Nigromante

Nigromante

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Tendrías que leer mis vísceras para entender por qué,
te quiero sin remedio,
por qué te abrazo y me abraso en medio del incendio,
por qué duele y no tiene respuesta mi ¿por qué?…
Si el corazón palpita o vibra ya no sé,
sólo sé que es un palomar en éxodo, grave y bello.
¿Por qué mi verbo se volvió grave y serio?
Si las lunas mudas transfiguran el misterio.
Y las musas clandestinas empujan siempre al fuego.
No es mi verdad, es según los griegos:
Si lees mis vísceras, entenderás mi futuro…
Y seguro sabrás, que no estoy muerto,
¡ábreme el pecho!
verás que palpita, te guarda, te aprende y te lleva dentro.
Nigromante que platica sin rescoldos con los muertos,
con la labia y el credo de los viejos.
¡Ábreme más adentro!
No te entretengas si topas con un lamento,
sigue hurgando en mis entrañas;
territorio inédito, insolente, insano, seco,
busca en sus recodos violetas y dolientes,
el verde que florece de contento,
entre venas de rojo estrepitoso, en sino turbulento, insurrecto,
el fluir de la vida; inconcluso, imperfecto,
un espíritu luchando entre ríos de cieno,
desfachatado, impasible, atrevido, sereno,
enemigo del frío, diletante al vuelo.
Nigromante, que dimite de la muerte y sus entuertos.
Y muestra sus vísceras confesas en los versos.

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Una caricia de epitafio

Una caricia de epitafio

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De nuevo esta manía de sembrar versos
en páginas desiertas y somnolientas;
soledades sin cura que atajan la cordura,
abrojos del insomnio que rescata mis alertas
colmadas de ecos prójimos que me pueblan.
Esta manía implacable me dejará los huesos rasos.

Otra vez esta costumbre de confiscar amaneceres
mucho antes de que el alba grite sus intenciones,
despierten los pájaros con la algarabía de su canto,
y los gallos se oigan hasta el último de los rincones.
Esta posesión de incomprendidos placeres vagos,
me dejará en comunión, un canto entre los labios.

Voy y vengo de tu sueño a mis ocasos,
ya no ato ni desato cascabeles a tu gato,
se pueblan los tejados de maullidos y alegatos,
una musa desvelada se hace nudo con mis brazos,
habrá que renovar la esperanza en su regazo.
Esta búsqueda inevitable de un verso sin resabios.

Me acreciento entre tus cumbres y tus llanos,
no te atan a una cama unos nudos mojigatos.
Una luna impura me desvela con su encanto,
se colma el viento de gemidos sin descanso,
habrá que biengastar la alevosía entre sus labios…
Y esta colección impía de orgasmos sin recato.

Y una vez más esta pluma torva con su letargo
se empecina en hurgar al desván del horizonte,
una ventana generosa bebe sueños a tragos,
labios que se unen y llueve, mis rayos, tus montes,
un tesoro de placeres mudos y su recuento zafio.
Esta bendición me hará desear una caricia de epitafio.

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Sueños socavados

Sueños socavados

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( I )
Un desasosiego que me araña
galopa sin freno por mis venas,
desaforado en insolente faena
va vulnerando mis entrañas.
En fiebre esperando la mañana
ardo como leña seca y brava,
desconsuelo infértil que socava
los latidos que palpitan en tu cama
y nos dejan un revuelo de alarmas
en el corazón que arde con su lava.
( II )
Mustios como veneno inocente
los sueños languidecen en tu cama,
van mis pasos trastocados y sin calma
evadiendo el coletazo de la muerte.
Se amotinan los deseos de tenerte.
Y yo espeso con lastres en el alma
no concibo los versos sin su flama
ni al amor que despierta sin saberte.
Qué agonía vendrá con esta suerte
si malvivo la vida cuando faltas.
(III)
Se acuna la luna en los cristales
pasa el viento azotando las ventanas
los pasos se aceleran con las ganas
de saberte esperando en mis portales.
Soliloquio en mi pecho, de cardenales
que palpitan por la vida sin mañana,
van dolientes los cardos por las ramas
convocantes de la vida en los umbrales,
conjurando las sombras fantasmales
y despejando el sendero hasta tu cama.
(IV)
Clandestinas con deseos inconfesables,
van mis ansías desplegadas con tus alas,
vamos juntos escribiendo en los retales
y en los pliegues de una historia sin escala.
Nuestras pieles se renuevan en su savia.
Y te requiero siempre viva cual bengala
que alumbra al amor y escribe con el alba
porque sabe que mi pecho te reclama;
donde los sueños inéditos se inflaman
en los versos que arden con tu llama.

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Palos de ciego

Palos de ciego

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PALOS DE CIEGO
“Estoy triste porque nadie me regala un río”
Jaime Sabines.

Los motivos del insomne y su desvelo
son temores que recrudecen con el día.
Y se necesita una caricia de sosiego.

La vieja costumbre de alzar el vuelo
se ejercita ante la página vacía.
La vida sigue dando palos de ciego.

Estoy triste porque no tengo un río
limpio, y semejante a tu Guadalquivir.
La esperanza, insalvable en el hastío.

Los sueños que se mueren por vivir
refugiándose en la página y su estío,
vacío obseso que te busca en su latir.

Anclo en el remanso de tu vientre,
-préstamo del cielo para el futuro-
antes que el olvido me encuentre.

Sigo tus pasos como un perdido
entre aposentos vacíos y oscuros
que el tiempo ha dejado vencidos.

Y va mi huella buscando postigo,
que Dios nos ampare en lo duro;
estoy en deuda de amor, doliente.

Te dejo mi abrazo de abrigo
y un beso que saque de apuros
cuando la vida te enseñe los dientes.

Cuando la luna se duerma conmigo
y el sol me despierte naciente
veré la luz que nace en tu sino

Sin ser el ciego que vive silente.
Mi letra ha encontrado su delirio,
-que Dios nos ampare por siempre-

Y resguarda los apegos desvalidos
que la vida nos reserva sin pariente
en la esquina solitaria sin ausentes.

En la esperanza del proscrito revalido
la fe del regreso que firmo y juro.
con un canto que sea augurio de futuro.

Y acuse las dolencias del presente.
Yo me caso con la musa, y sin perjurio
acopio versos escritos en su vientre.

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¿Por qué?

¿Por qué?

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Se difuminaron los ecos vacios, de gritos apagados .
La voz era una rosa deshojada, y sus pétalos fueron arrancados y pisados.
La inmensa losa fue cruz pesada, llevada con la dignidad del que triunfa sobre el martirio. Pero ahora,era ligera como pluma al viento, deslizándose en un cielo abierto ,sin nube alguna!
Se cerraron fronteras.
Las heridas ya no manaban sangre, si no, dulzura y bienestar dentro del sosiego!
La estupidez de su verdugo , quedó anclada en mentiras enclaustradas, en las paredes del tiempo!

Quisiera yo para mis huesos,
dulce melaza de amor!
Tener el eco de un abrazo, arañando el corazón!
Que la memoria ensuciada, resplandezca sin dolor.
La mano hiriente del que daña, sane sin violencia, sin rencor.

Carmen Escribano.

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