Hortelano & Marley Entertainments, tienen el gusto de presentar en sociedad al hijo que han tenido en común, no ha sido fruto de un arrebato, ha sido buscado y deseado, el niño esta compuesto de dos partes, esperamos sepan encontrar que parte son los ojitos de mamá y cual es la sonrisita de papá.

Sus Ojos.

La tarde resbalaba en los parques, y retozaban las briznas en la humedad de la hierba. La tierra mojada, el asfalto fresco y el soplo de un aire cordial, la acompañaron esta vez hacia la puerta, aquel portal señorial, le pareció aquel día exento de recuerdos.

Ding-dong, susurró el antiguo timbre, ante la suave presión de su dedo índice. Se abrió la puerta una vez más, como llevaba haciendo durante siglo y medio.
—Hola señorita, dijo al fin una pizpireta mujer con cofia.
—Hola Cordelia. Permítame el abrigo y los guantes, señorita. Bonito peinado, añadió con una sonrisa a medio hacer.

Enseguida la anuncio. Una vez colgó Cordelia el abrigo, habiendo puesto previamente los guantes unidos en un bolsillo del mismo, en el perchero de la entrada, encaminó sus jóvenes pasos, hacia una sala enorme, con forma oval, donde un anciano, que apoyaba los años en un bastón ya jubilado, descansaba sobre un sillón Luis XV, de espaldas a la puerta, completamente rodeado de un número infinito de libros.

La voz de Cordelia irrumpió en la sala asesinando un silencio acostumbrado a la soledad.
—Señor, han llegado sus ojos.

—Que pase, hoy iniciamos un nuevo libro, respondió el anciano con una voz tan señorial como vencida. Cordelia volvió sobre sus pasos, y dirigiéndose hacia ella, dijo: —El señor la espera como siempre en la biblioteca, hoy tiene que leerle un nuevo libro.

Ella recorrió el camino hacia aquel paraíso oval, con huellas ya acostumbradas al terreno y entró: —Buenas tardes. Ni siquiera el eco contestó.

Se acercó a una mesa de mármol situada frente al sillón y se agachó levemente a coger un libro que la esperaba ansioso. Leyó el titulo, Tan veloz como el deseo de Laura Esquivel.

El Sr. Pickman, era muy metódico, no solo en lo relacionado a la lectura, era disciplinado hasta la médula en cualquier ámbito de su vida, el hecho de ser hijo, nieto y bisnieto de general del ejercito, había impreso de manera innata en él, unas normas de conducta que cumplía a rajatabla. Las cuales no solo se auto imponía él mismo sin cuestionar, sino que lo trasladaba a los demás sin pensarlo dos veces.

Todo esto se veía acrecentado por el hecho de ser ciego, su vida no era fácil, y necesitaba de un orden extra para poder moverse por la vida con cierta libertad y autonomía.

Rebecca, estaba asustada, su carácter dócil y prudente chocaba de plano con el tipo de hombre que se comentaba era el Sr. Pickman, grosero, con malos modales y un genio de mil demonios.

Para ella era su primer trabajo, no estaba acostumbrada a lidiar con tales personajes, pero de otro lado estaba emocionada, era la primera vez en su vida que se levantaba con una misión, y una tan importante, leer y transmitir la belleza de las palabras a través de sus labios.

Tomó el libro entre sus manos con la delicadeza que se abraza una rosa, lo abrió por la mitad y hundió su nariz entre las paginas, se impregnó por completo del perfume que desprendía cada una de sus hojas, retiró su nariz, cerró suavemente el libro, lo abrazó contra su pecho, y dejó que brotaran las lagrimas de sus ojos, mientras se ahogaba en un suspiro.

El señor Pickman, sorprendido, escuchó la escena que se acababa de representar en su salón, se levantó de su majestuoso sillón, y dirigió sus pasos hasta la chica, sintió una emoción enorme, un pellizco en el corazón que atacó de lleno su bravura, y al llegar a la altura de Rebecca le tendió su mano y su pañuelo de lino bordado.

-Toma querida, seca tus lágrimas y suspira un par de veces más, has de saber que no hay palabras amargas o bellas, no hay libros hermosos o terribles, son los corazones que leen entre líneas los que desgranan la esencia de la vida de cada letra, los que captan el alma de la historia incluso en el aire que desprenden sus tapas.

Estás contratada, quiero que seas tú y solo tú, quien vuelva a releer todos y cada uno de los títulos de mi biblioteca para mi. Te esperaré ansioso cada mañana con una nueva historia para ti.

Jordi Hortelano y Mara Marley