Tradición familiar

Tradición familiar

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No tenía tiempo para lidiar con la etapa rebelde de su hijo adolescente, reconocía que había sido un mal padre ya que su profesión de piloto comercial le privaba de compartir en familia y fue la causa principal de su divorcio, sin obviar la atracción que sentían por él las azafatas. En su deseo de que se continuara con la tradición familiar de pilotos de guerra y comerciales, creyó buena la idea sugerida por un colega de llevarlo a un psicólogo con muy buenos resultados en terapia de hipnosis. A la semana de la iniciativa, recibe un whatsapp de su ex esposa notificándole que su hijo había saltado de la azotea del edificio. Dudó de la veracidad de la nota al leer que había planeado unos minutos antes de dejar la vida en el aterrizaje en el pavimento.

Control natural.

Control natural.

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La noche se torna vacia. Escasos motivos existen, para el alumbrado en las calles.
A través de la ventana, oculta en la sombra que arropa la silueta, observo como universos distintos con dos piernas, caminan envueltos por sus pensamientos.
Que iguales somos, y a la vez ¡años luz nos separan!
Almas perdidas entre el bullicio callejero. Donde cada una lleva una historia grabada a fuego, y lidia dia a día, con la tarea impuesta.
La estupidez, la mezquidad, y avaricia humana, nos habilita o mejor dicho, nos invita al mal llamado crecimiento personal.
Escondiendo pocos valores, entre membranas invisibles que aun puliendo, tardan en dar la cara.
Es curioso ver a las personas desde arriba.
Te da sensación de control, puesto que el nivel es distinto.
No es lo mismo observar, que ser observado.
Mirando a la señora del sombrero y perrito, surge una imaginaria historia, que el cerebro puede procesar como cierta.
O aquella pareja del portal de enfrente, que se besan apasionadamente ,y te traen recuerdos de experiencias vividas.
Si,….. estar arriba sin ser vista,¡ da un cierto poder!
Cierro la ventana y dejo a la noche que recorra su camino.

Carmen Escribano.

Una base sólida

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Una base sólida
Siempre fue un idealista. El típico soñador de mirada inquieta que cae bien a todos. No en vano pretendía cambiar el mundo, hacerlo más justo, más humano. Y gozaba de tres poderosas armas para combatir el aire de ingenuidad que desprendía su discurso: capacidad de trabajo, juventud y oratoria.
Y así, tras diez largos años ofreciendo al pueblo su altruismo y luchando sin cuartel por los derechos del prójimo, alcanzó el liderazgo del partido. Un año más tarde llegó a la presidencia por mayoría absoluta, sorprendiendo incluso a sus propios mentores. Los cambios no se hicieron esperar: primero fue el piso donde vivía, que vendió para trasladarse a un pequeño chalet con piscina, pista de tenis y barbacoa en las afueras de la ciudad; luego cambió el turismo por un deportivo; se multiplicó el sueldo, afeitó su barba… Hasta se divorció de su mujer para estrechar sus lazos de amistad con la monitora del gimnasio. Si había que cambiar el mundo, mejor empezar por los cimientos.
Hoy, me llegó una carta pidiéndome el voto para su partido. Y quizá le vote de nuevo. Es más, me encantaría formar parte de su equipo en la próxima legislatura. El piso donde vivo se me queda algo pequeño y ya no soporto más a mi mujer.

El poeta estúpido

El poeta estúpido

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Él solo escribe para llamar la atención. Su objetivo no es ser considerado como uno de los poetas más destacados del país. Utiliza su oficio como un modo de sex appeal, ya que frecuenta los mejores bares para seducir a las chicas, pero ellas ni bola le dan. Él, todo terco, insiste en que le hablen o que se dejen seducir. Llega a un punto donde él se pone agresivo y pesado, pero como moneda de cambio, recibe unas buenas bofetadas. Saliendo decepcionado, ebrio y molesto, pasa por la calle Quilca para recitar ante aficionados al arte y la vida bohemia. Al recitar, uno de los aficionados lo pifia, causando que el poeta estúpido utilice su violencia como arma de defensa. Sin embargo, entre patadas, golpes e insultos, lo dejan tirado mientras, bañado de sangre, agoniza y llora.

Mis yoes

Mis yoes

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Lo estoy esperando agazapado tras este muro, porque sé que va a pasar por acá. Lo sé porque lo estuve siguiendo y allí viene: Viste como yo, camina como yo, habla como yo; pero no soy yo. Aunque nadie nos distinga, ése no soy yo y apenas pasa junto al muro me pongo de pie y lo encaro. Él no puede creer lo que ve, intenta decir algo, pero no le doy tiempo, de inmediato clavo la afilada hoja en su cuello y corro asustado, ya que, por un momento, creí sentir esa puñalada en mi propio cuello y mientras corro, lo espeso de la sangre baja por mi garganta; toso; y solo para cerciorarme toco mi yugular: estoy sano. Tiro el cuchillo en un basurero y sigo a pie hasta llegar a casa.

Allí entré en silencio, no quería molestarla. Fui hasta su cuarto y la vi, sentada en su silla mirando nada; de espaldas a mí.

—¡Papi papi… volviste! (Si yo no hablé… ¿cómo supo que era yo?, habrá sido por mi olor… el sonido de mis pasos; ¿tanto así me conoce?) —y corrió a abrazarme.

—¿Me trajiste los dulces que me prometiste?
—No, Disculpame, con tanto apuro se me olvidó —le dije mientras pensaba:(Ese desgraciado le prometió dulces, ¿qué más le habrá prometido? Espero que no haya sido como el otro, aquel otro, el primero que he matado de una larga lista. Aquel la lastimaba, era el peor de todos y por eso, lo arrastré con rabia hasta el bote y lo arrojé allá… en medio de aquel lago profundo; con mucho peso y aún vivo, para que sufra).

Sí, el primero fue por venganza y el resto, sólo por perfeccionamiento.

Recuerdo el sabor del agua salada entrando por mis narices, recuerdo la desesperación y todo a mi alrededor… se puso negro; casi muero en el bote aquel día, pero yo sobreviví, y el no. Al llegar a casa, mojado aún, la encontré como era habitual: escuchando la radio y al correr hacia mí, pobrecita, pechó un mueble que aquel mal hombre había dejado en el camino, yo corrí hacia ella y la tomé en brazos, la alcé, la puse contra mi pecho y viendo lo blanco de sus ojos le dije:

—Otra vez me olvidé de traerte los dulces, pero ya voy a buscarlos, vuelvo en seguida
Y salgo tan rápido de casa, tan apurado voy, que no me doy cuenta de que alguien me está siguiendo; pero sí noto el plomo entrando por mis espaldas, y al escuchar el segundo disparo, caigo de rodillas y logro girar, para ver a mi asesino corriendo, dando grandes ancadas casi sin mover los brazos… tal y como lo hago yo. (Tal vez sea mejor así), pensé, (tal vez él recuerde llevarle dulces, a mí pobre niña ciega).

Cuentista DCF

Encontrarle sentido a la vida

Encontrarle sentido a la vida

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La niña buscaba desesperadamente su escuela, desorientada y aturdida caminaba entre los escombros, cansada ya de andar se le ocurrió una idea, tal y como se lo había enseñado su maestro, tocaría, así podrían escucharla y alguien vendría a por ella a socorrerla. En un intento por sacar la flauta de la mochila que apretaba contra su pecho, sintió un punzante dolor pero restándole importancia a tal anomalía y a la sangre que manchaba su viejo vestido siguió adelante para cumplir con el cometido de ser escuchada. Asustada dejó caer la mochila al suelo cuando una ensordecedora detonación hizo temblar los cuerpos inertes que llenos de polvo yacían tirados por doquier. La guerra le había arrebatado todo pero no lo que sentía cuando tocaba su flauta, estaba convencida de que la música la ayudaría una vez más a no darse por vencida y a encontrarle sentido a la vida. Con las dos manos sujetó con fuerza su instrumento musical, levantó la cabeza, irguió su cuerpo, cerró los ojos y sus pequeños dedos siguieron el orden aprendido en clase. Inspiró, retuvo el aire y comenzó a tocar.
María de la Luz

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