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XXXV

Ya te dije todo cuanto sentía,
en aquellas madrugadas de alcohol y fuego
con el roce derrotado que rompía cada día.
Ya te ofrecí olvidar el duelo,
enterrando mis lágrimas entre tus senos,
jugando con la muerte hasta dejarla lejos.
Ya te besé cada amanecida,
implorando alimentarte con lo que te dejo
deseoso de emancipar tu boca en la mía.
Ya te amé sin caricias
congelando los relojes de estos sueños
donde somos uno, donde siempre te tengo.
Ya te olvidé sin hacerlo
porque tu aliento son mis versos y poesía
porque cada minuto sin ti, muero.

(Palabras apátridas)