El disfraz de Lucho

El disfraz de Lucho

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Me llamo Luis pero me dicen Lucho. Ahora mismo me encuentro en uno de mis lugares favoritos: El campanario de la iglesia que está ubicada en uno de los extremos de la plaza principal de la ciudad, cuyo nombre lo desconozco.

Desde el campanario puedo ver todo lo que pasa en los edificios, casas, tiendas y negocios aledaños a la plaza. Por eso es que es uno de mis lugares favoritos. Es un lugar muy fresco, protegido de los rayos del sol y solitario.

Desde mi atalaya, veo a aquella mujer devota, disfrazada como una bailarina de can-can. ¿Quizás para sentir el pecado en su piel?

Veo a esa otra chica que ejerce la profesión más vieja del mundo de manera muy discreta. La veo a través de la ventana de su apartamento enfrente de la iglesia. Se está disfrazando como una mujer recatada ¿Quizás para dejar de sentir el pecado dentro de sí?

He visto al ladrón disfrazado de policía y al policía disfrazado de ladrón… aunque en este caso no veo mucho la diferencia: He visto al policía hablando con el ladrón de una manera demasiado cordial, lo cual me ha hecho sospechar que tienen algún negocio común entre ambos.

Aquella familia de blancos, unos amarillentos y otros más rosados; se han pintado su piel de negro. Se ven de lo más graciosos entre la multitud. Y hay negros que se han pintado la piel de blanco. Y árabes disfrazados de chinos y chinos disfrazados de árabes.

Mi madre contaba que el carnaval es como ver el mundo al revés, trastocado… y tiene razón aunque ese revés no sea del todo cierto.

He hecho el ejercicio de imaginarme que disfraz pudiera usar yo. ¿De ratón? ¿De perro? De perro pudiera ser, tengo una referencia cercana en Simba, el perro de la casa en donde vivo. Pero debajo de ese disfraz, seguiría siendo yo mismo.

En lo que va del día he visto a la gente en la calle, con disfraces nuevos. Los disfraces cotidianos hoy se han quedado en los closets. Las serpentinas, el confeti y la música inundan las calles de la ciudad.

Gente disfrazada bebiendo líquidos de diferentes colores, algunos deben ser muy fuertes, porque veo como arrugan sus rostros cuando los beben. Otros fuman y se largan a reír. Otros se empolvan la nariz. Otros se inyectan algo en las venas.

Es hora de estirarme y lamer mi cuerpo para asearlo. La gente es extraña, pero en su mayoría son buenos gatos. El carnaval avanza con sus disfraces y alegría. El carnaval, mucho de apariencia y poco de verdad… como cualquier día de la vida.

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Al que todo lo sabe

Al que todo lo sabe

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grecia estatuas photo

Gratificante al máximo debe ser

creer que, aun sin saber, se sabe,

que la verdad encontró sin hallarla

cuando desde todos los tiempos

los grandes sabios la buscaron

por doquier, muriendo convencidos

de no haberla encontrado

cuentionando la ajena y la propia.

 

Mas cuanto más simple es

para aquel que da por hecho

que todo es según su cristal

pues es, él único por el que ve

que los demás no son válidos

que carecen de fundamento

así, muere el necio en su gozar,

pues por fin, él sí halló la verdad.

(c)Isamar Cabeza

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Una mentira verdadera. Parte 1.

Una mentira verdadera. Parte 1.

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Yo creía haber tenido una infancia feliz, o al menos, normal; el colegio, mis compañeros de clase, jugar, los veranos correteando por el monte… Soy el pequeño de dos hermanos, nos llevamos diez años y esa diferencia de edad no ayudó a facilitar el acercamiento entre dos caracteres, de por sí, muy distintos. Él, tan parecido a mi padre, serio y reservado, y yo, una reproducción del talante alegre de mi madre. Ni siquiera teníamos similitud a nivel físico, una copia de Zipi y Zape.
Un día al llegar de la escuela, encontré a mi madre con los ojos perdidos en las llamas del fuego de la chimenea del salón. El invierno había llegado temprano ese año y la nieve cubría los tejados del pueblo. Esa noche para cenar solo había tres platos en la mesa. En el lugar que ocupaba mi padre no había nada. Comprendí entonces la aflicción que mi madre mostraba a media tarde. Mi padre no volvió a sentarse nunca más a la mesa.
Desde aquel día mi hermano se encerró en sí mismo aún más, si cabe. Ese año acabó los estudios y decidió alistarse voluntario al servicio militar. Creo que quiso desaparecer. Alejarse cuanto antes del ambiente rural, de este pueblo perdido en las montañas, de sus rústicas gentes, pero, sobre todo, quería distanciarse de su familia.
El día de su marcha, le esperé en el quicio de la puerta de la entrada. A pesar de no congeniar, no quería que se fuese.
—Ahora que papá no está, mamá nos necesita más que nunca, Fede.
—Todavía eres muy joven para entender ciertas cosas, Juanito —dijo desde las escaleras del porche—. Mamá no me añorará, como tampoco añora a papá.
—¿Por qué dices eso? Mamá se quedó muy triste cuando papá se marchó.
—¿Tú, la viste llorar?
Me quedé inmóvil ante su pregunta. Ciertamente no derramó ni una lágrima, aunque sí oía que se quejaba por las noches.
—¿Y qué pasa conmigo?
Mi hermano mayor se me acercó y me rodeó con sus brazos en un fuerte abrazo.
—No dudes nunca que te quiero. Pase lo que pase, soy y seré siempre tu hermano. Me voy de esta casa, pero no te abandono— me dijo al oído.
Palabras que entendí a medias, la verdad, y en cada intento de análisis, más confusión me creaban.
Mamá no comentó su marcha ese día ni los posteriores. No sé porqué, pero yo tampoco lo hice. El tío Julio empezó a ayudarme con los animales de la cuadra. Decía que el verano era para ir al río a bañarse con los amigos, que todavía no era tiempo de asumir responsabilidades tan grandes. Lo de los amigos, lo entendía, pero lo de “asumir responsabilidades tan grandes”, no acaba de descifrarlo. A veces me parecía que los mayores hablaban otro idioma. Yo le miraba, asentía y continuaba con mis labores.
Pasaron tres años y Fede volvió una noche. Nos encontró cenando. Las risas de la conversación en la que estábamos enfrascados cesaron cuando irrumpió en la sala. Tardamos dos segundos en reaccionar. Mamá se puso seria, aunque sus ojos mostraban alegría. Yo grité su nombre por la sorpresa. El tío Julio se levantó y fue a su encuentro para estrecharle la mano.

 

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Recolectores de miel

Recolectores de miel

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Lo que voy a contar, puede que ocurriera de verdad, o tal vez, puede que alguien se lo inventara. Pero sea verdad, o sea mentira. De todos modos, os lo quiero contar. Según dicen, los hechos acaecieron hace ya más de mil años.
En lo más profundo de un tupido bosque, existía una pequeña aldea, sus habitantes vivían de la recolección de panales de abeja. Además, de recolectar todo tipo de frutas que aquél bosque les daba. Pero su alimento principal sin lugar a dudas era la miel. Era tanta la cantidad de miel que recolectaban que, de vez en cuando abandonaban la pequeña aldea y se dirigían a la ciudad. Lo hacían con la intención de vender una parte muy importante de aquella miel. Que según cuentan, era una miel muy apreciada por su desmesurada exquisitez.

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¿UN FLECHAZO? UNA CARTA

¿UN FLECHAZO? UNA CARTA

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¿UN FLECHAZO? UNA CARTA

Cariño, ya, ya lo sé, eso no lo es todo, pero el orgasmo de anoche será difícil de olvidar.

Otra cosita,
pensando, pensando, resultó lo siguiente:
¿Que te quiero? imposible no quererte
¿Que no entiendo nada? tú mismo lo has dicho, si me lo cuentan me da la risa.
¿Qué sucede? mi mente, no es capaz de procesar esto a la velocidad de los acontecimientos y tiende a ralentizar el proceso de comprensión, algo así como…. el sistema inmunológico, ya sabes, las defensas naturales del cuerpo, pues lo mismo pero del corazón.

Aquí, estate seguro, no se trata de ninguna otra persona, eso te lo aseguro, lo tengo claro, aunque queden resquicios, ten la certeza, no se trata de eso en absoluto.

Me ofreces un pozo profundo lleno de humildad, entrega, pasión, amor, ternura, dedicación, comprensión humanidad, reconocimiento, y espera desinteresada. Cariño, no valoro un pozo vacío de sentimientos, valoro y aprecio el pozo que tú me ofreces, de mendigar estoy saturada.

Hablando de relaciones sentimentales, no me he sentido nunca tan querida, tan amada, valorada, entendida y apreciada.

¿Deseada? si, jajaja, deseada claro sí, pero ¿sabes que?, solo me interesa si quien desea mi cuerpo, desea también mi mente, mi entrega, mis sentimientos y sobre todo me desea no solo carnalmente. Así que ¿deseada? como sentimiento aislado no me interesa, y tú lo acompañas de más, de todo, de todo el conjunto.

Partiendo de la base de que indudablemente la vida es caprichosa, unido al destino y a las circunstancias, pretendo:

Quedarme con el hombre que me hace sentir y vibrar no solo de deseo aislado, si no de otros sentimientos que se me antojan limpios, profundos, verdaderos, sin medias tintas, claros, directos, desinteresados, o sea contigo.

Sinceramente, hoy te ofrezco:
Mi querer, sentir, reconocimiento, pasión, y, sí, me comprometo a una relación de sinceridad, sin miedos, pero no así, comprometida en tiempo, porque cielo, ….El destino es caprichoso.

Si te digo, que de mí, espera sinceridad, siempre obtendrás la verdad, siempre.

Prefiero hacer daño con la verdad que cultivando mentiras y causar dolor con falsos sentimientos y engaños a largo plazo, y por supuesto te pido lo mismo.

Nunca te tomes la libertad de valorar si me vas hacer daño con una verdad, ni valores la decepción que creas causarme, siempre dime la verdad, ya luego yo valoro si me duele o no.

Con esto, te quiero decir, vamos hacia delante, sin poner vallas al campo, con compromiso de lealtad, respeto y sinceridad, pero cariño sin compromiso en tiempo, sin mas promesa que la de una relación limpia, sincera, sana y transparente.

Intentaré equilibrar los chacras lo antes posible,
te quiero.

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