis suegros se me empezaba a quedar corto, porque yo tengo un corazón salvaje e indómito, aunque use pijamas de felpa, y necesitaba cada vez perseguir destinos más remotos, y explorar parajes más recónditos. Vamos que también he hecho yo viajes lejos. ¡Y, bueno, qué voy a contar…!

He disfrutado mucho viajando en pareja, y lo he pasado de maravilla. No tanto como viajando con amigotes… Esto… ¡Vamos, nada que ver! Pero bueno, me lo he pasado muy bien también. Cuando se viaja en pareja hay momentos de mucha emoción y suspense. Por ejemplo, ¿Cuál será el veredicto de ella cuando vea la habitación del hotel que has contratado? “Está correcto, pero tampoco más”. ¡Vaya! “El baño no es que sea muy grande”. ¡Vaya! “Hace mucho que no me llevas a esos hoteles en los que hay albornoz”. ¡Qué manía con el albornoz!

Pero se pasa bien.

También he viajado solo… Esa sensación de libertad; ese respirar a pleno pulmón; esa disponibilidad para cualquier aventura… que al final de la noche acaba de aquellas maneras que mejor no vamos a pormenorizar aquí, quizás no siempre a la altura de nuestras expectativas. Oye, pero que sí, que está bien también viajar solo. Te conoces a ti mismo… Es lo que más haces.

Y hasta guardo buen recuerdo de viajes organizados. ¡Ah, son inolvidables! Aquella parada en mitad del desierto de sal en Túnez para ver alfombras y bolsas de cuero…. ¡Inolvidable! No teníamos escapatoria posible. Qué momentos tan felices. Cada vez que salíamos del autobús nos invitaban a un té turco y nos ponían a ver alfombras dos horas. Uf, me temo que se me mezcla Túnez con Turquía. Y eso que era inolvidable. ¿Por qué será? Seguramente porque son dos países que se parecen mucho en las bolsas de cuero y en las alfombras. Luego, la siguiente población la veíamos en cinco minutos. Pasábamos a toda prisa por su zoco, el guía nos decía dónde nos harían buen precio si dábamos su nombre para comprar más bolsas de cuero… ¡Una maravilla de viaje! ¡Y qué cantidad de bolsas de cuero tienen los turcos y los tunecinos! Y maletas y abrigos… Nos quedamos sin ver Topkapi, que ya dijo el guía que no valía mucho la pena, tan bien que lo pasábamos viendo alfombras.  ¡Dios, sí que vimos alfombras!

Con el tiempo uno recuerda con cariño incluso aquella diarrea de turista que nos doblegó a mí y a todos mis compañeros de viaje durante el penúltimo día. Entrañable…

Los viajes son lo mejor. Tú puedes estar un año trabajando y no recordar nada de esa época, como si no lo hubieras vivido. ¿Qué sentido tiene? En cambio, si viajas es otra cosa. Como pilles una diarrea importante viajando en un autobús, está claro, no la vas a olvidar en tu vida. Por eso, los viajes dan sentido a tu existencia y son lo mejor que hay. Cuando tú te estás desintegrando en el baño, te sientes muy mal y muy indefenso y todo parece muy feo, pero en realidad tu existencia… cobra significado con cada retortijón.

Ahora mismo yo estoy de viaje. Me voy a descubrir nuevos horizontes con mi bicicleta estática y mi pijama de felpa. Más cómodo imposible. Lo iba a hacer en moto, pero al final, digo: no. Quizá el no tener moto me haya influido en rectificar esta decisión. Pero además de esto, es que con bici estática puedo escribir mientras pedaleo. No es que sea muy fácil, pero claro, es peor si vas en moto.  Voy a escribir para el siguiente Desafío Literario de DesafiosLiterarios.com. Se rumorea que el siguiente concurso será sobre relatos de viajes, así que me estoy preparando. Pedaleo y escribo, pedaleo y escribo… A ver qué sale, que creo que esta vez los premios van a ser mejores aún. ¿Será que van a regalar un viaje? Yo espero al menos viajar a la presentación del libro 3. ¿Y tú? ¿Vas a participar?

Ojo al dato: me acaban de pasar un enlace el desafío viajero, este que os decía. ¡¡¡Y TIENE PREMIOS MUY CHULOS!

DESAFÍO MALDITO VIAJE MALDITO. Convocatoria y clasificación en tiempo real

Vale pues. Se despide éste, que no es otro que su seguro servidor, afectísimo y todo eso:

Riky, el explorador, o Riky a secas, que igual me da, oye, que en un momento dado tampoco hace falta más. ¡Si yo es que soy muy así!

Mi flexo. Carta de amor a una lámpara de escritorio.

Mi flexo. Carta de amor a una lámpara de escritorio.

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Mi flexo. Carta de amor a una lámpara de escritorio

Aquí me siento, otra vez. Una más entre tantas y tantas, a mi mesa de despacho, en mi sillón, sin más iluminación que la que chorrea la bombilla del aplique y el resplandor de mi ordenador reflejado en los folios manuscritos. Mi flexo alumbrando en la oscuridad es la llama y la brasa en el hogar. El salón donde miro el fuego. El haz de luz sobre mis papeles, es la campana de mi chimenea. Me absorbe, me hipnotiza. me hace sentir y pensar. No cabe un viaje mejor para mí que el que recorro sin separarme del escritorio. Recordando, pensando, imaginando, razonando, escribiendo. Convocando a las musas, como quien se frota una herida. Una herida de soledad, pero no necesariamente de tristeza. Como quien atiza rescoldos, bien sea para apagarlos o para reavivar la lumbre, yo aviento mis propios pensamientos con un fuelle de palabras e ideas, avivando sentimientos y pasiones o tratando de serenarlas. Yo soy la leña que se prende y se consume, mientras mi vida poco a poco se va convirtiendo en humo hasta desaparecer.

 

Me he encerrado yo mismo en la prisión de mis pensamientos. No sé si es egoísmo, o es miedo, apatía, creatividad o duda. Pero aquí estoy, con mi lámpara encendida, en medio de una celda oscura, soñando crímenes y amores; besos y asesinatos. Filosofando o confesándome ante el inapelable testigo que es el papel, a quien de nada sirve engañar ya que me corrige sin miramientos cuando trato de mentir y hasta se burla a veces de mí.

Hemos viajado juntos muchos días y las mil y una noches, mi lámpara y yo, sobrevolando mundos posibles e imposibles, juntos y aferrados a mi mesa, como en una alfombra mágica. Y hoy… Tantas horas han sido que siento ya deseos de plantearte una despedida. Durante estos años, flexo mío, llenos de zarpazos, no has logrado curarme del todo vendando con gasas de ficción sobre sangre y laceraciones reales. He permanecido en la oscuridad, pensando que arraigaba en penumbra. Pero no era penumbra: era la oscuridad. Como un animal cautivo, troglodita que sale de su cueva solo cuando le echan la comida fuera, y luego regresa a su caverna, a su agujero cavado en tierra como una tumba.

 

Querido flexo, te he de confesar algo y sé que te va a doler: siento fuertes deseos de iniciar una nueva etapa en mi organización y en mi vida, y es una etapa en la que no cuento contigo, porque es precisamente una fase sin ti, o al menos, en la que vas a pasar a un segundo plano. No es un despido ni un divorcio. Voy a salir. Quiero escribir con otras luces, en otras sombras, desde diferentes entornos; al abrigo de distintos rincones, atravesando nuevos recovecos, o al sol de la mañana, o por la noche, bajo estrellas, junto a un río, o en la montaña y a la intemperie. Tú y yo seguiremos siendo lo que nunca debimos dejar de ser: los mejores amigos del mundo. Pero ahora debo tomar aire más fresco para respirar mejor. Trataré de dejar aquí contigo mi pereza y mi asma. Debo cargar mi memoria de experiencias nuevas. Sabes que soy demasiado joven y que además siempre lo seré. Nos seguiremos viendo con regularidad si tú quieres, pero he de sacar del ropero mis botas viejas y salir a desgastar más las suelas y a atesorar imágenes diferentes, porque cada atardecer es siempre distinto y no voy a perderme ni uno más.

Mi querida lámpara de mesa: te he querido mucho, te voy a seguir queriendo y siempre te amaré. Pero mañana escribiré sobre el colchón de una pensión barata, o en el hall de un hotel, tumbado en un banco de la Gran Vía, o en un vuelo transoceánico, o compartiendo la charla de algún pastor en el repecho de un monte. Desde una oficina quizás, o mejor, bebiendo en compañía de dos meretrices dentro un burdel. Nuevos tiempos. Para que mi fuego no se apague, y antes de que mi vida se desvanezca en humo hasta desaparecer consumida entre paredes. A partir de hoy escribiré caminando, pero como un pervertido, te contaré con todo detalle lo ocurrido con cada una de las nuevas luces con las que te habré sido infiel, para después hacerte el amor con mayor placer, si es que tal cosa fuera posible. Pero tú sabes que nunca podré abandonarte del todo y que, en mi vaivén, siempre regresaré a ti, que eres mi orilla favorita del mar.

 

Regresaré. Te quiero.

Matices

Matices

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Mario Pinto ha introducido un texto como noticia del que me ha apetecido comentar. ¿Me tocaba escribir hoy? Pues ya lo tengo. Recomiendo leer primero el artículo de Mario. ¡Eh, pero luego volved y leedme a mí también! ¿De acuerdo?

http://desafiosliterarios.com/noticias/el-amor-y-la-nieve/

Divertida preocupación, la que nos traes, Mario. Ten en cuenta que los fineses, aún distinguiéndolos de los lapones, ven mucha más nieve que el mundo de nuestro idioma en general. Yo estoy siempre a favor de los matices. Por ejemplo las conjugaciones verbales españolas están plagadas de matices muy finos. Pero los matices tienen un problema. Hay que introducirlos primero en los cerebros y hoy día hay mucha gente cuyas neuronas carecen de tanta finura. La gente acabará hablando como los apaches en las películas del Oeste, porque igual que podría sobrar a un daltónico el nombre del color marrón o el del verde, ya me dirás tú para qué quiere un visionador actual de telebasura distinguir entre amor, pasión, veneración, subyugación, idolatría, cariño, encoñamiento, enamoramiento, seducción, ternura, necesidad, amorío, apego, aproximación, atracción, debilidad, noviazgo, morbo, culto, fervor, dominio, adaptación y vivienda adquirida con crédito hipotecario, por mencionar distintos tipos de unión de pareja.

En España tenemos (también) un programa llamado First dates. Dos desconocidos quedan a cenar ante las cámaras y les preguntan luego si quedarían otra vez. Abundan respuestas tan sutiles como: “sí, quedaría con él porque me gusta que tengan tatuajes los tíos”, “demasiado rubio”, “es qe me gustan las tías con el pelo más largo”. Ante ese nivel, ante cerebros tan primarios… se ha abierto paso con fuerza una expresión de las últimas décadas: “poner”. Esa tía me pone mucho, ese tío no me pone, no me pone nada. Me pone mogollón… En fin, matices…

Y a mi me lo cuentan así en sus relatos y me preguntan preocupados. ¿Te parezco demasiado cursi aquí, cuando digo que “me ponía un montón”?

Tú pregunta. ¿Matices? Te dirán, no, no m´atices, que t´atizaré yo más.

Photo by Sili[k]

De nuevo buen tiempo

De nuevo buen tiempo

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Con la llegada del sol y el buen tiempo, Madrid se ha cubierto de cometas invisibles, igual que otros años, solo que esta vez antes de lo normal. Como su nombre indica, no pueden verse, pero se nota que están ahí y que se agitan y dan volteretas sobre la ciudad. Si nos fijamos bien, hay un cierto brillo, invisible también, en el azul del cielo. Los ojos lo notan. Producen un raro desenfoque, el cual provoca abrir más los párpados, en vez de cerrarlos como solemos hacer ante un deslumbramiento corriente. No se ha descrito hasta ahora ningún caso de conjuntivitis asociado a esta manifestación atmosférica. Sin embargo, estos reflejos de las cometas invisibles hacen que la adrenalina fluya aumentando el ritmo de las palpitaciones, lo cual produce ganas de correr y de saltar, estirar mucho las piernas, y hasta arrancar por ejemplo una hoja de un árbol difícil de alcanzar con la mano en condiciones normales. Los hilos que sujetan estas cometas, también imposibles de captar por el ojo humano, se sabe que parten de diversos lugares de la Sierra y otros puntos del horizonte. Se detecta este fenómeno también durante lapsos muy inferiores a la centésima de segundo mirando en superficies lisas, transparentes y limpias, como en el estanque de cualquier parque, donde lo hubiera, o en unos ojos que sean tan grandes y bonitos como los tuyos. Solo así, y si se fija uno bien, allí veremos, o pensaremos que creemos ver, las cometas invisibles que cubren el cielo.

Si tienen preguntas al respecto las responderemos en orden de llegada, aunque más tarde, porque yo me voy a la calle, ya que no aguanto sentado ni un minuto más.

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