MI SUEÑO ERÓTICO

MI SUEÑO ERÓTICO

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Desde hacía mucho tiempo, tanto ya que estaba perdiendo las esperanzas de que ocurriese, mi sueño era subir a un autobús y dependiendo si el trayecto era corto o largo, tener una relación amorosa con el conductor.

Aquel día me despertó la llamada de mi jefe, que me pedía encontrarme con él para solucionar antes de las vacaciones de Navidad unas cositas pendientes sobre precios y ofertas para primeros de año.

Estaba claro me dije, mientras entraba en la ducha, tengo que coger el trasporte más rápido si quiero volver en la noche. Busqué en Internet y todos los vuelos estaban llenos ¿Tren? No terminaba de gustarme, podía coger un coche de alquiler y como todo lo demás cargarlo a nombre de la empresa que para eso Jaime tenía un poderoso imperio y no me pedía nunca cuentas de nada. Estaba colado por mí, era obvio que lo había enamorado, pero yo no quería liarme con él, era como mi hermano, teníamos demasiada confianza. Hasta en alguna ocasión habíamos dormido juntos y nos habíamos bañado en su piscina en pelota picada.

La verdad que no tenía ningún desperdicio Jaimito, siempre que lo llamaba así se enojaba, pero no había duda de que estaba estupendo, Su hermosa tableta de chocolate, todo él depilado, su enorme…
Lo dejamos ahí mejor… Tengo que centrarme en que autobús me lleva al lugar donde me dio cita el jefe, otra de las cosas que no le gustaba, que lo llamase por lo que era, mi jefe y nada más. Sería por eso, era mi mejor amigo y la relación perfecta para el trabajo, no quería nada más, a pesar de que a veces lo miraba y gozaba haciéndolo.

Las ocasiones las pintan calvas, fui directa a la estación del bus, seguro que alguno va directo me dije, y si tiene que dar un gran rodeo mejor también me dije, me dará lugar a dar una cabezada y tener por seguro que soñaré algo erótico con el conductor, siempre era así. Llegaba siempre a mi destino, húmeda por completo.

-¿Algo de equipaje señorita?
Me di la vuelta imaginando ya al dueño de aquel vehículo que me hablaba.
-¡No, no, lo llevo conmigo!
No podía creerlo, era muy mayor, era como mi padre. Además, sin uniforme, pedazo de sueño erótico me iba a echar, pero en fin, ya habría otra ocasión.
Tenía ganas de llegar, arreglar los dichosos papeles y terminar. Los ojos se me empezaban a cerrar, me estaba durmiendo…

-Señorita ya ha llegado, se ha quedado dormida.
Bajé dando traspiés medio adormilada, al final había soñado y todo. Cuando digo todo es todo, pero encima había sido con Jaime, vestido de conductor de autobús, paraba y me seducía de la forma más bonita que puede una mujer esperar.

Hizo que guardase mis manos debajo de mí. Echando el asiento a su última posición, comenzó a despasar los botones de mi blusa con su boca. Mientras su aliento caliente iba haciendo que mi piel se erizase completamente.
Caminaba despacio mientras recordaba el sueño, notaba como mis muslos rozaban entre ellos suavemente. Estaban lubricados por el flujo que venía de mi interior.

Necesitaba una pareja, no podía estar siempre con esos sueños y tener que aliviarme yo. Y pensé que tener a mi jefe cerca no resultaría beneficioso. Esas reuniones a veces terminaban en fiesta y Jaime me espantaba siempre a mis posibles folla amigos.

Miré la nota que escribí en casa y crucé la estación de servicio, buscando con la mirada el número de la habitación del motel en el que habíamos quedado.
Fui a llamar y la puerta se abrió sola, escuche la voz de Jaime que me llamaba, diciéndome que entrase y cerrase, y así lo hice.

Aquel salón estaba a media luz, como en las citas de enamorados las velas presidían la mesa al lado del sofá. La música sonaba suave y melódica…

Cuando me di la vuelta y allí estaba… Jaime vestido con uniforme de conductor de autobús.

-Hola, mi bella pasajera… ¿Dónde quiere que te lleve o quieres irte sola?
No sería lo mejor después de que preparé todo para que ya nunca más te tengas que ir sola.

-¿No era este siempre tu sueño erótico?
-Venga ¿montas o te monto?

Deli

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LE PEDÍ QUE ME ABRAZASE

LE PEDÍ QUE ME ABRAZASE

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Ejercito mis dedos entumecidos por el frío. Estoy a un instante de recordar aquel momento en Venecia. Aquel lugar que puso cimientos a mi amor. Aquella experiencia que jamás olvidaré.
Por tal motivo lo escribo, no quiero olvidar, quisiera siempre recordar. Pero será difícil, mi enfermedad avanza y llegará ese fatídico día en el que mi masa gris enferma no me lo permita. Ahora que aún siento lo quiero volver a vivir. Dicen que quedan esos momentos en los que te has recreado y has sido feliz.
Y quiero que sea aquel en el que le pedí que me abrazase…

El panorama era magistral, no la vista, desde el motel al que me llevó Piero después de la fiesta, un joven italiano que no podía ser más alto. Toda aquella agua misteriosa que bebimos nos perjudicó y mucho. Despertamos sin saber ni quienes éramos, pero, eso sí, satisfechos y con amplias sonrisas. No había duda de que la cosa fue bien, pero sin recuerdos.
Decidiendo así volver a iniciar aquella tertulia amorosa que había concluido unas horas antes y al parecer con éxito. Comprobaríamos si tal y como iban reaccionando nuestros cuerpos a las caricias había concluido bien.

-No, por ahí no, le dije. No sé si anoche pudiste, le pregunté. Me levantó por la cintura y muy caballeroso me dio la vuelta y me dijo que él tampoco se acordaba, dejando aquel intento de sexo anal nulo.
Acto seguido sus dedos se enredaban en mi pelo, en la postura más tradicional me amaba. Su dorso aplastaba mis pechos, obligándome a respirar con fatiga, pues su peso me impedía hacerlo. Mis manos recorrían su espalda, anclándose en sus nalgas. Sin desear que me dejase de amar, clavaba mis uñas en sus glúteos.
No era mi intención, pero le hice daño, apartándose algo molesto. Pero lo que creí yo, pasó a un segundo plano…
¿Quieres guerra? Me decía sonriendo, e indicándome que optásemos por adoptar la postura del sesenta y nueve. Aquella me gustaba más y de hecho me gusta. Esa tampoco me gustaría que se me olvidase, la recordamos a menudo.
Fue una noche inolvidable, quiero que quede siempre en mi mente y que jamás se me olvide el momento aquel en el que por primera vez dejé de ser virgen por detrás.
Después de aquellos juegos que por su parte ya estaban premeditados, estaba completamente lubricada. Excitada al máximo, volvió a ponerme de rodillas, abarcando con sus manos, él entonces mis nalgas y despacio, muy despacio me penetró. Notando cómo para él la experiencia estaba siendo también grata, ya que su miembro cada vez estaba más duro.
Podía escuchar mis propios gemidos de dolor, convertidos por su delicadeza al moverse en suspiros placenteros. Mi piel sudaba y se estremecía a cada sacudida de su cuerpo sobre el mío…
La verdad que no lo olvidaré, han pasado ya varios años y quiero que quede grabado en mi cerebro aquel instante, sobre todo cuando al terminar quedamos tendidos en la cama y le pedí que me abrazase.

Así terminaba aquel relato que Piero leía a Irene. Cada día después de amarla en aquella postura que entonces ella permitió por amor. Él acataba ordenes y ahora después de su olvido, ella quería recordar y pedirle cada vez, al terminar, que la abrazase.

Deli

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LA TABLETA DE CHOCOLATE

LA TABLETA DE CHOCOLATE

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Aquella tarde María se reuniría conmigo, mi amiga era una joven encasillada en ese tipo de mujer romántica y sumisa, que tanta tinta hace correr en las novelas. Cansada de su papel se propuso un reto, aquella tarde la cita conmigo revelaría su verdadera identidad como mujer. Ese perfil que muchas escondemos por pudor y que por eso hay mucha gente que nos ve, extremadamente románticas o completamente atigradas, nunca en un término medio, en ese en el que todas estamos, pues no tengo duda de que, y personalmente lo sabemos, tenemos un poco de cada. María venía a merendar a mi casa, dijo que traería una tableta de chocolate, pero que antes de sacarla para degustarla junto a las galletas, me advirtió que me contaría una historia. La esperé impaciente, el afrodisíaco y sustituto del amor es algo que me fascina. Cuando le abrí la puerta me decepcioné, ya que no llevaba nada en las manos, pero entró en casa y comenzó a relatarme su historia como si no hubiese un mañana. Sus conquistas a espaldas del mundo habían sido varias, en todas ellas me describía al hombre que la había amado, como aquel que la excitaba con sus caricias, aquel macho que le presentaba su escultural cuerpo como un trofeo para que ella practicase en él su parte erótica y su desmedida lujuria. Pero aquel lado oculto de María, que no mostraba al resto del mundo y que nadie sabía que tenía, no aparecía. Entonces le pregunté si aquello era todo lo que me tenía que contar, me dijo que no, se levantó como si supiese lo que iba a ocurrir en aquel momento y entonces llamaron a la puerta, me pidió permiso para abrir, se lo concedí y fue rápida. De su mano entraba con ella un chico, de poca estatura para el metro ochenta que medía ella. Con una falta de pelo considerable, entradito en carnes, con unas lorzas que una buena dieta y ejercicio podrían hacer desaparecer, y evitar que saltase un ojo a María si uno de aquellos botones se desprendía de la camisa accidentalmente. Pero posiblemente no era aquel su primordial objetivo en la vida, no era ser un chico modelo, le bastaba con hacer feliz a la mujer que estuviese a su lado. Me quedé boquiabierta cuando comenzó a hablar, su melodiosa voz conquistó a María y ahora a mí, que como buenas románticas toda aquella palabrería nos embelesaba.
Me presentó al joven como Braulio, no se llamaba Adrián, Carlo, los nombres que antes me había citado, pero continuó entonces diciendo…
Es mi tableta de chocolate, Braulio es quien solo con pronunciar mi nombre hace que aparezca en mí la María romántica, me adula, me habla con cariño, él es quien me ha robado el corazón, quién me quiere y me trata con amor, pero luego… detuvo sus palabras, le miró y continuó diciendo… Luego en la cama es quien me convierte amándome fieramente, él provoca mi cuerpo para que mis garras de mujer felina le arañen, pidiéndole como una hembra en celo que me destroce por dentro y por fuera como solo él ha sabido hacer…
Fue entonces y solo entonces, cuando comprendí el significado de la frase…
“Las apariencias engañan”

Deli

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UNIÓN CARNAL

UNIÓN CARNAL

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No temas perturbar mi sueño, quiero gozar contigo, que las ansias me den miedo.
Pues tú eres el hombre que encaja en mi seno, el que arranca mis gritos, el que calma mi fuego.
Maestro en lo tuyo, sanador de mi ego, el que pinta colores en mi cuerpo, el que crea caricias abogando lo ingenuo.
Mantén despiertas mis carnes, que al verte desnudo sienta yo frío.
Derrama vida en mí, mientras babeo en tu espalda cansadas palabras.
Suerte la mía al despertar en tus manos, cuando tu lengua juzgó mi piel jugando. Sin importar su bagaje la saboreaste, haciendo que por placer suplicase e implorando que aquello nunca acabase.

Deli

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Extraño despertar

Extraño despertar

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Aquella escena que se avecinaba por los acontecimientos que estaban cercanos a suceder, era muy conocida en el mundo de las infidelidades. Uno de aquellos dos que se encontraban disfrutando de los placeres del sexo, se sobresaltaba al escuchar entrar la llave en la cerradura o al escuchar un simple “Estoy aquí”

El cuerpo del delito casi siempre resultaba estar desnudo, y el escondite preferido era aquel armario que dejaba de esconder a la otra parte cuando se salía de él o cuando la ocasión requería una excusa poco ortodoxa e incrédula para el engañado o engañada.

La historia que leeremos ahora no es una historia convencional al uso o por lo menos a mí no me lo parece, no tendremos el típico armario, pero es posible que salgan de él. Igual la infidelidad es sufrida por dos motivos y no por el mero hecho de acostarse o liarse con el mejor amigo del marido o la mejor amiga de la mujer.

Será cuestión de comenzar a escribir y dejar para otro momento los convencionalismos y las normalizadas relaciones que existen en los relatos eróticos. Nos sumergiremos en un total control del orgasmo controlado, del éxtasis producido por el morbo, por explicar cómo puede ser la infidelidad a dos bandas.

Nos situamos: Marga ha ido a visitar a su madre que está delicada, Sergio aprovecha para ver una de esas películas que no da tiempo a verlas terminar. En cualquier caso las retomas después de unos juegos manuales que aprendiste hace años y que sustituyen al sexo cuando alguien, o algo, te calentó.

La causalidad se aproxima, sí, no me equivoqué, no hay casualidad sin causa, de ahí mi juego de palabras.
Llaman a la puerta y Sergio vuelve a quedarse a las “puertas” de un goce que no termina de llegar.

Es la vecina del ático, esa joven que lo mismo tiene pareja, como que por la noche se pasea a tirar la basura provocando a quien la contempla con sus transparencias veraniegas, esas que dejan ver sus pechos duros y bien formados.
Viene pidiendo guerra, se nota a la legua, pero te pide sal, sabe que Marga no está, vi cómo la saludó al salir de casa esta tarde.
No es la primera vez que se me insinúa, pero en otras ocasiones iba con mi mujer y no había tanto peligro, hoy estoy solo y qué hago, la dejo entrar, será mejor, los vecinos nos pueden oír y sería peor.

Estuvimos conversando, al final saqué dulce de membrillo traído del pueblo, imaginé que terminaría comiendo salado al final de la noche. Y así fue, efectivamente, Marí quería plan, no se cortaba, a los pocos minutos de sentarse en el sofá sus piernas se cruzaban insinuantes mostrándome la falta de ropa interior. Me puso cardíaco, no atinaba a poner la copa que me había pedido, mi pulso se aceleraba y ya se me notaba bastante, temía que en aquel momento fuese a llegar Marga, pero no, menos mal que mi suegra la pobre empeoró y dijo que tardaría.
Al sentirme un poco más confiado me relajé y entonces comenzaron las risas, los roces, los besos y al final terminamos en la cama. Marí era tan distinta a Marga que preferí que no me contase nada y descubrirlo por mí mismo.

La desnudé, la cubrí de caricias, investigué cada centímetro de su cuerpo, no sabía si aquella ocasión podría volver a suceder, quise disfrutar y disfruté de ella al máximo, pero, eso sí, antes terminamos con la botella de “Chivas” recién empezada, o sea que el colocón fue de primera y se supone que la dormida monumental, ya que al despertar…

Fue un despertar bastante extraño el que tuve, amigos, estaba solo, desnudo, pero sin apariencia de haber consumado. Como Marí me había dejado allí tirado y aún borracho, que no le gustaron mis quehaceres sexuales, no sabía que pensar y me levanté. Todo me daba vueltas y me senté al borde de la cama. El espejo me estaba delatando, mi cara estaba verde y por segundos palidecía, la sensación era de fatiga y de decepción, cómo no me había dado cuenta, no escuché la cerradura, ni su voz había resonado en mis oídos, pero Marga había vuelto.

Y allí estaban las dos, las vi por el espejo, sus cuerpos se unían de un modo espectacular, sus movimientos eran armoniosos y su silencio… Su pasional mudez en aquel momento provocó la mayor de las erecciones que había tenido y creo que tendré, haciendo en aquellos instantes, que mi problema de eyaculación precoz volviese para siempre.

Deli

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