Clica para calificar esta entrada!
[Total: 0 Promedio: 0]

De vez en cuando acudía a ese rincón especial, lleno de silencio y quietud, disfrutando de aquellas geniales vistas. Siendo niño, durante una salida familiar en busca de caracoles serranos, se había separado del grupo durante un rato, descubriéndolo.
De inmediato notó la magia del lugar , como si lo estuviera llamando. Había una roca plana que coronaba el lugar, guardada tras unos frondosos pinos y a pocos metros de sus pies se abría un precipicio de unos treinta o cuarenta metros que lo convertía en un mirador excepcional de toda la comarca. Allí se sintió grande , parte de la naturaleza, parte de un todo mucho mas enorme que él y sin embargo como si todo cogiera dentro de su pecho, sintiéndose grande y pequeño a la vez y desde ese momento ese se convirtió en su trono mágico.
Cada vez que iba allí se sentaba durante horas, mimetizándose de tal manera que parecía una estatua sobre la roca, hasta el punto que los animales que allí habitaban lo tomaron como parte del normal transcurso diario, como si no fuera extraño a ellos y él por su parte empezó a conocerlos y amarlos a todos y cada uno de ellos, incluso poniéndoles nombres y hablando con ellos. Los animales parecían atraídos por su voz….
Una noche de luna llena estaba allí sentado, la piedra estaba fría y absorbía el reflejo lunar de tal manera que diríase que era de mármol blanco, y él un ser fantástico que se alargaba en su propia sombra como atraído por el propio astro en su más total plenilunio .
Y fue entonces cuando ocurrió…todos aquellos animales bien conocidos por él se acercaron , grandes y pequeños, formando un gran circulo; tal conducta lo sorprendió sobremanera, pero no se sintió alarmado hasta que la piedra le habló, mientras lo amarraba…
Su voz parecía el crujido de mil troncos al quebrarse.
– ¡Tú!, qué has hecho!!!-, bramó la piedra, – cómo te has atrevido!!!, podría aplastarte como una nuez en este mismo instante!.-
Su corazón se detuvo; en ese momento si estaba ya muy asustado y la palidez de su rostro competía con la misma luna, mientras sus piernas y toda parte de su cuerpo en contacto con la lisa roca, se había unido a ella como un excalibur de carne.

  • Ojalá pudiera hacerlo, …qué gran placer sería para mí- seguía bramando la gran piedra, que parecía un demonio rabioso irradiando blanca luz – pero ella te ha elegido!!!, a ti, a un apestoso humano!!! Bien harás en ser digno, más te valdrá, porque si no lo eres, en cualquier parte te atraparé, te aseguro que de mí no tendrás escapatoria. Apestoso humano… Fíjate bien en tus hermanos , aquí están, son testigos, y firmarán con su presencia y su sangre qué tú seras lo que has de ser, apestoso humano… Yo soy la tierra y ellos son mis hijos, más ella, su emisaria manda!! Yo soy madre y tierra , más su hija también , esa suerte te ampara!!!!, Así que escucha bien, escucha bien lo que te ha de hablar!!-
    El terror se había instalado por completo en él, cada partícula de su cuerpo temblaba, cada poro de su piel sudaba, mientras la piedra con firmeza lo aprisionaba casi hasta sentir sus miembros partidos. Aquéllos a los que hasta ahora los había considerado casi como mascotas, lo miraban como si fuera el cordero elegido para un macrabo sacrificio, rodeando por completo a la parlanchina piedra mientras su corazón quería salirse por su boca.
    La piedra volvió a bramar.
  • Apestoso, no tiembles, aunque tú y todos los tuyos lo merezcais ningún daño vas a recibir; sé digno para lo que has sido elegido- siguió rugiendo la roca.
    Él cerró los ojos deseando que al abrirlos todo fuera un sueño, que se hubiera quedado dormido y todo un sueño fuera… Pero el dolor de sus huesos era muy real, y al volver a abrir los ojos lo que aconteció aún rompió más la realidad, si cabía. La luna se había empequeñecido hasta caber en el precipicio que habia delante de la roca, y al igual que en los cuentos de los niños pequeños, contaba con dos enormes y profundos ojos, y una boca también enorme que comenzó a hablarle callando a la piedra.
    Su voz era la pura antítesis de la de la roca, suave, dulce y acaramelada, que acariciaba como una suave brisa.
  • No temas, desoye a la roca, lleva demasiado tiempo siendo pisada y está malhumorada, pero no la temas, nada de lo que te ha dicho hará, tu eres especial- siguió diciendo la cantarina voz.
  • Lo noté en cuánto pisastes mí portal, notaste la magia, fuistes uno con ella … fuistes uno conmigo y esto es lo que pasará, tú serás un deva sagrado, el mío! A partir de ahora no envejecerás, a partir de ahora no enfermarás, desde éste momento tú alma y la mía son hermanas; oirás a la naturaleza, que te hablará, oirás a los animales, que te hablarán, será mucho el sufrimiento que padecerás, tanto como el egoísmo que con que tu raza maltrate a tus nuevos hermanos…Siendo así que toda vida será tu sangre y toda lágrima tuya sera vida.Tú amor crecerá hasta ser el más blanco y luminoso, serás el amor de nuestro padre, la sangre para la tierra y el agua para la vida.
    Y así será, que verás el lamento.
    Y así será, que verás la compasión.
    Y así será que, verás el amor y tendrás la gracia de sanar con él; pasarás desapercibido como la transparencia celeste y nada te faltará-

Para este entonces él ya no sentía dolor, ni ansiedad, ni miedo, solo aquella voz que inundaba sus entrañas, solo aquella voz que ya amaba. La luna siguió hablándole con su voz aterciopelada.
– Cada cuatro lunas vendrás hasta aquí…¡¡y morirás!!
Y llorarás; tus lágrimas serán de sangre y agua, cáda lágrima de sangre servirá para sanar el egoísmo y la envidia con que esta tierra es manchada; cada lágrima de agua será un bosque y el perdón para la vida… y en tu mismo morir, volverás a vivir;  este es tu destino, siempre lo ha sido, y ahora;
¡¡¡¡Muere y vuelve a vivir!!!!

La luna se alejó hasta ocupar de nuevo su lugar en el firmamento, mientras él moría gritando, convirtiéndose en sangre y agua.
Al despertar por un momento pensó que había sido una pesadilla, pero en su pecho aún dolorido una gran luna había sido tatuada, y al posar su mano sobre la gran piedra un sin fin de voces acudieron a su cabeza.
Un nuevo deva había nacido y había nacido para llorar.

En el pueblo nadie quería acercarse a la montaña, desde que cada cuatro lunas se oía un terrible alarido que hacia temblar a la tierra. Durante muchos años se había buscado una explicación sin que nadie pudiera darla, tan solo Daimiel sabia lo que ocurría tras cada alarido.

Fran Rubio Varela©Derechos Registrados.