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“El inspector Tontinus y la nave alienígena”, de Avelina Chinchilla
“Botas de hule”, de Arturo Ortega
“Mar de sueños azules”, por Mar Maestro.
 

 

Luís, el de nóminas, era un incompetente en su trabajo y no consentía que se le dieran órdenes. Tenía la fobia a los hilos o pelos que constantemente encontraba en las prendas de los demás. No recuerdo sentir una rabia tan profunda como cuando Luís se dedicó a quitar los pelos que mi pobre padre iba perdiendo durante su agonía y que quedaban prendidos a mi ropa. Así que, al fallecer mi progenitor, decidí hacer algo bueno en mi vida: quitar a un tonto del mundo.

Me hice “amiga” suya y descubrí que le encantaba viajar y que pronto sería su cumpleaños.

—Pues te regalo una escapada. ¡Nos vamos los dos de viaje!

—¿Y por qué no? Pero ni se te ocurra ponerte ese playero de flecos que te he visto alguna vez.

—No te preocupes, Luisito—respondí—. Me voy a ocupar hasta del equipaje, así no tendrás ni idea de a dónde vamos. Será toda una sorpresa.

La noche antes de partí hice que llegara una caja a su casa con la indicación explícita de que no lo abriera bajo ningún concepto. Por la mañana fui a recogerlo a su casa y observé que la caja tenía signos evidentes de haber sido abierta. Ya en mi coche le pedí que me dejara vendarle los ojos.

—Es para qué la sorpresa sea aún mayor.

—Si tú lo dices…—contestó sonriendo.

Llegamos al aeródromo y saqué el contenido del paquete, que no era otro que una mochila.

—Te cuelgo una mochila en la espalda, Luis—le expliqué mientras comprobaba que todo estaba perfecto y abría el candado que no había podido abrir él en su casa—. Dentro está todo lo que vas a necesitar.

—Confío en ti, Maribel.

Subimos al avión y despegó de inmediato. Cuando el piloto me lo indicó, abrí la puerta del aparato, arranqué el antifaz de Luís y antes de que pudiera reaccionar, lo lancé al vacío.

—¡Venga, Luis! ¡Tira del hilo, cabrón! —Grité saludándolo con mi chaqueta de flecos mientras se alejaba hacia el suelo, buscando inútilmente el cordón de paracaídas que previamente él había cortado en su casa.

 

 
Escritora, chupatintas, urdidora de historias, llámalo como quieras, pero escribir me da la vida. Escribo en catalán y en castellano, me considero privilegiada al poder expresarme en dos lenguas.

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