Eres aroma

Eres aroma

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Te presentas como aroma

y alteras mis memorias,

y mi piel siente tu esencia

que reviven felices horas

enmarcando los recuerdos,

humectando mis labios secos

ruborizando mis mejillas

al recordar los fogosos encuentros

y las mojadas despedidas,

y resucito,

y me elevo,

y gravito,

suspendido en recuerdos

una dicha me conquista.

Te huelo risueña,

teniendo los mismos recuerdos

mordiendo tus labios frescos

sintiendo aún mi ritmo

deleitante en embestidas

acalorando tus mejillas

deseando la hora de los encuentros

no queriendo que haya despedidas

y te regocijas,

y te erizas,

y levitas,

atada a las sensaciones

entre calorones te agitas.

Te huelo a osadía

mezclada con travesura

y algo de picardía

es un olor intenso

que penetra cualquier fibra,

y aromatiza,

y atonta,

y perturba,

una fragancia que no se quita,

seduce el olfato

apurando las horas

para que se dé pronto el momento

mientras nuestros deseos

secretan las feromonas

de nuestros laboratorios cuerpos

desatando la química

tormenta de nuestros efluvios

que nos mata

y nos resucita

hasta el aroma de la próxima cita.

 

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Orgasmo

Orgasmo

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Meloso justificar el que conduce a la senda de tu orgasmo

Agitado… Nunca neutro

Explosión confiscada por el gemir de tu alma

Los alaridos de tus piernas

Las punzadas de tus dedos

Grita de placer tu dorso satisfecho

 

Mirada rogativa

Pidiendo entre susurros

Ahogados por el grito enrabietado de tus sentimientos

Mirada que callada exige que prosiga

Que reanude mi intuitiva contienda

Explore

Surque

Me empecine en su agonía

 

Luces y Sombras

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Fórmula

Fórmula

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Destapé el champán y lo volqué sobre su pecho, lo hice correr por el ombligo, la entrepierna, lo esparcí sobre toda su piel. Lo bebí sorbo a sorbo, sin dejar un mínimo resto, sin perdonar un hueco ni una curva.
Por la mañana ella me pidió que otra noche repitiéramos el rito. Y aquí estoy, esperándola, sin poder recordar qué hice cuando terminé la botella.

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La seguiré amando

La seguiré amando

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Su foto, embutida en un vestido muy corto con brillos, tendida sobre una cama, ocupaba el ancho de la pared del cuarto. Respiró en mi nuca, me volví. Le quité el pantalón, buscando las piernas de la foto. Adhirió sus muslos a mi cintura, la besé con ansias de atrapar los labios que me sonreían insinuantes en la pared. Caímos sobre el cobertor, anudados. Me deshice de mi camisa y de su blusa. Bajé mis pantalones, mis ojos se cubrieron con sus pechos. Mordí, toqué, apreté, besé. Di un giro completo y la tendí de espaldas. La transpiración llegó a mis pupilas, me separé un instante de su cuerpo. Me libré de sus brazos, abandoné la cama. Y caí en el error; comparé. La misma erección apuntó al destino equivocado, a la imposible figura que sonreía desde su eterna perfección.

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CON EL MIEDO DENTRO

CON EL MIEDO DENTRO

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El miedo a lo desconocido siempre había sido un motivo en la vida de Irene para querer investigar aquello que creaba enigma.
Había llegado al oscurecer, la noche era tétrica y se movían por el viento todas aquellas ramas que estaban cerca de las ventanas. Aquel sonido característico la ponía nerviosa, decidiendo darse un baño para relajarse.
Entró despacio en la bañera, el agua iba empapando su piel mientras se sumergía. Rodilla, muslo, poco a poco, hasta que se sentó en ella.
Sus pechos tersos se quedaron fuera, por lo que sus pezones se pusieron duros. El sonido crispante la volvió a estresar. Pero ahora no iba a salir de allí toda mojada, así que atemorizada como estaba tomó la manopla y la pasó despacio por sus pechos húmedos. Todo aquel conjunto de sensaciones la terminaron excitando, llegando rápido a comenzar a masturbarse.
Estaba sobrecogida, había escuchado cómo la puerta de la habitación se había abierto y cerrado muy despacio, chirriando como en la más terrorífica película de miedo. Aun presa del pánico, Irene llegó al clímax, gozó de aquellas caricias a las que estaba acostumbrada. Por eso, aunque llena de pavor y desconfianza, soñaba con que alguna vez sus sueños se cumplieran. Y que alguien, quien fuese, la tomase y la hiciese disfrutar.
Su cobardía le impedía salir de allí, el agua se había enfriado y además de por el miedo, su desnudez provocaba que su piel se erizase. Alcanzó la toalla, se levantó, de su cuerpo en aquel momento escurrieron toda clase de fluidos, no solamente el agua que dentro de ella había quedado. Despacio, caminó cubriéndose con la tela de rizo, descubriendo que la ventana estaba abierta.
Estaba cansada, no quería que el miedo fuese el motivo por el cual ella se excitase. No era la primera vez que alquilaba aquella habitación por noches para pasar una velada asustada y aliviarse ella sola.
Sabía que con un poco más de dinero podía tener un acompañante, pero nunca se había atrevido. Qué tontería, se decía, será por miedo, eso es lo que realmente me excita… Descolgó el auricular del teléfono, pidiendo su amigo de compañía por horas.
Estaba amaneciendo e Irene no dejaba de gemir, su respiración era agitada, gritaba y sollozaba. Su piel escaldada se veía rojiza, por sus poros casi sudaba sangre.
A pesar de todo aquello y aún con el miedo dentro, le pedía a su compañero de amor que no parase.

©Adelina GN

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