En una avanzada etapa de su vida, el eterno peregrino estaba convencido de haber encontrado, cuando menos lo esperaba, a una persona excepcional y diferente. Al fin, alguien honesto y sincero a quien admirar y respetar. Alguien con quien construir el amor más grande y en quien confiar ciega y plenamente… Pero sólo acertaba en la primera parte y no por los motivos que al principio creyó ver.

Inicialmente confundido y después decepcionado, comprobó que casi todo era pura relatividad y desequilibrada apariencia coyuntural. Enloquecedor vaivén de sentimientos y emociones, envueltas en el bello oropel de la letra incontenible, más inestable que menuda, que ocultaba la volubilidad bajo preciosas palabras rotundamente expresadas, firmadas, confirmadas… y, final o simultáneamente, ignoradas o reinterpretadas en demencial regla de tres inversa…

“Sí, pero no… No, aunque tal vez… Lo era y no lo fue… Ayer, para siempre… Ahora, ya no…”

Todo a la vez. Delirante construcción existencial, como la arquitectura imposible y pluridimensional de Maurits Escher (*) que no permite saber si “sube o baja”. Porque todo es posible en su universo surrealista que simultanea una cosa y la contraria en el mismo instante congelado, enloqueciendo la percepción del observador.

Buscar incansablemente es muy positivo y necesario, pero hacerlo sin la conciencia de si se está “yendo hacia” o “huyendo de”, equivale a estar sobre un elevado columpio pendular que aleja peligrosamente los pies de la tierra. Es como recorrer un camino oscuro en noche sin luna y sin la linterna de Diógenes. Siempre se estará “aprendiendo”… ¿Aprendiendo o reviviendo? Es muy probable que siempre ambas cosas… a la vez, por supuesto… Y eso no es avanzar ni crecer.

Al protagonista de esta historia le parecía incomprensible, hasta que pensó que quizá la explicación está en que, para algunos, nada es más fácil que abandonar el esfuerzo necesario para aprobar las asignaturas de los cursos más avanzados en la carrera de la vida. Para esas personas es más tranquilizador retroceder a la confortable comodidad de las antiguas y conocidas clases de primaria; aquellas de las que ya se sabe todo o cree saberse, a pesar de que inconscientemente se revivan como nuevas, en el espejismo del teórico avance progresivo, siempre en un espacio inverosímil como los de Escher y entre nuevos ecos del repetitivo ¡Eureka… Ahora sí lo encontré!

Ante ello, el eterno peregrino revisó y confirmó su experiencia de que siempre es mejor seguir adelante, aunque haya que repetir curso. Porque, una vez más, comprendió que él mismo, sumido en una deslumbrada ceguera coyuntural, era el principal causante y responsable de su propia y pedagógica decepción.

FRM [25/08/2016]

CATEGORÍA: “Reflexiones desde el Rincón del Nómada”

 

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Francisco Rodríguez Mayoral
Soy un madrileño universal que se impregnó de luz mediterránea en Barcelona y Cataluña durante la mitad de su vida. Ahora resido cerca de Madrid, después de haberme embriagado de naturaleza en el pueblecito Revilla de Pomar de la Montaña Palentina. Mis pasiones son mis tres hijas, mis cuatro nietas, el amor, la pintura y la lectura. Mis aficiones incurables, la fotografía, la música, pensar, escribir y las tertulias interminables con amigos. Mi mayor vicio adictivo, la curiosidad insaciable que me arrastra inevitablemente a buscar nuevas respuestas a las viejas preguntas y a plantearme nuevas preguntas sobre las viejas respuestas. Diletante autodidacta y heterodoxo en la práctica de la pintura artística y la redacción de textos y construcción de poemas.
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