SIMPLEMENTE AMOR

SIMPLEMENTE AMOR

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Mi amor, escucho decir…
Comienzan entonces mis gemidos y crecen cuando él me provoca acercándose a mi cuerpo. Su voz y su caliente aliento enloquecen mis sentidos.
Es ahora cuando el amor desborda mi desenfreno y lo transforma en una sinfonía de lamentos sensuales. Sus armoniosos dedos aciertan sin dudar, tocan allí, en el lugar exacto donde mi deseo crece.
No pienso, no razono, lo cubro entonces con mi cuerpo, lo someto a ser presa de mi cacería placentera, él solo pide amor, pero yo lo castigo.
Persigo como intrépida amazona el triunfo en la erótica pelea, ser la ganadora en el sentir me hace gozar. El privilegio del vencedor es para mí en la batalla sensual, alcanzar sin pudor la meta. Un primer orgasmo, causa y efecto del abandono decoroso de mi desvergüenza.
Así habiendo desbocado al macho que come ahora de mi mano, y que sumiso entonces ante el querer que le impongo, me amara así toda noche, obligándome a arder en mi propio fuego.

©Deli

MÁSCARA DE COLORES

MÁSCARA DE COLORES

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En aquellos días se iban a cumplimentar los últimos arreglos a los trajes que lucirían en los carnavales. La fiesta por excelencia del encanto y lo prohibido. Blancos como la nieve que no inmaculados, puesto que los cuerpos que cubrían gozarían y habían gozado ya muchas veces del jolgorio y la alegría que la fiesta propone cada año.
Las hechuras se acoplan a su piel, dejando ver y adivinar cada curva y protuberancia que se podía encontrar en sus cuerpos casi desnudos. Acostumbrados a llevar el resto del año un traje con etiqueta, aquellos días la libertad era su bandera y vestían pues ahora de la moda de la emancipación. Una vez calzados aquellos vestidos en los que la pluma era el más abundante adorno, la comparsa salió a la calle.
Jugando a la ironía y escondidos en los disfraces, el grupo de hombres y mujeres empresarios se pusieron ese último detalle que ocultaba para la intolerancia su verdadera identidad. La máscara o antifaz de colores que entonces sí que definía su propio orgullo.

Adelina GN

SIMPLEMENTE AMOR

MI SUEÑO ERÓTICO

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Desde hacía mucho tiempo, tanto ya que estaba perdiendo las esperanzas de que ocurriese, mi sueño era subir a un autobús y dependiendo si el trayecto era corto o largo, tener una relación amorosa con el conductor.

Aquel día me despertó la llamada de mi jefe, que me pedía encontrarme con él para solucionar antes de las vacaciones de Navidad unas cositas pendientes sobre precios y ofertas para primeros de año.

Estaba claro me dije, mientras entraba en la ducha, tengo que coger el trasporte más rápido si quiero volver en la noche. Busqué en Internet y todos los vuelos estaban llenos ¿Tren? No terminaba de gustarme, podía coger un coche de alquiler y como todo lo demás cargarlo a nombre de la empresa que para eso Jaime tenía un poderoso imperio y no me pedía nunca cuentas de nada. Estaba colado por mí, era obvio que lo había enamorado, pero yo no quería liarme con él, era como mi hermano, teníamos demasiada confianza. Hasta en alguna ocasión habíamos dormido juntos y nos habíamos bañado en su piscina en pelota picada.

La verdad que no tenía ningún desperdicio Jaimito, siempre que lo llamaba así se enojaba, pero no había duda de que estaba estupendo, Su hermosa tableta de chocolate, todo él depilado, su enorme…
Lo dejamos ahí mejor… Tengo que centrarme en que autobús me lleva al lugar donde me dio cita el jefe, otra de las cosas que no le gustaba, que lo llamase por lo que era, mi jefe y nada más. Sería por eso, era mi mejor amigo y la relación perfecta para el trabajo, no quería nada más, a pesar de que a veces lo miraba y gozaba haciéndolo.

Las ocasiones las pintan calvas, fui directa a la estación del bus, seguro que alguno va directo me dije, y si tiene que dar un gran rodeo mejor también me dije, me dará lugar a dar una cabezada y tener por seguro que soñaré algo erótico con el conductor, siempre era así. Llegaba siempre a mi destino, húmeda por completo.

-¿Algo de equipaje señorita?
Me di la vuelta imaginando ya al dueño de aquel vehículo que me hablaba.
-¡No, no, lo llevo conmigo!
No podía creerlo, era muy mayor, era como mi padre. Además, sin uniforme, pedazo de sueño erótico me iba a echar, pero en fin, ya habría otra ocasión.
Tenía ganas de llegar, arreglar los dichosos papeles y terminar. Los ojos se me empezaban a cerrar, me estaba durmiendo…

-Señorita ya ha llegado, se ha quedado dormida.
Bajé dando traspiés medio adormilada, al final había soñado y todo. Cuando digo todo es todo, pero encima había sido con Jaime, vestido de conductor de autobús, paraba y me seducía de la forma más bonita que puede una mujer esperar.

Hizo que guardase mis manos debajo de mí. Echando el asiento a su última posición, comenzó a despasar los botones de mi blusa con su boca. Mientras su aliento caliente iba haciendo que mi piel se erizase completamente.
Caminaba despacio mientras recordaba el sueño, notaba como mis muslos rozaban entre ellos suavemente. Estaban lubricados por el flujo que venía de mi interior.

Necesitaba una pareja, no podía estar siempre con esos sueños y tener que aliviarme yo. Y pensé que tener a mi jefe cerca no resultaría beneficioso. Esas reuniones a veces terminaban en fiesta y Jaime me espantaba siempre a mis posibles folla amigos.

Miré la nota que escribí en casa y crucé la estación de servicio, buscando con la mirada el número de la habitación del motel en el que habíamos quedado.
Fui a llamar y la puerta se abrió sola, escuche la voz de Jaime que me llamaba, diciéndome que entrase y cerrase, y así lo hice.

Aquel salón estaba a media luz, como en las citas de enamorados las velas presidían la mesa al lado del sofá. La música sonaba suave y melódica…

Cuando me di la vuelta y allí estaba… Jaime vestido con uniforme de conductor de autobús.

-Hola, mi bella pasajera… ¿Dónde quiere que te lleve o quieres irte sola?
No sería lo mejor después de que preparé todo para que ya nunca más te tengas que ir sola.

-¿No era este siempre tu sueño erótico?
-Venga ¿montas o te monto?

Deli

SIMPLEMENTE AMOR

LE PEDÍ QUE ME ABRAZASE

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Ejercito mis dedos entumecidos por el frío. Estoy a un instante de recordar aquel momento en Venecia. Aquel lugar que puso cimientos a mi amor. Aquella experiencia que jamás olvidaré.
Por tal motivo lo escribo, no quiero olvidar, quisiera siempre recordar. Pero será difícil, mi enfermedad avanza y llegará ese fatídico día en el que mi masa gris enferma no me lo permita. Ahora que aún siento lo quiero volver a vivir. Dicen que quedan esos momentos en los que te has recreado y has sido feliz.
Y quiero que sea aquel en el que le pedí que me abrazase…

El panorama era magistral, no la vista, desde el motel al que me llevó Piero después de la fiesta, un joven italiano que no podía ser más alto. Toda aquella agua misteriosa que bebimos nos perjudicó y mucho. Despertamos sin saber ni quienes éramos, pero, eso sí, satisfechos y con amplias sonrisas. No había duda de que la cosa fue bien, pero sin recuerdos.
Decidiendo así volver a iniciar aquella tertulia amorosa que había concluido unas horas antes y al parecer con éxito. Comprobaríamos si tal y como iban reaccionando nuestros cuerpos a las caricias había concluido bien.

-No, por ahí no, le dije. No sé si anoche pudiste, le pregunté. Me levantó por la cintura y muy caballeroso me dio la vuelta y me dijo que él tampoco se acordaba, dejando aquel intento de sexo anal nulo.
Acto seguido sus dedos se enredaban en mi pelo, en la postura más tradicional me amaba. Su dorso aplastaba mis pechos, obligándome a respirar con fatiga, pues su peso me impedía hacerlo. Mis manos recorrían su espalda, anclándose en sus nalgas. Sin desear que me dejase de amar, clavaba mis uñas en sus glúteos.
No era mi intención, pero le hice daño, apartándose algo molesto. Pero lo que creí yo, pasó a un segundo plano…
¿Quieres guerra? Me decía sonriendo, e indicándome que optásemos por adoptar la postura del sesenta y nueve. Aquella me gustaba más y de hecho me gusta. Esa tampoco me gustaría que se me olvidase, la recordamos a menudo.
Fue una noche inolvidable, quiero que quede siempre en mi mente y que jamás se me olvide el momento aquel en el que por primera vez dejé de ser virgen por detrás.
Después de aquellos juegos que por su parte ya estaban premeditados, estaba completamente lubricada. Excitada al máximo, volvió a ponerme de rodillas, abarcando con sus manos, él entonces mis nalgas y despacio, muy despacio me penetró. Notando cómo para él la experiencia estaba siendo también grata, ya que su miembro cada vez estaba más duro.
Podía escuchar mis propios gemidos de dolor, convertidos por su delicadeza al moverse en suspiros placenteros. Mi piel sudaba y se estremecía a cada sacudida de su cuerpo sobre el mío…
La verdad que no lo olvidaré, han pasado ya varios años y quiero que quede grabado en mi cerebro aquel instante, sobre todo cuando al terminar quedamos tendidos en la cama y le pedí que me abrazase.

Así terminaba aquel relato que Piero leía a Irene. Cada día después de amarla en aquella postura que entonces ella permitió por amor. Él acataba ordenes y ahora después de su olvido, ella quería recordar y pedirle cada vez, al terminar, que la abrazase.

Deli

LA TABLETA DE CHOCOLATE

LA TABLETA DE CHOCOLATE

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Aquella tarde María se reuniría conmigo, mi amiga era una joven encasillada en ese tipo de mujer romántica y sumisa, que tanta tinta hace correr en las novelas. Cansada de su papel se propuso un reto, aquella tarde la cita conmigo revelaría su verdadera identidad como mujer. Ese perfil que muchas escondemos por pudor y que por eso hay mucha gente que nos ve, extremadamente románticas o completamente atigradas, nunca en un término medio, en ese en el que todas estamos, pues no tengo duda de que, y personalmente lo sabemos, tenemos un poco de cada. María venía a merendar a mi casa, dijo que traería una tableta de chocolate, pero que antes de sacarla para degustarla junto a las galletas, me advirtió que me contaría una historia. La esperé impaciente, el afrodisíaco y sustituto del amor es algo que me fascina. Cuando le abrí la puerta me decepcioné, ya que no llevaba nada en las manos, pero entró en casa y comenzó a relatarme su historia como si no hubiese un mañana. Sus conquistas a espaldas del mundo habían sido varias, en todas ellas me describía al hombre que la había amado, como aquel que la excitaba con sus caricias, aquel macho que le presentaba su escultural cuerpo como un trofeo para que ella practicase en él su parte erótica y su desmedida lujuria. Pero aquel lado oculto de María, que no mostraba al resto del mundo y que nadie sabía que tenía, no aparecía. Entonces le pregunté si aquello era todo lo que me tenía que contar, me dijo que no, se levantó como si supiese lo que iba a ocurrir en aquel momento y entonces llamaron a la puerta, me pidió permiso para abrir, se lo concedí y fue rápida. De su mano entraba con ella un chico, de poca estatura para el metro ochenta que medía ella. Con una falta de pelo considerable, entradito en carnes, con unas lorzas que una buena dieta y ejercicio podrían hacer desaparecer, y evitar que saltase un ojo a María si uno de aquellos botones se desprendía de la camisa accidentalmente. Pero posiblemente no era aquel su primordial objetivo en la vida, no era ser un chico modelo, le bastaba con hacer feliz a la mujer que estuviese a su lado. Me quedé boquiabierta cuando comenzó a hablar, su melodiosa voz conquistó a María y ahora a mí, que como buenas románticas toda aquella palabrería nos embelesaba.
Me presentó al joven como Braulio, no se llamaba Adrián, Carlo, los nombres que antes me había citado, pero continuó entonces diciendo…
Es mi tableta de chocolate, Braulio es quien solo con pronunciar mi nombre hace que aparezca en mí la María romántica, me adula, me habla con cariño, él es quien me ha robado el corazón, quién me quiere y me trata con amor, pero luego… detuvo sus palabras, le miró y continuó diciendo… Luego en la cama es quien me convierte amándome fieramente, él provoca mi cuerpo para que mis garras de mujer felina le arañen, pidiéndole como una hembra en celo que me destroce por dentro y por fuera como solo él ha sabido hacer…
Fue entonces y solo entonces, cuando comprendí el significado de la frase…
“Las apariencias engañan”

Deli

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