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INDIGNO DE SU QUERER

Muy pronto su partida iniciaría
y ella esperaba ya, subida al tren;
suspiraba y temía mi desdén
o que venciera al fin mi cobardía.

El convoy ya rodaba por la vía
cuando llegué y corrí por el andén;
casi alcanzo aquel tren, mas, su vaivén,
me evitó conseguir lo que quería.

Angustiado sentí perder la vida
y, mientras que mi suerte maldecía,
fatalista pensé que esa mujer

para mí era una causa ya perdida,
pues yo no valoraba mi valía,
e indigno me creí de su querer.