78 minutos

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Nos despertamos al unísono. Ella vestida con un pijama a rayas en degradé en colores vivos, yo, vistiendo un short blanquecino y una remera ceniza.

Natalya se levanta, me mira, sonríe, me bautiza con susurros de buenos días, entre sonrisas, se lleva su mano a la boca y me envía un beso soplando su palma, la brisa hace mella en mí y me derrite, cierro los ojos y río de placer, ella se da vuelta y camina con destino al desayunador, no se percata del albor que irrumpe por la ventana y la acompaña iluminando el pasillo.

El sol se pasea en el espacio dejando su cálida aurora. Ella no lo advierte, se desplaza por la habitación, despreocupada, observándome, llena de misterios, sensual, se percibe en su cara una expresión de felicidad, la miro fantaseando con poseerla, nos encontramos en una mirada fogosa, nos contemplamos, reímos en silencio, fundiéndonos entre miradas perversas.

Me habla, carcomiendo sus labios, su vista se vuelve perturbadora, se desplaza de un lugar a otro, sigilosamente, convirtiendo el ambiente en una pasarela, derrochando sensualidad por el departamento.

Me lleva a la cocina, prepara el desayuno, bebe un té con leche, yo me quedo inmóvil, como un objeto perdido, contemplando su encanto, recorriendo con la vista, cada detalle de su ser, observando su esplendor, su cuerpo, ella se presenta despreocupada de toda situación.

Se descubre desnuda, lo sé. No deja de mirarme, sin expresar palabra alguna, sus ojos penetran mí ser y me descubre toda intención. No me atrevo a romper este contexto, y enmudezco, me llamo a silencio, inerte, la acoso con miradas, me desplazo junto a ella, recorro el sitio a su lado.

Se dirige al sanitario a tomar su habitual baño, deja que presencie su lavado, la contemplo en silencio, observando su piel, sus curvas y su esbelto cuerpo.

Se unge la mano con jabón liquido que disemina por todo su cuerpo, desplaza el linimento por su piel rosada, acaricia su cuerpo enjabonado con sus yemas sobre su contorno, su mano se desliza por sus brazos, resbalando entre bálsamos y zonas de su ser. Parece excitada. Me ojea, se fricciona las manos, y me mira, mordiéndose el labio inferior. Me incita, descubro su mirada sicalíptica y cafre.

Se rocía de agua que agasaja su ente, aseándola y dejándola fresca.

Distingo como las partículas de agua eclosionan y se deslizan por su cuerpo, conmemorando a «Galatea de las esferas».

Batallo con mi erección, tratando de sobrellevar la escena, poso mi mirada al techo, buscando distracción, imagino encontrarnos en la estepa ucraniana, recorrer la península de Crimea sobre la costa septentrional del mar Negro, esperando el lubricán entre besos y propósitos.

Despabilo, tal vez por el sonido de su tropezón, la persigo, mansamente, ella retribuye mi mirada con una sonrisa, quedo perplejo, sus ojos, su mirada, su sonrisa, me cautiva.

Natalya decide hablarme. No entiendo sus palabras, me acerco a mirar sus labios, ellos se contraen, se expulsan, se desploman y vuelven, suben, bajan, mi mente está sumergida en su istmo de las fauces, no entiendo lo que trata de decirme, ella sigue emitiendo palabras que llegan como sonidos lejanos, se ríe, mirándome una vez más. Se la nota feliz. No deja de echarme un vistazo, mientras camina y ríe.

Se dirige al escritorio. Recoge sus pertenencias y las introduce en su cartera. La observo, se sonríe, me sonrió, despedazo mi silencio, y le pregunto por su tiempo. Me contesta, dialogamos, nos sonreímos y sonrojamos como adolescentes. Ella se apresura, va a clases de yoga, mira fijamente el teléfono y me dice, “Kohaniy”, cerrando el skipe.

Quedo perplejo, me dirijo al ventanal, observo la meseta esteparia soleada, unos rayos de sol aluzan la vegetación herbácea. Sus rayos alumbran una mata particular, resinosa con ramas leñosas y erguidas, de color verderón oscuro, envuelta en coirones, que me atrae la atención, se parece a la silueta de Natalya.

Me desplomo pensándola, caigo en mi aposento, me doy vuelta sobre la cama con el celular en la mano, miro el Skipe, llamada 78 minutos.

© as

Malas noticias

Malas noticias

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La historia que voy a relatar, la escuche en una radio FM, de una ciudad al sur del continente americano, más precisamente en la localidad de Las Heras. Las Heras se encuentra ubicada en el departamento Deseado, provincia de Santa Cruz, República Argentina, lugar en el mundo donde finaliza la estepa patagónica.

Fue en el año 2014, que empecé a escuchar por FM Soberanía, “Malas Noticias”, así se llamaba el programa radial, una trasmisión que buscaba el debate colectivo, un magazine de noticias, “recorriendo el país en ciento veinte minutos”, revelaba el avance. El programa, no era un contenido conocido, era más bien un formato novedoso.

Encontraba en esta emisión radiofónica, un sentido extravagante, acompasado y divertido, con una excelente cobertura periodística del presente y una novedosa voz por parte del locutor.

Éste, daba inicio al programa con una anécdota o relato, el cual disfrutaba escuchar, bebiendo un café negro acompañado de un alfajor de coco.

Me encontraba captado por su peculiar estilo de relatar y notificar las noticias.

Viene a mi memoria una narración muy especial, en el día de mi cumpleaños. En ese amanecer, el presentador se explayo con esta ficción a las 8 de la mañana.

Hoy desperté, conmovido, un horrendo desasosiego invadió mi ser y sentí la necesidad de tocarte, de saber que estabas a mi lado, socavando mis dudas del anubarrado ensueño en el que me hallaba inmerso.

Me encontraba naufragando, dentro de una espantosa pesadilla de la cual eras la protagonista, creo que el pánico, se apoderó de mí y temí lo peor. Nervioso intenté magrear tu cuerpo, con mi mano trémula, el primer contacto con tu piel fue un roce, con miedo, sin pretender palparte.

No me apacigüe, necesitaba confirmar que estabas a mi lado. La segunda tentativa, fue directa y placentera; acechando, apoye mi mano sobre la concavidad que tienes en línea con el trópico de tu ombligo. Tu cuerpo, se encontraba tibio, suave, lo recorrí primeros con las yemas de mis dedos, acariciando cada centímetro de ti. Luego, exploré y recorrí el contorno de tú cuerpo con la palma de mi mano, utilizando mis labios para transitar hasta la extremidad de tu pie.

Me tenté en despertarte con un beso, comprensiblemente dormías plácidamente, y rechacé esa tentativa. Volví a tu zona y la recorrí, en una ida y vuelta de mis bembos sobre uno de tus laterales, delineando tu contorno con suaves y pronunciados ósculos, sobre pendientes rosadas, suaves y perfectas.

Navegué con mis labios sobre preponderancias de efluvios del aroma que emanaba tu esencia. Me embriagué de tu fragancia, no podía salir de la ruta de tu cuerpo; mis belfos empezaron a abrirse para dar lugar a mis cuatro incisivos superiores que solicitaban excitados desnudarte del body blanco rasado que llevabas puesto, en consenso con los cuatro inferiores, que instaban tatuarte un mordiscó.

Tuve que volver a la realidad obligado por una resonancia de alarma, la cual me despabiló del trance en el cual me encontraba sumergido. Era el despertador que marcaba un nuevo día, como todas las madrugadas, las seis am; alumbrado por tu ser, me dirigí hacia la cocina y preparé café.

Salí al balcón a mirar el amanecer, la bóveda celestial se encontraba abstracta, el sol asomaba tímido y pausadamente entre un conjunto de colores en degradé rubescente.
El alba se presentaba diferente, colorido y con una temperatura agradable, descubrí en este albor remembranzas de cientos de pinturas que me vinieron al presente, solo faltaban las palmeras y el mar.

Regando las plantas, descubrí la eclosión de los narcisos, se encontraban resplandecientes, la corona firme amarillenta, cobijada por pétalos blanquecinos sobre un vástago inmóvil. Me tente y desprendí dos narcisos.

Busque un vaso de trago largo, vertí agua sobre el mismo, deposité los narcisos y los coloque en el desayunador.

Continúe rumbo al baño a darme la habitual ducha, terminé de vestirme en el dormitorio, mientras observaba tu cuerpo inerte. Sentí el deseo impulsivo de volver a tu ser, tu resuello me alarmó, Tuve la debilidad de inhalar tu respiración, profese la necesidad de inundar mi ser con tu aliento, fue un ejercicio sincronizado, exhalar e inhalar, lo hice por muchos y largos minutos, una y otra vez, hasta quedar exhausto y llenarme de ti.

Me tenté con correr tu azabache cabello de tu rostro, necesitaba, redescubrir tu exuberante belleza. La excitación se alineó con el deseo y estuve sutilmente bufando cada brizna de tu cabello aterciopelado, desprendiéndolos de tu faz blanca, hasta dejarla emergente en consonancia con la aurora que asomaba por el mirador.

Incitado por el instinto, contemplé tu expresión una vez más, fascinado por tu rostro. Un semblante bello y único, como jamás observé en mujer alguna.

Una vorágine de sentimientos colmó el hábitat en el que nos encontrábamos, los minutos seconsumian en tu ser.

Obnubilado por la situaciòn, desperté con la percepción del sonido de un pájaro quinde, de cabeza azulino y cuerpo de musgo, que golpeaba con su pico el ventanal, llamando mi atención. Me dirigí hacía el volador, quedando paralizado frente a él. Éste, aleteaba en un revolotear intermitente y rítmico, me arrime al ajimez y nos observamos frente a frente. Aprecie su iris, un abanico de colores en degrade que alcanzaba su color semejante.

Pude descubrir cada centímetro de su cuerpo, considerar su fisonomía y grabar en mi mente su verdosa integridad. Sorpresivamente huyó, lo seguí con la mirada al oeste a través de la abertura, tenía un vuelo sorprendente, el despliegue de sus alas era intenso.

Volví a ti y observé tu encanto inmóvil, en guerra con la excelsitud, una inocencia perpetuada entre sábanas umbrías, que destacaban tu pureza.

Decidí ir a la cocina a servir mi café, lo ingerí amargo junto al alfajor de coco, mientras preparaba las tostadas para cuando te despiertes y pases a desayunar, ubiqué tu mermelada de naranja sobre el desayunador.

Sobre terrones de azúcar dibuje con una cucharita de tè, tus iniciales, SS.

Volví al dormitorio a despedirme, seguías en el jergón, amorronada a la pradera esteparia. Me acerque sigilosamente, bese delicadamente tu frente descubierta y observe una vez más tu encanto.

Una sonrisa asomó en el amanecer de tu expresión, ese instante se perpetuó en mi mente, fue conmovedor y punzante haberlo develado, una lagrimea surco mi rostro, sentí el relente en mi piel, y un fuerte dolor golpeó mi ser en ese preciso instante, en el cual, solo atiné a echar una mirada, esbozar una sonrisa y evadirme.

Baje por el ascensor rumbo a la radio, la ciudad se veía vacía, el día se encontraba luminoso, no había tránsito, ni gente, ni pájaros, ni sonidos, ni viento, solo el día soleado y despejado.

La metrópoli se encontraba desierta, transite sus calles pavimentadas por las líneas en doble amarillo, no se hallaron indicios de existencia, preocupado y conmovido por la situación, seguí caminando por la calle hasta llegar a la emisora.

Parado frente a la entrada radial, pretendí abrir la puerta de vidrio espejado. Intenté una y otra vez sin resultado alguno, parecía sellada. Utilicé él timbre, sin obtener respuesta alguna, me encontré vencido de tanta insistencia. Hasta que observé el cristalino frente a mí y contemplé los coches transitar, la gente deambular, noté moverse la rama del árbol en forma pendular. Advertí la lluvia y reparé en la gente su preocupación por la misma, unos corriendo, otros a pasos agigantados. Soplaban fuertes vientos y un cielo oscuro y tenebroso se apoderaba de la escena.

Atisbé el albor convertirse en crepúsculo, exploré a través del vidrio espejado, buscándome y no me descubrí.

Malas Noticias, Las Heras Santa Cruz, 6 de agosto de 2016, encuentran sin vida el cuerpo de una mujer desnuda en su lecho, al costado del mismo, se encontraba sin vida el cuerpo de su esposo.

Se desconoce oficialmente las causas de este fatídico desenlace, los cuerpos no presentan signos de violencia alguna, por consiguiente se descartan las causas de los óbitos.

La Dra. Halieska Arroyo presume que los fenecimientos estarían dados por paros cardiorrespiratorios en ambos casos y según reveló uno de los forenses, el cuerpo femenino fue el primer deceso.

Se conjetura que las expiraciones se produjeron al alborear del 5 de agosto, personal policial extraoficialmente reveló datos filiatorios de las partes, solo informaremos hasta tener el parte oficial, que las siglas del nombre de la mujer es SS y del hombre AS, ampliaremos.

©as

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