Antes de ti.

Antes de ti.

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Antes de ti, ya habitaba tus sueños,
antes de ti, tu presencia poblaba mi suelo,
antes de de ti, tus alas ya volaban mi cielo,
antes de ti todo era pequeño.

Después de ti se alivió la herida,
después de ti se sublevó el silencio,
después de ti se derramó la vida,
después de ti se desbordó lo inmenso.

Entre el antes y el después; te quiero,
derramando en estiaje mis veneros,
colmando sabia de besos mis huesos.

Poblando infalible con tu luz estos versos,
habitando con tu piel mis palmos desiertos
y volviendo a la vida los vocablos muertos.

Naufragio Crónico

Naufragio Crónico

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La inhóspita desolación de no saberte,
el insoportable anonimato del silencio
y la autista fiereza de las soledades,
carcomen como larvas capilares mis pies
erosionando gravemente mis sustentos.
La ausencia se apersona brutalmente
en el insufrible territorio del jamás.
Ya no hay palabras con que invocarte
ni algarabías que despierten tu júbilo,
el lenguaje agraviado es indomesticable,
vuelan ateridos los vocablos cálidos,
el ritual del amor se ha gangrenado,
ha perdido sus signos, las voces y su vértigo.
No hay promesa posible en ningún gesto
y han desertado las caricias por olvido,
los despojos del día se acumulan graves,
los sueños no convidan ninguna revelación,
huérfanos los cuerpos se marchitan.
Y deambulan secos y deshabitados
a un naufragio crónico, a una muerte anticipada.

Sonata en Do Mayor a cuatro manos.

Sonata en Do Mayor a cuatro manos.

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Sonata en Do mayor a cuatro manos,
para dos cuerpos desamparados,
que se buscan, se extrañan y se aman
con todas sus reservas de deseo.
Allegro entre prima y secondo
que ejercen un repertorio de caricias sin sosiego.
Y corren el riesgo con sus emociones al vuelo.
aunque nada ni nadie garantice que llegarán lejos.
¿Quién extraña?
¿Quién ama?
¿Para qué la búsqueda del amor duradero?
¿Por qué ser distinto?…
Si todo es tan efímero.
Vibratto entre besos y gemidos.
Preludio del desenfreno sin protocolos;
sin pretensiones dolosas, condiciones, ni resabios;
sólo entrega, ansias de besos, palabras sin prestigio,
galas para la soledad entre dos almas solitarias,
acordes de una pieza acompasada a cuatro manos,
armonía sin bravatas, arpegios in crescendo,
ensayo para que pervivan la entrega y la confianza.
Y los gestos en desuso después del sexo,
verbigracia la ternura…
que amortigua las caídas de la desesperanza.

Entre cardos y baldío

Entre cardos y baldío

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Siguiendo tu huella, te escribo
panfletos que crecen ambiguos,
entre cardos florezco, de antiguo
bajo mi suela, espinas y vidrios.
Un dolor que fustiga mis libros,
un ladrido que vulnera el hastío,
el sol se desvela y tirita de frío,
viene la luna buscando postigo
con abrazos insomnes de abrigo.
Y un remanso en tu vientre baldío.

Escribo un verso… Luego existo,
en su luz que renace contigo,
como hogaza de pan de tu trigo
es aliento que llena el vacío.
Sin lucidez en este verso impío
mi abrazo te busca de abrigo…
Y en tu cielo se azoga el estío.
Van y vienen los sueños perdidos,
clandestinos habitando el olvido
inmersos en el duelo de mi desvarío.

La luna que duerme en el río,
es el fuego que prende tu sino.
Y en la margen de los desatinos
un latido que crece con brío.
Calientan las nieves del frío,
las piedras que cantan, y escribo
con un corazón en derribo,
una copla marchita de hastío.
Se inflama el orgullo contigo…
Mi verso te encuentra, y pervivo.

Los despojos se avivan si vivo,
afilan su voluntad de caídos.
A la luz de tu cuerpo respiro
ante el más soterrado vacío,
este nadar subterráneo
es mi nadir posesivo.
Y refulge en lo alto del vuelo
tu cenit que sepulta el hastío,
te creces de cero hasta el cielo
cada vez que te amo y te habito,
cada vez que mi verso y su celo
se anidan en tu más cálido hito.

Cada vez que en tu cuerpo me desvelo,
cada vez que en tus besos resucito,
cada vez que el silencio del proscrito
prende lumbre a los leños de mi celo.

Tu cuerpo es una geografía sin recelos
un paisaje memorable del recuerdo
un referente inmutable del silencio
un regalo sustraído de otro tiempo.

Escribo entre explosiones de memoria
acechando palabras que seducen,
me devoran los latidos y reducen…
al naufragio innegable de tus glorias.

Detengo la marcha marchita del perdido
apurado, condeno el tiempo expedito,
desterrado maldigo el exilio maldito;
y pernocto, al pie de monumentos al olvido.
A la carencia de apegos me remito
en esta atroz mendicidad sin respiro.
Hallo un refugio del fuego encendido
cada vez que en el vientre te escribo.
Y bendigo la palabra sustraída del vacío
cada vez que en tus besos resucito.

En la esencia más honda te concibo,
ahí donde el verbo hace cita
en la presencia más clara de tu cuerpo,
donde el silencio habla entre suspiros
y la palabra moribunda resucita.
Se replantea la poesía en su retiro
ante tus caminos inminentes que me incitan,
el deseo se libera y vuela,
sin el miedo insomne que nos puebla
ni la feroz soledad que nos marchita.
Nos divorcia de la forma,
se sustrae de la rima,
palmo a palmo te conforma
beso a beso se reanima.

Cada verso es una ofrenda,
cada grito una osadía,
un germen de palabras
que se enhebran y te habitan.

Los besos sin artilugios encienden,
la poesía gravita sobre el cielo
las palabras se marchitan si no entienden
que el dolor, necesita de consuelo.
Y el amor que palpita desde siempre
se derrumba en el vacío sin sosiego.

 

¡Voy a mandar a todos los escritores a la porra!

España de mis poetas

España de mis poetas

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Por la Huertas (Calle de las letras)
leo unos versos de Espronceda,
hoy que las musas se quedan
tan muertas como las piedras.

Es La Canción del pirata
“Viento en popa a toda vela…
pensarte porque me faltas,
tenerte porque me pueblas.

Musa que me desvelas,
España que te me quiebras.

Madrid extraña su vuelo,
los toros suben la cuesta,
fanfarrias, tapas y celo,
Las Ventas está de fiesta.

Saberte mi recurso infinito…
Es por que viene la veda,
decir que, te necesito…
es mejor antes que suceda.

Entre voces, canciones y gritos
entre los toque de queda,
poetas, parados, españolitos…
vienen cantando por la vereda

Correhuelas en las ventanas,
Orihuela de mis quimeras.

¡España de mis poetas!
Soy de ti, porque me alientas.
Y soy parte de tus pasos
de tu gente, de sus versos…
Y de su fe que regenera.

Salamanca clara de letras,
diamantes por las aceras.

¡Grito, porque me faltas!
Y no me sobran monedas
tiempos sin fe de erratas,
nos basta lo que nos queda.

Compostela pedestre y devota,
Granada, sangre en las venas.

Aranjuez de la realeza
que por vivir se desvela,
Jardines reales, ¡ah! sus bellezas.
Y el sol-orgullo que se desdeña.

El revés empieza en Atocha.
Y en Finisterre el aire regresa,
Cuenca, barco sin velas,
Cádiz, blanco cielo de arenas.

Que la Canción de los piratas
con un fandango de Huelva,
devuelva el palo dado y el fango,
¡Que no te vendan la guerra!

Bilbao siempre me alienta,
Palencia que me emparientas.

Valladolid de mis querencias,
¡Hermana de mi Morelia!
Vive el mito de las cigüeñas
en lo alto de sus iglesias.

Ávila de la Reina,
con el alma siempre plebeya.

En Cáceres tengo un primo,
en Barcelona una larga ausencia
España quieta, con su alma leona
racimo de uvas y esencia.

El vasco suelta las riendas
temblor de alas inquietas,
por clamor o por sentencia…
¡Salven a los poetas!

Por los de Ceuta y Melilla.
¡Que no les partan la jeta!

Por las corralas, querencia
Lavapiés con su taberna,
bohemia por la vivencia
de quien te quiere y respeta.

Sevilla de charango y pandereta,
Castilla, verso en flor y respuesta,
Toledo es mi credo, me quedo…
Y duermo en un parque la siesta.

La Mancha que nunca olvido,
no es la mancha de la vergüenza,
sino de la trashumancia, las letras,
el orgullo, camino de las carretas.

Valencia de las falleras,
el fuego cabalga de nuevo.
Y para el teatro medievo,
Hita escancia patenas.

Guadalajara, ¿Cuándo te veo?
¡Si te quiero, como a mi tierra!

Jaén tiene abiertas las venas,
y escribe versos en Rota,
rompiendo canciones que bebo
de un bardo, creciéndose en la derrota

Machado, Hernández y Lorca
entre sus cuencos abrevo.
Alberti, León y Quiroga
por los que pago si debo.
Unamuno, uno a uno te pego
mis ripios en bancarrota

Aleixandre y Bécquer, en juego,
sus alas de pájaros se alborotan.
Julie Sopetrán y García Montero,
fraternales, firman mi pie de nota.

Piedras camino a Oviedo
en el zapato parecen rocas
¡Que no te hereden el miedo!
¡Que no te tapen la boca!

El Quijote cabalga de nuevo,
solariega tarde de cañas,
tierra de mis ancestros…
¡Labriegos, hijos de España!

Serrat, Sabina y el Benja
me acechan por las esquinas,
sus almas no están en venta…
¡Se subastan en las cantinas!

Poetas del alma terca,
que no consiente rutinas.

Piratas de tierra adentro
el Tajo los encadena,
sin penas por el atajo
cantando versos en vena

Poetas de garra y credo
el asfalto los envenena.
Y por Monteras los veo
subiéndose a la verbena.

¡Taberna que se calienta
con tientas entre las piernas!

Pirata de un ojo ciego
voy por donde navegas,
de rodillas está tu ego
por no vender tus muletas.

Las ventas son en El Rastro…
¡Los toros suben la cuesta!

Pirata de alma en celo
que cantas a las estrellas,
que no te ofrezcan el cielo,
por tu mar, ni por tu estela.

Por las orillas del Duero
un olmo viejo os espera,
su sombra ofrece consuelo
con musas en la ribera.

Madrid levanta el vuelo,
los toros bajan la cuesta,
chuladas, tapas y versos,
mi barrio acabó la fiesta.

Asturias fuego de fraguas,
principado camisa blanca
sed que tengo por tu agua,
España de mi esperanza

La Rioja, plena de uvas,
As que cabe en la manga.

Exponentes de la lengua
grandes como Aconcagua,
parientes pobres sin novia,
Segovia sabia de savia.

Tan mundana y tan pirata,
¡tan caliente mi guitarra!
Andalucía de sementera,
¡Que nos canten las cigarras!

Tan gitana, tan torera,
tan hoguera, tan humana…
Saetas en mis entrañas,
¡España de mis poetas!
¡Que nos aten tus amarras!

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