Los meses. Volviendo a los orígenes.

Los meses. Volviendo a los orígenes.

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Hola, amigos.

He estado algún tiempo sin escribir sobre etimologías, tema al que soy muy adicto. En el caso de que alguien haya querido compartir conmigo esta afición, le pido disculpas por mi ausencia, ojalá hubiera podido. Sin embargo, hoy vuelvo a los orígenes. Bueno, a los míos, no. Al origen de las palabras, que es el nombre de esta sección. Hoy es especialmente interesante.

¿Y qué palabra escojo hoy?

He decidido explicaros la etimología del nombre de este mes. Pero luego he pensado que no hacía falta llamarse Lázaro Carreter para imaginárselo.  Septiembre y séptimo suenan a que algo tienen que ver. ¿Cierto?

En latín, siete se dice septem. Septiembre es el séptimo mes del  año. En realidad, lo era en el calendario romano. Primavera es un vocablo que significa primera era. Entonces… ¿Por qué el año empieza en enero?

Nos remontamos al 153 a. C. En aquel año estalló un grave conflicto entre la ciudad hispana de Segeda y el Imperio Romano. Segeda era una ciudad “española”, bueno, de Hispania, cerca de las actuales ciudades de Calatayud y Zaragoza. Ségeda estaba poblada por los belos. Diremos que tenía el privilegio concedido por los romanos de acuñar moneda, como muestra de la pujanza de aquella urbe. Aspiraban a convertirse en ciudad estado tratando de acoger en su interior a otras tribus celtíberas de la zona y sacudirse el sometimiento a los romanos, a los que estaba obligada a tributar con dinero y soldados. No querían seguir gobernados por los romanos. Por eso Segeda decidió comenzar una ampliación de su muralla para defenderse ante un eventual ataque de los ejércitos romanos.

En el Imperio la noticia resulto irritante, dada la importancia que Hispania tenía para Roma. Era un ejemplo peligroso. Advirtieron a Segeda de que iban por muy mal camino. Viendo que Segeda no desistía, Roma decidió atacar y destruir la ciudad. Para ello el Senado romano decidió enviar al cónsul Nobilior a Hispania. Entonces, el año comenzaba en marzo y era el momento de la la toma de posesión de los nuevos cónsules, durante los idus de marzo.Estos cónsules eran los que eran enviados a dirigir las batallas más importantes.  Enero y febrero eran los dos últimos meses del calendario. Si hubieran respetado aquellas normas, habrían tenido que celebrar después unas prolongadas fiestas y luego tendría que tardar mucho en llegar a tierras tan lejanas para ir a pie desde otras partes de la actual Italia o desde otros puntos de Europa. Las tropas romanas no estarían listas para la guerra hasta septiembre u octubre, con lo que se desaprovecharía la época estival, que era más propicia para la guerra que acampar allí al ejército durante el crudo invierno. Además la muralla de Segeda estaría ya construida. Se tenía que partir de inmediato, pero  no podían hacerlo hasta nombrar a los nuevos  cónsules.

Así como los reyes medievales no solían estar preocupados por muchas normas, los del derecho romano en cambio…

El Senado Romano adelantó el comienzo del año del 15 de marzo (los idus de marzo) al 1 de enero para nombrar nuevos cónsules e iniciar la expedición por mar a Hispania para llegar después a Ségeda atravesando parte de la Península Ibérica en primavera, antes de que terminara de fortificarse. Por este motivo se adelantó la fecha de comienzo del año, y por tanto la de la elección consular, al 1 de enero, que pasó a ser el primer día del nuevo calendario.

Resumiendo: para poder reconquistar una ciudad hispana, de tozudos aragoneses si queremos caer en el tópico, los romanos tuvieron que cambiar el calendario, así que se pasó el principio del año  de marzo a enero. Los meses todavía conservan su nombre original latino. Por eso septiembre, octubre, noviembre y diciembre todavía conservan los prefijos como séptimo, octavo, noveno y décimo respectivamente, pese a que pasaron a ser los meses noveno, al duodécimo.

Una vez cumplidos los nuevos tramites y normas, las tropas del Imperio Romano comandadas por Nobilior avanzaron rápidamente hacia Segeda. Los segedanos huyeron de la ciudad que quedó arrrasada poco después por los romanos, que para eso de exterminar enemigos tenían menos cortapisas legales. Persiguieron a los segedanos hacia Numancia, pero estos generaron tal revuelta que sorprendieron al  imperio en una terrible y cruenta batalla, en la que murieron 6.000 soldados romanos. Esto demuestra hasta qué punto hay que reconocer que en Roma tuvieron buen olfato para darle tanta importancia a la  ciudad de Segeda y a su muralla. Esto todavía se celebra en la localidad, muy próxima al cerro de la antigua Segeda, de Mara, provincia de Zaragoza, con la llamada Vulcanada.  La Vulcanalia es el domingo más próximo al 23 de agosto, fecha de la batalla y fiesta romana de Vulcano. Durante siglos, los romanos no querían guerrear durante el día de Vulcano. Otro de los días festivos de Mara es el 15 de marzo (Los idus de marzo), fecha en que los romanos elegían a sus cónsules al comenzar el nuevo año.

Aquella victoria indígena, fue de efímero efecto. Los romanos reforzaron su ejercito con Publio Cornelio Escipión y los celtíberos fueron después derrotados en Numancia, tras un sitio y una resistencia míticos en la historia de España. Una Ségeda romana, fue construida después, completamente sometida a Roma.

Así fue como Roma, para derrotar a Segeda, cambió el día de elección de cónsules  y para ello el calendario. Desde entonces y por esta causa, el año se inicia el 1 de enero en Occidente.

Volviendo a septiembre:  La tradicional es setiembre (sin p). La forma latinizante septiembre la introdujo la Academia en 1739. Las dos grafías son correctas, con preferencia por la variante con p en la lengua culta.

¿Quieres saber más? Pincha aquí.

Sin embargo, el Año Nuevo empezó a festejarse el 1 de enero hace cuatro siglos a instancias de la Iglesia Católica, en función de la supuesta fecha de circuncisión de Jesús, rito judío que se realiza al octavo día del nacimiento; pero astronómicamente empieza el 21 de marzo, con el equinoccio de Primavera en el norte.

En 1582, el papa Gregorio XIII puso en vigencia el calendario gregoriano para reemplazar al juliano, de Julio César, que acumulaba un desajuste de 11 días respecto al tiempo sideral.

España y sus colonias, y otros países católicos, asumieron el nuevo calendario, no los protestantes. En Gran Bretaña el calendario gregoriano empezó a regir en 1752. Los rusos, en 1918, y entonces era ya de trece días en el calendario juliano. La famosa Revolución de Octubre (juliano) de 1917, pasó a noviembre (la Gran revolución Rusa).

¿Os ha gustado la historia?

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Si estúpido no es idiota, ¿qué es?

Si estúpido no es idiota, ¿qué es?

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La palabra idiota viene del griego. Actualmente pensamos que un idiota es un estúpido, pero realmente el término griego Idiot significaba propio y de ahí, la connotación de aislado. Un idiota es un ser que solo se preocupa de lo propio, de sí mismo. La gente que solo se preocupa de lo suyo se creen algunas veces muy listos por eso, pero los demás les vemos idiotas. Siempre es revelador esto de las etimologías.

Sin embargo, la palabra estupenda no es menos interesante.

“Estupenda” se entiende que es alguien “muy hermosa, muy buena o muy sorprendente” y proviene del latín, stupendus, “aturdido, pasmado“.

Igualmente la palabra estupor, de stupor, stuporis que viene a significar atontamiento, pasmo, aturdimiento, embotamiento , torpeza. El sufijo -or es interesante también: forma sustantivos abstractos, basados en adjetivos y verbos.

Por ejemplo: dulzor, amargor, amor,  blancor, temblor, candor, temor,

También forma adjetivos y sustantivos verbales que denominan o califican al agente actuante de algo: censor, defensor, lector, cantor, profesor…

Y de stupere nos viene estupor, estúpido o estupefacto, estupefaciente... creo que todos entendemos la conexión de estas palabra y no hace falta explicarlas.

¿Pero podemos profundizar más? Sigue leyendo, no te apures, que es estupendo lo que viene ahora.

Stupere, se cree que procede del indoeuropeo  steu, que significaba empujar y  golpear. (¿Tendrá que ver esto con el stick de jugar al hockey? ) Por algún pueblo se le perdió la s y llegó al latín como tundere, golpear. De aquí tunda, tundir, contuso o contusión, y tos y tosferina , del latín tussis. Pero esta misma palabra de origen indoeuropeo nos llegó  por medio del germánico.  Ya ves: palabras con connotaciones taurinas como estoque, estocada o  también estuco. En griego se había transformado en týpos, que además de golpe significa huella. Qué bonito, porque la huella normalmente es la marca que deja un golpe. Tipo, arquetipo, logotipo, fototipo, estereotipo, y timpano, del griego týmpanon, que era un tambor, y que también originó temprano, ¿sería que daban la hora con un tambor? Y evidentemente, tímpano.

Estúpido viene de stupidus. Sí, claro, del latín. El verbo stupere era paralizarse o aturdirse.

De stupere procede estupendo.

Y lo que faltaba: estudioso y estúpido vienen de lo mismo¿Será porque el estudioso está siempre estático estudiando sus estudios?

Los clásicos latinos transformaron la admiración en atontamiento: “Ut terrae stupeant lucescere”, (Virgilio, ‘la tierra se admira de ver lucir’).

Y es porque “st” al inicio de palabra, de origen pre-indoeuropeo indica quietud. Estatua” es una representación inmóvil. Estampado, estadística, Estado, estático, establecido, estar, estrellas… Y en inglés seguro que ya has pensado en stand, stop… 

No me digáis que no es estupenda la historia de las palabras.

 

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Patrimonio y matrimonio.

Patrimonio y matrimonio.

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En el último Origen de las palabras estuvimos hablando del matrimonio. Nos quedó claro que matrimonium era el estado de la mujer casada, no el del esposo. ¿Sería “patrimonium” el estatus del hombre casado? Pues no.

El patrimonium era en tiempos de los romanos todos los bienes de la familia.

La palabra pater significaba jefe de la familia, y protector. Y la palabra monium, he podido entender que algunos expertos dicen que es latina pero viene del etrusco y son actos rituales. Otros lo traducen como algo recibido. Patrimonium era en conclusión, la herencia. Monium también estaría presente en matrimonium. En definitiva patrimonium era la herencia recibida del padre.

El pater familiae gobernaba un conjunto de personas compuesto por su mujer, hijos, parientes y esclavos. Tenía sobre todos poder de vida y muerte… Era el dueño de todos los bienes familiares y disponía libremente de ellos, quienquiera los hubiera adquirido con su trabajo, según G. Bordas.

Los romanos entendían dos tipos de herencia. Los herederos maternos eran llamados “cognados” y los paternos “agnados”. Solo se podía heredar de una de las dos ramas.

Como puede verse los términos pater y mater que nos suenan tanto a latinas, claro que lo son, pero provienen del legendario idioma indoeuropeo. La palabra bhrater, hermano (¿nos suena brother?) parece salida del mismo molde. Por otro lado la terminación en –ter nos recuerda al – dor (labrador, trabajador… ) o el –tor (sí, como Terminator) o los acabados en –teur en francés.

Palabras de la misma raiz serían, entre muchísimas,  por ejemplo, padre, patricio, patriarca, patrón, patria,  expatriado…  Precisando patriarca no nos viene del latín, sino directamente del griego. ¿No os suena a griego?

En fin, es normal que actualmente sean muchos y muchas los que intentan conseguir un patrimonio a través del matrimonio,  pero eso ya no es cuestión etimológica…

Y me dejo para el final la palabra más interesante. Júpiter. Sí,. también viene de pater. Significa algo así como padre de la luz, también Dios Padre, porque Dios significaba en origen ser de luz.

¡Qué bonito! Si no disfrutáis descubriendo estas cosas… os juro que yo sí que lo hago.

 

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Matrimonio

Matrimonio

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Sería lógico, o a mí me lo parecía, pensar que una palabra que suena tan latina como matrimonio y con toda una familia, nunca mejor dicho, de palabras como madre, no me provocaría muchas dudas. Bueno, pues, me equivocaba.

Cuando recientemente salió adelante la normativa que permitía el matrimonio homosexual, básicamente el centro de las diferencias entre los distintos partidos no fueron los derechos que se regulaban, sino el nombre de “matrimonio homosexual”. La Iglesia entendía esa palabra como algo propio en el sentido de que es el nombre de un sacramento. Y ahí empezó la polémica, dado que otros argumentaron que la palabra es anterior al sacramento. Naturalmente todos acudieron a la etimología y parece ser que hubo bastantes opiniones encontradas, o mejor dicho, desencontradas.

  • Lo más aceptado es que matrimonio venga del latín, de las palabras  ‘múnuseris’ (oficio, función, obligación, cargo) y ‘mátertris’ (madre). Entonces matrimonio sería algo como oficio o funció de madre.
  • Parece que ya es rizar el rizo hablar de una etimología que sería latino-greca: “Mater-Monos”. Pero también es cierto que existe el verbo ‘móneo’ (hacer pensar, aconsejar, recordar, exhortar). Hay que tener en cuenta esa tendencia a hacer de educadora moral que casi siempre ha correspondido a la madre (y a tantas mujeres, aún sin tener hijos   :) ) No parece que esta acepción acabe de convencer.
  • El término ‘madre’, mater,  tiene el mismo origen que ‘materia’ (aquello de lo que algo está hecho, o con que algo se hace). Esto… No sé si tendrá mucho que ver pero me parece muy interesante. El latín tomó del Indoeuropeo el lexema “mater“ que no solo significaba “madre”; de hecho, en esa misma lengua dio lugar a “Materia” de donde procede también la palabra española “madera”.
  • “Mater, también podría componerse del lexema indoeuropeo “Ma-” que sería“Mamar” y la desinencia “Ter” que indica acción. Algunos afirman que “Ma” es lo que parece decir un bebé buscando mamar. Quizás por eso una lengua no indoeuropea,como es el chino, tenga una voz que suena como a “Mamá” con el mismo significado que tiene aquí.

Quizás sí o quizás no. Lo que suena plausible no siempre es una explicación científica.

Lo más importante sería que:

Matrimonio  hoy es unión legítima y jurídica de una pareja, pero en latín eso se llamaba connubium.

La palabra matrimonium en origen es el estatus de una mujer casada y la maternidad legal, el derecho a ser la madre legítima de los hijos de un varón, y todo lo que de esto se deriva. El plural, matrimonia, era el conjunto de las mujeres casadas: las casadas.

Llevar in matrimonium, al matrimonio, a una mujer (a la condición de esposa y madre legítima), se ha entendido como boda legal, pero no era así. Repetimos. Matrimonium era el estatus de la mujer casada. No de ambos.

Sabido es que hay muchos que han sabido usar el matrimonio para llegar al patrimonio, así que otro día entraré en esta palabra.

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Los cereales crecen

Los cereales crecen

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Cada palabra tiene una historia y esta no ha acabado. Sigue evolucionando y creciendo continuamente. Y ya que hablamos de crecer, que es una palabra de uso muy corriente,  vamos a ver qué se sabe de ella.

Si eres aficionado como yo a las palabras, crecer te parecerá un término que suena muy latino. Lo es, pero el latín no surgió por generación espontánea. Se cree que el verbo latino crescere proviene de la raíz indoeuropea Ker. Por otro lado la terminación en scere suele indicar un proceso y nos ha dejado en español palabras padecer, fallecer, adolecer, etc.

Hay muchas palabras interesantes que proceden de esta raíz indoeuropea. Por ejemplo:

  • crear.
  • criar
  • recreo
  • recrear
  • procrear

La lista sería muy larga. Parece interesante mencionar palabras como criollo, que eran los hijos de los africanos y de los europeos ya nacidos en América. Vendría del verbo criar, como criado. No confundir criollo con mestizo (mezcla de europeo) o con mulato (mezcla de africano, que vendría quizás de mula). El idioma arrastra las huellas de algunos de los peores defectos de nuestros antepasados.

Críos, es como mencionaban  los españoles a sus hijos nacidos en el Nuevo Continente.

Bueno, ¿Y qué más?

He visto por ahí que la palabra cereal podría venir de esta misma raíz. Pero también sabemos que existía la diosa Ceres, que para los romanos era la diosa de la agricultura y de la abundancia. ¿Parece lógico conectar también el nombre de Ceres con la raíz Ker? 

Pues si es así, será muy adecuado decir que en primavera los cereales crecen y después añadir eso de… ¡Valga la redundancia!

Photo by Por los caminos de Málaga

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En camisa de once varas

En camisa de once varas

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El otro día estaba tomándome un café en una terraza. Un día de sol espléndido, una zona peatonal y tranquila. Saqué mi bolígrafo para escribir un rato. Esto es para mí la definición de felicidad. En esto que llegaron un grupo de personas mayores. Las señoras apartadas a un lado, sin parar de hablar. Sobre todo una señora muy maleducada, vestida con una especie de delantal, y dotada de un afán de protagonismo desmesurado que no permitía intervenir a nadie más. Era algo así como la anciana líder del grupo. Los señores al otro lado, con cara de resignación, ya que las damas hablaban tan alto que ni juntándose entre ellos podías evadirse del parloteo de sus mujeres. En un momento de la conversación, la jubilada líder comenzó a explicar cómo le había tenido que poner los puntos sobre las íes a su nuera, quien, en su opinión, pretendía meterse demasiado en la vida de su hijo, y allí estaba su señora madre, que tenía muchos “remangos” para impedírselo. Y la señora, que parecía estar dando la explicación para que le quedase advertido a todo aquel que estuviese cruzando la plaza en ese momento, nos contó que le dijo a su nuera, a la que desde aquí aprovecho para mandar mi mensaje de solidaridad:

-Oye, nuera. Te estás metiendo en camisa de once varas.

Su marido debía de ser uno que estaba con las manos apoyadas en su bastón, y que por fin, no lo pudo aguantar.

-¡Pero Paca, cómo es posible! ¡Qué sabrás tú lo que es meterse en camisa de once varas! Si te estás metiendo en la vida de un matrimonio. ¡Déjales ya, mujer!

-¡Claro que sé lo que significa meterse en camisa de once varas! ¡Lo que estás haciendo ahora mismo! ¡Tú a callar, que los hombres no entienden nada!

Total: que al parecer se metían en camisa de once varas, la nuera, su suegra y hasta su marido. Y yo también, aunque involuntariamente, que ya me sentía un miembro más de aquella desagradable tertulia. Me apunto para otro día buscar la etimología de la palabra arpía, palabra un poco misógina seguramente.

“Meterse en camisa de once varas” es una frase cuyo origen es medieval, casi como la señora ésta de la que estábamos hablando. Al parecer, cuando había una adopción, normalmente por parte de algún religioso, era tradición una ceremonia en la que el padre adoptante, metía al bebé por la manga de una camisa muy amplia, y lo sacaba por el cuello de la camisa. Como si fuera un nuevo nacimiento. Muchas veces las adopciones no salían bien, sobre todo cuando se adoptaban niños o niñas creciditos o incluso adultos. Se metía uno en la camisa (quizás no de once varas) y salía en una casa que no era la suya…

Esta especie de rito era más o menos parecido en otros países, desde Portugal hasta Turquía generando similares expresiones, que significan aproximadamente meterse uno en asuntos en los que no tiene por qué entrar. Una vara era un patrón o medida algo más corto que el metro actual.

No podemos recomendar al hijo y la nuera que sacudan con las once varas las posaderas de la suegra, porque no somos partidarios de la violencia y sería además políticamente muy incorrecto. Con la familia, solo cabe contemporizar o salir huyendo.

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