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La justicia es el medio

por el que las injusticias

establecidas son sancionadas.

Anatole France.

I

 —¿Cómo que murió? —Pablo no da crédito a las palabras de la encargada del geriátrico.

—Estaba muy deprimido y no quería comer. —responde la mujer—. Siempre es difícil aceptar la muerte. Mirá que acá es frecuente pero aún así no puedo acostumbrarme.

—¿Cuándo fue? — pregunta Pablo.

—Hace diez días.

—¿Quién se hizo cargo?

—El sobrino que pagaba la cuota. No quiso llevarse sus cosas. Nos dijo que regaláramos lo que sirviera y el resto a la basura.

—Se ve que mucho no le importaba —dice Pablo.

—En realidad…¡nada! Mientras vivía no vino nunca. Vos sos el único que lo visitaba. ¡Ah, a propósito! Revisando sus cosas encontramos algo que, suponemos, es para vos.

La mujer le alcanza una carpeta con una nota abrochada en la que se puede leer, con letra temblorosa, “Para entregar a Pablo”.

 

II

 Raúl saluda a los tres hombres con un fuerte apretón de manos y los acompaña hasta la puerta de su oficina.

Cuando se queda sólo, da rienda suelta a su euforia. Acaba de cerrar el negocio de su vida. Son directivos de un importante country de zona sur y aceptaron su propuesta para prestar el servicio de vigilancia en el predio. Es el contrato más importante que consiguió su empresa de seguridad en sus diez años de actividad.

Se sirve un vaso de whisky y enciende un cigarro Cohiba. Mientras suelta despacio las bocanadas de humo,  piensa que al final, le ganó al destino. Quince años atrás, cuando su jefe le sugirió que pidiera la baja poniendo fin a su carrera en la Fuerza, sintió que todo se derrumbaba. No tuvo alternativa. Llevaba poco tiempo de casado, con un hijo de tres años, y debía pensar en su familia. Un comisario retirado lo llevó a trabajar a su empresa y lo puso a cargo de la seguridad de una fábrica textil. Cinco años trabajó con él, hasta que aprendió el funcionamiento y decidió crear su propia empresa. No le fue mal todo este tiempo y, a partir de ahora, el futuro se presentaba promisorio. Podía enterrar definitivamente su pasado y olvidar sus miedos y angustias.

Llama a su secretaria y le entrega todos los datos para que prepare la documentación.

 

III

Pablo sube al colectivo y elige el asiento del fondo. Le parece mentira que ya no verá más a Simón. Cierra los ojos y vuelve a la tarde en que lo conoció. Fue al geriátrico con un grupo de jóvenes de una iglesia, en la semana de Navidad, invitado por una chica que a él le gustaba mucho. Católico por tradición, no practicante, aceptó para acercarse a ella. Cuando llegaron, la encargada los hizo pasar al comedor, donde tenía reunidos a los abuelos, y les cantaron unos villancicos. Pablo los observaba sin participar, —ni sabía las canciones—, pero le llamó la atención un hombre que se mantenía alejado del grupo. Cuando los visitantes entregaron a cada uno un regalito, tomó un paquete y se acercó al hombre.

—¿Por qué se mantuvo tan alejado? —le preguntó— ¿No le gustaron las canciones?

—Porque soy judío y ellos hablan de Jesús —respondió—. ¿Y vos por qué no cantabas?

Pablo vuelve a sonreír, como en aquel entonces, al recordar el diálogo.

—Porque no me sé las letras —le dijo—. Además Jesús también era judío. Me llamo Pablo.

—¡Pablo! ¡Hermoso nombre! Yo soy Simón, Simón Roitman

Ambos se rieron y siguieron conversando hasta la hora de irse. Cuando se despedían Pablo le dijo:

—¡Chau Simón! Otro día la seguimos.

—Cuando quieras. Aquí me vas a encontrar siempre.

Pablo abre los ojos y comienza a hojear la carpeta. Los jóvenes de la iglesia no volvieron más al lugar, y la chica nunca le dio bolilla. Pero él siguió visitando a Simón. Había algo que los conectaba. Pasaban horas charlando de mil temas, mientras jugaban al ajedrez o a las cartas. Sólo una vez se puso muy serio cuando le comentó que su apellido era Miguens y que su segundo nombre era Raúl, como su papá, pero en seguida se le pasó.

Nunca hablaba de su historia. Las veces que Pablo le preguntó sobre su vida, sobre su familia, siempre eludía la respuesta. Y aunque se reían mucho, en sus ojos había una tristeza que no lograba descifrar.

Se pregunta por qué no se dio cuenta que estaba tan bajoneado. Ahora ya está. De nada sirve enrollarse con eso. Es fácil sacar conclusiones con el diario del lunes.

Cierra la carpeta, mira por la ventanilla. Ya tiene que bajarse. Siente nauseas.

 

IV

—¡Qué bueno que llegaste Pablo! —dice Raúl— ¡Estaba por descorchar un espumante! Decile a tu mamá que sirva la comida que tengo una noticia bomba.

—Ahora le digo —responde Pablo, mientras abre una carpeta y desparrama sobre la mesa varios recortes de diarios, amarillentos, cuyos titulares dicen

 

POLICÍA MATÓ A UN JOVEN Y DENUNCIAN 

CASO DE “GATILLO FÁCIL”

En lo que va del 2000 es el sexto caso. En esta oportunidad

la víctima es Pablo Roitman de 22 años

CASACIÓN CONFIRMA EL SOBRESEIMIENTO DEL

OFICIAL PRINCIPAL RAUL MIGUENS

El tribunal confirmó el fallo de Primera Instancia

que consideró legítima defensa

SIMÓN ROITMAN, PADRE DE PABLO PIDE JUSTICIA

Afirma que la víctima nunca tuvo armas y que la

mencionada en el expediente fue “plantada”.

Osvaldo Villalba

Osvaldo Villalba

Nací en Buenos Aires, República Argentina, en 1944. Soy Contador Público desempeñándome en diversas empresas e instituciones durante mi vida laboral. Siempre me gustó escribir pero recién después de obtener mi jubilación en 2013 tengo el tiempo como para hacerlo. No tengo libros publicados. Escribo cuentos y los publicó en mi blog. También algunas publicaciones virtuales como El Narratorio, Micros y Macros Todos Relatos o Armario de Letras han publicado algunos de mis cuentos. Desde el mes de Noviembre de 2018 estoy colaborando en Desafíos Literarios con algunos de mis relatos. Desde el lunes 07 de enero de 2019 estaré publicando una columna que llamamos Osvaldo tiene algo que contarte.
Osvaldo Villalba

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