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El mareo llegó en el peor momento. De su mano resbaló la copa, rompiéndose. Los vidrios saltaron hacia todos lados, uno se le encajó en la pierna dolorosamente. Cerró los ojos, el ladrido lastimero de “Alegría” le obligó a abrirlos, la perra se encontraba a sus pies con la garganta cercenada, de ella salía sangre a borbotones, entonces perdió el conocimiento, desplomándose.
Tres días después salió del hospital. Una vecina al percatarse que no había sacado al perro a pasear, llamó a emergencias, ellos la encontraron inconsciente junto al cadáver del animal.

Al entrar al departamento el pánico la invadió, lo sintió desolado y triste, ni siquiera había podido sepultar a su mascota, que había terminado en la basura. El silencio podía escucharse, le era insoportable. Al llegar la noche, comenzó a escuchar rasguños en la puerta, como si su mascota quisiera salir al exterior.

Kesendirian se incorporó de su cama, eran las tres de la mañana, su mascota jamás le hubiere molestado a esa hora. Pensó: No quiero volverme loca.

Comenzó a rememorar distintos pasajes de su vida, se preguntó si alguna vez había sido dichosa, la única felicidad de su vida había sido su “Alegría”. Recordó el revólver que su madre la había entregado unos años atrás, poco antes de morir, para que se defendiera de los sátiros que podrían provocarla a ir por un mal camino a los 56 años. Fue por él, lo acarició unos momentos. ¿Para qué vivir? Se preguntó. Ni siquiera tenía una foto de su perrita, pensó, al momento de comenzar a llorar.
Entonces se acordó que tenía una laptop, comenzó a buscarla hasta encontrarla. La encendió, lo primero que se le ocurrió fue buscar perritos en adopción. El buscador le desplegó un sinnúmero de opciones. Ninguno tan hermoso como su yorkshire terrier. Tecleó entonces historias de perros, había muchas, se puso a leer. Comenzaba a amanecer cuando encontró por casualidad la página en facebook de Soy taller, ahí la historia de un perrito como el suyo la puso nostálgica. Continuó leyendo historias, había tantas y tan distintas, hermosas, tristes, alocadas, de terror, algunas le hicieron reír hasta que las lágrimas le brotaron de los ojos. Observó que se hacían concursos, incluso, se daban cursos en línea. En su mente surgió una idea: Mataría por colaborar en desafiosliterarios.com. Acarició la culata del revolver con placer. Estaba dispuesta a matar. Comenzó a escribir, la vida le debía mucho, ahora tomaría su revancha, tal vez mataría en sus historias, pero éstas la harían vivir.