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LLUVIA NEGRA.

Los más pequeños corrían por la vereda. Subían las rocas, brincaban, se maravillaban persiguiendo coloridas mariposas. El aire jugueteaba en sus rostros, se enredaba en el pelo y regalaba caricias, nos hablaba, quizás para apresurarnos o sólo era un beso de nuestros hermanos que ya no estaban entre nosotros.
Desde la cima de la montaña podíamos ver la guarida que quedaba atrás con nuestras historias en la pared. El mal rondaba entre nosotros, lo decía el viento brusco a su paso y el calor que quemaba en cada respiro. Los adultos seguían a marcha forzada, con el latido acelerado.
El miedo que reflejaba el rostro de Trueno Rojo era evidente así como el coraje. No se veían más sus maravillosos arcos superciliares, ahora su rostro era duro como la roca blanca. Veía algo más que nosotros, pero no sabía o no quería comunicarlo. Bajamos la colina y seguíamos siempre adelante, hasta llegar a la montaña sagrada que escupe fuego, en la parte más alta, ahí escalamos la parte más accidentada, podíamos sentir la vida de las entrañas de la tierra, su calor que nos cobijaba. A lo lejos los brillos que regala el cielo para no sentir soledad, para besar y consolar el alma, resplandecía más en ese momento. El sonido de la noche puede llevar a la locura misma, es malo escucharlo y dejarse llevar por lo desconocido, mejor no perturbar a los espíritus y mantener ese respeto que se merecen.
Los más chicos cayeron rendidos, el resto se turnaba para cuidarnos ante cualquier peligro. Nos seguían, lo sabíamos, la situación era tensa para todos. Trueno Rojo se internó en la parte más clara de la guarida, mezcló algunas plantas con algunos polvos, tomó una gran bocanada de aire, cerró los ojos y comenzó a repartir amor con sus dedos, con su mano sobre la pared como explorando una salida. Hablaba con los sagrados como era su costumbre, lloró aquella noche y cayó de rodillas al suelo, después se incorporó como lo hace cualquier guerrero. De frente a la pared, Inició lentamente, después un poco más fuerte, más agresivo, su respiración se agudizó su abdomen se inflaba en cada respiro, en su mirada una tormenta y un abismo que luchaban por un destino. Encolerizado por la pasión pintó toda la noche, contó ahí nuestra historia y la de ellos. Fue ahí donde comprendí el final había llegado, las paredes al igual que mis ojos sangraban ante esa visión aterradora pero al final… al final estaba todo esclarecido hacia dónde llegaríamos.
Sentí un golpe seco, después… después nada. El llanto de mis hermanas me despertó, sentía dolor en todo el cuerpo y sangraba por la boca, el fuego se había desatado, el demonio mostraba su rostro de exterminio, lamía con fruición y glotonería nuestros miedos. Era confuso, todo era llanto, coraje, odio, cacería, rostro de bestias acechando. Mataron a todos en su paso.
Físicamente somos muy parecidos, a diferencia que nosotros hablamos con el aire, respetamos al agua y a la vida, ellos en cambio exterminan todo a su paso. Lo puedo ver en sus ojos, lo traen escrito en su piel. Han acabado ya con todos, gritan su triunfo con fuerza, el fuego en sus ojos es aún más evidente.
He visto la salida desde aquí, sólo me queda salir corriendo y aventarme desde lo alto para alcanzar a los míos.