La abuela recordando

La abuela recordando

Clica para calificar esta entrada!
[Total: 1 Promedio: 5]

 

Hace días que veo a mi nieta venir a esta cabaña en medio del bosque, con su caperuza roja y con su mente errante, lo cual es totalmente nuevo en ella. Anda como si estuviese fuera de sí, con los ojos llenos de sorpresa y angustia. He tratado que me cuente qué le pasa, pero he recibido puras evasivas… pero hoy puede ser que sea el día.

Me recuerda a mí hace algunas décadas atrás. Esa sorpresa, angustia y hasta terror me asaltaron después de un suceso que siempre ha estado presente en mi vida. Un recuerdo que fue el nacimiento de algo hermoso, pero que antes de serlo pasó por momentos angustiantes e incertidumbres que en algunos momentos fueron realmente aplastantes.

Desde que tengo uso de razón he sido un alma inquieta y libre. Mi curiosidad hacía que, contraviniendo las órdenes de mis padres; me internará en el bosque a la búsqueda de bichos raros, el canto de los pájaros, el agua de los riachuelos, ver animales portentosos y oler flores silvestres.

Mi madre constantemente me decía que el bosque era peligroso, que había animales que se comían a la gente. “Hay lobos que pueden matarte y comerte”, me decía, pero de nada servían tales historias, yo a la menor oportunidad que se me presentaba, me enfundaba una chaqueta roja que tenía una capucha, regalo de mi padre, y me adentraba en el bosque.

Fue así que en el pueblo me pusieron el apodo de caperucita roja pues para aquel entonces yo era una niña. Fui creciendo y la chaqueta me fue quedando cada vez más pequeña. Como regalo de cumpleaños, pedí una chaqueta igual a la que tenía pero más grande. Sin embargo, mi padre me dijo que me olvidara de tal regalo: “Ya es hora de que vayas vistiéndote como una señorita, y te dejes de estar metiéndote en el bosque”, me dijo.

Yo, fui ahorrando mi mesada y empecé a trabajar como repartidora de cualquier clase de productos usando mi bicicleta. Poco a poco fui reuniendo el dinero necesario para comprar la chaqueta roja de mis sueños, que al final resultó ser una más económica pues la de mis sueños era muy costosa.

Aquel día, yo iba caminando por el bosque de regreso a mi casa. Veía como el sol iba buscando el horizonte para ocultarse y me apuraba para lograr salir del bosque antes del anochecer. Para acortar camino tenía que atravesar un riachuelo y hacia allí dirigí mis pasos. Sin embargo, llegando al riachuelo, vi a un chico desnudo que arrodillado a su orilla veía de manera muy concentrada su reflejo en el agua.

Yo me quedé petrificada. ¿Qué hacía ese muchacho desnudo en medio del bosque? Pensé que era la primera vez que veía a un hombre desnudo y sentí como la sangre subía hacia mis mejillas. También pensé en retirarme pero mi curiosidad pudo más. Me escondí entre el follaje en una posición en la cual veía al chico de espaldas y me preparé para ver lo que iba a hacer.

Él miraba su reflejo en el agua. Pensé que estaba viendo a Narciso a punto de arrojarse a las aguas y morir ahogado, cuando empecé a notar que la orejas de aquel chico se ponían peludas, puntiagudas y se empezaban a mover buscando una nueva ubicación en la cabeza. Vi como las piernas y los brazos de aquel chico se iban transformando en unas patas peludas. Su espalda fue transmutando a un lomo con un pelaje muy hermoso. La metamorfosis había sido extrema, sin embargo, el chico apenas parecía darse cuenta que era lobo, que sentado a la orilla del riachuelo miraba su reflejo en el agua.

Yo ahogué un grito y de manera inconsciente debí haber hecho algún ruido, porque aquel lobo giró su cabeza y me miró. Sentí como sus ojos entraban y hurgaban en mi interior. Nunca había sentido nada parecido y, presa de la sorpresa y del miedo salí corriendo a través del bosque.

Esa fue la primera vez que vi al amor de mi vida, el que sería el padre de mis hijos y abuelo de mis nietos. Pero eso ocurrió algunos años después.

–Abuela, ¿estás oyendo lo que te estoy contando?

–¡Claro que te estoy oyendo, Tania!

Y mientras la oigo, veo como sus orejas se van poniendo puntiagudas… peludas y se empiezan a mover buscando una nueva ubicación en su cabeza. Pronto sus piernas y brazos se transformaran en unas patas peludas. ¡Qué bello pelaje! Muy parecido al de su abuelo. ¡Ah, querida Tania serás la primera mujer lobo de esta familia! Lo malo es que tu ropa va a quedar totalmente destrozada. Pero yo iré buscando algo que te pueda servir para cuando te puedas ir a tu casa.

La modelo

La modelo

Clica para calificar esta entrada!
[Total: 0 Promedio: 0]

El cuerpo, debido sin duda al doble impulso provocado por la huida y el impacto del proyectil, había trazado una larga elipse desde el escalón alfombrado del vestíbulo hasta el límite de la vidriera destinada a los modelos cocktail, ahora rota.

Vistas desde el estacionamiento, a la distancia, por ejemplo, del policía de civil que había hecho el disparo, las dos siluetas femeninas relevan la memoria de un par de muchachas besándose, reposando una sobre la otra, bajo la luz irreal del neón, pero basta avanzar hasta la altura de la marquesina, donde aún el aviso de la boutique despide haces de luz entre el polvo y el humo de los gases, como ahora lo hace un camarógrafo extranjero, para corregir la imagen: desde abajo, es un maniquí desmembrado, con falda de lino negro y blusa gris, quien sonríe a una boa de plástico que se ovilla en el piso. Sobre él, los negros ojos ahora inmóviles, la muchacha desnuda a medias, a medias cubierta por el traje de encaje blanco, parece mirar de lado el objetivo de la cámara que se aproxima.

Detrás de la línea móvil que los hombres armados tienden hacia la entrada del Centro Comercial, el camino quebrado de cemento y barro trepa hacia el tanque de agua que remata el cerro: televisores, latas de leche, paquetes de harina precocida, radio cassettes, envoltorios de atún, teclados y disquetes abandonados en la estampida, amurallan los bordes y cortan el ascenso.

La multitud ha dejado de correr y ahora apedrea desde arriba.

La cámara abandona el cuerpo exánime de la chica, el seno descubierto por el vestido de encaje blanco a medio poner, y va hacia la batalla que prosigue. La secuencia, sin embargo, está tomada.

Es verdad que, por la censura, ni Perucho, ni Griselda ni ninguna de las muchachas del barrio la verán jamás modelando en televisión, como ella misma les había jurado que un día ocurriría; pero, en compensación, los satélites la promoverán en Manhattan, en Kings Road, en Vía Venetto, donde nadie le negaría la calidad de la audiencia… Lástima que con la carrera y los disparos no le hubiera alcanzado el tiempo para terminar de meter el brazo en la manga derecha.

Corazón ocupado

Corazón ocupado

Clica para calificar esta entrada!
[Total: 0 Promedio: 0]

Te desnudaste frente a la cama

y oigo tus palabras de amor y deseo

y por primera vez en mucho tiempo

el amor no fue furia melancólica

ni bestia agazapada

ni cuerpo acuchillado

ni botín ni mercancía

ahora el teléfono marca y suena ocupado

ocupado

ocupado

como tu corazón

¡Voy a mandar a todos los escritores a la porra!

No hay taxis disponibles

No hay taxis disponibles

Clica para calificar esta entrada!
[Total: 0 Promedio: 0]

Es terrible no saber adónde ir.

Vistes con las calles como un abrigo.

Ciertas casas son amigas, otras ya no pueden visitarse.

Viejos amores acechan en los portales;

tras las ventanas las mujeres envejecen.

Florece el desdén.

 

Has declinado muchas invitaciones,

dejado teléfonos sin contestar,

dicho -No- a los pocos que te necesitaban.

Abandonado en una isla de tu propia invención

has lanzado mensajes, deseos.

 

Que inútil es saber que adónde quieres ir

no es ningún lugar definido.

Los trenes no te llevarán allí,

los autobuses pasan de largo sin detenerse,

no hay taxis disponibles.

Misterio

Misterio

Clica para calificar esta entrada!
[Total: 0 Promedio: 0]

El misterio definitivo: un cuerpo

de mujer abierto al tacto,

a los sentidos fundidos

en un solo fulgor,

que aniquila la desesperación.

 

El tiempo viene a detenerse

en los bordes de tu piel.

 

La luz que retrocede

me arroja muy lejos

dentro de colina tras colina

de paz luminosa

 

Allí permaneciera.

 

La jubilosa blancura

es mía, nuestra.

 

Pero el misterio

persiste.

Lo hemos atravesado

sin tocar su centro

A %d blogueros les gusta esto: