¡EXISTO!

¡EXISTO!

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En algunas comunidades comienzan con los preparativos del carnaval. Aprovechando tan bella y divertida festividad este sencillo y modesto hombre, quiso darle una lección de educación a esa gente tan distante de él…

¡EXISTO!, NO SÓLO EN CARNAVAL
Estaba seguro de que existía, pero le ignoraban. Cansado de la misma situación que atravesaba; esta vez algo cambió en él. Para llamar la atención, como diciendo: ¡Oigan!, miren acá estoy, soy el mismo que hace años los atiende con respeto en vuestros despachos, se puso en su rostro una máscara que desprendía brillo, y así se presentó en el trabajo. Lo miraron con extrañeza, y uno de manera vulgar y riéndose le dice: oye tú…, sí a ti te hablo quítate esa máscara, ridículo…

De manera educada y jocosa le responde: ¡Por fin alguien me habla! Aprovechando que entramos en carnaval me puse está máscara para llamar vuestra atención, y así entre todos los que estamos nos reímos un poco, y a ver sí se de ahora en más se dan cuenta de mi existencia. Seré el cafetero que todos los días los atiende, pero recuerden existo. Con un saludo, para nada forzado me conformo. Se retiró feliz, y disfrutando danzando al compás de su música imaginaria a otro piso, y ellos en su monótono entorno sin chispas de alegría ante la llegada del carnaval, avergonzados sé quedaron…

<<La educación, el respeto, no se consiguen con estudios, ni con títulos, está en cada uno>>

Autora: Graciela López
Derechos de autor reservado.
Copyright reserve.

MÁSCARA DE COLORES

MÁSCARA DE COLORES

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En aquellos días se iban a cumplimentar los últimos arreglos a los trajes que lucirían en los carnavales. La fiesta por excelencia del encanto y lo prohibido. Blancos como la nieve que no inmaculados, puesto que los cuerpos que cubrían gozarían y habían gozado ya muchas veces del jolgorio y la alegría que la fiesta propone cada año.
Las hechuras se acoplan a su piel, dejando ver y adivinar cada curva y protuberancia que se podía encontrar en sus cuerpos casi desnudos. Acostumbrados a llevar el resto del año un traje con etiqueta, aquellos días la libertad era su bandera y vestían pues ahora de la moda de la emancipación. Una vez calzados aquellos vestidos en los que la pluma era el más abundante adorno, la comparsa salió a la calle.
Jugando a la ironía y escondidos en los disfraces, el grupo de hombres y mujeres empresarios se pusieron ese último detalle que ocultaba para la intolerancia su verdadera identidad. La máscara o antifaz de colores que entonces sí que definía su propio orgullo.

Adelina GN

Volar entre droga y máscaras.

Volar entre droga y máscaras.

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Modo de escape droga mas máscara
eso hizo que volara
en un inmenso cielo.
Configuro como una estrategia de búsqueda
inexperiencia con gran trascendencia fatal.
Centrado en la sacralidad que el carnaval adquiere.
Autotransformación que evidenció,
junto a la reintegración del cuerpo, la mente y el espíritu.
Se le voló el sentido y razón de la celebración,
rituales y actividades que celebro implicaron en su sensatez.
, Mitos, acontecimientos,
que se conmemoraron lo hizo volar entre dogas y máscaras.
Traduciendo la necesidad de aventura,
en placer de encuentros efímeros,
en sed de lo extraño, en búsqueda de una ilusión.
Alterando mente y sangre,consiguiendo descontrol,anormalidad
llevándolo a la demencia total y destrucción cayendo en estado vegetal,
en una cama de hospital.

AUTORA SILVIA CRISTINA FERRIZO
PAÍS. URUGUAY
DERECHOS RESERVADOS DE AUTOR

Mientras queden máscaras

Mientras queden máscaras

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No soportaba más la máscara. La asfixiaba. Demasiado ceñida a su cara, le robaba el aire y llevaba ya un rato resollando y sudando. Las piernas le temblaban, como si sus huesos se hubieran convertido en palillos de dientes y no la pudieran sujetar, hasta que esa opresión la arrojó al suelo, de rodillas.
No quería verse así. Esa debilidad era demasiado desoladora para soportarla. Tenía que luchar. Quitarse esa mascara perversa que ni era, ni reflejaba quién era ella, sólo escupía en los espejos una especie de metamorfosis desastrosa que nunca debió suceder.
Al principio la aceptó con gusto. Parecía bonita, era llevadera. Pero cuando fue acicalándola, siguiendo los consejos del resto, y siguiendo unas intuiciones que no eran tales, aquello comenzó a ser una especie de perifollo que no se correspondía con lo que ella había pensado que fuera en un principio. Y así comenzó la tarea de intentar arreglar esa “no satisfacción” que todos tenían. Ella más que nadie, pero se dejó hacer.
Pero ya no podía respirar, demasiada carga, tanto dolor acumulado en tan reducido espacio. Fue cuando se arrancó esa odiosa careta.
Incluso su estómago dio un respingo por el susto de notar el aire dentro, fluyendo con su sangre y la fuerza de sus manos ayudándola a levantarse del suelo. Era liberador, como reconciliar su yo de antes con su futuro yo.
Se puso en pie. Se miró al espejo. Vio máscaras en blanco en el tocador. Y supo que podría empezar, desde cero o desde cuatro. Desde donde quisiera, hacia donde deseara. Respiró. Lavó su cara. Y pensó “necesito hacer esto”.
La música entraba por su ventana. Cogió la máscara, los pinceles, los colores. El pulso le temblaba. No sabía por dónde empezar. Todo era tan nuevo, tan a estrenar. Aún le dolían los huesos y se notaba la cara demasiado desnuda. Tremenda sensación! Emocionada pensó que reinventaría una nueva máscara. Una que la empujara a nunca más faltar a un baile, ni dejar de oír una melodía, ni permitir que se le escapara una emoción más. A buscar gente con máscaras como la suya, que apotaran a su vida más vida.
Aferró el pincel, y ya sí, decidida se dijo “Ya. Empecemos ya.”

Mi ángel del carnaval

Mi ángel del carnaval

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El Carnaval no es una de mis fiestas predilectas, pero es una fuente de ingresos para mi bolsillo. Cada vez tengo más clientela interesada en mi trabajo para estas fechas, deseando que les cosa un bonito disfraz.
Sin saber porque, hace ya unos años que recibo una misteriosa caja, en la cual hay instrucciones para confeccionar un traje, unas maravillosas telas que se mueven entre mis dedos como si estuvieran vivas y una nota que me indica donde entregarla una vez acabado; o en mi portal un día que yo no este o en una dirección en particular. Todos los encargos son diferentes pero a la vez tienen una cosa en común, son trajes de época.
Nunca elegí entregarlo en persona porque no sabía qué me podía encontrar, y tampoco me importaba mientras me dejaran el sobre con el dinero pactado. Pero ese Carnaval era diferente, estaba cansada de tener una vida tan aburrida, solo centrada en mi trabajo. Necesitaba vivir una aventura, algo que me devolviera los años de juventud que había malgastado detrás de esos hilos y esas telas que me tenían tan absorta casi los 365 días del año…así que me quité la barrera del miedo e inseguridad y salí precipitada de casa una vez tuve claro a dónde dirigirme.
Después de una hora larga conduciendo, encontré el camino de tierra situado a las afueras de la ciudad; al final, una casa que parecía abandonada. Me dispuse a golpear la puerta cuando se abrió emitiendo un gran chirrido. Al otro lado había un chico joven que llevaba una máscara acorde con el traje; curiosamente, esa vestimenta era la pareja del vestido que había cosido.
El joven hizo un gesto con la cabeza para que le siguiera. Nos adentramos en la gran mansión por un pasillo que conducía a un gran portón que abrió con una llave dorada. No entendía nada ¿quién era aquel muchacho tan bien plantado que al parecer estaba interesado en mi labor? Me miró fijamente a los ojos diciéndome que me pusiera el atuendo que llevaba en la caja y me entregó una máscara. Después tenía que dirigirme a la puerta que estaba a mi derecha, por la que él salió; hice lo que me pidió.
Cuando abrí la puerta mis ojos no daban crédito a lo que tenía frente a mis ojos; una enorme sala llena de personas que llevaban puesto todos mis disfraces de encargo especial y máscaras de diversas modalidades. Ojee la estancia y allí estaba él, tendiéndome la mano para iniciar el baile, ¡fue una noche de ensueño!.
A partir de ese día, el Carnaval es uno de mis días preferidos y deseado gracias a “mi Ángel del Carnaval”.

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