Año nuevo

Año nuevo

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Primero de año. Ilusiones,  deseos, metas y fines apuntados en el nuevo calendario.
Marta  sentada en su butaca  se mira en el espejo, buscando más allá de su propio reflejo, el de su rostro cuando traspasa esa superficie, se da cuenta del paso de los años y piensa, tampoco se ha avanzado tanto, cuando nuestras mentes siguen teniendo las mismas preocupaciones que hace 2017 años. El gran regalo de la vida, se va poco a poco.
El tiempo no enseña, nos enseñan  las heridas, el dolor, que dejan huella cuando nos hieren con lo efímero, que nos come la vida sin aceptar que ya no es, ni volverá a ser lo que fue. Recordaba ese tiempo en que nada podía cambiar sus ideas y cuanto más utópico más rebeldía para distanciarse de aquello que no quería. El tiempo se llevaba aquello por lo que lucho, todo dejaba de tener sentido, en un tiempo inverso al que marcaba el reloj, la realidad repitiendo modelos molestos. El tiempo entierra aquello que ha dejado de ser, por dejar de soñar y se pregunta si habrá sido suficientemente valiente para  dejarlo atrás.
Marta despierta de su mundo ausente . Mira el reloj. No es un día normal. Hoy es nochevieja . Qué hace allí sentada con los tacones en la mano? No consigue ninguna respuesta. Se pone los zapatos, abre el cajón de la cómoda, saca la pluma y escribe:

No morimos por vivir, vivimos hasta morir por vivir.

Y entre paréntesis escribe

(¡VIVE !)

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Tiempo

Tiempo

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El verdugo podía permitirse parecer más lento o dar la impresión de volar sobre el suelo (firme y duro bajo sus pies), porque sabía que tarde o temprano su hacha cumpliría su cometido. Daba igual que esperara tres horas (con todos y cada uno de sus 180 minutos) o tres años cuyos minutos eran siempre demasiados como para que cupieran en el calendario del condenado. Nadie parecía prestarle atención y no era porque fuera invisible sino justo por todo lo contrario, su presencia era inseparable del devenir de los acontecimientos, tanto que acababa pasando desapercibida. Desde el comienzo del episodio (aquel primer grito que exhalaba un mundo) hasta el epílogo donde los pulmones se cerraban para siempre, el verdugo sabía que era el encargado de abrir y cerrar la historia. La inconsciencia de hombres y mujeres era tal que, aún sabiendo que nunca se detendría, creían ganarle la partida al Tiempo y se demoraban en banalidades dejando dormir “para luego” corazón y mente. Acababan descubriendo la importancia del camino recorrido justo cuando el paréntesis se cerraba.

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Coleccionista de fracasos

Coleccionista de fracasos

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“15 de marzo de 1982. La fecha de mi feliz nacimiento (muchos años después descubriría que coincidí con un paréntesis en la vida matrimonial de mis padres; también entendí la inquina con que en ocasiones me trataba quien yo creía mi progenitor). Mi infancia se tradujo en una sucesión de momentos felices bajo el cuidado constante de mi abuelo (un paréntesis laboral, una reorganización de la empresa en que trabajaba, que después pasaría a ser una larga lista de puntos suspensivos que le conduciría hasta la muerte, hizo de él mi gran compañero de juegos).
Crecí (dejadme que no enumere todos los largos paréntesis que ocurrieron en mi entorno) y la vida me condujo a otras personas (no creo que fuese al revés, siempre he sido yo quien ha tenido necesidad de esos movimientos), y fui sucediendo sentimientos entre paréntesis con todas ellas. Creí que Patricia me amaba (desapareció sin dejar rastro, sí muchos comentarios). Roberto, mi mejor amigo a los treinta años, iba a estar siempre a mi lado (se esfumó inserto en los comentarios que me hablaban de Patricia). Los compañeros de trabajo me confiaron muchas responsabilidades para dialogar con la empresa (nunca me abandonaron, pero fui yo quien salió de la empresa)… Toda una vida entre paréntesis.
Y ahora, ¿me decís que mi relación con Amanda no tiene futuro, que soy un paréntesis liviano entre ella y su pareja de siempre? Dejadme ser paréntesis, …de eso sé mucho.”

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