Conjunción de placer.

Conjunción de placer.

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Desafió al deseo sin imaginar que este, le abrasaría por dentro.
Su piel humedecida se hizo inmensa pista, donde deslizarse cada uno de los dedos de aquella belleza de piernas interminables, en busca de un placer casi cósmico.
El vello que adornaba su esplendoroso cuerpo, se erizaba con la caricia de la lengua juguetona, de aquella pantera de ojos negros.
Los gemidos entremezclados, se ensordecían en segundos al fundirse sus bocas, buscándose desesperadamente.
La locura se desataba, como potro indomable incapaz de reconducirse.
Un explosivo juego de rítmicos movimientos, otorgaban sensaciones en sus sudorosos cuerpos, rozando casi el delirio.
Volver era imposible, era un laberinto sin salida.
El único escape, era descargar en modo de estruendo el ansiado orgasmo. En conjunción con una supremacía superior, en órbitas desconocidas. Y que dejaba el camino libre para empezar de nuevo.

Carmen Escribano.

La mirada azul.

La mirada azul.

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Con tu mirada azul
acariciaste sin saberlo ,la pesadumbre agobiante de la impotencia sentida!

Algo cambió en el aire que arreciaba norte,
convirtiéndose en fina brisa, para refrescar ultrajados sentimientos!

Todavía el pestilente olor a amargura,
era aroma repudiado pero ocupaba la atmósfera, sin querer desaparecer!

Sugeria infierno ,en el que el fuego devoraba entrañas, y las almas solo eran cenizas!

Pero los verdes oscuros, se tornaron en verdes esperanza.
Y otear el horizonte,
renovaba la extrema visión, donde tierra y cielo se unen!

Las piernas se hacian fuertes para empezar camino, y llegar a meta con la medalla de la dignidad perdida!

Carmen Escribano.

Acciones

Acciones

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¿En qué fase estoy hoy? Hay tiempos de vivir. Hay tiempos de sentir y de pensar.
Momentos para soñar. Para escribir, anhelar.
Aveces toca sufrir. Otras charlar. Ayudar y dar consuelo… Idear…
Algunas veces debo ser sincero. Otras tengo que mentir.
Hay tantos tipos de momentos… Miles de verbos, relacionados con instantes precisos de la vida. El de ir, el de retornar, el de huir… Desaparecer, que es deshacer una aparición. Volver al orden del principio.
Un día noté que debía respirar más que suspirar, y otro hubo en el que tenía que reír. Me hacía falta, y reí. Te estoy tan agradecido por aquellos días…
 
Amar, es imprescindible. Amar lo suficiente, como dormir o caminar. No es algo que se pueda gestionar. Se puede ser listo. Se puede ser sabio. O pillo, o malvado. No gestionar… Gestionar no. Perdónama. Gestionar no es vivir. Creo que con este párrafo me he ido del tema…
 
¡Tantos y tantos verbos! Muchos para cada oportunidad. Para cada momento vital, o situación más o menos crucial. Gritar, musitar, afirmar, perder, ganar, aborrecer, pelear, cuidar, mirar, dirimir, abolir, gorjear… Todos los verbos son profundos si los sabes leer o pronunciar bien. No los digas sin pensar. Despacio. Cada verbo cuenta una historia. Tu historia. Te explica a ti mismo lo que eres, lo que te sucede. Tu vida es estúpida, una verdadera memez, si no te fijas bien en los infinitivos que utilizas, o en los gerundios. ¡Y qué decir de esos pretéritos patéticos y definitivos que son los participios.
 
Hacemos cosas, hablamos… Usamos frases para comunicarnos. ¿Te digo la verdad? ¡Sobran! ¡Sobran todas! Un solo verbo es una verdadera oración en el sentido gramatical y en el religioso. Una jaculatoria o toda una plegaria. A ver. ¡Di uno! ¡Cualquiera…! Se me ocurre “trazar”. Al decirlo, fúndete con la acción de trazar. Siente que tú eres trazar. Tu vida está ahí, en trazar… ¿Lo notas? O tronar, o reverdecer, o tremolar, o dilapidar, o nutrir… Volar, arrastrar, dudar, hurgar, morir, sofreír, atravesar, secretar, repartir, azuzar, deducir, brillar,anular, llorar, despoblar, tensar, preguntar… ¿Los has leído bien? ¿Los has vivido? Cada verbo encierra tu alma en él.
 
Y yo… ¿En qué fase estoy yo hoy?
Hoy me toca callar. Enmudecer me ocupa. Callar habla por mí. Callar está en lo que digo. Quiero silencio, sobre todo, dentro de mí. Si te apetece, un día podrías venir y callar conmigo. Te aburrirías, claro, qué cosas digo… Y qué cosas no.
 
Callar… Necesito callar. Oír el zumbido que sobrevive siempre a la quietud de las cosas.
 
¿Y tú? ¿En qué fase estás?
'

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Emily Dickinson, una poeta en su habitación

Emily Dickinson, una poeta en su habitación

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Por su miedo al exterior, una de las mujeres más brillantes de todos los tiempos, tomó la decisión de permanecer oculta del mundo. Dedicó su vida a la poesía y a la escritura aunque sus trabajos nunca fueron mostrados al público en vida. Sus ganas de permanecer en el anonimato y su extraña visión de la vida la hacen una de las figuras más representativas de la poesía americana. ¿Quién fue Emily Dickinson? ¿Qué la inspiraba? ¿Por qué se encerró en su casa?

Emily Dickinson fue una mujer brillante, desde niña se destacó en los estudios, pese a que no le gustaba estudiar, se dedicó a aprender sobre la naturaleza y la astronomía. Mantenía un cuaderno de campo en el que estudiaba las cualidades de las flores que mantenía en su jardín.

La vida de Dickinson es un misterio en muchos aspectos, pero fue porque desde el inicio de su carrera como escritora, decidió mantenerse en el anonimato. Emily era una persona muy solitaria, para lograr producir sus obras se escondía en su habitación y pasaba días en total soledad. El aislamiento era su terapia, la única persona que podía romperlo era su hermana menor Lavinia, quien se convirtió en la persona más importante de su vida. Su mejor amiga, su confidente y después de su muerte, la que se encargó de mostrarle al mundo su talento.

Su estilo de escritura la hizo distinguirse y destacar en el mundo de la poesía, sus versos son cortos y con palabras coloquiales. La poesía en su época se utilizaba para escribir largos textos sobre historia, política, cultura y moral. Dickinson se dedicó a escribir sobre sus sentimientos, sus pensamientos, las emociones y las pasiones.

La escritura era su terapia para escapar de la monotonía y de los dolores de la vida cotidiana.

Los detalles de la vida íntima de Emily tienden a ser confusos, la información proviene de los recuerdos de su hermana y de las hipótesis y deducciones de los historiadores quienes se han dedicado a estudiar sus cartas. De niña era sociable y tuvo numerosos amigos hombres, pero hubo dos personas que marcaron un antes y un después:

Benjamin Franklin Newton; fue un hombre muy educado que logró conquistar el corazón de Emily con su inteligencia y su carisma. Desde el primer momento en que lo vio sintió una conexión especial. Él se convirtió en su mentor, su maestro, lo admiraba profundamente, pero había algo terrible en su destino: estaba terriblemente enfermo de tuberculosis y estaba próximo a morir cuando la conoció.

Al fallecer, Emily entró en una profunda depresión. Se había despedido del hombre que más había querido y admirado. No se sabe con total certeza si Emily llegó a sentir atracción física por Benjamín, pero estaba totalmente enamorada de su inteligencia. Algunos historiadores la catalogan de sapiosexual.

Charles Wasdworth: fue un pianista muy reconocido internacionalmente que cautivó el corazón de Emily. La relación entre ambos fue muy especial, Charles estaba casado pero se convirtió en su mentor y confidente. Lamentablemente el amor no fue duradero porque Charles murió al poco tiempo.

La muerte de los dos hombres que habían logrado impresionarla la traumatizó, escribió numerosas cartas explicando su tristeza y en una de ellas se preguntó “¿Será que Dios está en contra del amor?”

A partir de 1862 su vida cambió totalmente, decidió recluirse totalmente en su habitación, excusada de querer dedicarse a escribir y escondiéndose de un terrible miedo a la muerte inminente.

Hundida en la depresión, encontraba consuelo en la soledad. Se convirtió en una persona muy extraña, evadía el contacto con el público, hablaba a través de la puerta de su cuarto. No recibía visitas y no quiso salir ni al funeral de su padre, que se efectuó en su misma casa.

Las pocas veces que salía del cuarto era para el jardín y no aceptaba compañía. Disfrutaba de las flores y los atardeceres con una característica muy particular: a partir de 1862 únicamente vestía de blanco. Su misteriosa figura rondaba por los jardines de su casa con largos vestidos impecables de algodón. Para ella, el blanco representaba la pasión, la intensidad y la pureza.

La escritora dedicó su vida eternamente a escribir, tiene más de 1.800 poemas escritos por ella, pero nunca conoció la fama, sino hasta después de su muerte, cuando su hermana menor registrando su cuarto encontró todos los manuscritos e impactada por la calidad de sus obras, decidió publicarlos y mostrarle al mundo el talento de su hermana.

Emily murió de nefritis, una enfermedad de los riñones, pero realmente la principal causa de su muerte fue la depresión. Si bien había pasado los últimos años de su vida recluida en una habitación ahogándose en su tristeza, su única alegría era su pequeño sobrino, hijo de su hermano mayor.

El pequeño murió de una enfermedad incógnita y esto desequilibró totalmente a Emily, quien murió poco tiempo después.

Fuente: Culturizando.com

Photo by orionpozo

Volver a existir.

Volver a existir.

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Ya no duelen las ingratas carnes, fulminadas por tu mirada de hielo!

Ahora las nubes ya no sudan lágrimas que mojan!
Solo una suave brisa arranca una menuda llovizna!

No hay murallas tan altas, para destruir el eco de una voz, que acaba de despertar!

La naturaleza muestra sus inmensos secretos ,al paso de quien osa contemplarlos!

Ya no existe el miedo,
ni el agobio, a la supremacía del que se sabe poderoso!

Puedo volar sin alas.
Alardear de exitos merecidos.
Mostrar al mundo mi valia!

El yugo que condenaba una existencia sin vida,
ha sido deshabilitado para siempre!

Carmen Escribano.

ÁGATHA, LA VECINA X

ÁGATHA, LA VECINA X

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Tan entusiasmado estaba con los volcánicos mordiscos de Minerva, que no escuché los golpes en la puerta. Ni siquiera pensé en el peligro que suponía ser descubierto, pero al momento surgió la inevitable pregunta… ¿Y ahora qué, chaval?

¡Con el trabajo que me había costado conseguir un puesto en el periódico! Y allí estaba yo, cagándola una vez más en mi vida, con los pantalones en el suelo. Maldiciendo mi mala suerte y esperando a ser pillado in fraganti por los socios inversores.

No sabía qué era peor, si desperdiciar el apoteósico temblor de los labios de la italiana en mi ingle, o perder el trabajo y ser despedido con honores de idiota. Necesitaba un sueldo, pagar el alquiler.

Llevaba pocos meses viviendo en Madrid. compartiendo piso con una chica..

Candela, era actriz. Alguien que intentaba hacerse un hueco en la ciudad de las mil oportunidades. Lo cierto es que éramos unos “mataos” sin dinero, pero vivíamos en la gloria. Ahora lo veo con más claridad que nunca. Juventud, libertad, independencia. Una gran ciudad, y todos los sueños por estrenar. Sin duda, fue la mejor época de mi vida.

Candela, trabajaba por las mañanas como camarera en un VIP`s, y por las tardes, asistía a clases de interpretación. Algunas noches acudía a estrenos de teatro o cine, donde se relacionaba con gente del mundillo. Y otras noches, me las dedicaba a mí. Casi nunca estábamos en casa. Pero cuando coincidíamos… era algo especial. Esa sensación de hogar fresco, sano y ventilado. Nuestra amistad estaba blindada, a salvo de cualquier inclemencia.

Lo cierto es que en medio de esa sana amistad, también existían momentos de enorme tensión sexual. Momentos descalzos, en el sofá, o en la cocina. Candela era melosa, entregada a los placeres de las delicias más dulces. No era raro encontrar en casa cuencos de higos, nubes, uvas y dátiles dorados. Pero no le gustaba comerlos a solas. “Las cosas dulces a medias, las amargas… en solitario” Ese era su lema. A veces tomaba una nube entre sus labios, y me ofrecía morder el otro extremo empujando con su lengua. O sostener racimos de uvas por encima de mi cara, para que yo los atrapase con mi boca al vuelo. Le gustaba acariciarme los pies, mientras veíamos alguna peli. Amorosamente, sin prisa. Entusiasmada, como si comiese algodón de azúcar o una piruleta en el cine. Me tenía siempre con el mástil tieso. Ella parecía no darse cuenta, pero sonreía y luego seguía chupando mis dedos… desde el pequeño al más gordo.

No pasábamos de ahí. Era un momento perfecto, relajante. Solo eso.

Pensé que, si nos enrollábamos, nuestra amistad acabaría por estropearse. Aquellos momentos de intimidad entendida y compartida, eran únicos. Difícilmente de explicar a otros.

Pero nosotros nos entendíamos de maravilla. Incluso sin hablarnos. Encendíamos varillas de incienso, y velas por toda la casa. Creábamos belleza en espacios efímeros, decorados mágicos de un solo uso… Una de esas noches enmeladas, de cine y chupeteo, sucedió algo… Algo inesperado.

Candela, se sentó, en una esquina del sofá, con las piernas cruzadas como los indios, y tomó mis pies entre sus manos. Besó cada uno de mis dedos, y pasó su lengua por ellos. Yo estaba encantado. Tumbado. Totalmente relajado. Candela conseguía hacerme olvidar mis pequeñas preocupaciones, y yo me recreaba en el rojo intenso de su cabello, o me perdía en el misterio de sus enormes ojos verdes.

—Candela, he pensado muchas veces en ti. En lo agradable que es volver del trabajo y encontrarte en casa.

—No creas, yo también lo he hecho, dijo mientras mordía un regaliz. Pero te confieso algo, no solo he pensado en volver a casa y encontrarte. A veces he fantaseado con la idea de enrollarnos. Incluso he llegado a imaginar que al llegar a casa te encontraría en la cama con una mujer. ¿Te imaginas?

—Ah, ¿si? No sabía. Y ¿qué sientes cuando piensas en esas cosas?

—¿La verdad? La verdad es que cuando lo hago, solo veo una opción posible. Desnudarme y unirme a vosotros, Candela sonrió guiñándome un ojo.

—¿En serio? ¿Has fantaseado en hacer un trío? ¿conmigo? Nunca dejas de sorprenderme, niña. Pero me halaga. Me gusta que imagines cosas así. Me pone. ¿Lo has hecho antes?

—No, no ha surgido la posibilidad con nadie más. Tuve ofrecimientos, sí, pero gente que no me interesa para nada.

—Y cuando imaginabas verme con otra chica… ¿le ponías rostro?

—Sí, siempre es la misma chica.

—¿En serio? ¿te has enrollado ya con ella? ¿La conozco? ¡joder, Candela! Quiero saber quién es… ¡Cuéntamelo todo! No sé cómo te las apañas, pero siempre acabas poniéndome de aquella manera.

—Bueno, ella es muy cariñosa. Es como una cachorrita suave y juguetona. Siempre está dispuesta, esperando el momento de acariciarte, o enjabonarte. Le gusta que nos duchemos juntas. Sí, eso le encanta. También hemos probado algún que otro juguete sexual, dentro y fuera del agua. Pero no hemos llegado a otros extremos.

—¡La hostia, Candela, calla ya! ¡Calla ya, alma de Dios! Tú sabes lo qué estás diciendo? ¿Tú sabes el efecto que causa en un tío, oír algo así? Es demasiado calenturiento imaginarte hacer esas cosas con otra chica. ¿La conozco?

—Sí, te he hablado de ella, pero nunca os habéis visto. Es Liu, mi hermana adoptiva.

—¡¡Joder!! ¿La filipina?

—No es filipina, ¡es thailandesa!

—¡Joder, joder! ¡¡Mira lo que has conseguido!!

Allí estaba yo, empalmado como un quinceañero. Con la tienda de campaña montada en todo lo alto. Recreándome en las imágenes que me venían a la mente… Las dos hermanitas y yo…. Esto no iba a quedar así. Ya no. Ni hablar. NO…

Candela empezó a reírse, sin dejar de chupar mi dedo gordo del pie, diciéndome…

—Me gustas, pequeño saltamontes. Me gusta cuando callas, cochino, porque imagino lo que piensas. Me gustas cuando te descalzas y saboreo tus dedos, y las cosquillas que siento en los labios, mientras te pruebo. Me pregunto: ¿A qué sabrá el más gordo de tus dedos?

Por cierto, mañana por la noche viene Liu a cenar en casa. Llegará antes que yo, a eso de las ocho. Espero que la trates especialmente bien.Ya sabes, será nuestra invitada…

Continuará…

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