Diez, veinte o treinta años esperando carta, esperando el milagro del regreso, el milagro del reencuentro, para opacar el abandono “involuntario”, perpetrado a conciencia por a quienes un día, el esmero y la atención, les brindó con ahínco y decisión. Los recuerdos se han derrumbado junto con las paredes y el techo… el mismo techo que un día cobijó travesuras y rabietas, pero que al final de la tarde, con la llegada del padre, después del trabajo, fueron amortiguadas con ternura y complicidad, para acortar el castigo inferido por mamá… Las voces se han marchado lejos, los bailes en el salón quedaron en el recuerdo, atrapados en el vinil que aún espera volver a sonar, pero el viejo gramófono no termina de arrancar… Hacen falta fuerzas, hace falta vencer la nostalgia y llenarse de coraje para apartar la mirada que ha perdido encanto para hacer que las cosas funcionen, y viejas y nuevas melodías resuenen en ese espacio vacío y desvencijado por el tiempo y por el olvido.
Helga se ha marchado antes, muy pronto, sin proponérselo, ni darle tiempo para despedidas… Froilán la suspira entre risas y gimoteos, más su recuerdo, allí permanece, en las sabanas, en las cortinas desteñidas salvajemente por el sol, en cada pedazo o retazo de pared que va marcando el paso de las horas, en la barba poblada, carente de sus caricias…Caricias ausentes, de esas que se extrañan y que retornan, apacibles en las noches para ayudar a conciliar el sueño… ¿A dónde han ido a parar esas manos inertes que aquella mañana lluviosa dejaron de abrazarlo y luego se juntaron para asir un rosario, que el mismo había le comprado?

Se le vino la guerra encima, con sus cañones y fusiles, con sus portaviones y los cazadores, los F15 y F16, todos juntos a la vez, sintió que a todos, en ese lugar remoto de la tierra, en ese pueblo olvidado por todos y por los hijos, afectó por igual, y que tal vez no hubo tiempo para transmitir el parte y encarar la novedad en el frente, total el internet fue un intento fugaz, una quimera pasajera en los pueblos dibujados por descuido en los libros de geografía. Los bombardeos frecuentes siguen retumbando en sus sienes y oye gritos desesperados en la memoria, pidiendo auxilio o que busquen refugio… ¿A dónde se van los recuerdos, cuando no hay lugar para curar las heridas del alma? A dios le reza una y otra vez, suplicando protección para los muchachos y que los devuelva a casa, sanos y salvo, los niños, muchachos, sus muchachos…

Los hijos, cuatro hombres y una hembra, todos criados con bondad y encomendados a Dios cada día y cada noche… los hijos bien cuidados y educados, al final se han marchado, no han vuelto, nadie sabe dónde van, nadie tiene noticias ni mensajes que anunciar…“-que han de estar bien y ser felices”, uno que otro se atreve a murmurar, “-quizás mañana o en tres días por esa puerta entrarán”-, promete alguien con indiferencia, más Froilán, pacientemente, en medio de tanta sordidez, sabiendo que no lo harán, desafiando el tiempo y la mentira, a diario se engalana para librar su propia guerra, esa que destruye el alma en silencio y que poco a poco consume la memoria y borra los recuerdos… Froilán no espera nada de ellos, no espera que vuelvan, a estas alturas, en su propia guerra, ya no da tregua a la esperanza, vive perdido en sus recuerdos, él no lo sabe, no lo advierte, no sabe que está perdido, no sabe que el gramófono jamás sonara, pero si sabe que no volverán…aunque sollozante su alma anida y golpea un tal vez, un día, o dos, quizás una semana… ¡No regresaron!

hectorsilva

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