Leer es más fácil

Leer es más fácil

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Estoy convencido de que no soy el primero, ni el último, que ha llegado a esta conclusión. Leer, cada vez, es un hábito menos común. La oferta de ocio es más variada que hace 20 años, los estímulos mayores y las distracciones más atractivas. Esto hace indispensable que tan sano hábito se inculque desde la niñez, pero… ¿lo estamos haciendo bien?

Recuerdo que, en mi infancia, me encantaba devorar un buen libro: sumergirme en su mundo, entender al personaje, descifrar su historia…; sin embargo llegué a aborrecer esta sana costumbre. ¿Los culpables?: las lecturas impuestas. Podía estar disfrutando con un relato de Julio Verne y tener que dejarlo a un lado para abordar El Lazarillo de Tormes, La Regenta, La Casa de Bernarda Alba o Luces de Bohemia. No dudo del gran peso literario de estas obras, pero, a mí, me hicieron detestar el papel.

Este interés, que tanto cuesta cultivar, no debe ser una imposición a base de ideas históricas, sino un descubrimiento que, como niños, deberíamos hacer. La cuadriculada visión de nuestros enseñantes (no me refiero al profesor de turno, sino al que redacta los planes de estudio) nos impide lanzarnos hacia un mundo de fantasías. Convierten un arte en una tortura (no en todos los casos), el ocio en tedio. No soy el único que piensa así, conozco a muchos que dejaron de lado los libros después del instituto

. Allí nadie le enseñó lo bueno que había dentro de las solapas.

Pues nada, seguro que habrá muchos casos diferentes, gente que adora la manera que se le inculcó la plasticidad de la lectura. Por mi parte, cambiaría muchas cosas en esta materia. Que disfrutéis de vuestras letras.

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Corregir

Corregir

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Imagino que la mayoría de los escritores independientes tienen este mismo problema. Cuando un autor reputado escribe un libro tiene uno, o varios, editores que corrigen y liman sus pequeños fallos. Nosotros, los lobos solitarios, sentimos la ausencia de esa figura y nos multiplicamos en nuestras actividades.

Estoy en ese punto. Acabo de terminar la tercera parte de la saga Blood Wings y me dispongo a subsanar los fallos que he ido acumulando. ¿Sabéis que es lo que pasa por mi cabeza cuando me pongo a ello?……. ¡¡Qué mal escribo!!

De verdad, imprimo el libro y cojo un bolígrafo rojo. Lo que queda al final es muy diferente a lo que salió de mi pluma en un principio. No debería preocuparme. Hay veces que estoy varios días sin avanzar, por lo que es normal me olvide de explicar algo o repita lo que ya había dicho. Éstas correcciones no son la parte más bonita de la escritura, pero son necesarias.

Ojalá llegue algún día en que las marcas de boli rojo sean mínimas y que mi escritura alcance la perfección al primer trazo. Hasta entonces, espero seguir aprendiendo y desarrollándome como literato novato. Un saludo a todos.

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Inspiración vs tesón

Inspiración vs tesón

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Veréis, casi todo lo que escribo viene de “ideas felices”. Momentos en los que se te ocurre una escena genial y la introduces en tu obra. Como mucho, tienes que hilarlas y darle credibilidad. Eso me hace escribir con ilusión, a una velocidad en la que parece que devoro las páginas. Pero, por desgracia, no siempre es así.

Estoy en la tercera parte de la saga “Blood Wings”. Casi todo el libro estaba en mi cabeza, pero hay una parte hueca, un trozo sin ideas felices que es indispensable para la trama. Estoy en esa parte y puedo decir, sin temor a equivocarme, que es un coñazo. Me distraigo a cada momento, no me gusta lo que voy haciendo y me falta la chispa que me gusta darle a los personajes. Tardo diez veces más y secuestro la fluidez y emoción que tanto me ha costado en páginas anteriores.

Es ahora cuando recurro al tesón. A esa voz interior que me dice: “ya llegarán partes mejores”, y eso espero, porque si todas las obras fueran así, no volvería a ponerme delante de un teclado. Incluso, imagino, que no habrá un autor capaz de soportar esta metodología, porque le quita todo el encanto a este arte.

Entre inspiración y tesón, me quedo con el primero.

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Al servicio del gran Dios

Al servicio del gran Dios

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Cualquier persona religiosa que lea este título puede imaginar a las monjas de clausura, en sus conventos, o a los Amish de antañas costumbres. Sin embargo no hablo en sentido religioso, sino que hablo de poder.

Un dato curioso: el 80% de la literatura digital que se distribuye en el mundo la hace Amazon. Evidentemente, esto da la oportunidad de llegar a todos los rincones del planeta desde cualquier ordenador y desde cualquier lugar. Pero, y es aquí donde está el problema, tu actividad transcurrirá bajo sus exclusivas reglas. En cierto modo, lo comprendo. Amazon es un negocio y ellos buscan ganar dinero. No representan a ninguna ONG.

En mi caso, puse mi primera obra, “Los ángeles errados”, gratuitamente en su página. No fue sencillo, me costó semanas de contactos y correos, pero, al final, lo conseguí. Ahora, Amazon, ha decidido volver a poner precio a esta novela. Es la primera de una saga, por lo que, para mí, es indispensable que se facilite la distribución.

Por suerte, con páginas como Desafíos Literarios, La Casa del Libro, Lulu e, incluso, poniendo un enlace en mi propio blog, consigo que sea accesible para todo el que quiera leerla. Así puedo librar mis pequeñas batallas contra un Dios tecnológico que actúa a su libre albedrío sin que nuestros problemas le supongan un ápice de sufrimiento. La guerra será más complicada, pero el tesón está de mi parte.

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La chispa adecuada

La chispa adecuada

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Los que tengan mi edad, asociarán este título con una conocida canción de los Héroes del Silencio. No es mi intención hablar de ellos, pero sí de “la chispa”.

Se le puede dar muchos nombres. Antes, en la antigua Grecia, eran las musas las que otorgaban este regalo. Me refiero a ese destello que te hace imaginar una historia entera en décimas de segundo. La escritura, como el resto de la cultura, se enlaza con sí misma o con otras artes para continuar un bucle infinito de erudición y maestría.

¿Qué os inspira? Es la pregunta me gustaría haceros. Sé que la variedad es inmensa. A mí, la saga Blood Wings, se me ocurrió en medio de una charla sobre la vida y la muerte. Ahora quiero escribir una novela más personal, que me vino a la cabeza escuchando “Tierra”, de Xoel López. Víctor Hugo fue a Notre Dame cuando le iluminó la historia del jorobado.  Como éstas, hay millones de historias.

¿Qué será lo próximo que nos inspirará? Yo, que aún tengo numerosas ideas por plasmar, deseo que llegue ese momento. Si escribir una novela es una relación, la chispa inicial es como enamorarte. Dar forma a nuevos personajes, a un drama y un desenlace que haga encajar la piezas. Una sensación que me hace sentir vivo; que otorga, al escritor, una peculiar mirada y unos ojos inquietos en busca de algo único: la chispa.

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