No es lo que parece, nunca nada lo es…

No es lo que parece, nunca nada lo es…

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—¿Te lo puedes creer? iba andando yo tan tranquilo, pensando en ti, como siempre mi amor. Porque tú sabes que yo solo pienso en ti, cuando duermo y cuando río, y hasta cuando camino… Yo solo pienso en ti.

No vas a creer lo que me ha sucedido… bueno a mi no, a esa pobre chica desvalida, se le ha estropeado el coche. Pero déjame contarte para que veas mi amor que no es lo que parece, es solo un accidente del destino.

Resulta que la chica ha pinchado la rueda, la rueda de la bicicleta. Yo no la conozco de nada, bueno la he visto algunas veces por las mañanas, cuando saco a pasear al perro. Pero nada, nunca hemos hablado. Bueno, solo un día que vino a decirme lo precioso que resultaba nuestro can. Ya sabes que esto de tener perro es como tener un bebé, todos vienen a decirte alguna cosa amorosa respecto a la criatura y aprovechan para… nada más, bueno, ese día nada más. Luego la vi a la semana siguiente y me saludó desde lejos y…

—¿Se le estropeó el coche o pinchó con la bici?

—Pues, verás se le paró el coche cuando llevaba a reparar la goma de la bici. Jajaja ¿qué cosas verdad? Y bueno, como ya me conocía de vernos todos los días cuando saco el perro, me preguntó si sabía de algún taller, y que si podía acompañarla. La pobre es muy tímida y a saber lo que serían capaces de decirle a una mujer así en un taller. Ya sabes como son esos hombres… Entonces yo pensé en ti y en tu divina imagen y le dije que me estabas esperando para ir al cine, pero me insistió y se puso a llorar, pobrecilla, es tan.. está tan…

—Y la acompañaste, claro.

—Claro, cariño, pensé en ti, que tampoco te gusta ir a los talleres sola. ¡¡Esos hombres que tienen calendarios de chicas desnudas forrando las paredes!! A saber qué habría pasado de ir sola.

—Y ¿por qué me dijiste que te habías quedado dormido en el sofá de tu hermana? Te estuve esperando en la puerta del cine. Sola…

—Mujer, tú sabes que yo solo tengo ojos para ti, cómo puedes pensar que… La chica es maja, pero no te llega ni a….

—Y ¿por qué tardaste 7 horas en volver a casa?

—Ahí, ahí viene lo bueno, verás… Es que cuando salimos del taller me pidió que subiera al coche para comprobar que sonaba bien el motor, le encontraba un ruidito raro, y ya sabes como son en estos talleres… que ven a una chica joven y guapa y creen que le pueden meter la «bacalá»… Así que la acompañé hasta su garaje, con tan mala suerte que empezó a llover, y la pobre quiso agradecerme todas las molestias y me invitó a que subiera a su casa, para secarme un poco y darme un paraguas…Nada más.

—Y ¿por qué no me llamaste para decirme lo que ocurría?

—Ahora viene lo bueno, con esa lluvia infernal ¡se me mojó el móvil! y Susana se ofreció a ponerlo en una cajita con arroz para que absorbiese la humedad, y claro, eso se lleva un tiempo, y como era la hora de cenar, preparó unos aperitivos, pero solo mientras el móvil se secaba.

—¿Llovía dentro del coche, bajo el techo del aparcamiento? ¿ Cuándo se mojó el móvil? ¿En el ascensor?

—Alicia, no pensarás que yo… Por favor, cómo puedes pensar qué… ¡Mujer no confías en mí! Si solo vimos una película!

— ¿A qué se dedica la chica? ¿Vive sola?

— Bueno, no te lo vas a creer, la pobre ha tenido una vida… Ahora se dedica al porno, pero nada, un poquito de nada.

—¿Qué quiere decir que se dedica a un «poquito de nada de porno»?

—Mujer, nada un poco de porno. Solo hace dos o tres pelis al mes. Tiene compañeras que esas sí que son, esas hacen dos pelis por semana, las muy…

—Y te puso una de sus pelis, claro…

—Nada, un poco de nada, solo vimos diez minutos…

—Y qué hicisteis después?…

—Nada mujer, dormir y callar… dormir y callar…

Marley

UN TRÍO PARA DOS

UN TRÍO PARA DOS

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Teruel, 2.30 de la madrugada, en algún lugar indeterminado del bosque, en una cabaña junto a un río, no digo más.

No duermo, es un hecho. Y el caso es que mi insomnio no obedece a unas razones claras. Será por eso que los ansiolíticos no funcionan conmigo. Aumentaré la dosis. Sí, o quizás debería salir a caminar por más tiempo. Respirar y pensar con claridad. La montaña siempre regala pensamientos frescos, o eso dice la gente rancia. El aire limpio del bosque lo sana todo, excepto los recuerdos.

Ha pasado un mes desde el primer ataque. Está resultando más dura de lo que pensaba, los tobillos son delicados, pero sus fracturas ya han comenzado a soldar sin el yeso. Me provoca cierta ternura pensar en todos esos huesecitos intentando encontrar el camino correcto a su base. Esas pocas terminaciones nerviosas intentando conectar, sin éxito.  ¡Caramba! estoy impaciente por verla caminar. Con un poco de suerte su cojera será irreversible.

Respecto a las lesiones oculares, no lo tengo tan claro. Es cierto que me precipité al pegarle los párpados con pegamento para porcelana, quizás debería haber experimentado antes con la aguja y el hilo de algodón. El resultado habría sido mucho más estético, sin duda. Pero bueno, ya falta poco. En unos días levantaré su vendaje y podremos comprobar que tal ha resultado mi atrevimiento. Temo que la ceguera sea solo parcial, que hayan quedado algunos claritos que dejen entrar la luz. Pero seguiré intentándolo. Ella lo merece. Merece todo mi esfuerzo para hacerla inútil.

Anoche volvió a despertarme, como todas las noches en realidad. Eso no me ayuda a la hora de dormir. Nota mental : “Debo usar tapones de silicona”.

No fui a atenderla, ni pensarlo. Yo estaba ocupada y embelesada porque “En aquel momento, estaba leyendo el “Tratado de filosofía casera para una generación obtusa». Un libro muy especial de Enrique Brossa”. No pensé ni por un momento en dejar mi lectura por sus quejas.

El caso es que ya se hace pesada, debería cortarle de un vez la lengua y zanjar esos molestos ruiditos que no me dejan dormir, pero la necesito con voz. Quiero oírla gritar de terror. Quiero que ella misma se oiga en voz alta. ¡Que resuene en el viento su lamento! Estos pensamientos me están resultando incluso poéticos. ¡A ver si al final voy a terminar empatizando con ella!

He buscado entre sus mensajes, intentando encontrar su comida favorita, para atenderla bien el tiempo que dure este encierro, pero no he tenido suerte, solo hallo conversaciones puramente sexuales. No sabía que mi marido fuese tan pasional. A mí nunca me hizo ese tipo de guarradas, ni siquiera me lo sugirió, pero claro, es como todos, solo piensa en hacer cochinadas con la mujer de otro.

Bueno, una vez siendo novios, sí que me propuso hacer un trío, pero yo me negué, ¡por supuesto! ¿Qué clase de novio te pediría algo así? Está claro, el tipo de futuro marido que solo piensa en ponerte los cuernos, en cuanto pueda.

Pero, y ella… ¿De dónde había salido ella?

Ah, sí, lo olvidé. Ella es una de esas mamás del cole. Una de esas que no tienen otra cosa que hacer, más que leer folletines eróticos para petardas insatisfechas y buscar entre los papás de otros nenes a su galán trasnochado.

Suelen ser mujeres que no salen de noche. Vampiresas de día, que atacan a sus victimas entre Croissanes y Capuccinos. ¡Qué simpáticos son todos al calor del café matinal! Y si encima tiene perro, el tiempo de conquista se acorta considerablemente.

Pero esta perra, no tiene perro. Aunque podría decir que ha cogido una perrera que vaya…

Entre sus cosas encontré dos billetes de avión para Pukhet. Ya ves, mi Manu, ¡que nunca me ha llevado a mí de veraneo! Pues parece que ya tenían previstas sus vacaciones, y ahora llego yo y les condeno a otro verano a la porra. Bueno, pues que se jodan, como mis veranos de toda la vida, haciendo tortillas de patatas para ir a la piscina.

Claro que… ahora que ella lo ha dejado, mí Manu me ha pedido que vuelva. Es que… ¡Qué bien me quedó la nota de despedida que le hice escribir! A veces estoy tan orgullosa de mis ocurrencias…  Ahora él cree que ella lo ha abandonado. Sufre su ego, pero se recuperará pronto.

Pasará el verano, entre tanto yo me haré la dura, y en septiembre regresaré a casa con él. Total, si son todos iguales, para qué voy a buscar a otro.

Y tampoco lo estoy pasando tan mal, estamos aquí su amante y yo en esta cabaña veraniega. Y tengo tantas ganas de jugar con ella a “Hostel”. Espero que me aguante viva y no se muera a mitad de agosto, eso me cortaría un poquito el rollo.

¡Ay! Hoy me siento realmente bien, con un poco de sueño, sí, pero creo que me daré un relajante paseo en bicicleta por el bosque. Porque las bicicletas son para el verano, y este verano yo no pienso mandarlo de nuevo a la porra.

 

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EMBRIAGAMIENTOS

EMBRIAGAMIENTOS

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Creo que ya llevo todo un año sin hablar del género «miser» y por tanto me he ganado el derecho a reincidir. Tenéis que comprender que me divierte hacerlo y que a algunas personas les interesa el tema.

Ya he dicho antes que llamo género «miser» al que está compuesto por obras romántico-carnales baratas, valga la redundancia, en las que los personajes y el narrador compiten siempre con lo del «todo mi ser». Lo quería con todo su ser, la deseaba con todo mi ser», y siempre con el ser por todos lados.

También os he puesto otros ejemplos de vocabulario especial «miser». Un ejemplo claro eran los poros. El amor que destilaba por todos los «poros de su piel», Quise memorizar con mis besos cada poro de tu piel… Estas frases hay quien las encuentra románticas, pero yo percibo una imagen algo sucia, me recuerdan los poros de los adolescentes y los problemas de acné juvenil.

Todos los tópicos son ridículos. y muchas veces no los son solamente por demasiado por repetidos, sino porque ya nacieron así. Pero de esto ya habíamos hablado.

Entre las palabras que, aplicadas en el género folletinesco y a la narrativa romantiquera contemporánea, me producen flato, trastornos intestinales y otras reacciones adversas no deseadas, valga la redundancia, así como prurito en algunas zonas del cuerpo, está la familia «embriagar», «embriagada», «embriagador» y derivados.

Sus susurros me embriagaban. El néctar de sus labios la embriagaba. El aroma de su cuerpo era embriagador, la música lenta y la visión de sus pupilas la estaban embriagando lentamente y no le quedaban fuerzas sino para sucumbir…

¡Dios!

Me faltan adjetivos para ilustrar lo que todo esto me transmite. Decir anticuado es ser muy discreto. Cursi es muy poco. ¿Laxante? Real, pero se queda corto. Estomagante es demasiado incompleto. Vomitivo. puede ser. ¿Rancio?

A ver: sé que alguna de mis lectoras-escribidoras ha empleado este término más de una vez y no es mi intención molestarlas. Se preguntarán con motivo: ¿Quién soy yo para condenar un término perfectamente ubicado en el diccionario de la Real Academia Española? ¿Acaso soy lector de ese tipo de novelámenes? ¿Cómo tengo la desfachatez de meterme con esa manera de escribir, con las cifras que se despachan en Amazon de libros plagados de joyas así?

Bueno… Sin problemas. Tú sigue usando todo mi ser, los poros y el embriagador. No pasa nada. Tienes todo el derecho. Yo te ayudaré. Por ejemplo: añade en el momento culminante a una protagonista femenina que, tapándose los pechos con una sábana, espeta a su amante, que se está anudando la corbata.

-¡Leandro, eres un canalla!

Y no olvides buscar una imagen así para la tapa del libro. No dudo de que tiene su público. Y tampoco de que puedes tener claro que tu público es ése exactamente, el que compra esos libros. Yo eso lo respeto mucho, porque escribir es para algunos afortunados y afortunadas un oficio. Eres consciente de tu oficio y lo estás haciendo a propósito y al terminar la oración estás pensando en el número de unidades que lograrás vender con este texto, teniendo en cuenta la marcha de los anteriores. Lo que yo digo no es para ti, perdona que te haya ultrajado, como a las protagonistas de tus novelas, que tienden a estar siempre ultrajaditas, oye. Lo que digo es para esos escritores y escritoras que no son realmente conscientes de lo que están perpetrando. Que están convencidas de que lo están haciendo estupendamente. Y que tienen capacidad para darse cuenta, reírse de sus propios textos e intentar no caer en todos esos rollos. A todos ellos, que son capaces de sonreír y de concederme la razón. Se puede hacer de otro modo.

A los otros, suerte con el género miser:

  • ¡Leandro, me has embriagado y has entrado en mi vida como un vendaval por todo «miser»! ¡Eres un bandido!

  • ¡Ah! ¡Y por todos los poros de mi piel!

¡Dios!

No, si la verdad es que es muy bonito…

Qué diferencia al escritor profesional del aficionado

Qué diferencia al escritor profesional del aficionado

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Un escritor profesional es aquel que se ha planteado como objetivo dedicarse a escribir  (y tal vez ganarse la vida con lo que escribe) y que trabaja diariamente para cumplir ese objetivo. Es decir: lo que antiguamente se llamaba “tomárselo en serio”.

Alguien en una conversación comentaba el otro día que tenía la terrible sospecha de que en España hay más escritores que lectores. Puede que tenga razón. Y si todo el mundo escribe, ¿qué es lo que diferencia a un escritor profesional de un escritor aficionado?

Cuando uno piensa en un “escritor profesional” normalmente se le viene alguna imagen muy concreta a la cabeza, o algún nombre: Gabriel García Márquez, Rosa Montero, Isaac Asimov o J. K. Rowling. ¿Quiere decir eso que en nuestro país no hay escritores profesionales? ¡En absoluto!

Lo que quiero decir es que el resto de los escritores a los que llamamos “profesionales” normalmente tienen otras fuentes de ingresos alternativas: son también profesores de universidad o de instituto como Juan Eslava Galán, José Luis Sampedro o Patricia Esteban Erlés; o son también periodistas, como Arturo Pérez Reverte o Juan José Millás; o son también profesores de escritura creativa, o complementan sus ingresos con otras profesiones. En muchos casos no pueden dedicarle una jornada completa a la escritura porque tienen otros trabajos, pero aún así se las arreglan para escribir un libro al año o cada dos años. Por supuesto que hay escritores que no entran en ninguna de las dos categorías. Hay escritores buenos, volcados en su arte, que sin embargo no tienen ningún interés en extraer rendimiento económico de su obra. Y aficionados que no dedican apenas tiempo ni trabajo a su arte y que sin embargo intentan comercializarlo por todas las vías posibles.

Por esos motivos ajustaremos un poco la definición de escritor profesional: Un escritor profesional es aquel que se ha planteado como objetivo dedicarse a escribir  (y tal vez ganarse la vida con lo que escribe) y que trabaja diariamente para cumplir ese objetivo. Se trata de toda una actitud, que lleva a tomarse la afición de escribir en serio hasta conseguir convertirla en tu profesión. Se trata de cambiar hábitos, malas costumbres, y de luchar contra todos los obstáculos (especialmente los que hay dentro de nosotros mismos) para conseguir nuestro objetivo. Y es que el escritor profesional no se queda esperando a que llegue la inspiración, la suerte, ni lamentándose por no haber tenido una gran oportunidad o dudando de si tiene suficiente talento. El profesional simplemente actúa.

Sí, así es. El escritor profesional escribe. Escribe todos los días. Y cuando no escribe corrige, piensa, adelanta estructuras, se documenta.

También necesita una plataforma para darse a conocer. Puede ser una web, un blog, un canal de Youtube, una cuenta de Twitter… pero el escritor actual que intenta profesionalizarse tiene un hogar virtual, un punto de contacto con lectores, ya obtenidos y potenciales. También hay excepciones. Hay escritores que consiguen entrar en una editorial grande y que poco a poco van publicando y haciéndose un hueco. Pero las posibilidades de publicación a este nivel son escasas, y hemos llegado a un punto en que las editoriales buscan a autores que tengan ya un seguimiento formado, ya que implica un mínimo de ventas aseguradas.

Otra gran necesidad es tiempo: Esto es horrible, porque por desgracia el trabajo del escritor ya no se limita a escribir. Ahora todos tenemos que ser expertos en social media, en ventas, en nuevas tecnologías, en edición, en diseño y en mil cosas más.Cada vez hay menos intermediarios, así que el escritor se ve haciendo el trabajo del editor, del diseñador, del corrector y del departamento de promoción.

Trabajar gratis tampoco es una opción. Muchos profesionales de todos los sectores coinciden en que es una mala cosa el trabajar gratis. Primero, porque incita a clientes y demás a aprovecharse de su talento y esfuerzo; segundo, porque rebaja la percepción de estos del valor de un trabajo, por lo que otros profesionales tendrán que bajar sus tarifas o incluso ofrecer los mismos servicios de forma gratuita. Y hay que reconocer que cuando vemos a supuestos “profesionales” ofreciendo sus servicios a precios bajísimos. Entendemos que las cosas van regular y todos estamos desesperados, pero bajar tanto los precios no solo te afecta a ti, también nos afecta a todos los demás. Saber lo que vale nuestro trabajo es difícil en un mercado tan difícil y abstracto como es el literario, pero es una decisión que no solo debemos tomar, sino que debemos ir actualizando conforme mejoren nuestras habilidades y experiencia.

hay que ser flexible y saber adaptarse.El mercado editorial está en un cambio constante. ¿Dominará el ebook? ¿Seremos todos asimilados por extraterrestres disfrazados de máquinas productoras de libros a demanda? ¿Conseguirá Amazon un monopolio absoluto del sistema capitalista y acabaremos todos rezándole tres veces al día? Todas estas son preguntas a las que nadie tiene la respuesta (no, a lo de los alienígenas tampoco). Y un buen profesional, se dedique a lo que se dedique, tiene que estar preparado para todo. Uno puede (y debe) tener unos principios claros y sólidos, para poder moverse alrededor de ellos con absoluta tranquilidad. Los escritores profesionales son flexibles (mentalmente; físicamente no tanto, por aquello de pasar tanto tiempo sentados). No se aferran a determinados formatos ni se comprometen con nada para el resto de su vida. Si algo no funciona, prueban otra cosa. No pierden tiempo llorando por las esquinas.

Y por último pero no menos importante no pueden tener miedo al fracaso ni a las malas críticas. Bueno, miento. Tiene miedo, vaya si tiene miedo. Pero el fracaso lo hace más fuerte. Se queja, se lamenta, y luego prueba algo distinto. Las historias de éxito que conozco tienen muchas historias de fracaso detrás. En cuanto a las críticas no me refiero a las críticas injustas en Goodreads/Amazon/Blogs Molones tipo “odio este libro porque los capítulos son demasiado cortos y porque el autor es muy feo y porque he dormido mal esta noche y mi perro ha vomitado por la ventana”. Me refiero a las opiniones y sugerencias de editores, lectores cero y otros escritores mejores que nosotros. Las opiniones de nuestro público objetivo, de los lectores que nos interesan. Si escribes novela histórica y tus lectores opinan que en tu libro hay documentación errónea, más te vale revisar tu documentación. Si escribes erótica y tus lectores dicen que tus escenas de sexo no son creíbles, ídem. Si escribes middle-gradey alguien te dice que le gustaría ver más escenas gore en tu novela, eso lo puedes ignorar. Un escritor profesional sabe distinguir entre las críticas personales y sin sentido (escuecen, pero sabe que no son útiles) y las críticas valiosas, de las que se puede aprender. El escritor profesional escucha los consejos los asimila y los aplica a su trabajo para hacerlo mejor. No se cruza de brazos, arruga el gesto y dice: “eso es que nadie me comprende”.

¿Y tú? ¿Cuántos de estos consejos has seguido para llegar a ser escritor profesional? Cuéntanoslo en los comentarios.

Sumérgete

Sumérgete

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La yerba es sagrada. El mar también. Y la lombriz.

La piedra y tú sois sagrados. Sí, tú eres sagrado. Hasta yo lo soy, aquí donde me ves.

La niebla es sagrada, como el balón de mi hijo, o su goma de borrar.

El pan, el vacío, y la luz.

Mi pensamiento y su risa; las carreteras, la hoja, los perros, la pena, y el sol.

Hay una absoluta sacralidad en cada cosa, ya sea viva o inanimada. En todo átomo, en las cumbres, en el magma, y en el peine de una prima del hombre que cruzó la calle.

Y en el agua, tanto la de la nieve, como la del charco que pisamos ayer.

Hay un explosión gigantesca de belleza en las piezas y en el todo. En tu inquietud, en su indiferencia, y en mi ira. En el barro y en la cal.


Escucha el silencio. Sumérgete. Maréate con él. Disuélvete en él.


Y no me digas más, te lo ruego, lo profundo que es el mar, ni qué hermosa es esa niña, o qué preciosa su mirada.

No exclames más, te lo pido por favor, qué grande es la luz o el color de las rosas.

Te han enseñado que la flor es bonita, y solo repites lo aprendido. Eso no tiene valor. No lo percibes de verdad y por eso no lo puedes transmitir.

Antes de escribir, siéntelo con atención. Respíralo. Has de parar el tiempo. .
Vuelve a descubrir la belleza de las cosas. Partiendo de la soledad. Partiendo de ti.
Enrique Brossa, Taller de Relatos.
Juntos aprendemos modestamente a escribir y a vivir.
Nuevos grupos.

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