Estrenando la muerte

Estrenando la muerte

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—Hora de muerte: 20:19 —dijo el doctor mientras consultaba su reloj pulsera sin soltarme la muñeca con la otra mano.
Escuché unos sollozos contenidos. Seguramente mi esposa se apoyaba en su amiga para consolarse.
Con mi última mirada le dije que la amaba. Después alguien me cerró los párpados.
“Tengo frío, miedo… quiero llorar y gritar pero no puedo. No estoy muerto. No puede ser. ¡Estoy acá! Ahora”.
Las luces y sombras buscan atravesarme desde afuera. Me mueven. No quiero creer que esto es así.
De pronto, el nauseabundo olor a rosas embriaga el aire. Debo estar en el tanatorio. Más llantos.
“Solo espero perder la conciencia de una vez. ¡Por el amor de Dios, esto está mal!”

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Piedras

Piedras

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Piedra. Piedra. Piedra. Piedra.
Piedras.
Montículos de piedras.
Gemidos.
El olvido en lluvia intermitente
moja nuestros cuerpos.
Las piedras,
descompuestas en guijarros,
lloran.

La columna,
refugiados sin refugio,
humo voluble,
avanza.

Impasibles,
gritos que se pierden
en los ecos de una amarga letanía,
en la lejanía del nada puedo.
Nada puedo.

La deshonra nos condena,
pero en pétrea memoria del olvido,
constante intermitencia,
callamos, enmudecemos,
hasta que desfallecen los sentidos.
De los otros.
decimos.
Y sin saberlo,
de nosotros mismos.

Dejamos lapidada
nuestra conciencia
en el sepulcro del silencio.
La apatía
es nuestra asistencia al entierro,
nuestro voto asertivo al miedo
que convierte las fronteras
en fúnebres pasos
de una muerte anunciada.

El polvo
hecho cuerpo
se detiene,
flirtea con la esperanza,
nos observa,
y la certeza
les acerca a la tierra.

Horror,
horror a ojos visibles,
a vendas superpuestas.
Lentitud en la violencia.
No matan las balas,
sí la indiferencia
de los suyos,
de los tuyos,
de los tuyos, de los tuyos, de los tuyos,
de los nuestros,
de quienes un día,
a la fuerza,
sin pensarlo,
sin quererlo,
cruzarán la frontera,
y serán personajes
de un cruel drama,
que nos creemos ajeno,
de esa trágica batalla,
entre el ayudadme
y el dolor de no hacerlo.
Nada puedo.
Y su cuerpo sufrirá
lo que sus ojos ven,
lo que su boca calla.

Desconsuelo, desconsuelo,
desconsuelo
donde nunca antes hubo consuelo.
Suelo perdido,
solo les queda el aire,
aire…,
aires de miseria prolongada.

Y sentirse nadie,
ser nadie,
en el dolor del camino,
en la frustración de la parada,
en el seguir adelante
con causas…
y desesperanza.
Falso paraíso reclamado,
refugio insolidario.

Quedarán las piedras,
y debajo,
ahogada,
sin respiros,
su conciencia,
y la mía, y la tuya,
y la tuya y la tuya,…
y la nuestra.
Y sin conciencia
seremos solo piedra.

…Y la imagen retenida
de la impotencia,
de saber, de pensar,
que algún día
pudimos abrir los ojos
y dejar de ser
piedras muertas.

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SIN BARRERAS

SIN BARRERAS

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Quise que aquella fuese la última vez que sufriesen, ya que mi denuncia le había apartado del núcleo familiar. Aunque nos había hecho sufrir muchas veces, no podía soportar ver llorar a mis hijos cada vez que me preguntaban, si papá volvería por Navidad. Mi conciencia no descansaba tranquila, cada noche le pedía a Dios que me diese fuerzas para perdonarlo por ellos. Pero algo tenía que hacer por mis hijos. Entonces llegó el día del juicio, un careo al que temía, a pesar de que me dijeron que no le vería la cara. Sin pensarlo dos veces llamé al abogado, no existirían ya más barreras que lo impidiesen, los niños tendrán a su padre y yo mi conciencia tranquila. Su papá volvería por Navidad, pero mi exmarido se volvería a marchar al terminar las fiestas, ese sería mi gran regalo.

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Audiencia concedida a mi Conciencia

Audiencia concedida a mi Conciencia

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¿Qué ilustraciones has cursado?
La licenciatura en Leyes, Dogmatismo que trazan los hombres y los escarmientos de la calle. ¡Qué contradicción!

¿Por qué escribe?
Es una forma de comunicarme con usted, con los que me ojean y no omitir mi pensar.
No sabía cómo hacer un libro y ahora menos. Mis lectores han ganado un texto pero ha perdido la literatura.

¿Cuáles son tus argumentos para tus textos?
No lo que se ha perdido en cuanto a mi generación, si no, en lo que ha cambiado con relación a ella.
En ocasiones protagonizo mis vivencias mediante mis líneas, en otros, el despertar de mis amigos o mis confesores. Pero lo significativo, es la miopía y la desviación de la esencia, de los que hoy perduramos.

¿Te liga la nostalgia?
Tengo buena memoria y los buenos momentos están ahí. Hoy me tiende las manos.

¿Concurres como un hombre Bohemio?
No, lo que en horarios flemáticos de la noche, percibo mejor la vida.

¿Cómo valoras a tus semejantes?
Es como estar frente a un espejo, no los conjetures como no te gustaría a ti. Pero la exclusividad, para las almas mayores, las damas y los críos. A estos, todo mi respeto.

¿Te importa lo que especulan, estos de ti?
Lo que me importa, es lo que yo pienso de ellos. Yo tengo mis motivos y ellos los suyos.
Mis amigos me odian, con mis textos, les hago recordar sus años.
Soy un hombre ocupado y no preocupado. Prefiero andar en el medio, ni envidioso ni envidiado. Pasar desapercibido y mi estatua es, uno ochenta y uno.

¿Qué es para ti, unas elecciones?
Vida de esperanzas por cinco años y luego inflar el globo de nuevas ilusiones.

¿Crees en el amor?
Es por el cual escribo, es el motivo de cómo me vínculo con mis semejantes, es por lo que la vida me abraza, ha sido mi motor de arranque.

¿Cómo has vivido?
Viví, vivo y viviré, con los pies sobre la tierra. Desafiando la vida y olvidándome de la muerte, esta última está segura.

¿Qué ha sido lo mejor de esta entrevista?
Que aún existo y eres el instrumentar de mi existencia.

Carlos Manuel Cañizares

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