Entrevista a Julio R. Naranjo

Entrevista a Julio R. Naranjo

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Ya lo decía Hemingway, en su decálogo del escritor… “Hay que mezclarse con la vida”, vivir. Tengo claro que Julio R. Naranjo, seguramente sin proponérselo, lo ha venido haciendo, y además con naturalidad y alevosía. Porque normalmente uno no llega a ser escritor de un día para otro. El escritor se va forjando a golpe de experiencias, de miradas. Esa mirada especial que todo escritor lleva dentro, aún si saber que la posee.

Así surge precisamente su novela, “El viaje de Ciriaco”, tras una mirada especial a su alrededor. En cierta ocasión mientras repostaba en una gasolinera, coincidió con el conductor de un coche fúnebre. Después de una conversación entre ambos, algo se encendió en la mente de Julio, y lo que en principio fue una simple charla, dio pie al nacimiento de esta misteriosa y divertida historia, o “thriller con alma”, como otros lo han denominado. “El viaje de Ciriaco” pasaría a convertirse  en su primera novela. En su sinopsis reza, “Un pacto entre la vida y la muerte”, “No es un libro oscuro, aunque hable de la muerte, es una canto a la vida y a la luz”.

Julio R. Naranjo, actualmente es empresario. Pero en otro tiempo fue camarero,  jugador de rugby, vigilante de seguridad y repartidor de periódicos, a la vez que estudiaba Derecho. No me cabe duda que toda esta cantidad de experiencias nos seguirán dando muchas satisfacciones en el futuro, personajes que están esperando ver la luz, a través de las letras de este genial escritor.

El viernes 30 de noviembre, estaremos apoyando a Julio R. Naranjo en la entrega de Premios de la IX Edición Atlantis. La Isla de las Letras, que se celebrará en Forum de la FNAC de Callao, Madrid, sobre las 19H.

Te deseamos mucha suerte Julio, y que este sea el primero de muchos más éxitos en tu brillante e imparable carrera como escritor.

Desafiosliterarios.com

 

Julio, de pequeño soñabas con ser…

Creo que el primer recuerdo que guardo al respecto tiene que ver con La Guerra de las Galaxias; quería ser un Jedi y descubrir nuevos universos. Luego ya de mayor, aunque he renunciado a lo de la espada láser, muy a mi pesar, me sigue gustando eso de soñar nuevos mundos…

Dime un lugar del mundo donde te gustaría escaparte y encerrarte a escribir.

 En cualquier sitio donde me encuentre relajado. Pero si tuviera que elegir uno, diría que en Maine, en Estados Unidos. Ya he estado varias veces, y es un lugar especial para escribir una buena novela de terror. Espero hacerlo…. ¡Escribirla y que además sea buena!

¿Dónde encuentras la inspiración para comenzar a trabajar?

Me gusta mirar a mi alrededor. Si observas con detenimiento, creo que son tantas las cosas, personas, situaciones que nos rodean, que la vida en sí es un filón inagotable. Disfruto siendo permeable a ese entorno, me hace sentir vivo, despierto

¿Tienes algún truco para burlar el mal de la página en blanco?

Je, je. ¡No sé qué es eso! No, en serio, claro que me pasa. Pues hago lo mismo que en mi época de estudiante, cuando me atascaba y no había forma de enterarse de nada. Apago el ordenador y me voy. Ya vendrán mejores momentos, pienso, quizá para convencerme de que esa frustración que se siente sea solo pasajera. He aprendido a aceptarlo con cierta naturalidad, o al menos eso me repito…

¿Julio, qué te hace perder el sueño?

Trabajé durante años por las noches, y desde entonces duerno poco. Pero lo que me quita el sueño es que aquellos a quienes quiero lo estén pasando mal, y sentir que no puedes hacer gran cosa para arreglarlo. Se dice siempre que la risa es contagiosa, pero creo que el dolor o la tristeza, también lo son tanto o más.

¿Puede un muerto guiarte hasta los confines de tu propia vida?

Me alegro de que me haga esa pregunta… recuerdo haber leído hace tiempo, creo que en el Tratado del Vacío, que si no sabíamos nada de la vida, menos aún sobre la muerte. Sí creo que como verdad absoluta, la Muerte, con mayúsculas, nos hace plantearnos quiénes en realidad somos, nos lleva a revisar nuestras más profundas creencias. Porque si algo tiene es que a todos nos trata por igual, antes o después, Y eso es algo que Ciriaco descubre, muy a su pesar, cuando se ve embarcado en el viaje más importante de su vida

¿Quién es Ciriaco? preséntanos, por favor.

Ciriaco es un conductor de coches fúnebres que, nacido en Galicia, trabaja desde hace años en Madrid. Un día recibe de su jefe, el dueño de la funeraria, un personaje enigmático, un extraño encargo. Debe enterrar a un señor que, tras suicidarse, dejó unas instrucciones muy concretas. Quiere que sea Ciriaco quien le lleve hasta Galicia para sea enterrado allí donde nació, que es el mismo lugar en el que Ciriaco nació, Foz, un precioso pueblo de la costa lucense. Solo Ciriaco sabrá, tras leer un manuscrito del muerto, por qué es él el elegido, iniciando un viaje vertiginoso que pondrá a prueba todas sus creencias, comprobando que la línea que separa lo que es real y lo que pertenece al mundo de los muertos es mucho más difusa de lo que pensaba.

Las críticas hablan muy bien de tu obra, ¿cómo encajas el éxito? ¿crees que eso cambiará tu forma de escribir?

 Estoy tremendamente agradecido a todos los lectores que día tras día comparten conmigo este viaje; gracias a ellos puedo seguir escribiendo nuevas historias y tratar de sacar lo mejor que haya en mí. Este es el verdadero éxito y es una experiencia increíble; creo que tengo los pies en el suelo y además soy un recién llegado. La fama casi siempre llega sin merecerla y se pierde sin culpa. Pero el respeto de todos cuantos han decido hacerme un huequecito en sus corazones es lo que de verdad me motiva a diario, y solo espero no fallarles

¿Julio, estás preparado para los premios que te vienen encima?

Bueno, ¡sería maravilloso que esos premios llegaran! Yo no estoy tan seguro de que eso vaya a ocurrir…pero lo que sí siento es que no tengo ninguna clase de presión, me gusta escribir y creo que lo seguiré haciendo por mucho tiempo, y mientras haya alguien que me lea, me sentiré muy afortunado.

¿Qué consejo te hubiera gustado recibir en el mundo de la escritura pero nadie te dio aún?

Creo que los consejos son un arma de doble filo, hay que saber darlos, pero también recibirlos. Me encanta conocer las experiencias personales de quienes de un modo u otro escriben. Pero desde luego, cuando uno escribe, debe hacer todo lo posible para evitar que tú mismo te conviertas en tu peor enemigo; en mi caso, al menos, siento que crezco cuando busco en mi interior aquello que ni siquiera sabía que existía. Ese consejo fue el que me ayudó a entender la escritura como una permanente búsqueda y no como un verdadero suplicio. ¡Estoy convencido de que muchos más consejos como éste están por llegar!

¿Qué te hacer reír, qué te hace llorar?

 Tuve un jefe que me recordaba a menudo que la vida era una cosa tan seria que convenía reírse cuanto más, mejor. Para mí el sentido del humor, poder reírse con los amigos, con la familia, con los compañeros de trabajo, es vital. Tanto como reírse de uno mismo. Y algo parecido pienso en cuanto a llorar; mostrar que uno se siente feliz, alegre, es algo socialmente acertado, pero en cuanto a llorar, aún persiste una cierta idea de que te hace más débil. Además, se puede llorar de alegría también. Mi sentir es mi forma de vivir. Y trato de que sea todo lo intenso que pueda, que deba, ser.

¿Sigues jugando al Rugby?

¡No! Ahora solo me escapo a verlo cuando puedo, y no me pierdo el Seis Naciones, desde el sofá y con una cervecita. Al rugby le debo muchas cosas, me enseñó a levantarme una y otra vez después de caer y a esforzarme al máximo, a competir pero siempre respetando al adversario, algo que en mi vida profesional me ha marcado con la misma impronta. ¡A cambio solo me costó alguna fractura y bastantes puntos de sutura!

¿Cuál es el trabajo del que te sientes más orgulloso?

Pues suena un poco a frase hecha, pero espero que aún esté por llegar, este partido no ha hecho más que comenzar y me queda, espero, mucho por delante

Cuándo y dónde prefieres escribir, ¿de día, de noche, en un café, al aire libre?

Siempre digo que mi trabajo, que me apasiona, no se lleva del todo bien con mi pasión, que es la escritura. Así que saco tiempo de donde puedo; pero las noches me resultan especialmente atractivas.

¿Con qué escritor/a te gustaría quedarte atrapado en un ascensor.

¿Se puede cambiar lo del ascensor? ¡A mí lo de quedarme atrapado en él no me hace mucha gracia! Me encantaría poder charlar con Richard Ford, Edgar. A. Poe, Stephen King, con el que por cierto me senté en la línea roja del metro de Boston. No fui capaz de decir más que un simple hola. ¡Un hombre brillante!

Estás parado en un semáforo, ¿qué piensas mientras ?

Pues depende del momento…mi cabeza es un hervidero de ideas….en ocasiones en la lista de la compra, las reuniones que me quedan, si me queda tiempo para ir un ratito al gimnasio, y en otras una idea aparece y la grabo en el teléfono para que no se me olvide

¿Qué novela famosa te habría gustado escribir?

Me he criado entre libros, y desde muy pequeño en casa nuestra madre, nos inculcó el amor por la lectura. En cada uno de ellos una nueva puerta se abría para vivir mundos, aventuras, pasiones que escritas por otro, eran en ese momento solo para ti. Mi admiración no ha decrecido, al revés, por eso creo que cada libro es único e irrepetible, y su autor también.

¿Cuál es el secreto que nunca has contado a nadie pero me vas a contar a mi?

Como decía mi abuela, ¡a ti te lo voy a contar! Bueno va, uno solo te cuento. Durante un tiempo, y mientras jugaba al rugby, fui profesor de una escuela de modelos. En aquella época lo de que un hombre se depilara no estaba tan bien visto como ahora. Y ahí lo dejo

Un olor, un sabor, un color

Un olor, el de mis dos hijos cuando siendo bebés, les daba un bañito y me sonreían.

Un sabor, el manantial de su dulce boca…

Un color, el azul del Mediterráneo.

¿Escribes con alguna música en especial, o prefieres hacerlo en silencio?

Casi siempre con música, me relaja. Cada artículo que escribo, cada poema que termino, y con cada libro en el que trabajo, siempre hay una canción que, como si fuera su segunda piel, no olvido.

Tienes algún objeto fetiche o talismán en tu mesa de escribir

¡Sí! Mi mesa es una especie de caos repleto de libros, cuadernos y objetos que he ido adquiriendo en mis viajes.

¿Sigues algún ritual antes de ponerte a escribir ?

 Ropa cómoda, buena música y mi querido Eolo junto a mí.

¿Qué personaje de novela te gustaría haber conocido en persona y llevártelo a cenar?

 Sin dudarlo un segundo, a Ignatius Reilly, de “La Conjura de los necios”

Julio, háblanos de tu siguiente proyecto.

 Estoy terminando mi primer poemario, y ando enfrascado en mi segunda novela, que espero tener terminada y lista para su publicación en el primer semestre del año que viene. Ojalá tenga la misma acogida que “El Viaje de Ciriaco”. Creo que vamos a pasar un poquito de miedo.

Quisiera agradeceros la oportunidad de poder compartir con todos vosotros este maravilloso espacio. ¡Mil gracias!

 

Gracias a  ti, Julio, por tu amabilidad y tu simpatía. Brindaremos contigo todos los éxitos que están por venir.

 

 

 

 

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ENTREVISTA a Roque Larraquy

ENTREVISTA a Roque Larraquy

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Hoy en desafiosliterarios.com, entrevistamos en exclusiva a Roque Larraquy, finalista en el National Book Awards, uno de los premios literarios de mayor prestigio de los Estados Unidos.

No es un autor muy conocido todavía en España, aunque ya empieza a hacerse presente. Roque es un hombre de aspecto al mismo tiempo juvenil y maduro que escribe con gran personalidad tiñendo sus textos de un cierto humor serio, y que  añade a su literatura fuentes no literarias. Desde aquí lo recomendamos, lo hemos leído con placer, y qeremos terminar de leer sus novelas, que aciertan a ensayar una manera nueva de hablar. Siento que va a abrir zonas dormidas del  cerebro con sus textos llenos de formas inesperadas. Es muy interesante por distintos motivos, pero no vamos a explicarlo nosotros, pudiendo hacerlo él mismo.

 

¿Quién es Roque Larraquy?

Bueno, comencé estudiando letras en la universidad de Buenos aires. Al mismo tiempo inicié una carrera como guionista de Cine y Televisión. Es lo que me permitió, junto con la docencia universitaria, pagar mis cuentas durante un par de décadas. Pero terminó revelándose como una tarea con un resultado frustrante, muy distinto a lo pensado originalmente y eso, para un obsesivo, no es el camino a la felicidad. Abandoné el mundo del guion. En realidad, desde siempre mi proyecto personal fue la escritura literaria. Escribo desde muy pequeño. Durante mucho tiempo di clases en Buenos Aires, de guion de Cine y Televisión y desde el 2016 soy el director de la primera carrera de grado de escritura artística que hay en Argentina, es la licenciatura en “Artes de la escritura”, en la universidad de las artes.

Tengo dos libros publicados, LA COMEMADRE en 2010, e INFORME SOBRE ECTOPLASMA ANIMAL en 2014, y ahora estoy escribiendo mi tercera novela

¿Cómo se llega a ser finalista de un premio tan prestigioso como el National Book Awards?

La novela se publicó casi en 2011. Los primeros años se deslizó en el campo literario de Buenos Aires. Luego fue traducida al francés por una editorial de París, y más tarde, reeditada por la editorial Turner para España y otros países en Latinoamérica. Eso le dio una mayor vida al texto. Este año fue traducida al inglés de forma impecable por Heather Cleary. Trabajamos mucho esa traducción. Y a partir de ahí apreció la oportunidad de este premio. Para mí es muy extraño, ya que se trata de una novela que había escrito ocho años atrás. Pero apareció esta edición, la enviaron en consideración del premio, y salió.

¿Cómo crees que te puede afectar el hecho de estar nominado o incluso ganar el premio? ¿Crees que esto va a cambiar tu manera de escribir? ¿No te sientes presionado para dar un determinado nivel?

Espero que no. Por supuesto, cualquier escritor tiene esa presión de saber qué va a pasar en tu siguiente texto, y más si generó de modo gradual una cierta expectativa de futuro. Estoy tratando de que no me altere. Yo tengo una cierta conciencia sobre lo que escribo, y mi trabajo no es necesariamente masivo. Me amparo en esa idea para poder escribir exactamente lo que quiero.

¿Cómo ha surgido la novela LA COMEMADRE?

Tardé siete años en escribirla. Comenzó como una idea de estructura. La idea era escribir una novela en dos partes que se relacionaran entre si de un modo recíprocamente refractario, pero que al mismo tiempo ofrecieran una idea de continuidad. La segunda parte es la primera que escribí, y luego apareció en mis manos una revista muy prestigiosa, con una publicidad que prometía la cura del cáncer en una clínica suburbana, en 1907, y eso fue el disparador para crear la primera parte.

¿Cuál es el mensaje? ¿Qué es lo que estás explorando con esta novela?

Por un lado, me interesaba contraponer una cierta idea de la ciencia, pensada como la matriz principal del pensamiento decimonónico y positivista. Revisar ese momento histórico de gran entusiasmo por el progreso científico. Me interesaba sobre todo por la idea de fracaso que conllevaba la lógica positivista del progreso continuo y del fracaso que finalmente encontró. Ponerla en contraposición con el mundo del arte. Pero también, trabajar con mundos cerrados que me permitieran narrativamente poner en juego un sistema de relaciones de poder, atravesadas por la lógica institucional, por la institución científica, y las instituciones legitimadoras del arte. Me interesaba trabajar en esa línea, el modo en el cual un pensamiento que gobernó una época, la época del positivismo, desarrolló una curva que tuvo cierto apogeo y luego cayó. Me interesan las épicas del fracaso, en general. Me parecía que trabajarla desde el fracaso de las postulaciones científicas de hace cien años atrás, y sus búsquedas relacionadas también con un cierto remanente de pensamiento mágico que había en la época.

Intuyo por lo que me dices, qué estás un poco en la línea de muchos otros que piensan que el pesimismo y la derrota es más literario que el triunfo y el optimismo.

No necesariamente. Es un tema que me interesa en particular, no lo postulo como la única posibilidad de lo narrativo, si bien es cierto que desde el fracaso existe la posibilidad de crear un conflicto narrativo acaso más nítido que el triunfo. Por su puesto que tan bien desde el triunfo que se pueden contar cosas muy interesantes.

Mi segunda novela también sigue por esa línea, en realidad algo que sí que me interesaba mucho, tanto para una novela como para otra, era trabajar con materiales que no provienen de la literatura, llevados hacia la literatura. Todo lo que tiene que ver con los discursos científicos, las pseudociencias, que entre fin del siglo XIX y principios del siglo XX, pasaron de un estatus de posible ciencia legitimada como tal a pseudociencia, porque en la contienda hubo disciplinas que ganaron y otras que perdieron. Las que perdieron quedaron del lado del pensamiento mágico de la pseudociencia y cuando uno aborda por ejemplo textos sobre frenología, medicina galvánica, espiritismo y todas estas pseudociencias se encuentran con textos que están buscando muy desesperadamente una legitimación y en esa desesperación, cristalizan momentos de alta literatura. Me interesaba recuperar esos momentos que provenían de discursos frustrados y llevarlos hacia la literatura.

¿Qué tipo de lector crees que es el apropiado para tus novelas?

No tengo idea. Las dos novelas tratan de ser textos con una cierta fluidez narrativa que puede vincularse con la idea de entretenimiento, un cierto sentido del humor que aligera ciertos temas y algunas recurrencias. Que sean lectura ágil, que provoque algún tipo de remanente una vez finalizadas, pero no mucho más. Me interesa que el texto se encuentre con los lectores más variados.

Roque, ¿qué lecturas te han influido más?

Me interesa algunos autores de las vanguardias latinoamericanas, como lector chileno Juan Emar, Macedonio Fernández, o Juan Filloy, son escritores de las primeras vanguardias, por supuesto hay ciertas áreas que me son inevitables, como Borges, y fuera del español me interesa mucho Swift, Rabelais, Marcel Schwob, Vidas Imaginarias, es un texto que me marcó muchísimo.

¿Cómo fue eso de querer ser escritor en tu familia?

Mi padre psiquiatra, mi madre pianista, aunque trabajaba en un hospital público como administrativa. Siempre hubo en casa, por mi padre, una relación con la ciencia, y en particular con la psiquiatría. Era una disciplina que lo apasionaba. Viví en una casa que era el consultorio psiquiátrico de mi padre, dónde el desfile de pacientes y patologías se daban en continuidad con los espacios íntimos del hogar. Para mí fue una experiencia hermosa y extraña. Eso venia acompañado por la presencia musical de mi madre, y una biblioteca muy frondosa que fue el escenario de mi primera relación con la escritura. Mis padres siempre estimularon mi interés temprano por la escritura. A mi viejo le gustaba lo que escribía, a mi madre no, y en esa tensión también había algo interesante. El estímulo venia por negativo y por positivo. Me he preguntado por qué me interesa escribir. No he llegado a una respuesta muy iluminada. No puedo dejar de escribir, no puedo pensar sin escribr. Escribir ni siquiera me resulta un placer. No puedo pensarme sin la escritura. No creo en musas, ni en Dios, ni en nada que se le parezca, pero hubo algo que estuvo por fuera de mi decisión.

Me planteé vivir y trabajar en algo que tuviera que ver con la lectura o la escritura. En mi primera juventud me costó ciertas dificultades económicas, pero yo sabía que tenía que contar con un cierto tiempo,  que no podía estar alterado por un trabajo con exigencias alienantes, por lo que traté de preservar mi relación con la escritura a través de la elección de trabajos que siempre fueran afines con ella. Trabajé como guionista, como docente de español para extranjeros, dando talleres y finalmente orienté mi lado profesional hacia la docencia académica.

Me comentas que tu padre era psiquiatra, tú crees que ¿hay que estar un poco loco para escribir?

No, no creo. Eso probablemente es una fórmula la cual suscribiría un escritor en un marco más decimonónico de pensamiento, en la idea en que el escritor tiene que estar en conexión con la escritura, o con un cierto desarreglo de los sentidos, escribir desde un margen. Yo creo sinceramente que casi cualquier persona podría escribir, porque escribir también tiene que ver con un oficio, y con una persistencia de trabajo, y no necesariamente con una condición del ser o con una peculiaridad de la personalidad. Para mí hay algo que tiene que ver con la persistencia, y algo que tiene más que ver con una cierta capacidad crítica sobre lo que uno escribe, que nada tiene que ver con estar loco.

Hay gente que se pregunta si todo escritor es una persona acosada por dos problemas, uno sería la vanidad y otro sería la soledad.

No lo creo, es una mirada estereotipada de lo que debería ser un escritor. La soledad por supuesto viene un poco de la mano de la tarea de escribir, si bien muchos escritores son capaces de escribir en medio del bullicio como es mi caso. Hay algo de la ceremonia de la soledad que favorece la escritura. Lo cual no quiere decir que un escritor deba ser un tipo solitario, neurótico, y autocelebratorio en sus propias taras.

Cuéntame cómo escribes, ¿eres metódico? ¿Eres una persona que se deja llevar por una idea que tiene y que sufre ese síndrome “voy al dictado de lo que se me va ocurriendo, como si fuera la voz de otra persona”?

No, no soy ese perfil de escritor, me encantaría. Tengo primero una idea general de estructura, de lo que voy a escribir, unos ciertos objetivos generales, un conjunto de temas y posicionamientos frente a esos temas, y sobre eso paulatinamente, de un modo gradual casi como una sedimentación, va apareciendo un mundo narrativo y unos personajes. Escribo en desorden.

¿Qué es lo que menos te gusta del mundo del escritor?

Es cierto que en los últimos años los escritores, están desarrollando estrategias sobre todo a través de las redes sociales, de presentación, divulgación de lo que escriben, y muchas veces lo que si me resulta irritante es que esa divulgación es del sujeto escritor   y no tanto de la obra. La idea del escritor que se presenta a sí mismo como objeto de consumo, eso me interesa poco y me genera cierta incomodidad, vergüenza ajena, y trato en la medida de lo posible de no ir en esa línea.

¿Qué hay de ti en lo que escribes, y qué tratas ocultar de ti en lo escribes?

Nada, no creo ser interesante como tema, Incluso los narradores en los textos que escribo están deliberadamente como un negativo de lo que sería una voz más propia. No creo que se desvele ni que se vele nada de mi en mis textos.

¿Cuál es tu proyecto más inmediato?

Estoy escribiendo una tercera novela. Espero poder terminarla a final de este año, tiene una continuidad temática con las dos anteriores. También estoy trabajando con el territorio de las ciencias en el siglo XX y coqueteando un poco con la ciencia ficción latinoamericana.

¿Cómo te ves en diez años?

No tengo la más remota idea, yo no dejaría de lado de que vivo en Argentina y que es imposible planificar algo de más de tres meses.

Alguna anécdota que se te ocurra con tus comienzos como escritor

Con la publicación de mi primera novela, La comemadre, la escritura me permitió conocer a un conjunto de personas y una cierta escena de la literatura que se me reveló muy distinta a aquella escena de la que yo provenía. Fue una apertura que me ofreció la literatura, poder conocer gente abierta, sensible. La literatura fue una felicidad en el sentido de poder incorporar afectos nuevos a la vida.

¿Le dices algo a nuestros escritores?

Creo que hay que enamorarse y odiar la tarea, y mantener ese compromiso en el tiempo. Cuando uno se identifica con la tarea del escritor también se tiene que pensar como un colectivo de escritores. Esto es algo complejo de pensar para los escritores porque quizás cada uno está en su torrecita de marfil o de cartón pintado. Hay un momento en el cual uno tiene que abandonar ese espacio solipsista, pensarse como parte de un colectivo que trabaja desde la palabra, y espero que en un futuro, los escritores pueden pensarse como un colectivo. Y también puedan pensar en su producción como un medio de vida y no como un placer que se dan mientras trabajan en otra cosa.

Gracias Roque.

 

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Entrevista a Myrian González Britos

Entrevista a Myrian González Britos

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Myrian González es una mujer soñadora, una adulta con alma de niña, un torbellino de ideas a las que le falta tiempo para escribir todas. Ávida lectora es una creadora de mundos fantásticos en los que tiene mucho que ver el clima en el que vive, la fría Alemania, que desde que está esta paraguaya se ha calentado un poquito, sobre todo con sus novelas de agentes vikingos, o vikingos agentes, tanto monta, monta tanto.

Nacida en Hernandarias, alto Paraná, Paraguay se mudó a Alemania por amor, su gran historia bien puede ser la base de sus novelas, es graduada en derecho y escribanía en la Universidad del Norte de Ciudad del Este, desde que contrajo matrimonio en 2013 vive en Wuppertal, Alemania.

Desde niña sintió pasión por los libros y desde muy joven se ha dedicado a deleitarnos con sus escritos, hasta el momento tiene siete novelas publicadas y trabajando en más de un proyecto.

Sus novelas publicadas  hasta el momento, El disfraz de una mentira (secretos del alma), El disfraz de una mentira II (entre el amor y el odio). Un príncipe a  mis 30, Un príncipe a mis 35, Dos almas y un secreto, Dudas del alma, No me olvides

 

Defínete si te atreves, Myriam

Me definiría con una sola palabra: soñadora. Esta palabra resume con exactitud lo que soy desde niña. A pesar de las circunstancias, de las decepciones y las pruebas impuestas por una rara enfermedad que padezco, continuo siendo la misma, una gran soñadora.

¿Te documentas en la lectura, en viajes, escuchando historias de la vida real o simplemente recoges los datos que te dicta tu fértil imaginación?

Uso todo lo que puedo, historias reales, locuras vividas, aventuras no cumplidas y todo aquello que llegue a mi vida. Real o ficticia, difícil definirla con exactitud. ¡Todo sirve! Incluso esta entrevista… jajaja.

 

¿Piensas que escribir requiere un mínimo de locura?

En mi caso es más que necesario, sin la locura no podría vivir ni escribir.     La vida es demasiado compleja como para ser cuerdos todo el tiempo, ¿no lo crees?

¿Te preocupa lo que pensarán tus seres queridos de las historias       rocambolescas que puedes parir en tus momentos de locura creativa?

Mi lectora número uno es mi madre y ella, incluso me da consejos muy buenos. Si a ella le gusta, el resto es resto.

 

No me mientas, sé que te enamoras perdidamente de algún que otro personaje y le haces sufrir porque no te hace caso y sigue la trama en que lo has metido.

 Marcello Hoffmann, el protagonista de «El disfraz de una mentira», cuando lo cree pensé en mi marido, en el héroe de mi historia. Su alma está en este personaje y, por ello, me tiene rendida a sus pies, lo confieso.

 

¿Qué es exactamente lo que te hizo querer comunicarte escribiendo?

Cierta vez, me pidieron que escribiera un relato en el colegio, aquel día, descubrí que la escritura sería mi salvación, no pasaba por una buena etapa en aquel entonces, la mejor terapia para mi alma fue vivir otros mundos.

 

¿Eres metódica o te dejas llevar a la hora de escribir?

 No, la verdad no. Ni siquiera escribo una sola novela a la vez, sino   varias al mismo tiempo. Vivo mil aventuras sin seguir ninguna regla. ¡Soy una escritora indomable!

 

¿Tienes algún tabú o algo sobre lo que jamás escribirías?

Ahora que lo pienso, creo que no tengo un tema tabú definido, creo que la historia viene a uno. Lo que hoy no me gusta, quizá mañana cambie de opinión. Soy bastante maleable al respecto.

 

¿Cómo conociste desafíosliterarios.com y qué es lo que te hizo querer   formar parte?

 Conocí a una gran persona de ese grupo, Teresa Mateo Arenas, a través de ella conocí el grupo y supe que quería formar parte, aunque no muy activa aún. Es la magia que tienen estos grupos de escritura, conocer gente maravillosa que puede cambiarte la vida.

 

¿Qué es lo que menos te gusta del mundo del escritor?

La competitividad que genera entre los escritores, antes de meterme en este mundo, creía que todos éramos amigos por naturaleza, pero estaba equivocaba, infelizmente.

 

¿Sigues algún ritual antes de ponerte a escribir?

 Preparo mi mate y pongo alguna canción, el resto viene solo. A veces, muy raras veces, me como un bombón para endulzar la inspiración, jajaja

 

¿Crees que todo escritor es un enfermo de vanidad, o de soledad?

No se debe generalizar, estamos de todos en este mundillo. Pero si eligiera, siempre elegiría al más humilde, los vanidosos no me conquistan.

 

¿Te pertenecen todas las frases que has escrito o sientes que has copiado un poco alguna vez?

Creo que todo ya fue dicho en esta vida, solo cambiamos de palabras o emociones. Dependerá del momento en que uses ciertas frases para que tenga el efecto que desees. Con respecto a copiar, lo bueno siempre es bueno «recordar» no copiar. ¿No te parece?

 

¿Qué tratas de esconder de ti mientras escribes?

La frustración de la vida real, las penas y las decepciones. Mientras escribo voy suturando las heridas que fueron dejando las personas a lo largo de la vida. La escritura es magia, es poder ser o hacer lo que en la vida no puedes.

 

¿Cuáles son tu proyecto más inmediato?

Actualmente estoy escribiendo tres novelas a la vez: La última parte de «El disfraz de una mentira» “El secreto de la felicidad”, «Siempre te extrañaré» y «Dulce destino». Tres novelas aptas y necesarias para el corazón. Esto me lo dijo mi mamá cierta vez. Me pareció tan hermoso y por ello comparto con vosotros.

 

¿Cómo te ves dentro de diez años?

Escribiendo…

 

PD: Millones de gracias por esta oportunidad, me ha encantado.

Una entrevista de Teresa Mateo Arenas

 

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Entrevista a Salvador Navarro

Entrevista a Salvador Navarro

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Salvador Navarro  o ” El Hombre que ya no soy”… he aquí, la cuestión.

Escritor y contador de historias, como su propio Blog indica. Finalista del XIX Premio de Novela Luis Berenguer con “No te supe perder”, novela llevada al cine que se presenta en los próximos días en el Festival Internacional de Kosovo, Ferfilm. Se trata de una producción andaluza, dirigida por Manuel Benito de Valle. Un trabajo que ha contado con la colaboración de numerosos amigos y seguidores de Salvador. Porque, él es de ese tipo de personas queridas, que valora y cuida la amistad y el amor, en alto grado.

El estilo de Salvador Navarro tiene sello propio. Los mundos que recrea en sus obras no pertenecen a lo irreal ni lo fantástico, son mundos para  poner los pies en el suelo. Se trata de  universos cotidianos que te invitan necesariamente a la reflexión.

El minucioso trabajo que lleva a cabo Salvador con sus novelas, no pasa desapercibido, a lo largo de su obra se trasluce ese buen hacer. Es un verdadero alquimista de personajes. Sorprende la facilidad con que nos hace entender su naturaleza, encontrar el orden y el sentido de sus vidas. El conjunto de su obra alcanza una iluminación perfecta, el modo en que controla los tiempos, la trama, el ritmo. Sus personajes pasan a ser arcanos mayores sobre el papel, consiguiendo así, que cada uno de ellos brille por derecho propio.

Sus obras publicadas hasta el momento son: El hombre que ya no soy (2017) Huyendo de mi (2015) No te supe perder(2010) Andrea no está loca (2008) Rosa.0 (2004) Eres lo único que tengo, niña (2003)

Actualmente, acaba de comenzar su novela número nueve, y lo hace con la ilusión intacta del soñador que se esfuerza por culminar sus proyectos.

Gracias, Salvador.

 

Podríamos empezar esta conversación hablando de ti, Salvador, contando a los lectores quién es el autor de EL HOMBRE QUE YA NO SOY.

Soy un vividor, en el amplio sentido de la palabra. Ávido por conocer, disfrutar y compartir. Sevillano del 67, de familia numerosa de clase media, felizmente emparejado desde hace quince años, estudié una ingeniería porque tuve la suerte de nacer inteligente y disciplinado. Gracias a mis estudios, y a la confianza que depositó en mí Renault hace 25 años, llevo una vida económicamente estable que me permite no tener argumentos para quejarme de nada en lo que a mí respecta. Más que escritor me gusta definirme como contador de historias. Lector incansable desde pequeño, disfruto la literatura como receptor tanto como analista; de las historias en sí y de las disecciones a las que las someto para tratar de encontrar la clave de la emoción en la novela. Entiendo la creación literaria como evasión y pongo en el centro de mis esfuerzos al lector. Si no llego a él, no soy nada.

¿Recuerdas cómo fueron tus comienzos como escritor? ¿Qué te hizo sentir la necesidad de escribir? ¿Podrías compartir con nosotros alguna anécdota relacionada con esa época?

Hay dos momentos fundamentales, el primero ocurrió en octavo de EGB. Nos pidieron escribir un relato para un concurso provincial patrocinado por Coca-Cola. Yo me lancé por una historia de terror… y gané. Fui pasando sucesivas etapas hasta quedar eliminado, pero se me abrió una puerta luminosa. El segundo lo relaciono con unos campeonatos de España de remo en Bañolas (Girona), con 15 o 16 años. En el equipo éramos muchos y yo el más esmirriado de todos. Hubo un momento en que el entrenador, ‘Anchoa’, que imponía mucho por su tono de voz y sus dimensiones físicas, me interrumpió en una conversación para decir delante de todos mis compañeros: ‘¡Pero qué facilidad tienes para contar historias y embobar a los demás!’.

Ya en el colegio, a pesar de decantarme por Ciencias, fui el único de este grupo que mantuvo la Literatura hasta COU, lo que obligaba al claustro a hacer encaje de bolillos para facilitarme ese derecho. Con 18 años murió mi madre y ése fue el pistoletazo de salida para comenzar a escribir como necesidad. Necesitaba comprender el mundo y no veía mejor forma que hacerlo delante de un papel.

¿Notas tu evolución como escritor, desde tus comienzos hasta llegar a este intrigante thriller que es EL HOMBRE QUE YA NO SOY? Y tus lectores y seguidores ¿crees que captan esa progresión?

Siempre que presento una novela la considero como la mejor, porque soy consciente de que mi capacidad de aprendizaje, de trabajo y de lectura me hace cada día un escritor más interesante.

El mejor piropo que me pueden echar mis lectores de siempre, los que me apoyaron cuando apenas yo comenzaba a escribir, es que ya se olvidan de mí al leerme. Que no me ven tras las historias, que he conseguido transcender a las novelas que construyo para darles vida propia sin que yo aparezca por ningún lado. Es síntoma de madurez.

Soy muy exigente conmigo mismo y acepto bien las críticas, algo fundamental para poder crecer, porque la novela perfecta no existe. Eso sí, creo en mí, se distinguir, calibrar, extraer de esos retornos de lectores, blogueros o críticos literarios todo aquello que me hace evolucionar en positivo. Tengo un camino trazado y no me puedo mover al son de cada reseña publicada.

Tus personajes están perfectamente dibujados. En apariencia todos ellos gozan de vidas normales, o no. Pero cuando pasan por el tamiz de tu imaginación adquieren infinidad de matices brillantes, de fuerza y pasión. ¿Qué tan complicado te resulta la creación del perfil de cada uno de ellos?

Es la parte de la creación que más me gusta, una suerte de divinidad que nos arrogamos los escritores para dar vida. Es tan complicado como apasionante. Cómo se expresan, qué manías tienen, por qué llegaron a ser lo que son, cuánto de vanidad o generosidad hay en sus comportamientos. Es un ejercicio sanísimo de exploración del alma humana, al que ayuda el estar despierto y en comunicación real con la sociedad. Vas tomando retales de aquí y de allá, reacciones que te marcan, escenas de película, broncas en el trabajo, confesiones amorosas, decepciones con los amigos. Tomas los ingredientes que necesitas, los bates y te van saliendo, si consigues la receta precisa, personajes perfectamente humanos, creíbles y autónomos, incluso independientes de ti como creador. Son muchas las veces en que ellos responden de una forma inesperada ante determinadas situaciones. Esos momentos mágicos en que yo me quedo de piedra al observar sus reacciones.

¿Cuál es el método o el proceso de trabajo de Salvador Navarro?¿Alguna manía o hábito al escribir?

Soy muy friki. Tomo la escritura como un juego. Al tener un trabajo muy acaparador y estresante como ingeniero, no podría vivir mi tiempo de escritor como una condena. Tengo que acudir a ese mundo de la creación para divertirme, aunque sea escribiendo historias crudas.

Es básico mi corcho. Simplemente el comprar las cartulinas, su olor, las chinchetas, recortar los símbolos que simbolizan los golpes de efecto, las tiras que representan las escalas de tiempo, las localizaciones, los colores de los personajes. Debo tener un dibujo físico y tangible de la historia, de forma que cuando la inspiración se bloquea la simple contemplación de mis esquemas me ayuda a encontrar salidas. Paso más tiempo estructurando que escribiendo. Más tiempo pensando que frente al ordenador. Cuando tengo las escenas claras soy muy rápido redactando.

Llama la atención tu soltura a la hora de manejar los diálogos, el modo en que juegas con la inquietud del lector por avanzar en la trama. La adicción que se consigue con tus capítulos cortos, los giros y la tensión presente a lo largo de toda la novela. EL HOMBRE QUE YA NO SOY se lee de un tirón. ¿Te sientes responsable del insomnio de todos tus lectores?

Gracias de antemano por las apreciaciones, me hacen muy feliz.

Sí, aunque he defendido que ‘El hombre que ya no soy’ es una novela para dormilones, porque los capítulos son cortos y te permiten leer un poco cada noche (soy lector noctámbulo) sin perder el hilo cuando la retomas, es cierto que busco con cierta maldad mantener la tensión. Es clave para mí la diversión del lector. Se lee, fundamentalmente, para escapar a otros mundos, para empatizar con otras vidas. No concibo la lectura como una penitencia en la que estemos cada dos por tres mirando cuánto le queda al libro. Es necesario enganchar, ponerte en la piel de quien se ha gastado un dinero en tu obra y va a ‘perder’ un tiempo determinado en entregarse a aquello que le quieres contar. Debo respetar a esa persona, me debo a ella. No es cuestión de hacer preciosismo para reivindicar lo bien que uno se maneja con la oratoria, sino hacer pasar al lector un rato lo más rico posible, darle su papel como intérprete, plantearle cuestiones que le afecten, sean éticas, vitales, eróticas… o incluso ponerles frente a situaciones que nunca se le plantearán en la vida que le hagan preguntarse, ¿qué haría yo?

¿Cuándo decides que una novela está lista para publicar?

Como buen ingeniero, trabajo con plazos. Como buen jugador, me pongo normas. No soy nada anárquico, lo que no quita que mis novelas a veces me lleven por territorios inesperados. Necesito ponerme metas, un número de palabras, una fecha de terminación. En vez de constreñir al relato, ayudan a crearlo, porque marcan un perímetro en el que no te puedes desparramar, ni divagar. Cuanto más definido esté el terreno de juego, más efectivo eres. En caso contrario una persona como yo, tan disciplinado y constante, me difuminaría. Sé que hay escritores que son todo lo contrario y son auténticos genios. Pero yo sé que no soy un genio, conozco mis limitaciones y por eso me establezco reglas para sacar lo mejor de mí.

Los escritores en ocasiones acuden a sus recuerdos para crear personajes y situaciones. ¿Que hay de Salvador Navarro en sus novelas? Es todo fruto de tu gran imaginación? o existen vivencias propias camufladas tras la máscara de tus personajes?

Para ser un buen escritor es fundamental, en mi opinión, ser un gran observador. No podemos interpretar todo en función de nuestras vísceras o las experiencias acumuladas, es importante ser empático, ponerse en la piel de los demás, saber escuchar y mirar con ojos inquietos el mundo. Como decía antes, no todo tiene que pasar a nuestro alrededor. Una inspiración puede ser una escena de una película de cine. Ayer noche, por ejemplo, vi una que me impactó en ‘Network’, un clásico de los años 70 con William Holden y Faye Dunaway. Esa escena va a salir de alguna manera en algunas de mis novelas. Hay veces que me releo y compruebo que he integrado momentos de libros de Patricia Highsmith… aunque sólo sea yo quien pueda descifrar esos códigos.

¿Cuál fue el primer libro que te impactó y por qué? ¿Qué tipo de lecturas prefieres?

Tengo memoria de pez. Mezclo libros y recuerdos. He leído desde tan pequeño que no alcanzo a ver cuál sería esa primera historia sorprendente. Me impactó mucho en la adolescencia el ‘Momo’ de Michel Ende, o los libros de Delibes en el bachillerato. He sido muy de los clásicos franceses. Flauvert, Zola, Maupassant o de los rusos comandados por Dostoievski. Si hay una novela que me impactó fue ‘La montaña mágica’ de Thomas Mann. Carmen Martín Gaite es otra autora de cabecera, o Muñoz Molina, o Rosa Montero, o Millás… Hasta que sucumbí a la literatura norteamericana de finales del XX. La propia Highsmith, Irving, Auster, Roth… ¿Qué lectura prefiero? La buena, la que hace pensar y te consigue llevar al éxtasis en algún momento. Esos momentos en que tienes que cerrar el libro, tirarte en el sofá y decir… ¡qué maravilla!

¿Te preocupa lo que pensarán tus seres queridos de las historias rocambolescas que puedes parir en tus momentos de locura creativa?

Al principio, de joven, sí. Es un proceso normal. Entiendes que ellos querrán ver en cada personaje algo de ti y te preocupa que se puedan asustar por lo que cuentes. Afortunadamente cada vez me ven más como el escritor que soy, entienden que la ficción es eso, ficción, y se sienten realmente orgullosos de mí. Así lo siento.

¿Tienes algún truco para burlar el mal de la página en blanco?

Los juegos de los que hablaba. Entender el proceso creativo como un juego, con mil artimañas, es la mejor forma de no sentir la presión de la página en blanco. Cuando llega un momento de incertidumbre o no sabes calibrar la importancia de tomar un sendero o el otro, vienen bien las cartulinas, las chinchetas y el corcho para comenzar a fantasear.

¿Crees en el amor y la amistad como única tabla de salvación del alma humana?

Leí de Severo Ochoa una frase contundente. ‘Me voy de aquí sin saber dónde he estado’. Es cierto, la vida es absurda en sentido estricto. No nos preguntaron para plantarnos aquí y estamos condenados a muerte sin remedio. Para sortear ese surrealismo en el que estamos insertos no hay nada mejor que fomentar un punto de locura y entender que enlazar con los demás es una forma muy inteligente de buscarle sentido a tu existencia. Cuando no encuentras respuestas a muchos interrogantes existe un método infalible: el amor. Amar en sentido amplio. Pensar en el otro. Querer.

¿Qué va a encontrar el lector que aún no te conoce, en tu obra en general y en tu última novela EL HOMBRE QUE YA NO SOY, en particular?

Encontrará novelas muy trabajadas, con el ser humano en el centro y un ritmo pensado para entretener. Narran conflictos universales aderezados con toques de novela negra. Son historias que requieren de la colaboración del lector, de quien busco su complicidad. No me gustan los lectores perezosos.

Me gustaría que nos confesaras algo, de todas las novelas que has escrito, cual es tu favorita y porqué.

La que aún no tengo publicada. Estoy tan inmerso en ella, la estoy disfrutando tanto que no tengo dudas de que me dará muchas alegrías. Se trata de una trama compleja en la que nada es lo que parece y en cuya base se encuentra, precisamente, el amor más desprendido. La última, siempre la mejor.

¿Qué es lo más frustante de tu trabajo? y ¿lo más gratificante?

Lo más frustrante es, sobre todo en los inicios, encontrar a alguien que confíe en ti. Yo conseguí dar el salto a partir de un premio literario del que quedé finalista. Todos pensamos que nuestra escritura es especial, que nuestras historias merecen ser publicadas, somos impacientes, egocéntricos… Lo más gratificante es el mensaje de un lector anónimo para contarte cómo ha vivido tu libro en sus manos.

¿Cómo afecta a tu obra la admiración que sientes por Auster o Murakami?

Auster es un autor de referencia para mí, por cómo consigue tejer una narrativa personalísima de personajes con un fondo profundamente inocente frente a una realidad salvaje e imprevisible. De Murakami admiro su atmósfera mágica, por mucho que a veces no termine de jugar limpio y cierre las novelas de formas poco ortodoxas. A él se lo permito todo.

Por favor, Salvador… Quisiera que nos cuentes cómo ha sido toda esa aventura de llevar al cine tu novela NO TE SUPE PERDER, me parece apasionante ver tu trabajo en la gran pantalla.

Ha sido, ¡está siendo!, toda una aventura. Hace ¡7 años! que empezamos a concebirla y hace apenas unos meses que tenemos el producto acabado. Cada fase ha sido alucinante. Me he sentido como un elefante en una cacharrería, pero siempre hemos salido adelante. Adaptar el guión, encontrar financiación, realizar el casting, buscar localizaciones, convencer a inversores (mil gracias a todos los que han contribuido), realizar el doblaje, montarla… Ahora toca empezar a moverla por festivales de cine, pero me siento muy orgulloso del producto final.

¿Qué tipo de música escuchas mientras trabajas? ¿Cuántas horas dedicas diariamente a la escritura?

Soy ecléctico a nivel musical. Cuando requiero la máxima concentración tengo de fondo bandas sonoras de películas como ‘In the mood for love’ o ‘Animales salvajes’. También me ayuda a concentrarme la música clásica. Mahler o Rachmaninof… Cuando estoy en momento ‘corcho’ busco una música más desenfadada. De mi época parisina, estuve tres años trabajando allí, me traje una buena pléyade de cantantes pop a los que sigo siendo muy fiel. La reina es, sin duda, Zazie.

A la escritura le dedico las horas que puedo, sin agobios. A mi favor tengo la constancia, pero no me martirizo. En el momento que sienta la creación literaria como una obligación empezaré a cogerle tirria. Y no quiero.

¿Te has sorprendido alguna vez al releer lo escrito de tiempo atrás, llegando a preguntarte incluso, cómo es posible que haya salido de ti?

¡Sí! Claro que sí. Y es muy sano. No hay por qué enrojecer. Ahora me veo desde otra perspectiva. ¡He aprendido tanto en estos años! No reniego para nada de lo escrito hasta ahora porque todo era parte de un proyecto personal que no hace sino avanzar.

Como viajero incansable, dime un lugar del mundo al que te gustaría escaparte y encerrarte a escribir.

Si es para encerrarme a escribir elegiría un sitio lluvioso y triste, porque en caso contrario estaría todo el día en la calle. Por ejemplo la isla de ‘El escritor’, la película de Polanski.

Soy muy callejero. Cuando viajo… viajo. Es el momento para empaparse de vivencias, conocer gentes, disfrutar de la gastronomía, de los paisajes, de cómo camina el personal, de cómo se habla, de cómo se apoyan en la barra del bar.

Este verano me voy a Japón, y no veo el momento de coger el avión.

Háblanos de tu siguiente proyecto. ¿Con qué nos vas a sorprender en esta ocasión?

Vaya, algo he avanzado antes. Se trata de una narración metaliteraria con dos líneas principales. Una, en primera persona, del narrador, un joven muy apuesto, un bala perdida, redactor de una revista de ultraizquierda, que se ve envuelto sin buscarlo en una aventura al límite, y la narra en directo, y otra línea argumental, en tercera persona, donde ese mismo tipo escribe acerca de aquello que está en el origen de lo que le está ocurriendo conforme lo va comprendiendo, al entender que tiene fuerza literaria como para justificar una novela. ¿Y qué es lo que le está sucediendo? Pues que una mujer madura con quien ha comenzado una historia de una gran carga sexual le ofrece cinco mil euros mensuales por hacerse amigo, sin prisas ni plazos, de un empresario treintañero, con la única condición de que no pregunte por qué.

Analiza los límites éticos que todos, antes o después, sobrepasamos, la fuerza de la atracción sexual bruta o el mundo de la creación literaria. Y como sustento de todo esto, el amor sin condiciones.

Gracias por la lectura, no olvides dejarle tu comentario a Salvador, para un escritor siempre es importante conocer la opinión del público.

 

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Entrevista a SERGIO DEL MOLINO

Entrevista a SERGIO DEL MOLINO

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Recibo un mensaje, —Brossa, tenemos entrevista de Sergio del Molino. Levanté las cejas. Lo merecíamos… ¿Lo merecíamos? Entonces eso debía de ser o un premio o un castigo. ¿Por haber sido buenos o por haber sido malos?

Marley empieza a pasarme información. Novelas de Sergio, entrevistas en televisión, artículos suyos de su columna en un importante periódico, y su entrevista. Sin darme cuenta, me adentro en el mundo Del Molino.

El autor parece sesudo, y serio. Bastante interesante. Esta vez, somos un equipo de dos. Yo tengo que escribir la entradilla de la entrevista. Pero  empiezo a procrastinar. Y mi modo de procrastinar es ir mirando la documentación que Marley me ha pasado sobre Sergio del Molino. Y quedo cada vez más atrapado por dos ansias diferentes. La del reloj y la procrastinación. La postergación me presiona. La otra fuente de ansia es la de leer más y más sobre Sergio del Molino. Entonces descubro la palabra Zaragoza, que me da de lleno. A mí no me mata Madrid, en todo caso me mataría Zaragoza. Me asesina de vez en cuando. El título de su ensayo, La España vacía, que seguramente le inspira fácilmente vivir en Aragón, región despoblada con una urbe en la que están casi todos los aragoneses juntos, generalmente de cañas.

¡Cuántas veces me había dicho yo a mí mismo que Zaragoza se parecía más a muchas otras ciudades situadas a miles de kilómetros que a los pueblos que se encuentran a 20 Km.! Veo que tenía reflexiones parecidas, motivadas por el mismo entorno. Leo que se define como desclasado.

¡No sé cómo se atreve! ¡Si ese soy yo! Y ya el colmo: dice que es un vago (yo presumo de ser el presidente del Club Internacional de Procrastinadores, que queda como con más relumbrón) pero que no para de trabajar. Es como cuando digo que soy un bohemio que se reprime. Esto no puede ser. Y empecé a leer. Empecé a leer y allí ya, la acabamos de fastidiar.

Nos enfrentamos a un autor culto, inteligente, plagado de ideas, reflexiones y detalles en sus textos, cargados de digresiones, como a mí me gusta. Es un escritor de verdad. Me gusta mucho, la verdad. ¡Qué descubrimiento! Amigos, vale la pena que leáis la entrevista. Y que le leáis a él, todavía más. Yo estoy absorto. No es que seamos iguales, sino que, como ocurre siempre con los buenos escritores, nos identificamos rápidamente con lo que dice.

Lo siento Marley, no puedo hacer la introducción a su entrevista. He empezado tres libros suyos a la vez. Por ahora no puedo hacer nada más, porque, compréndelo, me quedan todavía algunas obras por leer de Sergio del Molino.

Por ejemplo… Malas influencias (Tropo Editores, 2009). Soldados en el jardín de la paz (Prames, 2009). El restaurante favorito de Nina Hagen (Anorak Ediciones, 2011). No habrá más enemigo (Tropo Editores, 2012). La hora violeta (Mondadori, 2013) recibida con grandes elogios de la crítica y una completa conexión con el público. Recibe ese mismo año el Premio “El Ojo Crítico” de Narrativa de RNE y el XXXV Premio Tigre Juan. Y coloca a su autor en la lista de los doce novelistas españoles menores de cuarenta años con más proyección, elaborada por El Cultural de El Mundo. Ha sido traducida a varios idiomas.

Lo que a nadie le importa (Random House, 2014), una novela de fuerte indagación autobiográfica. La España vacía (Editorial Turner, 2016) éxito rotundo de público y de crítica. Ensayo que revolucionó el panorama del género.Galardonado, entre otros, con el Premio del Gremio de Libreros de Madrid al mejor ensayo del año. Premio Cálamo al Libro del Año en reconocimiento al rigor y la calidad de ese “viaje histórico, biográfico y sentimental por un país deshabitado dentro de España”. Y reconocido como uno de los diez mejores libros de 2016 en España según Babelia. La mirada de los peces (Random House, 2017). Periodista y escritor, mantiene colaboraciones en diversos medios de comunicación, como El País, Onda Cero, La Ser, Mercurio o Eñe.

¡Última hora!

septiembre 2018

Su ensayo “Lugares fuera de sitio” ha sido galardonado con el PREMIO ESPASA 2018. ¡Enhorabuena!

—Defínete si te atreves. Esta pregunta tan original, nada tópica y típica de diván, parece incómoda. Pero tranquilo, en Desafíosliterarios.com no pretendemos incomodarte. Aunque sí que nos gustaría conocerte a grandes rasgos, desde tu propio punto de vista.

Soy un vago vocacional que no para de trabajar y corre el riesgo de olvidar su vocación e, incluso, de renunciar a ella. Un chico de barrio desclasado que sólo se siente cómodo en la soledad y lejos de cualquier grupo o forma de gregarismo. Incluso me cuesta reconocerme parte del colectivo de los escritores o de los periodistas. La única forma de identidad fuerte que conozco, la única a la que no le pongo reparos, es la paternidad. Mi hijo me define más que cualquier otro aspecto de mi vida.

—Sergio, tú has conocido el infierno a través del dolor, el peor de ellos, la pérdida de un hijo. Al escribir “La hora violeta” nos muestras una de las cartas de amor más bellas que puedan existir. Hermosa y terrible a la vez. ¿Crees en el poder terapéutico de la escritura? ¿escribir nos salva de la locura, o nos acerca a ella por la puerta grande?

En absoluto, creo que la escritura hace justamente lo contrario, intensifica el dolor. Es lógico: la introspección magnifica los sentimientos. Si alguien quiere sentir menos, lo aconsejable es que adopte una postura escapista y frívola. La escritura autobiográfica y solipsista sirve para sentir más, y eso era lo que yo buscaba. Escribí contra una sociedad que no deja espacio para el dolor, que castiga la expresión de la pena y que exige de todo el mundo una felicidad y una alegría casi histéricas. Ahora bien, si la escritura no sirve como cura para el dolor, la lectura, en cambio, sí es una forma de consuelo. Mucha gente ha encontrado comprensión y compañía en La hora violeta, algo que no fui capaz de prever cuando la escribí.

—¿Qué crees que hace que alguien sea descaradamente bueno, escribiendo?

El talento tiene algo inaprensible que ningún experto puede descomponer. Hay un reducto sobrenatural en la genialidad que ni el propio interesado puede explicar (él, menos que nadie, seguramente), pero se reconoce, y es importante no confundirlo con el ingenio o la gracia al expresarse. Hay personas que manejan muy bien el lenguaje y son muy divertidas y, sin embargo, nunca serán buenos escritores, nunca se acercarán a la literatura como arte. Hace falta un talento, que hay que reconocer, pero que no basta por sí solo. La escritura parece un arte asequible porque no hay que pasar media vida en un conservatorio ni requiere inversiones de capital, como el cine, pero su aprendizaje es tan sacrificado como cualquier otro arte, y se equivoca quien piensa que la excelencia en este oficio se alcanza con tres destellos de ingenio. Todos los escritores que admiro tienen en común una dedicación casi monacal al oficio. Yo me siento un poco monje, también.

—¿Te provoca vértigo el reconocimiento a tu obra?, ¿sientes la presión con cada trabajo de alcanzar al mismo nivel de éxito?

Mi temperamento es muy tranquilo y resisto muy bien el estrés, el positivo y el negativo. Me he curtido en la prensa, como redactor y reportero, y he tenido jefes más tiranos que el más chusquero de los sargentos. Si ellos no lograron destruirme, ya nada lo va a hacer, ni siquiera eso que llaman las expectativas creadas. Por otro lado, no tengo claro qué es el éxito: mi empeño es avanzar en mi obra, seguir trabajando en ella, agrandar mis obsesiones. Me preocupa llegar a la mayor cantidad de público, claro, pero con mi voz y mi escritura, no con una literatura plana y aséptica que no diga nada de mí ni me importe. Mi obra está adherida a mi vida: soy yo mismo en forma de libro, y nadie gusta a todo el mundo. Soy adulto, lo asumo, no voy a hacer esfuerzos por seducir a quien me detesta.

—Sergio, tú has dicho que, “el dolor te vuelve peor persona”, y ¿ mejor escritor?

Es irrelevante en términos literarios. Es un material que cada escritor decide cómo trabajar y cómo incluir en su obra. Eso sí, hay que saber que es un material muy delicado, explosivo, y que hay que manipularlo como un artificiero. Es fácil que te estalle en la cara. Por eso, cuando un escritor maneja con elegancia y trascendencia su dolor, sé que tiene un talento especial, pero el talento era anterior al dolor, no fue el dolor lo que le hizo escritor.

—¿Qué queda de aquel chico de instituto zaragozano? ¿Cómo ha evolucionado el adolescente, hasta llegar al escritor que eres hoy en día?

Queda poco o nada. Algunos reflejos pavlovianos, como el gusto por cierta música heavy, que no he conseguido quitarme, y una tosquedad en los modales que no he conseguido refinar. Pero no creo que aquel chico de barrio pueda reconocerse en mí. Es más, me detestaría. Me he convertido en todo aquello que odiaba. Un intelectual. Un burgués de mierda. Un señor que conduce un coche. Un aburrido que prefiere pasar la noche de sábado leyendo un ensayo sobre Maupassant que bebiendo whisky en los bares. La peste.

—Sergio, en “La mirada de los peces”, has conseguido que todos sintamos una profunda admiración por la figura de Antonio Aramayona. Su forma de entender la vida y la muerte, es una lección que nos libera de la carga que supone en ocasiones, vivir. Cuando se llega a una conclusión tan aplastante como esta:He procurado a lo largo de mi vida, que coincidieran lo que pienso, lo que quiero, lo que hago, y lo que debo. Así he querido vivir, y así quiero morir” (A.Aramayona) , se puede decir que uno ha alcanzado el éxito personal. ¿Podrías contarnos alguna anécdota simpática de Aramayona, como por ejemplo, aquello de que se inventó un concurso literario para poder darte un premio de cinco mil pesetas? u otra a tu elección.

No sé si todos los lectores estarán de acuerdo en que Antonio despierta admiración, porque el libro no es una hagiografía y creo que su humanidad tenía muchos recovecos, como la de todos. Y eso era lo que me interesaba contar, su rugosidad, su ambigüedad y sus contradicciones, porque eso es lo que me interesa de cualquier persona. Ahora bien, como dices, fue una persona decisiva en mi vocación literaria. Lo hacía con más gente, que creo que le deben el camino que siguieron en la vida. Era muy bueno detectando talentos y predisposiciones, y muy pesado alentándolas. En el libro cuento cómo convocó un concurso en la casa de juventud del barrio y fue muy pesado con que escribiera un cuento. El jurado era él y alguien más. Cuando me dio el sobre del premio, que eran cinco mil pesetas, vi que había un billete arrugado. Estoy convencido de que era suyo, que se gastó cinco mil pesetas en animarme. Hacía cosas así constantemente con muchos alumnos.

—¿Crear literatura es el resultado de algún problema afectivo o de un desbarajuste genético?

Creo que ni una cosa ni la otra. Aparte de una predisposición casi patológica (pero muy comprensible) a enamorarme de chicas con clarísimos desequilibrios mentales en mi juventud, y una timidez que superé hace muchos años, no tengo graves taras ni complejos. Y genéticamente, no puedo estar más alejado de la literatura: vengo de una familia pobre de emigrantes y buscavidas que han sobrevivido a su manera, ninguno fue a la universidad ni mostró la menor inclinación artística. Escribir es para mí una forma de estar en el mundo, la única en la que me encuentro cómodo.

—¿Sigues algún ritual antes de ponerte a escribir? ¿Cómo es una jornada de trabajo para un escritor como tú?

No tengo ningún ritual ni manía, pero soy muy profesional. Tengo que serlo, porque compagino la escritura con una actividad periodística intensa (tengo muchas colaboraciones) y una agenda dura de conferencias y viajes. Me levanto muy temprano, a eso de las cinco o las seis, y escribo hasta que tengo que levantar a mi hijo. Le preparo el desayuno, le llevo al cole, que está al lado de casa, y desayuno en el bar mientras reviso los correos. Luego subo a casa y sigo escribiendo hasta la una, hora en que preparo la comida. Hay días en que escribo muchas páginas y otros en que apenas saco un puñado de párrafos que valgan la pena, pero es la única forma de avanzar.

—Qué les dirías a los escritores que comienzan, cuando duden de su capacidad, de su talento. Cuando no crean en ellos mismos como escritores. Cuando se pregunten, si en verdad vale la pena seguir escribiendo.

Todos dudamos constantemente. Generalmente, son los necios y los mediocres quienes más convencidos están de su genialidad. Las dudas son sanas y ayudan a conocer los propios límites y a avanzar. Pero todo aquel que no se engañe a sí mismo y que tenga la humildad suficiente, sabe si tiene talento o no lo tiene. Eso se sabe. Se puede dudar de su alcance, capacidad y tamaño, pero no de su existencia. Creo que el mayor miedo que acecha a un letraherido es descubrir que no tiene talento. Bueno, hay que estar dispuesto a descubrirlo y a aceptarlo. En cuanto a lo de si vale la pena seguir escribiendo, es algo tan íntimo que no puedo dar un consejo banal o una arenga facilona. Cada cual sabrá si merece la pena, lo que ha de tener claro es que es una vida difícil, muy laboriosa, muy poco reconocida, en absoluto comprendida y que exige un sacrificio muy superior a cualquier recompensa, incluso cuando la recompensa parece grande.

Gracias Sergio, por tu amabilidad.

 

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Entrevista a Antonia J. Corrales, por desafiosliterarios

Entrevista a Antonia J. Corrales, por desafiosliterarios

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Antonia J. Corrales, administrativa y escritora madrileña. Antes de centrarse en la literatura, la autora trabajó en la administración y dirección de empresas, la gestión de revistas (corrección de artículos, tramitación de publicidad) o la contabilidad de administraciones públicas; columnista en periódicos locales, articulista en revistas culturales, entrevistadora en publicaciones científicas, jurado en certámenes literarios y coordinadora radiofónica. Ha sido galardonada con una veintena de premios en certámenes internacionales.  Por si todo esto fuera poco, su obra ha sido traducida al inglés, griego e italiano. Su éxito reside, aparte de en su vocación, persistencia y trabajo incansable, en crear historias cercanas, cotidianas en las que el lector pasa a formar parte por sentirse reflejado en algún momento.

Su primera novela llegó en 2005, Epitafio de un asesino, en la que misterio, suspense e historia se dan la mano para un escalofriante relato de asesinatos en serie con un secreto que se remonta a tiempos del monarca Felipe II. Tras esta, ha publicado La décima clave (2008), La levedad del ser (2012), , As de corazones (2013) o Mujeres de agua, continuación de su tercera novela En un rincón del alma (2012) con la que irrumpió en el mundo editorial con una gran fuerza. Fue todo un fenómeno de aceptación femenina a través de las reflexiones de la protagonista, tanto  que hay quien asegura que cambió su vida y le hizo reflexionar  sobre el sentido de la misma. Llegó a alcanzar los primeros puestos entre los libros más vendidos en España, unas 200.000 copias actualmente. Con él se abrió el camino para continuar con sus Mujeres de agua (2016), denominación que han adoptado sus fieles y leales lectoras.

Acaba de lanzar Una bruja sin escoba (2018), primera parte de una trilogía que promete ser un gran éxito, dada la aceptación que, nada más ver la luz, está teniendo. Mujer entrañable, cercana y sencilla que da a su público en el alma que vierte en su obra, tiene la gran suerte desde hace seis años de estar viviendo el sueño de muchos escritores, vivir de ello y dedicarle su tiempo y su profesionalidad en exclusiva al noble arte de crear historias. Con la amabilidad que la caracteriza, ha accedido a concedernos esta entrevista con la que nos acercaremos más  a ella y a su obra. Muchas gracias, Antonia, por hacer disfrutar a tus lectores también de esta manera.

 

¿Cuándo, cómo y por qué empezaste a escribir?

En 1989. Me puse directamente con una novela: En un rincón del alma que, curiosamente, no fue la primera que se publicó, sino la tercera. Siempre quise escribir, desde muy pequeña. Mi profesora de Lengua en la EGB, que era monja, me enseñó a amar la literatura. Ella y otra religiosa de la orden María Auxiliadora. Esta última era la madre superiora, solía decirme que debía estudiar periodismo porque era muy buena redactando crónicas y relatos. Pero mi familia era de clase obrera. Estudiar una carrera antes, como desgraciadamente está pasando ahora, era un sueño roto para muchos. Nunca las olvidaré. En mi obra La décima clave hay un personaje dedicado a ella: sor Laudelina. Ese era su nombre real, el mismo que utilizo en la novela. Y era como el personaje, inteligente, discreta, culta y de poca estatura. Incluso uno de los escenarios, un árbol con un hueco en su tronco que albergaba, como si fuese una hornacina, una virgen, existía en mi colegio y allí, solíamos ensayar los textos para los teatros en los que yo siempre tenía un papel. Creo que mi destino era escribir, escribir para que me leyesen y comencé a hacerlo cuando sentí que había llegado el momento.

¿Te documentas en la lectura, en viajes, escuchando historias de la vida real o simplemente recoges los datos que te dicta tu fértil imaginación?

De todo un poco. Los escritores estamos hechos de retazos de nuestras vidas y de las de los demás. Me gusta escuchar, ver, sentir y todo eso, cuando comienza a formar parte de mí pasa a formar parte de mis obras. Siempre digo que los escritores igual que los fotógrafos o los pintores hacemos instantáneas de la vida. También me documento, por supuesto.   

¿Piensas que los escritores están hechos de una pasta especial? ¿Nacen o se hacen?

No lo sé, creo que esa pregunta deben contestarla los lectores. Yo me veo igual que el resto de personas. El escritor, si hablamos en términos literales se puede hacer. Si profundizamos y nos vamos a otros planos, creo que nacen. Por ponerte un ejemplo en otro ámbito: Hay cientos o miles de personas que cantan bien e incluso muy bien, pero pocas que tengan ese duende que las distingue del resto y la mayoría no han dado ni tan siquiera clases de canto. No sé si lo he explicado bien. Espero que sí   

Muchos personajes cobran vida y deciden su propio camino ¿has establecido algún pulso alguna vez en ese sentido?

Muchos. Es tal la magia que a veces se crea en la historia que en muchas ocasiones he pensado que la historia que estoy escribiendo existe en algún lugar del mundo o del tiempo: en esta o en otra realidad 

¿Qué es exactamente lo que te hizo querer comunicarte escribiendo?

En realidad no quería comunicarme, sino comunicar. Sentía la necesidad de escribir, pero no solo para contar una historia, sino para hacer que los lectores sintieran con ella. Que se vieran reflejados en las escenas, en los sentimientos, en los deseos… de los personajes. Quería que mis novelas fueran un acicate para sus vidas. Sigo queriendo que así sea en todas ellas. Incluso en los textos cortos que cuelgo de vez en vez en las redes sociales intento darles esa magia tan necesaria para sobrevivir en una sociedad que parece haber perdido muchos valores. Es un privilegio que un lector te diga que tu texto parece escrito para él, que le ha cambiado la forma de ver la vida, que le ha hecho sonreír… Eso, ¡no tiene precio!   

¿Escribes todos los días? ¿Eres disciplinada en ese sentido?

Que va, soy muy impulsiva y anárquica.  Sólo llevo una regularidad cuando la trama ya está asentada. En ese momento escribo todos los días, incluso me paso en las horas que le dedico. 

¿Tienes algún tema tabú sobre el que jamás escribirías?

Sí, sobre los abusos a menores. ¡No puedo con ello! Soy incapaz hasta de leer obras que los incluyan. Es algo que me supera.

¿Qué es lo qué menos te gusta del mundo del escritor?

La piratería y la falta de apoyo que tenemos. Siempre que se habla de piratería se menciona la música, el cine y la literatura queda en un limbo. Y está haciendo mucho daño a la creación. Parece que nadie se da cuenta que de un libro vive hasta el transportista de la editorial. Y aún es más perjudicial para los autores independientes, que están solos con todo a sus espaldas. Somos los parias del mundo de la creación. Para un mísero euro con treinta céntimos que cobramos por ejemplar vendido, nos lo roban y, encima, las páginas que los piratean cobran por sus anuncios y cada bajada ilegal. Sí protestamos nos recriminan. Utilizan la típica y demagógica escusa de que la cultura debe ser gratuita. O sea que los escritores, para los piratas, no comemos, no pagamos luz, ni agua, ni los colegios de nuestros hijos, ni vamos al médico o al carísimo odontólogo… Por eso ellos viven de nuestras obras. No es irónico, es una vergüenza.     

¿Qué obstáculos encontraste en el mundo editorial cuando te decidiste a publicar?

Los que todo escritor que no tiene padrino, ni nombre, ni es un personaje público con una plataforma que le dé repercusión pública. Es difícil lograr que tu obra se lea. Ese es el primer paso, el más difícil y el más importante porque no eres nadie y las editoriales son un negocio. Es algo que no hay que olvidar. Es arduo conseguir que crean en tu obra y en ti.

De pequeña soñabas con ser…

Quería ser madre, luego escritora. Siempre tuve claro esas dos cosas.

¿Has buscado alguna vez un lugar ideal para escribir dejando volar tu imaginación? ¿Lo encontraste?

No. Escribo en el mismo lugar dónde empecé a hacerlo, solo que con otra mesa, una silla más adecuada y un ordenador que ya no se bloquea tanto como el antiquísimo que tenía entonces.

Seguro que empleas algún recurso para luchar contra el mal de la página en blanco, ¿lo desvelarías?

Sí, me levanto, cierro el ordenador y me pongo a ordenar los armarios, a cocinar…, cualquier cosa que sea trabajo físico. Cuando me he desintoxicado del atasco literario, vuelvo al teclado. Considero la página en blanco como un descuadre contable, cuanto más sumes o restes los números será peor. Debes abandonar un rato, relajarte, despejar la mente para encontrar el error. En este caso ese hilo que te conducirá a retomar la historia o a crear una nueva. No soy partidaria de forzar. La creación es arte y el arte no se puede imponer o encorsetar porque dejaría de serlo.   

¿Cuál es la obra de la que te sientes más orgullosa?

No tengo una preferida. Todas tienen su aquel, su magia, su intriga, sus personajes. En todas he puesto, o así lo creo, lo  mejor de mí.

¿Tienes una obra clásica preferida? ¿cuál es?

Sí, Cien años de soledad.

Anda, cuéntanos si tienes algún talismán a tu lado mientras escribes (guardaremos el secreto)

Pues aunque no lo creas no lo tengo. Mi talismán en la vida es un paraguas rojo, el paraguas rojo de Jimena, la protagonista de En un rincón del alma. El paraguas rojo de Mujeres de agua. El mismo que tienen mis lectoras, mis mujeres de agua.

¿Sigues algún ritual antes de ponerte a escribir?

No. Solo necesito tener todo organizado. Las horas que dedico a escribir tienen que estar exentas de obligaciones. Me siento, conecto la música, me pongo mis cascos y, como dice una de mis hijas: entro en Matrix, en una realidad paralela 

Como lectora insaciable, ¿te marcó algún personaje que ha perdurado en tu recuerdo?

Muchos: El principito, Melquiades, Juan Salvador gaviota, el pescador de El viejo y el mar…

¿Crees que escribir como profesión enriquece el mundo interior del autor?

Creo que la literatura, el cine, la música, la pintura, la fotografía, todas y cada una de las artes nos enriquecen. Pero, sobre todo, el mundo interior lo enriquece la empatía con los demás y escuchar, una costumbre que se está perdiendo. 

¿Has escrito poesía? Si es así, cuéntanos tu experiencia con respecto al proceso creativo.

Es un género al que tengo mucho respeto. No lo domino, pero sí, tengo varíos poemas. Mi experiencia es corta, tanto que no puedo contarte nada relevante sobre ello.

¿Qué opinas del momento literario actual?

Pues que está en pleno cambio. Es una pregunta para una ponencia ;) Creo que es bueno, sobre todo porque la auto publicación ha dado paso a muchos autores que antes no habrían llegado al público y se habrían perdido obras muy buenas. Estamos en pleno proceso de cambio. Para mí los cambios, la transformación, son necesarios aunque muchos se muestren recelosos y  tengan miedo.   

A nivel personal, ¿qué opina tu entorno de tu faceta de escritora?

Están encantados. Les gusta lo que hago y me apoyan incondicionalmente.  

Sin necesidad de que te desnudes, ¿hay algo de autobiógrafico en tus obras?

No.

¿A cuántos idiomas se ha traducido tu obra? ¿Cómo te sientes con respecto a esto?

Inglés, griego e italiano. Orgullosa, por supuesto.

Sabemos que tu proyecto actual es una trilogía. ¿Qué puedes contarnos sobre ella?

Así es. Historia de una bruja contemporánea. La primera parte : Una bruja sin escoba, se editó el 5 de junio y está recibiendo muy buena acogida por parte de los lectores y de la crítica. La segunda está ya en manos de la editorial y no creo que tarde mucho en ser editada. Es una historia diferente que mezcla la realidad mágica con la intriga y con la realidad cotidiana. Sus personajes son muy peculiares y humanos. Está ambientada en la actualidad, tanto que podría estar ocurriendo ahora mismo. La historia crece a medida que avanza. Lo hace tanto en la vida de los personajes como en el misterio que la envuelve. Sus personajes son tan humanos como mágicos. Son tan parecidos a todos nosotros y al tiempo tan peculiares que mis lectores están entusiasmados. Están ya pidiéndome la segunda entrega de la trilogía. No saben lo que les espera ;) porque la segunda entrega es infinitamente mejor que la primera y así será también en la tercera parte.  Es una historia tan mágica como real y muchos de sus escenarios después de leer la obra, ya no serán iguales para ellos. Doy fe de que así será.

¿Conoces desafiosliterarios.com? ¿qué opinas?

Es una página muy completa. Me gustan mucho los artículos, los textos, los talleres, los recursos para escritores y la información que dais. Por supuesto también las entrevistas. La maquetación me parece muy buena. Es algo muy importante en este medio y Desafíos Literarios lo cumple con creces. Creo que es una página de interés cultural y social tanto para escritores como para lectores. Para mí es un honor estar en ella, que me hayáis entrevistado. Muchísimas gracias!  

¡Gracias a ti sin duda, Antonia!

 

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