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UN MOMENTO INOLVIDABLE
Me quedé dormida en su regazo como si fuera una muñeca. Parecía tener magia en sus brazos, a pesar de lo temprano que era. Todavía seguía notando como balanceaba el viejo butacón de madera de roble y el intermitente traqueteo que producía al contacto con el suelo, me relajaba bastante en el silencio de la sobremesa. Me gustaba mucho acurrucarme a ella como si fuera un ovillo de lana. Así pasaba ratos conmigo en brazos hasta que me despertaba. Sabía que si me acomodaba sobre la cuna, despertaría y empezaría a llorar. ¡Qué bien se estaba en su regazo!
Yo, que había perdido la costumbre de llevarme el pulgar a la boca, ahora tenía como hábito prenderme la oreja para conciliar el sueño.
¡Cómo añoro aquella época! Sus brazos, sus besos, sus caricias. La ternura con que me bañaba y la gracia con la que mojaba el peine bajo el agua del grifo y me peinaba con suma delicadeza.
Ahora después de tantos años, todavía no comprendo cómo podía ser tan paciente conmigo ya que yo era una niña muy nerviosa y sobre todo muy traviesa y difícil. Hoy -en ocasiones-, a pesar de los años que han pasado, todavía sigo echando de menos aquellos instantes tan gloriosos en los que me cuidaba.
Son muchas las veces en las que -aún-, alguna vez necesito sentir la candencia de aquellos brazos y percibir la inigualable sensación de ser acunada, de tener su calor maternal, su voz, su aliento neutro. Su olor a fragancias naturales que se quedaban impregnadas en la ropa cuando la lavaba en aquella lavadora abierta por la parte superior y que formaba una altísima espuma. ¿y cómo olvidarme de sus latidos?
A veces me siento en una mecedora de las de casa, abrazada a un cojín apoyando mi cabeza, e intento reconstruir uno de los momentos más felices de mi infancia, buscando la armonía del sonido en el balanceo. Entonces cierro los ojos para concentrarme en el mismo traqueteo de ayer. Sin lugar a dudas siento lo más parecido, -me transporto-, notando como sus brazos me sostienen. Hasta parece que el olor de madre vuelve. Una paz y un sosiego hacen que mis sentidos se relajen y empiezo a soñar. ¡Tanto! que sigo oyendo en el silencio, el suave y relajante crujido de la mecedora.
© M.J.T.M.2016

Adoro con pasión desenfrenada la escritura. Narrar hechos e inspirarme en algo, alguien, o dejar que llegue el invierno y mi instinto se apodere de cuanto bello, feo, soso , dulce o insípido dejando rienda suelta a mi imaginación. Me encanta crear y recrearme del fruto de mi mente. Escribir, escribir, escribir...

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