Hoy me levanté pensando en ese mar de mares que eres tú.
Miré por la ventana pero por desgracia solo vi edificios y coches, gentes con prisas, no vi el mar.
Me hubiera gustado verlo, comprobar su inmensidad, ver sus olas besar suavemente la playa de arena fina, borrando las huellas que cada noche quedan grabadas…
Estaba dispuesto a adentrarme en el mar, a surcar sus aguas, a bajar a sus profundidades y descubrir todos los tesoros que guarda en su interior, sus peces de colores, sus arrecifes de corales, sus paisajes idílicos. Me gusta mucho, quiero ver el mar, quiero descubrir el mar.

Y como pequeño velero dejar que el viento me mueva sobre él, de un sitio para otro, deslizándome tan suavemente como si en cada viraje depositara un beso en la superficie del mar.
Hay veces que hablando de ello me siento como el barco que, luchando contra la tempestad, luchando por no zozobrar, deseando que pase el temporal y vuelva la calma para retomar el rumbo adecuado que lleve al faro. Desde mi ventana si se ve y diviso en el horizonte y que deseo alcanzar. Espero que ese destino será el final a una travesía llena de incertidumbres, de luchas, deseo desesperado.
Este barco quisiera navegar a toda máquina surcando las aguas tranquilas y aprovechando la bonanza del viento, pero de nuevo esta tarde tendrá que tomar un descanso para ver los cielos y soñar donde sabe que existe un mar pero donde no veo el agua ni la arena de la playa.
Y al regreso, cuando el sol se haya escondido en el horizonte y la luna se contemple en el espejo de esas aguas tranquilas, este barco buscará la luz del faro no encontró. La sensación de que este barco es una insignificancia en la inmensidad del mar, un simple objeto flotante que no representa nada, como mucho una mancha en el horizonte.
Ese barco ha sido muchas noches el punto de choque de las impetuosas olas del mar; no le importó y las ha amortiguado como ha podido, luchado contra ellas, con su quilla las ha ido partiendo hasta dejarlas en la nada. Cuando las olas se han calmado, cuando la mar está de nuevo en calma, qquiero disfrutar de esa suavidad, de esa tranquilidad, pero no lo noto.
Cuando la mar está revuelta, cuando hay marejada, ese barco vira y revira, a babor y a estribor, para aguantar la tempestad pero cuando la mar está calmada sólo puede flotar sin rumbo fijo porque hasta el faro seapaga apaga.
Aún así, ese ingenuo barco, que ya no sabe si es un trasatlántico o un simple barco de papel, pero quiere estar en ese mar hasta que se hunda o naufrague.
Después de unos días de zozobra, después de pasar días desorientado en alta mar, anoche el vigía divisó la luz y el capitán ha puesto rumbo a el faro.
En este momento ordena desplegar velas y a toda máquina donde espera besar tierra en no muchas jornadas.

Mar Maestro

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