El pelotilla verde botella

El pelotilla verde botella

5.00 Promedio (100% Puntuación) - 1 voto

 


NUESTROS PATROCINADORES
“El inspector Tontinus y la nave alienígena”, de Avelina Chinchilla
“Botas de hule”, de Arturo Ortega
“Mar de sueños azules”, por Mar Maestro.
 [products ids = “22554, 22701, 22860”]

¿Recuerdas los viajes en el mítico 600 de los años 60?. Aquellos viajes no eran tan plácidos como lo pueden ser hoy. Mi padre, Manuel Maestro, como muchos padres de familia de aquellas años, disfrutaba de uno y tal cual viajaba a su pueblo más o menos una vez al mes si se podía, para ver a su madre, nuestra Yaya. El si se podía, dependía de si hacía buen tiempo, no se echaba a la carretera de cualquier forma. De modo que si las condiciones meteorológicas no eran buenas, se planteaba salir o no a la carretera, y normalmente, era un no.
El viaje comenzaba en Madrid y el destino era Ariza, primer pueblo de Zaragoza, yendo por la carretera nacional 1 de Madrid a Barcelona, como siempre recuerdo que lo remarcaba él, cuando se lo preguntaban.
Salir de viaje por las carreteras de España con el 600 en los años 60 era todo un desafío. No tanto por los por las carreteras, sino porque se tenía la oportunidad de llevar cosas en el coche y madres y abuelas decidían aprovechar para llevarse todo lo que querían llevarse: el mantelito bordado para la tía Pura que le hicimos por su cumpleaños, la súper batidora que compró mi madre a la yaya para que pudiera hacer las mejores y más maravillosas natillas del mundo y aquellos libros que se olvidó mi primo en la residencia de Madrid el mes anterior. Entonces se organizaba la trifulca, cuando mi padre se daba cuenta, ya se veía el panorama. El viaje comenzaba mucho antes del día señalado, normalmente el sábado por la mañana, con suerte si podía ser, según el señor Maestro, sobre las 9 horas de la mañana, cosa que nunca sucedía para desesperación de mi padre.
-¡Ay Luli!! por Dios, a ver si es posible que estos niños terminen de desayunar lo más pronto y usted Mari Carmen, no puede hacer usted algo! es que aquí todo es un juego.
-¡Ay Manuel! ¡Ay Manuel! puedes quitarte del medio por favor, no me dejas recoger si te pones en medio constantemente.
– ¡No, sí, claro! ¡Ahora voy a ser yo, quien tenga la culpa!
El pelotilla verde botella, era capaz de todo y viajar con mi padre era todo un desafío, no por él, si no porque,aún no sé cuál es el misterio que explica que, en 3, 3 metros de largo, calcúlese dentro mucho menos y quepamos Mari Carmen que siempre estaba y siempre viajaba allí donde fuéramos nosotros además de las maletas, la bolsa que mi madre nos acoplaba en el brazo cubierto por el abrigo…era curioso que siempre había que ponerse los abrigos, menos los días de viaje, que mi madre ya nos decía:
-¡Abrígate!
Y la temida pregunta nuestra:
-¿Por qué? No tengo frío mamá.

Y la consabida contestación:
-Abrígate y abróchate los botones y de paso cierra la boca que ya verás la garganta.
Después venía la pregunta y la contestación sabidas:
– Pero mamáaa
– Ni mama ni papá, anda disimula y siéntate calladito.
– Luli por Dios, solo lo imprescindible por Dios, solo lo necesario. -cosa que no sé cumplía jamás, porque una vez arrancado el coche, con mi padre al volante, aparecía mi madre con el abrigo en su brazo izquierdo disimulando su particular bolsa, los impermeables de todos, la bolsa de los bocadillos, una caja de galletas y como no, su bolso sin cerrar, donde llevaba un litro de leche por si acaso y las bolsas de plástico por si yo me mareaba, una toalla y en medio el botiquín. No sé cómo le cogía todo en el bolso. Entre medias aún aparecía con alguna sorpresa más para el camino. Y es que cuando mamá se sentaba en el coche, papá comenzaba la fiesta, pero mamá lo solucionaba siempre sin levantar la voz, colocando todo perfectamente a sus pies y sobre su falda.
– Venga ¿ya has terminado de colocar todo?
– Si. Anda, Manuel, arranca que se hace tarde.
– ¿Pero qué quieres decir? ¡Esto es la repera!. Mari Carmen, usted ¿lo entiende? Porque yo no entiendo nada.
Entonces venía el segundo momento… recordar lo que tenían que haber recordado antes porque el segundo misterio que nunca entendí era la razón de porque una vez que estaban sentados y lejos ya de casa, pasaran revista a lo que llevaban y lo que no cuando ya no se podía solucionar. Entonces se líaba de nuevo el pitoche. Por el pitoche pasábamos todos y casi siempre lo que se habían olvidado había sido por nuestra culpa seguro: te la has cargado. yo no he sido, sí has sido tú y claro, siempre te caía algo por no obedecer a la primera.
Era necesario cumplir todas las rutinas y estar muy calladito sin rechistar y así más o menos pasado todo este ritual se quedaba tranquilo y podía seguir el camino hasta Guadalajara donde hacíamos la primera parada subiendo aquella cuesta en la que parecía que el 600 se quedaría parado en un viaje con casi 5 horas una hora y media y sus paradas correspondientes, con sus lugares establecidos para comer. Y siempre era divertido. Después de la parada había que dormirse un poco, sobre todo para no preguntar tantas veces la famosa frase, ¿cuándo llegamos? que era repetida desde que pasábamos el primer semáforo de casa y después se podía cantar canciones y contar historias, sin pelear, cosa que era imposible. Entonces llegaban las consiguientes formas de mi madre que sin levantar la voz nos ponía en riguroso orden de mayor a menor a hacer cálculo mental, repasar los ríos, con sus afluentes y todo, y por supuesto a cantar las tablas de multiplicar como tenían que ser cantadas sobre todo la del 7 y la del 8, único remedio antes de que mi padre elevara sus plegarias al alto con su ¡maldito viaje, maldito!.
Pero de todo, lo que más me gustaba era acompañar a mi padre por la mañana y revisar el coche, después preparaba la maleta con precisión, colocando las pertenencias de todos, el ir y venir que había en la casa, yo me escabullía de los juegos de mis hermanos, me gustaba mucho más la vida de los mayores, sus diálogos, sus confusiones, sus sorpresas…Después venía la operación acoplar todo en el maletero del coche, a la perfección. Permanecía primero delante del coche, hablando con él como si supiera qué le iba a pasar a continuación. Las maletas y los bártulos eran sacados una y otra vez con la máxima atención para aprovechar todos los huecos al máximo, con una meticulosidad y comprensión con los paquetes absoluta, hablándoles y toqueteando los todos una y mil veces hasta que todo era correcto y compuesto todo el maletero, entonces se quedaba satisfecho a contemplar cómo era posible que lo hubiera podido acoplar todo, hasta el paraguas que había metido porque siempre decía que parecía que iba a llover, cosa que nunca sucedía excepto el día que no llevaba paraguas.
Y siempre era divertido comprobar que en cada viaje pasaba lo mismo. Que algarabía tener tanta fiesta. ¡Qué manera de regalar cariño directo al corazón!.
Mientras recuerdo esto me preguntó dónde se quedan las cosas de niños…en las nubes del cielo? En el brillo de la luna o en las noches estrelladas?. No se pueden transferir los recuerdos de cada niño y por esa razón, los recordamos distintos porque todos somos distintos.

 [products ids = “22554, 22701, 22860”]

DESAFÍO MALDITO VIAJE MALDITO. Convocatoria y clasificación en tiempo real

Photo by Diego3336

5.00 Promedio (100% Puntuación) - 1 voto
Tu Cuerpo y el mío

Tu Cuerpo y el mío

0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos

Tu cuerpo y el mío.

Tu cuerpo y el mío.
La noche despierta
tu beso, tu abrazo,
me elevan muy alto.
En la conquista ingrávida
de saberte contagiado
¡por fin!,
de mi carne viva.
¡Deseada.!
Poseídos del placer
quedamos rendidos,
por la magia y el embrujo
de la noche.
Tu cuerpo y el mío.
Se esparce tu amor,
me empapa.
Clarea.
Escampa.
Ese oscuro y frío silencio,
pasa.
Y vuelve tú querer
que sale de dentro.
Y vuelven tus besos
con los ojos cerrados.
Vuelven tus abrazos,
hondos, tiernos.
Ese frío temor
se marcha
y muere la desgana
nos invade la luz´
sobre tu rostro´y el mio.
nos sorprende la mañana.
duermen…
Tu cuerpo y el mío.

0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos
Amor de cuaresma

Amor de cuaresma

0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos

Las calles estaban desbordadas de gente, repletas de personas en ambas direcciones, un hervidero de vidas de diferentes clases y de todo tipo de razas y de multitud de orígenes, se concentraban en plazas, esquinas y canales de la bella Venecia. No se podía dar un paso sin que empujases o tropezases a alguien. Era comprensible dadas las fechas, pero algunos no parecían entender que esos días eran especiales y que de una manera u otra todos se beneficiaban de aquellos días de apretones y de prisas y ponían pegas a todo. Todos se esforzaban en encontrar la pieza o el adorno que hiciera especial su disfraz. También Manuel iba en busca de su máscara y era una prioridad en ese momento. Ella le estaría esperando en el puente de Ricci y no avanzaría hasta él si no veía aquella mascara en sus ojos. Las calles vivían con asombro las ocurrencias y el ingenio con que se inventan todo tipo de atuendos relacionados con la época dorada en la que se ambienta el carnaval.
María se encontraba terminando de vestirse había escogido un traje aterciopelado y una mascaran con dorados y morados en torno a sus ojos y de su pelo bajaban hasta su mejilla unas notas musicales. Manuel ya tenía esa referencia. Había recibido un correo esa misma mañana con los detalles.
En las calles todo se vivía con una locura desmedida, en medio de un desenfreno y de una lujuria se desatan pasiones que viven del escarceo y la alegría del momento. La ciudad del romanticismo cabalga sobre las calles con mayor o menor conciencia, y se divierten en un espacio envuelto en un aurea mágica que lo consiente todo y que todo tamiza con su velo.
Entre tanto dos figuras se sienten cada vez más próximas, recorren los rincones más singulares uno en dirección al otro. Nerviosos se niegan las palabras por miedo a ser reconocida su identidad, presos de la envidia de los que les rodean se ven obligados a fingir, pues pondrían en peligro su amor declarándoles culpables de su felicidad. Su amor se expande con la cuaresma. Están cansados del tumulto de la ciudad y de los chismes entorno a ellos que ya conocen, pero solo durante estos días pueden así, pasar desapercibidos. Llegados al punto de encuentro María no se atrevió a moverse y siguió adelante. El llevaba la rosa en sus manos pero no la máscara de arlequín acordada. Y paso de largo. La miro fijamente a los ojos y se quedó allí plantado en aquella noche de martes de carnaval, bajo la tenue luz del puente de Ricci. Comenzó a llover y su mirada triste se dejó llevar sin fuerzas tras ella. Llegado a su altura dejó que la lluvia empapase su rostro. María se abalanzó sobre su cuerpo al ver su valentía y se dejó llevar por su impulso.
Se abrazaron llenando de risas el puente. Cogidos de la mano se perdieron entre la multitud, sin nombre, sin creencias ni ataduras…en libertad vivieron su amor.

0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos
Luna

Luna

5.00 Promedio (200% Puntuación) - 2 Votos

Luna,
tú provocas el desafío,
iluminas mi interior
y amenazas con tu duelo
al mismo tiempo.
Luna,
extraño los momentos
en busca de un tiempo infinito,
donde encontrarte en mis sueños.
¡Conmigo!
Luna,
háblame con tu sonrisa
en la noche oscura,
quebrantando los silencios
de este mar inquieto
de encendidos sueños.
Luna,
Abres la esperanza,
el vuelo valiente
del que vuela sin temor a nada .
Luna,
en mi soledad
amo hasta el final,

sin tu mirada esquivar .
Tú sabes de mis suspiros ,
tú que conoces mis sombras
y sientes mis silencios.
Déjame volar
en tu brillante vuelo.

Photo by MRSB2080

Guardar

5.00 Promedio (200% Puntuación) - 2 Votos
¡Despertar!

¡Despertar!

0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos

Despertar
Entre tus besos,
Tus caricias aún dormida,
En el amanecer despierto.
Apasionado tu deseo
Recorre suavemente,
Tiernamente
Mi deseo.
Confundidas las emociones,
Empeñados los sentidos,
Por ese desdén
Que rasga…
Que mata…
Que duele…
¡Despertar¡
¡Despertar entre tus besos¡

Photo by paulogodoy62

Guardar

0.00 Promedio (0% Puntuación) - 0 Votos
A %d blogueros les gusta esto: