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Bajábamos de la cima, poco después, sin que los universitarios hubieran descansado, ni probado alimento alguno. Llegaban rendidos al campamento; en la cena tomaban el mismo menú del desayuno, al que se le añadía agua de panela para mitigar el dolor de las agujetas. A las 9 p.m. caían dormidos sobre las colchonetas depositadas en el suelo de cemento. Al día siguiente repetían la misma rutina, salvo que no subían a la montaña sino que, hasta el mediodía, realizaban prácticas de tiro con AK47 en la gran explanada trasera lindante con la selva que marcaba el perímetro del campamento; era la actividad que más les entusiasmaba. La tarde del domingo regresaban a sus casas, sin haber comido, deseosos de contar la extraordinaria aventura como verdaderos guerrilleros del M19. En los momentos de descanso, les daba charlas sobre nuestros ideales de regeneración democrática, la razón de nuestra lucha y los beneficios que iba a recibir Colombia, gracias a nuestro sacrificio: mejoraríamos sus vidas y les abriríamos el camino a un futuro de mayor libertad y bienestar. Estas jornadas en el “parque temático” que había ideado el M19 nos ayudaban a promover una opinión favorable entre los periodistas y los jóvenes colombianos; los comandantes estaban satisfechos con los resultados obtenidos, y entre los universitarios, cada semana, había lista de espera para tener acceso a la experiencia guerrillera, la cual reproducía en cuarenta y ocho horas nuestra vida en el monte: hambre, caminatas y cansancio.

 

Desde que PINGUIN RANDON GRUPO EDITORIAL me propuso publicar mi novela en uno de sus sellos editoriales, todo está siendo increíble. El inicio fue el informe de lectura del primer capítulo que recogía afirmaciones como las siguientes: “Una premisa muy atractiva, bien narrada y documentada, con un personaje complejo que deberá lidiar con una situación igualmente complicada. Es un muy buen primer capítulo, intenso, que dosifica bien la información y que establece las tramas que se desarrollarán a continuación… El autor logra explicar mucho sin necesidad de extenderse: descripciones bien medidas, que ubican al lector sin detener la acción; diálogos creíbles y pertinentes, usados como vehículo para avanzar en la historia; una estructura en dos tiempos que ahorra un capítulo dedicado sólo a los motivos que llevaron a Irune hasta Managua. Los recursos literarios se ponen al servicio de la trama y se usan con inteligencia para hacerla avanzar, cerrando el capítulo con un final que promete que valdrá la pena seguir leyendo… La narración es fluida, los personajes están bien dibujados y se abren varias tramas, todas ellas atractivas para el lector… Un muy buen primer capítulo: el lector se convence de que el autor sabe bien de qué habla al describir lugares y explicar el contexto socio político. Incita a seguir leyendo.” A continuación solicitaron el manuscrito completo, y a los pocos días recibí el contrato de publicación. Lo cierto es que han apostado por un relato sobre el “realismo divino” que, aunque realiza guiños al “realismo mágico”, se decanta por la realidad de Dios en medio de la vida de los hombres: algunos le ven, la mayoría le ignora, pero Él está ahí. Un relato trepidante sobre la culpabilidad y la redención, en la que la fe y la voluntad jugarán un papel decisivo en los momentos más cruciales de la vida de las dos heroínas.