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El caer por la madriguera es como la entrada a lo que no conocías, pero a lo que estabas destinada a conocer. Todo parece del revés, sin lógica ni sentido, y resulta que el mismo sinsentido tiene más que contar de lo que jamás hubieras pensado. Alicia me enseñó en su momento a creer en la curiosidad, a preguntarte por todo lo que  te rodea, a lo que está debajo la piel, lo que da miedo pero a la vez te empuja a seguir hacia adelante; mirar de nuevo atrás si hace falta y avanzar, porque a veces, dos pasos al pasado son tres hacia el futuro.

La vida a veces parece absurda, te preguntas millones de cosas y estás atada al tiempo, obsesionada por ir adelante cuando esto no es más que una cuenta atrás. Aprovechar los momentos, el dolor, el amor y todo lo que conlleva ser humano no es fácil, ni comprensible a veces. Es necesario, entonces, hacerse preguntas, pero sin hundirte en una interrogación retórica eterna, dejarte llevar; dejarte guiar por un pensamiento, así como Alicia confió en la sonrisa de un gato para coger un camino u otro.

¿Qué más da al final? Escojas lo que escojas te traerá una vivencia u otra, lo importante no es dónde vas, sino lo que ese camino te enseña. Lloré como ella al no ver una salida, me sentí perdida entre mis lágrimas y me vi pequeña cuando menos lo necesitaba. Sin embargo, comprendí que en esta sociedad soy una gota más, diminuta. También comprendí que nada ni nadie podía hacerme empequeñecer, que yo podía ser alguien; alguien grande y seguro de sí, para mí y para los que me quieren tal como soy. Así que, querido lector, solo puedo decirte una cosa: cuida lo que te hace grande, mírate al espejo y conócete, porque este viaje pronto llegará a su fin y durará menos que el camino que ahí abajo emprendió Alicia.

A veces, una parada, un té con unos amigos o con personas que aun no conocías te harán sentir como en casa, comprenderás a raíz de situaciones diferentes a ti y a tus costumbres lo que te puedes encontrar por el mundo, y quien sabe, quizás ese desconocido está tan loco o más que tu; se quitará el sombrero por ti y te lo regalará para que veas a través de sus ojos, de su esencia.

Perseguir lo que te inquieta, así como Alicia no cesó hasta poder hablar con el conejo blanco, quizás te lleva a conocer algo de ti misma que ni en sueños hubieras imaginado; quizás caer por un agujero no siempre es tan oscuro como nos han enseñado; quizás la luz que hay en el fondo era lo que más necesitabas, de otro color, de otra forma. Lo desconocido es más conocido que lo cercano, porque nos libramos de las cadenas, nos dejamos llevar y somos más nosotros que nunca.

Siempre habrá una reina de corazones, alguien que te ponga barreras y que te haga también ver lo oscuro y duro que es el mundo, porque no todo son maravillas ni en el propio país que lleva dicho nombre. Si tuviera a Alicia delante, le preguntaría como fue esa bajada a las profundidades, pero de algo estoy segura: me invitaría a bajar con ella de nuevo, porque a veces cara es cruz; nunca es siempre, a veces es solo un rato y lo imposible sale de los sueños para volverse real.

El tiempo, que rápido le pasó a Alicia en las Maravillas y que rápido me pasó a mi leer sus aventuras; peripecias que he vuelto a leer miles de veces tiempo después, siendo niña y adulta y aprendiendo algo más cada vez.

Es seguro que al otro lado del espejo las cosas estarán del revés, no encontrarás nada en su sitio, pero resulta que lo agradeces, que era necesario que todo estuviera patas arriba para poner un nuevo orden o no ponerlo directamente.

Sé que nunca bajaré por una madriguera ni viviré lo que esa niña con vestido azul, pero tengo algo claro: “El secreto, querida Alicia, es rodearte de personas que te hagan sonreír el corazón. Es entonces, solo entonces, cuando estarás en el País de las Maravillas”.

Ahora sonrío a los gatos y parece que me devuelven el saludo, miro la vida como si en cualquier momento una liebre me pudiera invitar a un té, como si un ratón pudiera dormir dentro de un tarro de mermelada o un conejo llevara guantes de vestir. La vida es una, solo esta, y aunque esté regida por leyes que todos sabemos, busca ese rato, tal como hago yo para romper los esquemas y para vivir todo eso que, aquí arriba, no siempre tienes la oportunidad de hacer.

Abril
Me llamo Judith Martí, una chica normal y corriente dentro de lo que se pueda entender como normal. Me hago conocer como Abril en cada escrito (aunque eso es ya otra historia). Me encanta escribir y eso es de las pocas cosas que tengo claras. Vivo en Barcelona y espero algún día publicar una novela o un poemario... o ambas cosas, quien sabe. A todo el que me lea, estés donde estés, gracias, no sabes lo importante que es que mis palabras te lleguen.
Abril

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