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Después de tantos días de pensar en ti, era más que justo el soñar contigo. No resultó como deseaba, sin embargo, el que mi mente te haya imaginado así sea por cortos momentos, no puede ser calificado menos que sensacional. Vi tu sonrisa, la cual se había perdido en el tiempo; tu brillante mirada, que en mis recuerdos divagaba extraviada; escuché tu tierna voz, que no había vuelto a percibir ni en el más perfecto de mis silencios. He deseado verte de nuevo, lo cual no es más que un terrible pecado. Hay evocaciones que se entrelazan con la pretensión de hacerme viajar en el tiempo, volver y consumar aquello que se quedó esperando una simple decisión; mi valentía, mi determinación. Al parecer soñar no es ni será suficiente; no obstante, irremediablemente, es lo único que me queda.