El disfraz de Lucho

El disfraz de Lucho

[Total:0    Promedio:0/5]

Me llamo Luis pero me dicen Lucho. Ahora mismo me encuentro en uno de mis lugares favoritos: El campanario de la iglesia que está ubicada en uno de los extremos de la plaza principal de la ciudad, cuyo nombre lo desconozco.

Desde el campanario puedo ver todo lo que pasa en los edificios, casas, tiendas y negocios aledaños a la plaza. Por eso es que es uno de mis lugares favoritos. Es un lugar muy fresco, protegido de los rayos del sol y solitario.

Desde mi atalaya, veo a aquella mujer devota, disfrazada como una bailarina de can-can. ¿Quizás para sentir el pecado en su piel?

Veo a esa otra chica que ejerce la profesión más vieja del mundo de manera muy discreta. La veo a través de la ventana de su apartamento enfrente de la iglesia. Se está disfrazando como una mujer recatada ¿Quizás para dejar de sentir el pecado dentro de sí?

He visto al ladrón disfrazado de policía y al policía disfrazado de ladrón… aunque en este caso no veo mucho la diferencia: He visto al policía hablando con el ladrón de una manera demasiado cordial, lo cual me ha hecho sospechar que tienen algún negocio común entre ambos.

Aquella familia de blancos, unos amarillentos y otros más rosados; se han pintado su piel de negro. Se ven de lo más graciosos entre la multitud. Y hay negros que se han pintado la piel de blanco. Y árabes disfrazados de chinos y chinos disfrazados de árabes.

Mi madre contaba que el carnaval es como ver el mundo al revés, trastocado… y tiene razón aunque ese revés no sea del todo cierto.

He hecho el ejercicio de imaginarme que disfraz pudiera usar yo. ¿De ratón? ¿De perro? De perro pudiera ser, tengo una referencia cercana en Simba, el perro de la casa en donde vivo. Pero debajo de ese disfraz, seguiría siendo yo mismo.

En lo que va del día he visto a la gente en la calle, con disfraces nuevos. Los disfraces cotidianos hoy se han quedado en los closets. Las serpentinas, el confeti y la música inundan las calles de la ciudad.

Gente disfrazada bebiendo líquidos de diferentes colores, algunos deben ser muy fuertes, porque veo como arrugan sus rostros cuando los beben. Otros fuman y se largan a reír. Otros se empolvan la nariz. Otros se inyectan algo en las venas.

Es hora de estirarme y lamer mi cuerpo para asearlo. La gente es extraña, pero en su mayoría son buenos gatos. El carnaval avanza con sus disfraces y alegría. El carnaval, mucho de apariencia y poco de verdad… como cualquier día de la vida.

Buenas intenciones

Buenas intenciones

[Total:0    Promedio:0/5]
Ya está mi madre otra vez con que vaya a la pelu ¡qué barbaridad!  Y todo porque viene a  cenar Felipe, el hijo del primo segundo de mi padre, el que heredó hace poco.
Yo no sé qué manía les ha entrado con endosarme al chaval, debe ser porque no se enteran de nada y, a ver cómo les explico yo que no puede ser, que no viene por mí todas estas noches y que los ojos de lujurioso que exhibe después del segundo plato, se deben a la espera del postre, ya que mi madre no sabe qué prepararle para que el chico esté contento.
No sé por donde entrarles, realmente, hablar de sexo a los padres resulta un poco violento, pero,  antes o después, tendré que abrirles los ojos y, más que nada, lo haré por evitarle a mi pobre madre preparar esas cenas que están  acabando con la salud de mi padre. Y mira que se lo ha dicho el médico: «De grandes cenas están las sepulturas llenas,  Don Manuel» pero él ve los primores que ella saca a la mesa y que le recuerdan sus primeros tiempos de casados y no se levanta hasta que acaba con todo.
Cierto es que ya voy teniendo mis añitos,  terminé la carrera, dejé de fumar porros y volver de madrugada, y me encanta que sigamos juntitos. Pues bien,  me está pareciendo que a ellos no les gusta ya, con la de mimos que me dedicaban cuando era pequeña….
Uno de los motivos para no abrirles los ojos a la realidad, es ese, que me están volviendo a malcriar, aunque sólo sea para que cene con ellos cuando viene el re-primo, a ver si se anima y se me lleva, y luego les traigo nietos y todo eso.
En confianza os diré que sé de buena tinta que no le gusto, que lo comprobé. Para que lo entendáis mejor, que hice el experimento ¡a ver si hablamos claro!.
Pues que no, que no entró al trapo, que no me molestara -dijo- pero que a él lo que le gustaba era el cariño conque lo tratábamos y un tal Roberto que vive frente a su casa, pero que tiene novia. Uno de esos amores imposibles y desgraciados, cuyo sufrimiento atenúa  cenando en mi casa.
Así que los dos estamos contentos pero, me sabe mal por mis padres,  inocentes criaturas que no comprenden nada y no piensan que, cuando nos dejan solos un rato «para que hablemos»,  lo menos que podían apreciar al volver es que mi rojo de labios está intacto.
Hablaré con ellos,  lo he decidido al ver el análisis de sangre de mi padre. Su colesterol está exultante y en plena forma. No merece que le hagamos esto.
Ya veremos a quién pesca ahora mi madre, aunque yo no quiero pensar que prefiera que vuele sola, creo que, en realidad, desea seguir preparando cenas.
¿Y si todo fuera un complot para cargarse a mi padre?. Me voy a mi habitación a reflexionar, es tan agradable seguir en casa…
A %d blogueros les gusta esto: