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Tu rostro rosado también es azul cielo, como tus ojos, por el resplandor que emanan. Hay algo de pena en ellos. Hay timidez también. Y reflexión. Y miedo. Quiero darte abrigo, comprensión y alegría. Quiero inculcarte fortaleza, seguridad y otra vez alegría. Voy a aportar las pautas para ser feliz, desde mi dudosa destreza y magra experiencia, porque estoy seguro de que lo vas a merecer. Te voy a enseñar a no aguantar nada de nadie aunque creas que te quiere más que yo. Que no escuches más ni el ruido ni el silencio. Que hagas tú misma las olas y el viento. Que no te asuste el hueco en el cielo. Serás el centro de todo ahora. Te señalaré el principio del camino a recorrer, que eres tú. comer-el-pieTe acompañaré un tramo, y te abandonaré para siempre a mi pesar durante algún atardecer desapacible. Otros te ayudarán después. Al final, y créeme que lo siento, verás que el viaje más bonito es el que hiciste con nosotros. No mirarás hacia atrás, o eso espero. Que no quiero que pierdas de vista el terreno que pisas y que pienses en ti, solo en ti, hasta que una nueva luz, con tu atención azulada, se agarre a tu mano para ir, venir y comer. ¡Piensa en ti, piensa en ti, te diré siempre! Sé muy fuerte y sufriremos menos. No esperaba querer tanto. Bienvenida. Hoy terminan unos días y empiezan otros, que son los tuyos. Bienvenida.

A mi primera hija, por su nacimiento, y a la segunda y al tercero, con idéntico amor. Dedicado también a todos los que somos los padres.