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Suave llega el otoño con sus hojas amarillas. Trae lluvia, desalienta, es hora de recuperarse del verano. El amor que proviene de él puede o no ser prolífico.
Lo sabía. Sin embargo, me dejo llevar por la belleza del clima.
El frío calentó mi alma. Y yo, perdida, creía … Creía que las mentiras eran ciertas. Creía que el amor que me llenaba también lo inundaba de esperanza. Lo creía todo … No veía lo que estaba frente a mí. No vi la falsedad, la pretensión, el uso. Estaba ciega, lo sé. Estaba acostumbrada, verbalmente abusada, herida. Pero el orgullo es el último en morir. Y cuando estaba colgada de un hilo, todo había terminado. Porque no puedo dejar que me hagan todo y piensen que se salgan con la suya.
Y nuestra caída ha terminado. Porque tenía que ser, porque estaba planeado. Luego tomé lecciones preciosas que aplico a mi vida actual. Nunca dejar que alguien me humille y quede sin respuesta es una de ellas. “No esperes a que la vida te pisotee”, otro.
Porque no puedes esperar. Tienes que reaccionar. Esperé cinco años y finalmente reaccioné. Debería haberlo hecho antes, pero las condiciones no eran ideales.
Y, ahora, solo el futuro lo dirá…