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Era casi de madrugada. Sólo teníamos nociones del tiempo por los trinos de las aves. Sentado ahí, envuelto en una cobija y con el rostro frío. Algo de café para seguir despiertos, nos veíamos sin vernos, cada quien luchando su propia batalla. Una lluvia fría de recuerdos se hacía presente; remordimientos, odio, desesperación y ganas de desaparecer. Gran infierno en un paraíso. La neblina volvía aparecer, ya nada importaba en ese momento, cada quien se buscaba a sí mismo. Nadie se acordaba de comer, café y agua en dos días sin dormir, algunos volvían a llorar. Mis recuerdos me hacían débil cada vez más. El abdomen lo tenía dolorido de tanto llorar, volver al pasado no es fácil, existen batallas que hay que librar, que hay que perdonar para seguir viviendo, para aprender a recibir un “te quiero”… me limpiaba el alma y me liberaba al mismo tiempo. Llegó el momento, no puedo más, mis lágrimas no paran, caen de mis mejillas directo a las hojas que escribo, tengo que parar. Caigo al suelo, sin voz, buscando un abrazo y tratando de liberar un “te perdono”… Qué gran momento para desaparecer, levanto el rostro al cielo con los brazos extendidos bañado en llanto. Caigo enseguida pesadamente sin importar el resto del grupo. Puedo sentir que los demás lloran y algunos caen, otros gritan. Cada quien en su batalla. volviendo a nacer. Aprendiendo a amar… Aceptando un te quiero.