Ais Eich

Ais Eich

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Bueno. Corría el año nosecuantos, más o menos. La Tierra parecía sufrir su última glaciación y era barrida por un viento que arrastraba los copos de modo que asemejaba una suerte de nevada casi horizontal, acompañada de los silbidos de aquel vendaval infame. Unos tipos barbudos cubiertos con pieles llegaron andando a la explanada, junto a un árbol muerto y unas rocas enormes.

-Ñmnñ jeñs `ñknsflnnfb- dijo su líder.

-¡Ja! «pi`ppopoosfnqqnn`knqg- respondieron los otros.

El  diálogo continuó así de animadamente en aquel protolenguaje que podría traducirse más o menos así:

-`sdfsfbñrbfnabv-´ñknna!!

-¡Vaya viento!

-El aire chilla desgarradoramente como cuando te comes vivo un niño enemigo ¿verdad?

-¿Qué dices?

-Que el viento silba entre las rocas como las brujas ardiendo en el fuego purificador.

-¿Cómo? -le respondió poniendo una mano en la oreja a modo de trompetilla.

-Que hace un viento que brama y aúlla entre las rocas como el terrible canis lepophagus del pleistoceno.

-Tío, déjalo, ya me lo dirás en otro momento, que no te oigo bien. ¿No ves que el viento ruge como en la guerra de los dioses?

-¿Qué dices?

-¿Cómo?

-¡No te entiendo!

-¿Quién?

Llevaban un rato chillándose mutuamente los dos guerreros hasta que el jefe de la tribu les impartió sendos garrotazos y por un momento perdieron el frío. Levantó su mano y su garrote y hablo pausadamente como si un dios orase con él. Y dijo:

-Sois un par de gilipuertas.(*)

(*N del T:  Respecto a la palabra gilipuertas. El término laddnkgslñskxww no goza de un amplio consenso entre los lingüistas respecto a su significado concreto. La raíz laddnkg puede significar «cazador de moscas en la nieve», o también puede ser un mueble zapatero de IKEA, pero finalmente hemos creído que  el término gilipuertas expresaba la idea de modo claro  para el lector contemporáneo).

Abandonaron a los dos muertos y siguieron hasta la cueva que había a la izquierda y entonces fue cuando el jefe les dijo.

-¡Jo, qué diferencia! -y se frotó las manos- Que bien se está aquí, en esta caverna. Jarukk, enciende una hoguera, anda.

-Que yo sepa no hemos descubierto el fuego aun, jefe.

-¡Tú eres laddnkgslñskxww! No estamos en la prehistoria. Ya hay internet fuera de este valle, así que fíjate si conocemos el fuego.

-¿Internet?

-Sí. Incluso he estado mirando con mi teléfono móvil un sitio que se llama Desafiosliterarios.com, que es la web de los nuevos escritores.

-Mola, mola -dijeron todos- ¡Mola, mola!

-Pues sí que mola, sí. Ahora van a crear una nueva sección de relato histórico llamado «Relatos con historia».

-¡Mola, mola! ¡Mola, mola! -repetían aquellos terribles guerreros y agitaban la cabeza como el que dice que sí, que sí.

-Vamos a escribir un relato cada uno y contaremos algo en un contexto histórico que nos interese.

-¡Mola, mola! ¡Mola, mazo, mola!

Y todos se sentaron y untando la punta de un colmillo de mamut (entre todos, porque el colmillo pesaba 150 kg) con la sangre de un canis lepophagus empezaron a escribir en la pared de la cueva. Todos sacaban la lengua cada vez que escribían una O y hacían el recorrido con la punta, y su jefe los miraba como diciéndose, dioses, vaya tropa tengo.

-¿Pero os  habéis registrado ya en desafiosliterarios.com?

-Si es que son laddnkgslñskxww, ¿eh, jefe?-se aventuró a opinar Jarukk

-Podéis preguntar también a Ángeles Cantalapiedra. Lo de la piedra suena más a lo nuestro, pero si vuestro relato va de romanos o de aztecas, por ejemplo, también podéis preguntarle a ella y a Enrique Brossa.

EMBRIAGAMIENTOS

EMBRIAGAMIENTOS

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Creo que ya llevo todo un año sin hablar del género «miser» y por tanto me he ganado el derecho a reincidir. Tenéis que comprender que me divierte hacerlo y que a algunas personas les interesa el tema.

Ya he dicho antes que llamo género «miser» al que está compuesto por obras romántico-carnales baratas, valga la redundancia, en las que los personajes y el narrador compiten siempre con lo del «todo mi ser». Lo quería con todo su ser, la deseaba con todo mi ser», y siempre con el ser por todos lados.

También os he puesto otros ejemplos de vocabulario especial «miser». Un ejemplo claro eran los poros. El amor que destilaba por todos los «poros de su piel», Quise memorizar con mis besos cada poro de tu piel… Estas frases hay quien las encuentra románticas, pero yo percibo una imagen algo sucia, me recuerdan los poros de los adolescentes y los problemas de acné juvenil.

Todos los tópicos son ridículos. y muchas veces no los son solamente por demasiado por repetidos, sino porque ya nacieron así. Pero de esto ya habíamos hablado.

Entre las palabras que, aplicadas en el género folletinesco y a la narrativa romantiquera contemporánea, me producen flato, trastornos intestinales y otras reacciones adversas no deseadas, valga la redundancia, así como prurito en algunas zonas del cuerpo, está la familia «embriagar», «embriagada», «embriagador» y derivados.

Sus susurros me embriagaban. El néctar de sus labios la embriagaba. El aroma de su cuerpo era embriagador, la música lenta y la visión de sus pupilas la estaban embriagando lentamente y no le quedaban fuerzas sino para sucumbir…

¡Dios!

Me faltan adjetivos para ilustrar lo que todo esto me transmite. Decir anticuado es ser muy discreto. Cursi es muy poco. ¿Laxante? Real, pero se queda corto. Estomagante es demasiado incompleto. Vomitivo. puede ser. ¿Rancio?

A ver: sé que alguna de mis lectoras-escribidoras ha empleado este término más de una vez y no es mi intención molestarlas. Se preguntarán con motivo: ¿Quién soy yo para condenar un término perfectamente ubicado en el diccionario de la Real Academia Española? ¿Acaso soy lector de ese tipo de novelámenes? ¿Cómo tengo la desfachatez de meterme con esa manera de escribir, con las cifras que se despachan en Amazon de libros plagados de joyas así?

Bueno… Sin problemas. Tú sigue usando todo mi ser, los poros y el embriagador. No pasa nada. Tienes todo el derecho. Yo te ayudaré. Por ejemplo: añade en el momento culminante a una protagonista femenina que, tapándose los pechos con una sábana, espeta a su amante, que se está anudando la corbata.

-¡Leandro, eres un canalla!

Y no olvides buscar una imagen así para la tapa del libro. No dudo de que tiene su público. Y tampoco de que puedes tener claro que tu público es ése exactamente, el que compra esos libros. Yo eso lo respeto mucho, porque escribir es para algunos afortunados y afortunadas un oficio. Eres consciente de tu oficio y lo estás haciendo a propósito y al terminar la oración estás pensando en el número de unidades que lograrás vender con este texto, teniendo en cuenta la marcha de los anteriores. Lo que yo digo no es para ti, perdona que te haya ultrajado, como a las protagonistas de tus novelas, que tienden a estar siempre ultrajaditas, oye. Lo que digo es para esos escritores y escritoras que no son realmente conscientes de lo que están perpetrando. Que están convencidas de que lo están haciendo estupendamente. Y que tienen capacidad para darse cuenta, reírse de sus propios textos e intentar no caer en todos esos rollos. A todos ellos, que son capaces de sonreír y de concederme la razón. Se puede hacer de otro modo.

A los otros, suerte con el género miser:

  • ¡Leandro, me has embriagado y has entrado en mi vida como un vendaval por todo «miser»! ¡Eres un bandido!

  • ¡Ah! ¡Y por todos los poros de mi piel!

¡Dios!

No, si la verdad es que es muy bonito…

Sumérgete

Sumérgete

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La yerba es sagrada. El mar también. Y la lombriz.

La piedra y tú sois sagrados. Sí, tú eres sagrado. Hasta yo lo soy, aquí donde me ves.

La niebla es sagrada, como el balón de mi hijo, o su goma de borrar.

El pan, el vacío, y la luz.

Mi pensamiento y su risa; las carreteras, la hoja, los perros, la pena, y el sol.

Hay una absoluta sacralidad en cada cosa, ya sea viva o inanimada. En todo átomo, en las cumbres, en el magma, y en el peine de una prima del hombre que cruzó la calle.

Y en el agua, tanto la de la nieve, como la del charco que pisamos ayer.

Hay un explosión gigantesca de belleza en las piezas y en el todo. En tu inquietud, en su indiferencia, y en mi ira. En el barro y en la cal.


Escucha el silencio. Sumérgete. Maréate con él. Disuélvete en él.


Y no me digas más, te lo ruego, lo profundo que es el mar, ni qué hermosa es esa niña, o qué preciosa su mirada.

No exclames más, te lo pido por favor, qué grande es la luz o el color de las rosas.

Te han enseñado que la flor es bonita, y solo repites lo aprendido. Eso no tiene valor. No lo percibes de verdad y por eso no lo puedes transmitir.

Antes de escribir, siéntelo con atención. Respíralo. Has de parar el tiempo. .
Vuelve a descubrir la belleza de las cosas. Partiendo de la soledad. Partiendo de ti.
Enrique Brossa, Taller de Relatos.
Juntos aprendemos modestamente a escribir y a vivir.
Nuevos grupos.

Ceniciento

Ceniciento

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Se hicieron las doce y cayó el sueño como una cortina que casi no me dejaba ver. Abandoné las redes sociales, repletas de princesas azules y de otros colores, y salí, pese al cansancio, con cierto garbo, de mi despacho en dirección al dormitorio. Pero con las prisas, perdí una alpargata en el pasillo. ¿Cómo se pierde una alpargata caminando? La respuesta es que tienes que verme a mí con sueño. Mi hijo pequeño, no sé qué haría despierto a esas horas, la recogió y dijo:

-Se lo voy a decir a Mamá, que tú también te dejas zapatillas por ahí, y te enfadas cuando lo hago yo.

-¡Eso mismo! -dijeron sus hermanos.

-¡Vaya acusicas! Parecéis hijastros malos de cuento.

Mi mujer, dijo:

-¿De quién es esa zapatilla? ¿Os parece bonito? El propietario, mejor que confiese.

Pero yo me metí en la cama, mientras ella seguía tratando de averiguar de quién era. Yo abrí un ojo al oírla entrar al cuarto. Sonriendo, introdujo la mano buscando mi pie bajo el edredón. Cuando por fin lo cazó con maestría como a un gazapo tratando de esconderse asustado en su madriguera, logró sujetarlo:

-Vamos a probar si la zapatilla es de este señor -decía. No sé por qué le hacía tanta gracia la cosa pero pronto me contagió su risa.

-Déjame que te la pruebe -decía- y si es de tu talla está pantufla de cristal, me casaré contigo otra vez. ¿A dónde iremos de luna de miel?.

-Pues sí que tienes ganas de reincidir -le respondí yo, asomando el dedo gordo para permitirlo.

-¡Horror! ¿Sabes que tendremos bodorrio -y me buscó las cosquillas en la planta del pie.

Al día siguiente tendría algunas tareas poco interesantes que hacer. Dejé de soñar despierto. Me quedé pensando en mi zapatilla de Ceniciento… y en que mi coche fantástico se había convertido en calabazas. Lo pensé mejor y me dije: <<Bueno, no. Quizás no>>

Propósitos de Nochevieja

Propósitos de Nochevieja

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Ya muere la madrugada de la Nochevieja. Cuando el jolgorio pase, quedarán rescoldos de juerga callejera. La euforia será un eco cada vez más lejano y algunos fuegos artificiales tardíos dibujarán brillos en la noche. El gruñir de motores, y el canturreo de jóvenes ebrios apurando las últimas oportunidades, perderán la guerra contra el manto oscuro de sueño y silencio, que irá apagando las risas a pocas horas del amanecer.

Pensaré en ti.

Querré pensarte sin nostalgia. Mirar hacia el presente que está a punto de llegar. Quiero dominar los acontecimientos. Moldear los siguientes eventos. Ahuecarlos. Mullirlos para ti, por si quieres permitir que tu nuca repose en ellos un poco, o quizás algo más. Para que podamos jugar y reir sobre una cama que tú sabrás decorar con sonrisas, con el color de tus ojos y con el calor de tus lomos. Querer algo con desesperación, es como rezar con los puños cerrados. Así de intenso es el deseo de que mis hechos labren el tiempo y el mar. O labrarte a ti mientras arañas las sábanas. Te dedicaré mi esfuerzo y mis recaídas, a ti, si nada exiges ni reprochas. Por ti que me tolerarías todo, y que todo lo comprendes, siento que te debo algo y que disfruto con mi ofrenda.

No vuelven solos de nuevo nuestros días. Te los voy a traer yo.

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