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SUMAR, NO DIVIDIR.

Mantengamos las manos enlazadas.
No forjemos el mal, hagamos bien
a las personas más desventuradas;
ofrezcamos más amor, no desdén.

No abandonemos al niño que llora.
Seamos perceptivos del dolor,
escuchemos la voz que nos implora,
derramen nuestras manos más amor.

Observemos a los ojos sin brillo;
abramos a ellos nuestro corazón,
sean de blanco, negro u amarillo;
luchemos por que triunfe la razón.

Que nadie, de otros, sienta su rechazo.
¡Unámonos, el mundo en un abrazo!

© Gregorio Tienda Delgado.